Casa Siniestra

Casa Siniestra

Casa Siniestra

Quise irme a vivir a un lugar nuevo para cambiar de trabajo y de relaciones tóxicas, toda mi vida había estado en esa ciudad, ya era tiempo de conocer nuevos lugares, siempre deseé conocer Querétaro, así que compré un boleto con destino a ese sitio sin un boleto de regreso. Primero me instalé en un hotel para buscar una casa para rentar.

Creí que por no ser una ciudad tan grande la renta sería más baja, pero la mayoría de las casas o departamentos rebasaban mi presupuesto. Ese día continué más tarde en la búsqueda de un lugar para vivir, que me quedara cerca de mi nuevo trabajo.

Estaba en una cafetería con el periódico, cuando encontré un anuncio de una casa, estaba ubicada en una zona que favorecía llegar a pie a mi trabajo, además, era espaciosa y a un precio muy accesible. En realidad, releí por varias ocasiones el anuncio porque creí haber leído mal. Ya llevaba varios días leyendo anuncios de casas en renta, y el costo de las mismas oscila en el mismo precio. No lo pensé más, dejé mi café sin terminar y me dirigí al lugar, quise ver la casa primero antes de marcar a la dueña.

Querétaro es una ciudad muy pequeña a comparación de la que yo vengo, así que en pocos minutos pude estar frente a la casa que aparecía en el anuncio. En efecto, la casa era tal como la habían descrito en el periódico, incluso tenía el espacio para un jardín y cochera. No esperé más tiempo y le marqué a la arrendataria.

De inmediato respondió mi llamada, y acordamos una hora.

Estaba contento porque ya podría mudarme a ese lugar, todo se había acomodado a la perfección.

La casera me citó en su residencia para hacer los acuerdos necesarios, y entregarme las llaves de mi nueva vivienda.

Al llegar a la casa de la arrendataria, ella ya me esperaba con una taza de café y pan. Fue muy amable y me trató con mucha familiaridad. Estuvimos platicando por varias horas hasta que le dije que era hora de retirarme, ella me invitó a quedarme a comer, a lo cual me negué. Salí de esa casa con una sensación extraña, ya que jamás había visto a esa mujer en mi vida y ella se portaba conmigo como si me conociera de hace mucho tiempo.

Sin pensar más recogí mis pertenencias del hotel y me fui a instalar al que sería mi hogar por un tiempo. Al ingresar la llave en la cerradura, escuché ruidos como si alguien habitara al interior. Abrí la puerta abruptamente como si con este acto pudiese atrapar a los intrusos. No había nadie dentro de casa. Mi sorpresa fue grande cuando me di cuenta de que la casa se encontraba amueblada, tenía todos los muebles suficientes para una estancia confortable.

Esto se me hizo raro, pues en el contrato que firmé con la dueña del lugar, nunca mencionó que la casa estuviera amueblada. Ahora sí que era toda una sorpresa. Feliz con este encuentro, subí las escaleras para ver qué más había en esta casa.

En la parte superior, al ingresar de inmediato de las escaleras, había un gran cuadro con la figura de un hombre que al parecer perteneció al ejército, ya que estaba con su uniforme de militar adornado con varias insignias, en su brazo derecho sostenía su gorra.

Me quedé por un rato con la mirada fija en la pintura. ¿Qué significaba todo eso? ¿Por qué la dueña de la casa sin conocerme me tuvo tanta confianza? No tuve respuesta a mis cuestionamientos. Creo que en el fondo no le tomé la importancia suficiente, y continué con mi exploración por toda la vivienda.

Exhausto me recosté en la cama de la habitación que tiene una ventana con vista a la calle.

Me acosté, y comencé a caer muy relajado, y me quedé dormido por un rato, por extraño que parezca comencé a soñar sin importar que era por la tarde.

En ese sueño una mujer joven y bonita me invitaba a caminar con ella. Extendió su brazo para tomar mi mano y poder caminar juntos en una plaza del centro de una ciudad que no conocía, al fondo se veía una iglesia cuya arquitectura databa de tiempos antiguos. Comenzaron a escucharse unas campanadas que irrumpieron mi sueño.

Por largo rato me quedé sentado en la orilla de la cama tratando de entender el motivo de mi sueño, y la causa de llegar a esa casa de una manera extraordinaria.

Escuché que alguien tocaba a la puerta y bajé de inmediato.

Una señora de grandes ojos y sonrisa cálida me esperaba al exterior. Al verme borró su sonrisa y me miró con sorpresa. Un poco repuesta por la impresión que le causé, me dijo que me daba la bienvenida al vecindario y que le daba gusto por fin ver gente en esta casa. Le pregunté por cuánto tiempo había estado desocupada, y me dijo que ya eran varios años. Quise hacerle más preguntas, pero ella se alejó de inmediato sin decir nada más.

No entendí el motivo por el cual la casa estuvo tanto tiempo desocupada, si el precio de la renta era muy bajo, además, se encontraba en buen estado. Me encogí de hombros, y me dispuse a acomodar mis pertenencias en la habitación principal.

Por la noche me encontraba en la cocina en la preparación de los alimentos cuando escuché con claridad una voz que provenía de una de las habitaciones. Dejé todo y corrí al piso de arriba, entré a la habitación infantil y no encontré nada, sin embargo, estaba completamente seguro de haber escuchado gritos de niños. Salí de la habitación sin comprender el suceso. Cuando ya me encontraba a punto de acostarme y de apagar la luz, de nuevo escuché voces en la parte inferior de la casa. Bajé con una lámpara, y no encontré nada, por un momento quise pensar que las voces provenían de la calle. Salí al jardín para ver qué sucedía y no vi nada, la calle se encontraba desolada.

Al ingresar de nuevo a la casa, pude ver con claridad a un niño que corría por la sala y se iba al interior. Pensé que eran los vecinos que me estaban jugando una broma por ser mi primera noche en ese lugar.

Corrí hacia el patio, ya que pensé que era el lugar por donde se podían meter. No encontré a nadie. Ahora se escuchaban gritos y lamentos en la parte superior de la casa. Creí que me estaba volviendo loco por no comprender la serie de eventos que sucedían dentro.

Salí al jardín que da a la calle para fumar un cigarro, tenía mucho tiempo que lo había dejado y ahora era apremiante fumar uno de nuevo. Mi vecina salió a preguntarme si todo estaba bien. Sin responder, solo asentí con la cabeza. Ella no se quedó conforme y se acercó conmigo. Me dijo que era mejor que me fuese de esa casa y buscara otro lugar para vivir, y me dijo que ahí no era seguro.

Esta vez no me quise quedar con la duda, y le pedí que me explicara qué sabía ella respecto a lo que sucedía al interior de la casa. Ella me miró con temor y negó con la cabeza. De nuevo le dije que lo hiciera por compasión. Le expliqué que yo era nuevo en este lugar, y venía de otro estado.

Ella accedió a contarme lo que pasaba, para ello me invitó a su vivienda a tomar un té, me dijo que era preferible hablar allá. Esta se encontraba al lado.

Me dijo que en esa casa vivía un matrimonio joven con tres hijos. El esposo era un militar que por motivos de trabajo se ausentaba por largos periodos, su esposa se quedaba al cuidado de las dos niñas y un pequeño.

Su nombre era Claudia, y me contó que ella comenzó a ir a la escuela de sus hijos para dar clases de ética y catecismo a los niños, ella ayudaba al párroco de la iglesia. El sacerdote y la mujer hicieron una relación muy estrecha, tanto que ella se enamoró de él. Ante esta situación, la mujer de nombre Claudia estaba dispuesta a dejar a su marido e irse a vivir con él.

Esto no ocurrió porque el sacerdote decidió terminar con la relación que mantenía con Claudia. Ella no aceptó la ruptura, e intentó regresar con él. Con el paso de los días, ella comenzó a tener comportamientos extraños. Para esta época ella y su esposo Alfredo estaban separados en proceso de divorcio.

Un día ella se encontraba desquiciada por no lograr su amorío con el sacerdote, se cree que ella sintió que los niños eran un estorbo, y por eso los asesinó. Antes de ese fatídico día, ella manifestaba que mantenía diálogos con ángeles y demonios.

Una noche, mató a cada uno de sus hijos con un cuchillo de cocina. El niño más pequeño, Alfredo, lo encontraron sobre las escaleras en un charco de sangre. A las niñas Claudia y Ana Belén, las hallaron en la parte alta de la casa. Al final, Claudia dejó a una de sus hijas muerta en la cama y se recostó a su lado.

No podía dar crédito a lo que la anciana me contaba.

También, ella me dijo que se sorprendió mucho cuando me vio porque mi parecido con el sacerdote es increíble.

La anciana me ofreció su casa para dormir esa noche con la consigna de que me marchara de ese lugar lo más pronto posible. No lo quise hacer y decidí quedarme en la que fue la casa de Claudia Mijangos.

Al día de hoy, sigo viviendo en esa casa, y no les voy a negar que es aterrador vivir en ella, pues todas las noches ocurre algo, ruidos, apariciones, objetos que cambian de lugar, no sé si soy capaz de soportar más esta situación.
 
Autor: Adriana Cuevas Herrera
Derechos Reservados

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