El Fantasma De La Cabaña Historia de Terror

El Fantasma De La Cabaña Historia de Terror

Muchas mujeres sufrimos de acoso, y algunas hasta violación, es algo que no debería de pasar, pero siempre nos enteramos de algún caso por la amiga de un amigo, un colega de trabajo, o hasta un familiar. Esta es mi historia El Fantasma De La Cabaña Historia de Terror, un caso particular y horrendo. Me costó mucho superar mi trauma y poder contarlo por primera vez. Pero por sobre todo, me costó creerlo.

En las vacaciones de verano viajé hasta aquel pequeño pueblo donde mis abuelos habían decidido pasar sus últimos años. Compraron una bonita cabaña a 100 metros de la carretera con un amplio terreno donde colocaron una huerta orgánica. El hogar estaba apartado de las demás casas, un lugar fantástico para desconectarse del estrés de la ciudad. Cuando llegué, recorrí la cabaña por completo. Contaba con una cocina acogedora con salida al exterior, un salón con una linda chimenea, ideal para las noches de frío. El baño era cómodo y amplio y contaba con una bañera. Había también un cuarto de estudios que usaron de biblioteca, la habitación de matrimonio de mis abuelos, y 2 habitaciones para las visitas que contaban con lo básico. Los felicité por el hogar, mis abuelos se veían muy felices, decían que esa cabaña les recordaba a su infancia. Ellos me explicaron que tuvieron mucha suerte con la compra, el dueño anterior era un sujeto de unos 40 años que se mudaría a España por un importante trabajo en una empresa extranjera y debía de vender la casa con urgencia, así que la vendió a un tercio de su precio correspondiente y con todos los muebles incluidos. La situación me pareció sospechosa, les pregunté si la cabaña no poseía deudas o alguna irregularidad. Por suerte mi abuelo siempre fue alguien precavido, pensó que algo andaba mal en su momento, pero tras el trabajo de su escribano corroboró que todo estaba en orden, solo se trataba de alguien que viajaba de urgencia.

La noche del viernes estaba agotada por el viaje, luego de la cena fui hasta el baño y preparé la bañera. Sumergí mi cuerpo en el agua caliente, cerré mis ojos para relajarme. Todo era silencio, paz, el momento de relajación perfecto. Pero hubo algo. Sentí el agua moverse a un costado de mi pierna. Me incorporé por reflejo, creí que había caído una botella de shampoo, pero después la idea de un ratón se me vino a la mente. La manera en la que se había desplazado el agua era como si un objeto entrara con delicadeza o algo se moviera dentro, pero no había nada. Intenté no darle importancia, pero ya no me sentía cómoda, esa sensación me cortó la paz de la bañera. Luego de terminar el baño me fui en bata a mi habitación, acomodé algunas cosas de mi equipaje mientras peinaba mi largo cabello frente al espejo. De nuevo el silencio placentero, saber que no tenía responsabilidades que atender en los próximos días, que no tenía motivos para dormir temprano, mi mente estaba totalmente desconectada de todo. La paz se quebró al ver por el reflejo del espejo como la cortina de la ventana se abultaba. Me giré aterrada, sentía mi pulso acelerarse. Estaba segura de lo que vi, no había nadie, pero la manera en que se abultó la cortina no correspondía al viento, no fue un movimiento armonioso, estaba segura de que la cortina se separó de la ventana y se mantuvo firme en esa posición. Me dirigí hasta la ventana para ver que estaba cerrada, al abrirla rechinó dándome la certeza de que nadie había entrado, de lo contrario lo habría escuchado. Pero lo extraño era que no había una pizca de viento fuera. Ignoré la situación, asumí que era el efecto de salir del ruido de la ciudad al silencio del campo. Cuando una se acostumbra al sonido del tráfico durante el día, la mezcla de voces de las personas hablando en público y los demás sonidos de ambiente, una vez que estamos en silencio solemos imaginar cosas. Apagué las luces y me metí en mi cama, cerré mis ojos lista para dormir. Antes de conciliar el sueño escuché las maderas del suelo crujir. Le resté importancia, sabía que eso era algo normal. Otra vez sonó el crujido, no me asustó en ese momento, pero si me incomodó para lograr dormirme. El tercer crujido sonó más fuerte aún, como si fuera de una madera más cercana a la cama. En ese momento mi piel se erizó, 3 crujidos, uno más cerca que el otro. A pesar de la incomodidad, no creí que fuera motivo suficiente para voltear, hasta que sentí como la cama se hundía frente a mí. Me senté al instante y encendí la lámpara de noche. Estaba aterrada, mi corazón palpitaba a mil, me sentía insegura, observada. Pensé en buscar a mis abuelos, pero ya tenía 23 años en aquel entonces y ellos eran mayores, no quería asustarlos con escenas de una niña miedosa. Consideré que fue una pesadilla muy real, que lo había soñado tan vívidamente que me había costado diferenciar un sueño de la realidad.

Decidí ir hasta la cocina a beber a agua, recuerdo que estaba con una musculosa y unos pantaloncillos pequeños, que era lo que usaba para dormir cómoda. Mientras bebía agua de un vaso de vidrio, sentí algo caliente que me rozaba el rostro. Lancé un grito corto de terror, solté el vaso y este se quebró en el suelo desparramando trozos de vidrio. Mis abuelos llegaron a los segundos alertados de mi escándalo. Mi abuelo observó los vidrios en el suelo y esbozó una pequeña risa dulce, creo que entendió que se me resbaló el vaso y por eso me asusté, pero había sido al revés, el susto me obligó a soltar el vaso. Les pedí disculpas, estaba avergonzada, mi abuela me abrazó y me dijo que lo limpiaría mañana, que descanse. No quise contarles todo lo que me había sucedido.

Regresé a la cama, pero decidí dejar la luz principal encendida, leí un libro para bajar revoluciones. Mis ojos comenzaron a pesarme, decidí intentar dormir, pero sin apagar la luz. Pasaban los minutos, el cansancio estaba, pero no conciliaba el sueño. Todo se volvió turbio cuando oí el interruptor de la luz, todo estaba a oscuras. Mi cuerpo se heló, me quedé petrificada, no creía en fantasmas hasta ese día, ese día cambió todo. Quería salir corriendo de allí, pero me quedé quieta, por algún motivo me sentía más segura si fingía que estaba dormida. Sentí nuevamente los crujidos en la madera acercarse a mi cama, el colchón hundirse, me quebró por completo, abrí los ojos con delicadeza, con la poca luz de ambiente logré ver el colchón hundido frente a mí, pero no había nadie. No supe ni qué pensar en ese momento. Cerré mis ojos de nuevo mientras dejaba caer lágrimas, sentí que algo secó mi mejilla, y luego con delicadeza acomodó mi cabello por detrás de mi oreja. Fue espantoso, me sentía tan observada, tan vulnerable, y no sabía cómo defenderme. Sentía como algo recorría mi pierna por debajo de mis sábanas, me acariciaba tan lentamente desde la rodilla hasta mí entre pierna que me producía espasmos. Lo que me tocaba estaba frío. Luego mi ropa interior en la zona delantera se separaría de mi cuerpo. El sonido de alguien olfateando mi cuello fue inconfundible, eso era alguien, no era mi imaginación. El frío conquistó la habitación de forma extraña, parecía que estaba dentro de un refrigerador industrial. Sentí como algo pequeño se introducía dentro de mí, jugaba con delicadeza mientras yo apretaba por reacción. La repulsión que sentí en ese momento era inexplicable, algo o alguien estaba abusando de mí. Me sentía tan indefensa, quería tomar coraje y salir de allí, pero también creía que si me movía todo sería peor. El miedo suele provocar que nos quedemos paralizados, pero cuando me harté de esa situación abrí los ojos de golpe. No había nada, no había nadie, pero sentía eso que se movía en mi interior. Quería levantarme, pero se me hacía imposible, mi cuerpo estaba inmóvil y no era por el miedo. Intenté hacer fuerza para salir de la cama, lo que estaba tocándome por dentro se detuvo, lo sentía ahí aún, y luego salió. Sentía que me ahogaba de los nervios, mis ojos recorrían en la penumbra en busca de alguien. De golpe mis piernas se abrieron en contra de mi voluntad, mis pantaloncillos y mi ropa interior bajaron juntos hasta los muslos, rompiéndose, las telas sonaron como si se hubieran cortado con un cuchillo. Mi musculosa corrió el mismo destino al romperse por un corte en el frente. Estaba totalmente desnuda debajo de las sábanas. Comencé a sentir una presión en el pecho como si tuviera a alguien pesado encima, y comenzó a violarme mientras se sacudía la cama. Seguía sin ver a nadie, pero la sensación era real, algo me estaba penetrando, sentía como me desgarraba por dentro con violencia con un movimiento rítmico. No sé cuánto tiempo pasó, la sensación fue eterna. Tomé aire para gritar, pero mi mandíbula se comprimió, solo lograba gemir mientras me resistía. Rezaba para que todo fuera una pesadilla, pero no fue así. Luego de un eterno sufrimiento, lo que me tenía prisionera se esfumó, el frío desapareció de la habitación. Estaba en un pueblo alejado de todo, únicamente éramos 3 en el hogar. Ese ser me vulneró en el momento y lugar donde me sentía más segura que nunca. Me toqué para comprobar mi estado, me ardía, al mirar mis dedos rompí en llanto, tenía sangre que evidenciaba que todo había sucedido realmente y no fue una pesadilla. Lloré durante varias horas, recordé los detalles sobre la compra de la cabaña. Me había quedado en claro que el dueño anterior no tenía prisa por viajar al exterior, quería deshacerse de ella a toda costa.
 
Autor: Pablo Rojas
Derechos Reservados

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