Una Noche En Las Bodegas Historia De terror 2024

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Una Noche En Las Bodegas Historia De terror 2024

Una Noche En Las Bodegas Historia De terror… Desde que era un niño, siempre me interesó las películas de miedo y todo lo que tuviera que ver con lo paranormal, y aunque en aquella época me sugestionaba mucho y le tenía miedo a cualquier sombra o cosa que creía ver por el rabillo del ojo, realmente jamás había visto algo que no tuviera cualquier tipo de explicación perfectamente lógica.

Recuerdo que a medida que crecía, uno de mis mayores deseos era ver o experimentar cualquier tipo de cosa paranormal y aunque al llegar a mi adolescencia estaba convencido de que lo más probable era que yo no tenía la capacidad de ver esas cosas, yo estaba aferrado a conseguirlo a como diera lugar.

Y esto me llevó a jugar cada juego o hacer cualquier reto que veía en internet para de esa manera atraerlos, pero la verdad, ninguno de ellos sirvió, hasta que un día un compañero de mi salón me dijo que podríamos intentar jugar a la ouija, me dijo que su primo había comprado una de un youtuber famoso y que podríamos buscar en internet como hacer una auténtica sesión espiritista o algo así, pues para ese momento de nuestras vidas, ambos teníamos el mismo sueño de experimentar algo paranormal, yo emocionado le dije que esa era una genial idea y que lo hiciéramos.

Investigamos y aunque muchos foros en internet decían que lo mejor era ir a algún sitio con una actividad paranormal alta, la verdad no conocíamos uno así y como teníamos solo 15 años sabíamos que no era buena idea estar en algún terreno baldío o abandonado a las tres de la mañana como lo indicaban la mayoría de los foros, por lo que decidimos hacerlo en mi casa, pues era algo más seguro y si no funcionaba, entonces consideraríamos ir a algún lugar abandonado.

Mi casa era perfecta porque a mí papá no le molestaba que hiciera pijamadas cualquier día y como entraba a las seis de la mañana a trabajar se dormía muy temprano, entonces podríamos hacerlo durante la madrugada sin interrupciones. Cuando por fin llegó el día pactado, mi amigo Francisco llegó a mi casa y esperamos a la hora que decía en la página e hicimos todo, recuerdo que incluso trazamos un pentagrama en el piso de mi cuarto con gis e incluso prendimos velas, pero sin importar cuánto nos concentráramos no logramos hacer que la aguja se moviera y tampoco pasaba nada en la habitación.

Mi amigo hizo un último intento, diciendo que si había algo del otro lado que se manifestara de cualquier forma, y en ese momento la perilla de mi puerta giró y la puerta se abrió, mi amigo se asustó tanto que al tratar de echarse para atrás tiró una vela que incendió mi playera, aunque pude apagarla enseguida para que no pasara a mayores, sin embargo, no era nada paranormal lo que hizo eso, sino mi padre, el cual al apenas notar lo que estábamos haciendo se molestó mucho, más de lo que yo lo había visto en toda mi vida, era cierto que rara vez se sentaba a ver alguna película de terror conmigo, pero jamás me había prohibido verlas o había externado que le disgustaran.

Sin embargo, en ese momento nos hizo recoger todo y nos dijo que jamás volviéramos a hacer algo como eso, ambos obedecimos y nos dormimos al terminar, pues no queríamos más problemas y que ya no me dejara quedarme a dormir con el de nuevo, a la mañana siguiente, cuando mi amigo ya se había ido, y mi papá volvió de trabajar, me dijo que quería hablar conmigo. Al principio creí que me quería regañar, pero en lugar de eso, me contó una historia que me a dejado pensando, incluso mientras escribo esto.

Yo estaba consiente de varias cosas con las que mi papá comenzó su historia, como que solo pudo terminar la primaria, pues al ser de una familia muy pobre y numerosa, mis abuelos le dijeron que ya era lo suficientemente grande como para empezar a colaborar con los gastos de la casa, mi papá no tuvo más remedio que simplemente aceptarlo, y aunque lo niegue, por lo que me a contado, él se sumergió en una profunda depresión, dice que solo le importaba trabajar y listo, no tenía amigos y hablaba muy poco, él mismo ha dicho que en aquel entonces nada le interesaba, solo veía los días pasar sin tener un propósito real.

Nada lo emocionaba o sorprendía, todo era como repetir el mismo día una y otra vez, a pesar de tener escasos 16 años. En el pueblo donde creció, se contaban muchas leyendas de apariciones, pero el jamás había visto nada, por lo que, por alguna razón, comenzó a creer que si experimentaba algo como eso, al menos sentiría algo, siempre he creído que gracias a eso él no se terminó quitando la vida, solo por querer sentir algo otra vez. No había rincón oscuro al que mi padre no se aventurara en su búsqueda de lo inexplicable. Exploraba cementerios y casas abandonadas con la esperanza de encontrarse cara a cara con cualquier evento paranormal, pero simplemente nunca pudo presenciar nada al igual que yo.

En una ocasión le pidió trabajo a un hombre muy amable, el cual lo contrató para cargar algunos camiones con piñas en el mercado, y ese fue su trabajo por cerca de una semana, hasta que aquel hombre le dijo que podría contratarlo de manera permanente si es que le interesaba, le dijo que era más pesado que lo que estaba haciendo en ese momento, pues eran más horas y muchos más camiones, pero bajo la promesa de una paga mejor, mi padre aceptó la oferta del hombre en el mercado para trabajar en las bodegas de carga.

Durante casi una semana, mi papá se desempeñó incansablemente en las bodegas. Cada día, descargaba camiones llenos de fruta, clasificaba y empacaba cuidadosamente los productos, me dice que era un muy buen trabajo y los otros trabajadores hacían un muy buen ambiente laboral, tanto así que incluso volvió a sonreír, aunque seguía sintiendo que algo faltaba. Sin embargo, había un inconveniente que dificultaba su rutina diaria: la distancia. Las bodegas estaban situadas a una hora y media a pie de su hogar, lo que significaba una caminata agotadora y extenuante al final de cada jornada. A pesar de ello, la compensación económica lo mantenía motivado.

Mi papá me contó que en una ocasión mientras estaban acomodando la fruta en uno de los camiones, cerca de medio día, uno de los trabajadores de ahí, el cual había ido al baño, volvió casi corriendo y muy pálido, y les dijo a todos, que mientras estaba en el mismo, escuchaba a una mujer llorando afuera del baño, lo cual ya era de por si raro, pues ahí no había empleadas mujeres y estaba tan apartado que ninguna de las esposas de los trabajadores iba, pero aun así, pensó que se trataba de alguien que necesitaba ayuda, por lo que salió del baño, pero al abrir la puerta no había nadie.

Pero aún seguía escuchando los llantos y esta vez parecían provenir de un costado del cubículo del baño, entonces se asomó y vio a una mujer, vestía un camisón blanco y tenía el cabello largo y negro, estaba de espaldas y en posición fetal. Entonces el trabajador le preguntó si estaba bien, pero como la mujer no le respondía y tampoco dejaba de llorar, le tocó el hombro para hacerle saber que estaba ahí y que podía ayudarla, sin embargo, cuando hizo eso, la mujer giró la cabeza para voltearlo a ver.

Pero no lo hizo de una forma humana, aquel hombre les dijo a todos que aquella mujer giró completamente la cabeza, como si no tuviera huesos, pero eso no era lo peor, sino que, tenía la cara desfigurada, como si le faltaran pedazos de piel, y fue entonces cuando aquel hombre comenzó a correr para volver con el resto del grupo, pero mientras corría, no dejaba de escuchar los llantos de esa mujer.

Papá me dijo que cuando aquel hombre terminó de contar su historia, él se rio, pues no podía creer que algo así le hubiese pasado a plena luz del día, sonaba como de película de terror y simplemente no podía creer que eso fuera real, pues, él veía más los eventos paranormales, como que se azotaran puertas, o que cosas se cayeran, no algo tan especifico como eso. Así que pensó que les debía de estar tratando de tomar el pelo, sin embargo, ninguno de los trabajadores se rio junto con él.

No solo no dudaron ni una sola palabra de su historia, sino que todos ahí afirmaron que la habían visto también, algunos decían que solía deambular más por el área de las bodegas, pero que no existía un lugar específico en donde te la pudieras encontrar, algunos decían que la habían visto cargando a un bebé, y uno de ellos dijo que la había visto arrullándolo una vez que se estaba preparando para irse, pero que nunca decía nada, solo lloraba, nadie sabía quién era, y los que llevaban más tiempo, decían que había estado ahí básicamente desde que ese lugar se convirtió en bodegas.

Papá no les dijo nada, pues creyó que verían un poco extraño que alguien quisiera toparse con esa cosa apropósito, pero desde ese día, cada vez que se encontraba solo, la llamaba, le decía que la quería ver y que se le apareciera, pero sin importar cuantas veces lo hiciera, parecía que se les aparecía a todos menos a él, y por un momento llegó a pensar que era demasiado común como para no poder ver algo que todos ahí habían visto al menos una vez.

Una noche, cuando la jornada se extendió hasta casi la una de la mañana, mi papá se encontraba agotado y no quería enfrentar el largo camino de regreso a casa. Fue entonces cuando su jefe le propuso una alternativa inusual: si no le temía a la oscuridad y a las historias espeluznantes, podía pasar la noche en una de las bodegas vacías. Mi papá aceptó casi de inmediato, pues pensó que quizás, estando todo el sitio vacío y sin ninguna persona salvo él, no había posibilidad de no verla al menos caminando por ahí.

La bodega se sumió en un total silencio una vez que todos se retiraron. Solo quedaba mi padre, rodeado de pilas de cajas para fruta y estantes vacíos. La tenue luz de una linterna iluminaba su camino mientras exploraba los pasillos interminables. Cada ruido parecía amplificarse en aquel gran lugar, pero realmente estaba muy interesado en poder ver a aquel ente del que todo mundo hablaba, la llamaba y le decía que se le apareciera, pero de nuevo no veía nada fuera de lo normal, todo estaba tal y como se verían las bodegas vacías.

Mi papá dice que en un punto se frustró, y en lugar de llamarla, comenzó a insultarla, y a reclamarle porque no lo dejaba verla, dice que estuvo diciéndole muchas cosas durante varios minutos. Cuando de repente, un crujido resonó desde el fondo de la bodega. Su pulso se aceleró y una oleada de adrenalina recorrió su cuerpo. Con cautela, se acercó al origen del sonido y descubrió una puerta que conducía a una sección adicional, generalmente cerrada y alejada del resto del almacén. La puerta estaba entreabierta, como si alguien o algo hubiera pasado recientemente por allí.

Intrigado y temeroso al mismo tiempo, mi padre empujó la puerta y se adentró en aquel lugar olvidado. Una tenue luz filtrada por las ventanas sucias iluminaba una escena de abandono. Las cajas estaban desordenadas y cubiertas de polvo, mientras que los objetos y herramientas yacían esparcidos por el suelo.

A medida que avanzaba por los pasillos, sintió por primera vez en su vida, aquella sensación de que alguien te asta observando en la oscuridad, de la que tantas personas le habían platicado. Podía sentir una mirada penetrante posada sobre él, y sus pasos se volvieron más cautelosos. Fue entonces cuando, en la distancia, escuchó un murmullo indistinguible, un susurro, no eran llantos como todo el mundo afirmaba y aunque no podía saber exactamente qué era lo que estaba diciendo, sabía que eran palabras en español, entendió las palabras “frio, nunca y oscuridad”.

El miedo y la curiosidad se mezclaron en su interior. Decidió caminar a donde provenía el sonido, pues creía que quizás alguien le quería jugar una broma o quizás era algún radio a punto de morir por la falta de baterías, mi padre avanzó hacia una sala solo cargando con una linterna en su mano. Lo que encontró allí lo dejó sin aliento: una figura sombría, con ojos brillantes y una sonrisa siniestra, lo observaba desde el rincón más oscuro, aun cuando la apuntaba con la linterna no desaparecía como una sombra normal.

La figura parecía desvanecerse y materializarse con cada parpadeo, y además parecía estar acercándose un poco más hacia él a cada abrir y cerrar de ojos. Mi papá quedó petrificado, incapaz de apartar la mirada. Y apenas sintió que podía moverse de nuevo corrió hasta la bodega en donde iba a quedarse cerrando la cortina de metal tras de sí.

Mi papá me dijo que cuando estuvo dentro de la bodega, le faltaba el aliento, no podía creer lo que había visto, que incluso trató de convencerse a sí mismo de que todo lo sucedido había sido fruto de su imaginación, de su deseo de vivir algo extraordinario. Se recostó en el piso para tratar de tranquilizarse un poco y quizás intentar dormir, pues, aunque seguía intentando convencerse asimismo de que todo había sido fruto de su imaginación, ya no tenía interés en ver algo paranormal en la vida real.

Mi padre dice que eso pasó un día de verano, por lo que estaba haciendo mucho calor aquella noche, él no traía camisa y aun así estaba sudando, pero tenía la suerte de que en el techo había una grieta, lo suficientemente grande para que dejara pasar un poco de aire, y aunque no era tan grande si podía ver algunas estrellas y eso lo tranquilizaba un poco. Mientras estaba sumido en sus propios pensamientos, casi por fin terminando de convencerse de que había imaginado lo de momentos atrás, el silencio se rompió bruscamente. Un sonido inconfundible de algo tocando la cortina de la bodega en la que él estaba, resonó por todo el lugar.

Una Noche En Las Bodegas Historia De Terror

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Mi padre se incorporó rápidamente. Era imposible que alguien más estuviera allí. El lugar estaba cerrado y él era el único presente. Temeroso y con la voz entrecortada, preguntó en voz alta quién estaba allí, deseando que la respuesta proviniera de su jefe, pero la expectativa se vio frustrada por el llanto angustiado de una mujer que parecía estar al otro lado de la cortina.

Todo era demasiado irreal y escalofriante. El llanto se entremezclaba con los golpes en la cortina, y mi padre sentía su corazón latir con fuerza, lleno de una mezcla de temor y compasión. No sabía cómo reaccionar, pero por alguna razón mi papá seguía preguntando quien era, aun cuando sabía que no podía ser su jefe. La mujer no respondió con palabras, pero su llanto persistente llenaba el espacio, invadiendo cada rincón de la bodega. Mi papá dice que, aunque nunca ha sido una persona muy empática, por un momento sintió la tristeza y desesperación que parecía manifestar el llanto de esa mujer.

El miedo se apoderaba cada vez más de mi papá. Incapaz de abrir la cortina, se quedó paralizado en medio de la bodega, tratando de ignorar los escalofríos que recorrían su espina dorsal, y de la nada simplemente se detuvo. Pasaron algunos minutos en silencio tenso, hasta que un sonido completamente inesperado llenó el aire, el llanto de un bebé comenzó a escucharse, haciendo eco en todo el vacío lugar, aunque si pegaba su cabeza a la pared de la bodega de a lado casi podía asegurar que venía de ahí.

Mi papá nunca ha sido alguien particularmente religioso, la idea de dios jamás le ha terminado de convencer del todo, pero, en ese momento por el miedo que sentía, cerro los ojos lo más fuerte que pudo y comenzó a rezar. Sin embargo, en lugar de que los sonidos cesaran, una voz femenina comenzó a entonar una canción de cuna, el clásico “duérmete niño”.

El escalofrío que recorrió su espina dorsal fue tan intenso que pareció helar su sangre. La voz resonaba con una melodía siniestra y susurrante, envolviendo el aire con una presencia inquietante. Mi papá no sabía qué hacer, se sentía atrapado en un laberinto de oscuridad y desesperación. Sin más opción, se tumbó en el suelo de la bodega, esperando que el amanecer llegara pronto y pusiera fin a su tortura.

Sin previo aviso, el llanto del bebé se transformó en risas macabras que parecían emerger de las mismas paredes. El terror se apoderó de mi padre mientras escuchaba como la voz femenina pronunciaba su nombre de forma burlona, como si supiera que él estaba aterrado. El ambiente se volvió helado, la temperatura comenzó a descender drásticamente hasta que sus dientes comenzaron a castañetear y salía vapor de su boca.

Mi padre intentó desesperadamente ignorar los escalofríos que recorrían su cuerpo, enfocándose en el punto en el techo que le permitía ver las estrellas. Creía que, si se concentraba en otro lugar y evitaba el contacto visual con las fuerzas invisibles, todo desaparecería. Pero en medio de esa práctica, sus ojos se abrieron de par en par al ver como una figura blanquecina y transparente atravesaba el agujero en el techo.

Esa cosa bajaba del techo en dirección a mi padre, atravesó su cuerpo y volvió a subir rápidamente, saliendo nuevamente por la rendija. Mi papá solo puede describir aquella sensación, como cuando caes de una gran altura, como si sus huesos se estrellaran contra el suelo. El dolor se apoderó de su cuerpo y se sintió como si todo el aire fuera expulsado de sus pulmones. Inmóvil en el suelo, incapaz de mover más allá de los ojos, se vio sumergido en una agonía que se prolongó durante horas interminables.

No fue hasta que los trabajadores comenzaron a llegar que él, poco a poco comenzó a recuperar la movilidad del cuerpo, su piel estaba helada, pero estaba un poco feliz de poder haber sobrevivido para contarlo, pues por lo que me dijo, en algún momento de la madrugada, creyó que esa cosa podría volver y el estaría totalmente a su merced, pero eso no pasó.

Siguió trabajando ahí después de eso, pero, nunca volvió a quedarse a dormir ahí y después de contarle a sus compañeros lo que vivió, nadie se atrevió a hacerlo. Al terminar de relatarme su historia, me dijo que la razón por la que me estaba contando eso, era porque no quería que, por estar buscando ese tipo de cosas, yo terminase igual que él, me dijo que hay muchas cosas en este mundo que no podemos comprender pero que es mejor respetarlas, y me hizo prometer que no seguiría intentando contactar espíritus, pues no tenía idea de con que me podía topar.

No voy a mentir, aunque se lo prometí, hasta la fecha sigo esperando a vivir algo como eso, pero ya no lo busco, pues yo creo en cada palabra de la historia de lo que le ocurrió a mi papá.

Autor: Liza Hernández.

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