Pesadillas En La Casa De La Abuela Historia de Terror

Pesadillas En La Casa De La Abuela Historia de Terror

Hoy quiero compartirles una serie de sucesos espeluznantes de los que fui víctima Pesadillas En La Casa De La Abuela Historia de Terror y que yo considero lo peor que me ha pasado en la vida. A causa de esto, aun hoy en día sufro de insomnio, pues todo terror empezó en mis pesadillas, que poco a poco se fueron haciendo realidad, y aunque no puedo adivinar si tendré o no malos sueños, siempre existe la duda de si seré presa de una pesadilla o no.
Todo comenzó con la muerte de mi abuela, la cual estuvo envuelta en misterio, pues los doctores no encontraron una causa clara de muerte. Yo no conozco mucho de términos médicos, pero pude entender que la causa más probable fue un paro cardíaco fulminante, aunque los médicos no estaban cien por ciento seguros, ya que la autopsia no arrojo daño en las arterias o en el Corazón.
El aspecto del cadáver de mi abuela, era algo terrible, dentro del ataúd, mostraba una expresión de pánico, los nervios de su cara quedaron en un gesto tan marcado, que ni todo el maquillaje utilizado en la casa funeraria pudieron ocultar.

Como se podrán imaginar, mi padre y sus hermanos no quedaron contentos con las explicaciones de los médicos, su muerte, sus últimos años de vida fueron tan extraños.

Mi abuela no era una persona tan mayor, andaría sobrepasando apenas los sesenta años y hasta donde yo , contaba con muy buena salud, había sido atleta en su juventud y aún seguía practicando deporte. También acudía al médico regularmente.
El caso fue, que mi abuela dejó una propiedad intestada, pues no alcanzo a formular su testamento, ya que, como les dije, no estaba enferma y su muerte fue tan repentina. Mi padre es el mayor de sus hermanos, y el único que vive en México, pues todos hicieron vida en California, Estados Unidos.
Todos estuvieron de acuerdo en que mi padre, se hiciera cargo de realizar los arreglos para vender la casa y repartir en partes iguales. Mi padre quiso que nos mudáramos a esa casa en lo que sacaba todo lo que estuviera dentro, se hacía una lista y se vendía.
Esta casa se encuentra a las afueras de Dolores, Hidalgo, es una enorme casa colonial, que rara vez visitábamos, pues mi abuela no vivía allí, solo hasta los últimos dos años de su vida. El lugar, estaba muy alejado de otras casas y no tenía vecinos cercanos, todo en rededor está despoblado.
Mi abuela decidió irse a vivir, con la finalidad de aislarse, esto a causa de una depresión que le causa la muerte de una de sus hijas. Mi padre y sus hermanos, habían intentado impedirle que se fuera a vivir sola y mucho menos a esa casa tan apartada, pero nada pudo hacerla cambiar de opinión. Al final mi padre y sus hermanos, se contentaron al saber que se haría acompañar por una empleada doméstica y su familia.
Mis tíos y mi padre, varias veces les preguntaron la doméstica y su familia, que, si no habían notado algo raro en la abuela, ellos contaban, que la actitud de la abuela se hizo muy extraña durante los últimos días, decía ver cosas, hizo clausurar uno de cuatro baños que se encuentra en la casa, pues según ella algo maligno vivía allí, algo la perseguía. Comenzó a comprar muchas figuras religiosas, que le encargó a la doméstica, colocar por toda la casa. También nos dijeron, que no toleraba estar sola, que inclusive varias noches tuvieron que dormir con ella en la misma habitación, ya que mi abuela no toleraba estar sola, y aunque siempre le insistían que buscara a sus hijos, siempre se negaba a pedirles que se fueran a vivir con ella.
Mi padre y yo comenzamos la mudanza poco antes de Navidad, aunque no nos quedamos a vivir de inmediato.
La casa tiene varios jardines, que recuerdo en otros tiempos, estaba bien cuidados, sin embargo, ahora que nos mudábamos, todo estaba muy descuidado, la yerba muy crecida y llena de maleza. Para ingresar a la casa, es necesario atravesar los jardines, que, al estar hechos una jungla, nos costó algo de trabajo.
Al entrar a la casa, lo primero que vi, fue un mar de figuras religiosas mal acomodadas por toda la casa. Por aquel entonces yo me consideraba ateo, así que ver todas esas figuras de ángeles, de la virgen y de cristo, me eran de mal gusto, sabía por lo que escuché de la doméstica y su familia, que mi abuela solía hacer esto, pero no creí que fuese algo tan exagerado como lo estaba viendo.
Como les dije, no nos quedamos a dormir de inmediato, pues la casa necesitaba algunos arreglos, que mi padre decidió hacer por propia cuenta. Todas las tardes acudíamos a la casa de mi abuela, mientras mi padre se encargaba de los jardines, yo me daba a la tarea de revisar y ordenar cuanta cosa estaba dentro de la casa.

En menos de quince días, la casa estuvo lista para mudarnos.

Recuerdo la primera noche que pasé en esa enorme casa, ¿Cómo podría olvidarla?
Tuve una pesadilla, en la que me encontraba limpiando la habitación que solía usar mi abuela. Por accidente tumbé una figura de la virgen de Guadalupe que se encontraba sobre un ropero, al quebrarse la figura de yeso, salió una especie de esfera transparente, que, aunque no podía verla con facilidad, la notaba, la escuchaba con un sonido como de electricidad, esta energía avanzo por el muro y luego se metió dentro de un crucifijo colgado en la cabecera de la cama.
Esa energía me transmitió mucho miedo, mi primera reacción fue acercarme a la puerta para salir corriendo de la casa, pero la puerta se cerró en mi cara, intenté girar la manija, sin conseguir abrirla. En ese momento empecé a escuchar una voz demoníaca, miré en dirección al crucifijo. La cara de cristo había tomado una forma diferente, mantenía una sonrisa diabólica y cada que terminaba una frase se reía de , el espectáculo era lo más aterrador que me había ocurrido. No sabía cómo reaccionar, hacía tanto tiempo que no rezaba, ni creía en nada. Solo pude gritar.
Mis propios gritos me despertaron, estaba completamente bañado en sudor. Vi el reloj, era la una y media de la mañana, ya no deseaba volver a dormir, hacía tanto tiempo que no tenía una pesadilla tan aterradora.
Aunque la casa estaba lista para que nosotros pudiéramos vivir allí, aún teníamos mucho trabajo por hacer, es una casa enorme y había que reparar baños, pintar habitaciones, cubrir goteras, todo tipo de remodelación. Según mi padre, aun cuando la casa estuviera completamente habitable, sería muy difícil que alguien la comprara, esto a causa de su ubicación y tamaño. De los baños, uno estaba cerrado con una cadena y candado, tuvimos que derribar el candado con una barra de acero, pues no pudimos encontrar la llave por ninguna parte.
Cuando al fin pudimos entrar, un olor nauseabundo nos recibió. El baño era el más grande de toda la casa, contaba con jacuzzi y muchos muebles. La taza había sido arrancada y el muro frente a ella, estaba todo manchado de color rojo, y en el piso había un cristo roto.
Del agujero donde debía estar la taza, salto una enorme rata negra, gorda y con los ojos grises, chilló al vernos y se arrojó contra , esto hizo que me echara para atrás, golpeando con mi espalda un mueble para las toallas, algo cayó al piso quebrándose en mil pedazos, para esto, mi padre ya tenía atrapada a la rata bajo su bota. Al matarla, el animal soltó un chillido horrendo, segundos después, notamos otro sonido, no sabría cómo explicarlo, pues no existe con que compararlo, pero estoy seguro de que el sonido salió de la figura que se quebró, el sonido atravesó todo el baño, y aunque mi padre y yo quedamos sorprendidos, no prestamos mucha atención y seguimos reparando el baño.
Mi papá salió de la casa a comprar una taza para ponerla en el baño faltante. Habíamos tapado con unas tablas y un bote con herramienta el agujero para que no fueran a salir más ratas de la cañería. De por sí le tenía fobia a estos animales, y la que nos acababa de atacar era en especial horrible. Abrí los muebles del baño y en su mayoría los encontré vació, solo uno mantenía unas toallas tan viejas que de la mugre se pegaron a la madera, para poder quitar utilicé una cuña. Debajo de una toalla encontré una pequeña campanita de bronce, con algunas marcas hechas sobre el metal, eran unas especies de cruces y números, esos símbolos no eran originales de la campana, parecía que se los habían tallado con algún cuchillo, se me hizo curiosa y decidí guardármela.
Me puse a raspar las paredes para más tarde resanarlas y pintarlas, entonces escuché una pequeña risita que venía del pasillo, al principio no le presté atención, pensé que eran mis nervios que quedaron alterados por mi encuentro con la rata, sin embargo, después de varios minutos de seguir escuchando lo mismo, salía a asomarme, no vi nada, solo las tres estatuillas que se encontraban en el pasillo, una de la virgen de Fátima, otra era un busto de Jesús con su corona de espinas, y por último una de algún santo al que no conozco, pero cuya expresión de su rostro me desagradaba mirarla, de hecho todas las esculturas me ponían incómodo, así que tome varias de las toallas mugrosas que encontré en los cajones para colocarlas encima de las figuras. Cuando extendí las toallas para cubrir las esculturas, noté que las toallas estaban manchadas por pintura roja de un lado, las coloque con esas manchas hacia el frente y aunque de primera vista no lo noté, después de verlas varias veces, me di cuenta de que esas manchas formaban figuras extrañas, como estrella con picos y un triángulo mal hecho sobre un círculo, no , eran símbolos muy raros que fotografié con mi celular.
Volví al baño y seguí escuchando ruidos, solo que en vez de risas parecían exhalaciones, como cuando uno respira muy fuerte. Intenté convencerme de que este sonido provenía quizás de alguna tubería averiada. Seguí con los muros, hasta que al escuchar de nuevo esa risita, salí al pasillo y vi como todas las toallas, a pesar de que las dejé amarradas a las esculturas, se encontraban en el suelo, esto me puso más nervioso de lo que ya estaba por encontrarme en la casa, así que preferí salirme de la casa y esperar a mi padre en una de las bancas del primer jardín.
Cuando llegó mi papá, me pregunto qué hacia afuera, yo, aunque sentía vergüenza, le dije que tenía miedo y le conté lo que había escuchado y como cubrí las estatuas con toallas y estas se destaparon solas. Mi padre como ya es costumbre, se burló de , siempre me decía lo mismo, que todos mis miedos eran por culpa de no creer en dios y por alejarme de la iglesia. Preferí no contestarle, conocía su sermón de memoria.
Terminamos de reparar el baño cerca de las ocho de la noche. Aunque estaba seguro de que mi padre también percibía las risas, las emanaciones y ese sonido inexplicable que parecía como si algo se moviera entre el aire, no le comenté ya nada, sabía que diría que eran las tuberías o comenzaría a culpar a mi falta de fe. Sin embargo, hubo algo que, si quise preguntarle, eran los símbolos en las toallas, se los señale y le pregunté si mi abuela practicaba brujería o algo parecido, pero mi padre me dijo que eso era imposible, pues ella era ultra católica y hasta donde la sabia, despreciaba toda creencia esotérica.
Yo por mi parte, fui formando teorías acerca de mi abuela, su comportamiento durante los últimos años fue tan extraño, ella cambió mucho, antes siempre era tan atenta conmigo, suplanto a mi madre, quien me abandonó desde muy pequeño y aunque cuando crecí, me alejé un poco de ella, cuando platicaba con ella había cambiado mucho, su mirada que siempre me reflejaba amor, ahora solo reflejaba vació y en sus palabras donde siempre encontraba comprensión, solo había palabras cortantes. Todo empeoró cuando se mudó a esa casa que estábamos arreglando, cuando decidió aislarse de todos.
Aquella noche, me fui a la cama con la idea en la cabeza de que mi abuela había realizado alguna práctica de brujería. Saqué mi celular y busqué en la galería las fotografías que acababa de tomar en la tarde. Primero le presté atención a los símbolos, eran raros, en varias ocasiones me topé con algunos libros de brujería, esto porque una exnovia era fanática de lo macabro, pero ninguna de los símbolos pintados en las toallas se parecía a los que había visto antes. Deslizando las imágenes con mi dedo, me encontré con fotografías que no recordaba haber tomado. Eran tres fotografías, todas del santo al que no reconocía, su mirada se veía diferente en cada una de las imágenes, les puedo jurar que su rostro cambiaba de expresión, en una parecía reírse, incluso se le veían cuernos sobre y usaba una corona de espinas al igual que la de Cristo. Me aterroricé a tal punto que borré toda imagen de los símbolos y estatuas de mi galería.
Para despejar mi mente, puse música en mis audífonos, hasta que me quedé dormido. Entonces tuve una segunda pesadilla.
Entre en una habitación en la tercera planta de la casa, la única habitación que no estaba adornada con estatuas o crucifijos. Comencé a sentir esta sensación de que alguien me observaba en el fondo de la habitación, cerca de un clóset. De pronto una oscuridad intensa que resaltaba en la habitación, se acercó a , haciendo que sintiera mucho frío. Escuché una voz en mi oído, que me decía claramente: “El mal no tiene rostro, ni forma, viaja y adopta la forma de cualquier cosa que se topa en su camino”.
Entonces, vi que frente a mí estaba una escultura tallada en madera, y detrás de ella un espejo de forma ovalada, lo suficientemente grande que me permitía ver a la perfección la parte trasera de la estatua de madera que estaba frente a . Una lámpara en el techo se encendió, con la luz encendida, logre ver perfectamente que la imagen frente a , era la de una virgen con cara de angustia, se veía casi real, hasta parecía que lloraba sangre, después miré en dirección al espejo, la escultura tenía dos caras, o, mejor dicho, dos imágenes talladas en una sola escultura, la parte de atrás, era una deformación de la imagen, aquí mostraba una cara diabólica, con cuernos. La escultura comenzó a moverse, girando sobre misma, sangraba, reía y lloraba, parecía tan real, que sentí volverme loco.
Me despertó mi padre, quien se veía preocupado, pues mis gritos le despertaron.
Le conté que desde que llegué a esa casa, no había dejado de tener pesadillas. Esta vez mi padre en lugar de darme un sermón, me regaló un rosario, me dijo que lo pusiera bajo mi almohada. Lo hice así, y pude volver a dormir.
Pasaron los días y comencé a sentir miedo cuando me quedaba solo, sobre todo en lugares muy cerrados, como en habitaciones o baños. Durante una tarde tuvo que arreglar unos cables de electricidad afuera de la casa, mientras yo pintaba una pequeña sala de estar, en la planta alta de la casa. Afortunadamente, sacamos todas las esculturas y adornos de allí, a excepción de un reloj de pared con péndulo.
El reloj hacía mucho ruido, tanto las manecillas como el movimiento del péndulo balanceado de un lado a otro. De pronto, el reloj paro y al igual que en mis sueños, comencé a sentir una presencia oscura, que, aunque no podía verla, sabía que estaba allí presente. Algo sonaba dentro del reloj, como si algo dentro estuviera arañando. El reloj comenzó a sacudirse con tanta violencia, que casi estuvo a punto de caerse, yo sentí tanto miedo, quise gritarle a mi padre, pero la voz no me salía, estaba mudo e inmóvil. Cuando pude reaccionar, tropecé torpemente con un banquito, y al caer, toda la herramienta que tenía sobre él, reboto sobre el piso, incluida la pequeña campana que recogí en el baño clausurado. La campana produjo un sonido muy curioso.
Justo después de esto, el reloj volvió a funcionar a la normalidad, los sonidos espectrales terminaron y dejé de percibir la extraña presencia. Pensé que esa pequeña campana tenía alguna función.
Investigue un poco en internet. Encontré que las campanas producen vibraciones en una frecuencia que es capaz de alejar seres del bajo astral. Tenía el presentimiento de que la casa era habitada por algo tan aterrador, que quizás pudo haber ocasionado la muerte de mi abuela.
Más tarde, tuvimos que sacar varias cajas, con revistas, libros y cuadernos. Eran tan pesadas que tuvimos que cargar las cajas entre los dos. Fuimos a venderlas a una recicladora. Revisando entre la maraña papeles, vi que el título de un libro decía: “Como invocar a un ángel caído”. Y otro era algo así como: “El arte de hablar con los muertos”.
Le enseñe los libros a mi padre, pero solo me dijo que dejara allí, no obstante, guarde uno sin que se diera cuenta. Cuando tuve oportunidad le eché un vistazo al libro, todo su contenido me parecía tan maquillado, hablaban sobre invocación de ángeles caídos, y aunque llevaba tiempo alejado de la iglesia, aun así, podía comprender, que los ángeles caídos eran demonios. En unas páginas, encontré unos símbolos parecidos a los que vi pintados en las toallas. Era claro que mi abuela había hecho algo estando sola en aquella casa, algo que al final tomo su vida.
Me deshice del libro, pues de por ya no me sentía cómodo en aquella casa.
De nuevo comencé a tener pesadillas, eran parecidas, pero cada vez me alteraban más los nervios, a tal punto que prefería no dormir de noche pues extrañamente, cuando tomaba una siesta durante el día, no solía tener pesadillas. Quería irme de allí, aunque mi padre me estaba pagando bien por ayudarle, ansiaba regresar a la escuela y jamás volver a esa sombría y aterradora casa.
Los fenómenos fueron cada vez más marcados y tan intensos, que incluso mi padre comenzó a notarlos.
Una tarde, cuando despejamos la sala principal, tuvimos que salir a comprar un material que hacía falta. Al entrar en la casa encontramos una escultura de un santo, que les juro, en todo el tiempo que llevábamos trabajando en esa casa, jamás habíamos visto. Parecía como una mezcla entre san Judas Tadeo y el sagrado corazón, solo que el rostro en especial, estaba tan mal hecho, que se podía pensar que fue hecho solo para burlarse. Mi padre me dijo que eso no estaba allí cuando nos fuimos, en seguida se puso a revisar cada habitación en la casa, buscando si había algún intruso.
Lo dejé que revisara él solo por toda la casa, mientras yo me quede parado mirando esa horrible escultura. Vi que guiño un ojo.

Llame a gritos a mi papá, y decidí contarle todo lo que creía, lo que vi en los libros, mis sueños en los que una fuerza sobrenatural tomaba cualquier forma a su paso.

Mi padre me miro y se quedó callado por un pequeño instante, pues una pequeña voz se escuchó desde donde se encontraba la escultura. Mi padre saltó del miedo y miro en dirección a la figura, la agarro, la saco al patio, la estrello contra el piso y los pedazos de yeso que quedaron, los hizo polvo bajo sus botas. Cuando entro de nuevo a la casa, me dijo que necesitábamos rezar, pues alguien nos quería hacer brujería. Yo le dije que no creía que fuera así, sino que todo pudo haber sido causado por mi abuela. Mis palabras hicieron que mi padre se enojara y después de gritarme, me pidió que lo dejara solo.

Al día siguiente, hizo que cambiáramos todas las chapas de la casa.

Me sentía molesto, mi padre no me escuchaba, por su plática, entendí que él creía que la señora que asistió a mi abuela durante sus últimos días, habían estado entrando a la casa, lo que para no tenía sentido, pues si hubieran querido robar algo, ya lo habrían hecho desde antes del funeral. Preferí no discutir con mi padre, incluso me puse a rezar el rosario con él, todas las noches. Aunque las oraciones, en lugar de calmar las cosas, solo las empeoraron.
Mi padre comenzó a comportarse de una manera muy agresiva, si bien no es una persona comprensiva, no es el tipo de persona que se molesta por todo, o responde de manera violenta ante cualquier cosa. Sin embargo, todos los días se veía lleno de coraje.

Casi me atrevía a decir que mi papá estaba poseído por el mismo mal que habitaba en la casa.

Un día, mientras reparábamos una tubería, mi padre se hizo una herida profunda con un tubo roto.

Intenté convencerlo de que me dejara conducir hasta el hospital, pero se negó, solo se amarró un trapo con fuerza sobre la herida y se fue él solo al hospital. Antes de irse me indico que le diera otra mano de pintura a dos habitaciones.
Hubiera preferido quedarme afuera de la casa hasta que regresara, sin embargo, no deseaba hacerlo enojar, estaba cansado de su carácter últimamente, aunque intentaba entenderlo, aún está reciente el luto por la muerte de mi abuela.

Estando ocupado con los muros, volví a tener ese presentimiento de que algo malo ocurriría.

De la nada, entro rodando una cabeza de una estatua. Intenté mantener la calma, quise pensar que estaba soñando. La estatua siguió rodando hasta golpear contra una mesa, quedando mirando directo hacia . Empecé a decirme a mismo que despertara, pues sabía muy bien lo que estaba a punto de ocurrir.
Si bien la cabeza no movía sus labios, yo escuchaba una voz que se burlaba de y me decía cosas horribles. Me mordí el brazo hasta hacerme sangrar, supe que no estaba en un sueño.
Escuché como si algo se arrastrara hacia . Salí corriendo en dirección a la escalera, pero la puerta que daba al pasillo se cerró en mis narices. Maldije al arquitecto que diseño la casa por haber puesto una puerta en cada nivel.
Me regresé al pasillo e invadido por la desesperación, corrí hasta la única habitación que se encontraba abierta, la cual tenía ventana con vista a la calle. Intenté cerrar la puerta, pero la perilla no funcionaba. Empecé a escuchar como si la casa estuviera llena de personas, se escuchaban correr por los pasillos, o golpear los muros. Me senté bajo la ventana, intentando tranquilizarme. Agradecí de que en la habitación no hubiera ninguna escultura religiosa, a excepción de un crucifijo de madera sobre la puerta, sin rostro alguno, solo el letrero de INRI en la parte superior de la cruz. Trate de recordar el significado de aquellas letras, sabía que lo había escuchado durante el catecismo en mi niñez, pero solo se me venía a la mente que eran palabras en latín.
Comencé de nuevo a sentir esta presencia que me seguía, escuché que algo se acercaba rodando, me imagine que era la cabeza del santo que dejé abajo, así que mejor cerré los ojos con fuerza. Recordé el significado del letrero en la cruz, era algo así como: “Jesús de Nazaret, Rey de Los Judíos”.

Dije esas palabras en voz alta y por primera vez en mi vida comencé a rezar en serio, con fe de que al hacerlo aquel horror me dejaría en paz.

La puerta que dejé entreabierta se abrió completamente, y los ruidos desaparecieron. Recordé que en mi bolsa de herramientas cargaba la campanita, la saqué e hice sonar. Mi miedo desapareció.
Me quede un rato mirando a través de la ventana. De reojo, vi algo que se movía entre la maleza del tercer jardín en la entrada. Fijando más la vista, logre distinguir que se trataba de una mujer, que se agachaba constantemente, parecía que buscaba algo. A lo lejos vi la camioneta de mi padre llegar. Baje rápidamente, al bajar por las escaleras, la puerta estaba abierta, como si jamás se hubiera cerrado, pero no le presté mucha atención.
En cuanto mi padre bajo de la camioneta, le dije que había una mujer escondida entre la maleza del jardín. Ambos buscamos a la mujer, pero ya no estaba. Yo dudé si realmente la vi o solo fue otra de las muchas apariciones que rondaban la casa. Sin embargo, apenas tuve oportunidad, regresé al lugar donde estaba aquella mujer. Noté que la tierra estaba removida, parecía que habían enterrado algo. Me puse a escarbar hasta que encontré algo, era una especie de raíz dentro de un frasco lleno de un líquido amarillento que no quise oler.

Regrese el frasco a donde lo encontré y regrese a la casa.

Esa noche, mientras iba al baño, me encontré a mi padre parado en la sala de la segunda planta, estaba frente a un cuadro vació, intenté hablaré, pero mi padre no contestaba, parecía estar sonámbulo. Le toqué el hombro y mi padre seguía sin responder, de pronto comenzó a hablar, no le entendí nada de lo que dijo, parecía que estaba hablando en otro idioma. Mi padre me puso nervioso, no sabía que hacer o cómo actuar, nunca lo vi en ese estado. Intenté moverlo junto conmigo y no logre moverlo ni un centímetro.
Mientras pensaba que hacer con él, de pronto despertó de su sonambulismo y gritando decía que había visto a un demonio entrando a la casa por el cuadro vació. Lo abrace y lo lleve hasta un sillón, intenté calmarlo, mi padre no suele llorar, al menos no lo hacía frente a , pero esa vez lloro desesperadamente, mientras me decía que todo había sido tan real, que incluso pudo olerlo y ver el tamaño de ese demonio, me dijo algo raro, si mal no recuerdo fue algo así como: “Ese demonio puede encogerse o estirarse a voluntad, pues habitan en otra dimensión”.
Después siguió llorando desconsoladamente.

Recuerdo bien que aquella noche, al dejar esa sala para regresar a mi habitación, vi como si una pequeña sombra se metiera dentro del cuadro vació.

Al día siguiente mi padre, por primera vez admitió abiertamente que algo raro ocurría en la casa, algo que le provoca sentirse terriblemente triste y no solo por causa de la muerte de mi abuela, pues me confesó que los últimos años estuvo muy alejado de mi abuela y siempre fue un poco ausente en su vida. Así que, según mi padre, su tristeza no tenía razón de ser, sentía como una presión en el pecho. Sin embargo, de un momento a otro, volvió a culpar a la doméstica de estarnos haciendo brujería, su estado de ánimo cambio de una manera radical, ahora se mostraba molesto.
Esa tarde, me encargué de pintar un balcón con vista a uno de los jardines en la parte trasera de la casa. En ese jardín, aún estaba la hierba alta, mi padre aún no llegaba a arreglar esa zona. Poco a poco comencé a notar que el pasto se movía de forma rara, pues no había viento aquel día. Me escondí detrás de uno de los pilares que adornan el balcón, entonces volví a ver a una mujer escondida entre el pasto. Decidí bajar sigilosamente y acorralarla para ver quien era.
Me escondí detrás de un montón de ramas y vi que la mujer revolvía tierra con sal, salí de mi escondite y me pare frente a ella. Se puso muy pálida al verme, parecía que se iba a desmayar.
Aunque no la reconocí de inmediato, no tarde en darme cuenta de que quizás mi padre tenía razón después de todo, pues la mujer que estaba frente a , era la doméstica que ayudaba a mi abuela, solo que se veía muy demacrada, pues yo recordaba que era mujer un poco pasada de peso y la mujer que estaba frente a , estaba tan delgada, que se le marcaban todos los huesos de la cara.
La mujer se desvaneció y corrí a agarrarla antes de que cayera al suelo. Le dije que si quería podía entrar en la casa y llamar a su familia para que vinieran por ella. Estas palabras la alteraron muchísimo, pues de inmediato me pidió que la dejara ir y yo le respondí, que de ninguna la retendría, pero que si me gustaría saber qué es lo que estaba haciendo en la casa.
Miraba constantemente hacia la casa, para ver que no viniera mi padre, pues con su estado de ánimo alterado, no sabía de lo que sería capaz de hacerle a aquella pobre mujer.

La mujer me contó una historia un poco difícil de creer, pero con todo lo que había presenciado en aquella casa, podía creer cualquier cosa.

Resulta que a mi abuela solía visitarla una extraña mujer que realizaba una serie de rituales, y aunque al principio la señora quiso ser discreta, termino enterándose de todo, pues mi abuela le encargaba cosas extrañas del mercado, además de que siempre terminaba encontrando cosas extrañas cuando hacia la limpieza, cosas que usan las personas que practican la brujería. Según ella, esto no le dio tanto miedo al principio, pues en el pueblo de donde viene es muy común que las personas practiquen la brujería, lo que en verdad le dio miedo, fue que en la casa comenzaron a ocurrir cosas extrañas y a quien más le pasaban era a mi abuela. Según la mujer, mi abuela decía que un demonio la perseguía y días antes de que muriera, le pidió que, si algo le ocurría, no le contara nada de los rituales, ni de lo que le estaba ocurriendo a sus hijos. La señora me dijo que mi abuela intento hacer de todo para alejar de la casa a aquello que había invocado, pero que ese mal, parecía adueñarse de todo lo que encontrara a su paso, sobre todo de imágenes y esculturas religiosas, según la señora, incluso vio a varias figuras de santos moverse por solas.
Le volví a preguntar qué porque estaba allí, si le daba tanto miedo la casa, pero no me alcanzo a contestar, pues escuchamos pasos, era mi padre que venía de la casa. Le dije a la mujer, que, por su bien, era mejor que se fuera de inmediato.

Para cuando llegó mi padre, la mujer ya se había ido.

Regresé a casa con mi papá, a quien preferí ocultar que la mujer había estado hablando conmigo hace unos minutos. Sabía que la mujer decía la verdad, y que sabía mucho más de lo que me dijo, aquella casa estaba maldita, no veía la hora de regresar a la escuela y poder abandonarla.

De nuevo tuve pesadillas.

Soñé que estaba en la habitación de mi abuela haciendo unas reparaciones con yeso y cuando moví un ropero, detrás encontré una vitrina clavada a la pared, tenía un marco de madera tallada con extraños símbolos, dentro comencé a escuchar ruidos, como si arañaran el vidrio. De la nada, apareció un rostro sin ojos ni boca, solo era la forma de una cabeza, parecida a la de un muñeco de arcilla, del tamaño de un humano; se movía de un lado a otro, hasta que se quedó fija como mirándome a pesar de no tener ojos. La cabeza decía cosas sin sentido y mezclando palabras en diferentes idiomas, el pánico se apoderó de , quise salir corriendo de nuevo, pero la única puerta de la habitación desapareció, no había por donde escapar. Sentía que el mal estaba encerrado conmigo, la desesperación era tan intensa en , que pensé que iba a morir, era como si supiera que algo muy malo me iba a ocurrir y no podía saber que era, ni ver quien lo haría.
Entonces noté que detrás de la vitrina estaba una pequeña ventana, que si mal no recordaba daba al jardín de la entrada, saltar por allí sería una locura, pues era muy probable morir en la caída. Las voces aumentaron de fuerza y el rostro de la vitrina desapareció, mientras que el vidrio se encontraba abierto. Fuese lo que fuese que estuviera dentro, ahora estaba libre, lo sentía detrás de , no tenía otra salida, era morir por mi propio medio o dejar que el mal me consumiera. Corrí a la ventana y salte.
Desperté con esa sensación de caída. En cuanto me pude recuperar y comprobar que todo fue un sueño, escuché a mi padre gritando desde la planta baja.
Cuando bajé, me encontré con macabro espectáculo. Toda la alfombra estaba invadida por ratas muertas, era algo tan espantoso como asqueroso, además de que no era ratas normales, eran similares a la que mato mi padre en el baño clausurado. No tenía sentido, eran muchísimas ratas muertas. Si bien estuvimos colocando un poco de veneno por toda la casa, ningún veneno mataría tantas ratas al mismo tiempo, y si lo hiciera no acabarían todas en un solo sitio, esos animales siempre están escondidos, no tenía sentido.
Me puse a recoger los cadáveres con asco y miedo, intentaba no mirar, pues esos animales eran más grandes de lo normal y sus ojos eran en verdad algo espantoso. Por si no fuera suficientemente espantoso el panorama de las ratas muertas sobre la alfombra, no tardo en aparecer en la sala un enjambre de moscas, que atacaban mi rostro y por más que las quisiera espantar, no lograba alejar a todas, sentía como se me metían a la nariz, me atacaban los ojos y las orejas.
Corrí con mi padre, que estaba cortando el pasto del patio trasero. Me encontré con que también allí había ratas muertas y moscas, pero mi padre ya se encontraba rociándolas con un fumigador. Le informé que la sala también estaba infestada de moscas, él me dijo que tomara otro equipo de fumigación del cobertizo que estaba en la entrada.

El cobertizo era una vieja letrina que mi padre acondiciono para usarla de bodega.

Noté que mi padre dejó toda la herramienta revuelta, saqué todo, pero no encontré el equipo de fumigación. Regrese y le pregunté a mi padre, quien de mala gana me dijo que quizás lo encontraría en uno de los baños de la segunda planta.
Tuve que cruzar la sala, donde la cantidad de moscas era exagerada, les puedo jurar que se veía como una enorme nube negra. Cruce con las palmas de las manos cubriendo mi rostro, subí rápidamente las escaleras y en el primer baño donde busqué lo encontré en medio de varias cosas que sacamos de varias habitaciones. Al mover el equipo, vi que detrás estaba la vitrina con la que soñé.
Solté un grito cuando la vi. Después la hice añicos y la tiré a la basura.
Fumigue y limpie la casa. A pesar de que me puse mascarilla, cuando terminé el trabajo, no pude evitar vomitar, sentía demasiado asco.
Me puse enfermo, no podía dejar de vomitar y comencé con fiebre, mi padre se asustó mucho y termino llevándome al hospital.
Cuando estuve allá, caí en cuenta que casi no salí de aquella maldita casa, llevaba al menos una semana entera encerrado en ella. No deseaba regresar, pero sabía que mi padre no permitiría que abandonara el trabajo.
No si sería que mi padre estaba asustado por , pero se comportó diferente, era como antes, no se veía de mal humor, estoy seguro de que algo en aquella maldita casa le alteraba su carácter.
No dure mucho en el hospital y mi padre quiso ir a ver como estaba nuestra casa.

Pasamos la noche en mi casa, por primera vez en semanas logré dormir sin pesadillas. Al día siguiente mi padre contrato a dos muchachos para que nos ayudaran a terminar de arreglar la casa de mi abuela.

Mi padre me dijo que descansara un par de días para que me recuperara, pues cuando salí del hospital estaba muy débil.
Desafortunadamente, no pude descasar más que un día, pues mi padre me llamo, diciéndome que los muchachos que le estaban ayudando ya no quisieron seguir trabajando en la casa, decían que los habían asustado y sin exigir su paga se fueron corriendo.
Yo por mi parte aproveché para tratar de localizar a la doméstica, pues más que miedo, sentía mucha curiosidad por saber en lo que andaba mi abuela antes de morir, ya me hacía una idea, pero algo más de información no me vendría nada mal.
No fue difícil dar con el domicilio, desafortunadamente al llegar me encontré con que la señora estaba internada en el hospital por complicaciones de la diabetes que padecía, no obstante, pude platicar con una de sus hijas, quien vivió con ella en la casa de mi abuela.
Aquella chica al principio no quiso hablar mucho sobre el tema, sin embargo, después de enterarse de que yo estaba viviendo allí, comenzó a hablarme a detalle en cuanto a todo lo que vio.
Todo lo que me contó era muy parecido a todo lo que yo vi, eso no me interesaba tanto, así que le pregunté, si conocía a la bruja que visitaba a mi abuela, ella me dijo que, si, pero que no era fácil contactarla, pues aquella mujer vivía en León, Guanajuato. Me dijo su nombre.
Aunque la chica no pudo dar ningún número, con el nombre de la mujer, pude buscarla en internet. Tenía un anuncio en el mercado de Facebook, decía que daba cursos sobre ángeles y meditaciones, todo del tipo esotérico. Le escribí como si estuviera interesado en su servicio.

Mi idea, era ver que había hecho en realidad aquella mujer en la casa de mi abuela, y para que no me identificara le di un nombre falso cuando me contacto, lo que no ocurrió hasta dentro de dos días.

Me encontré con que mi padre había comenzado a beber alcohol y no avanzo nada en las reparaciones durante mi ausencia, peor aún, los muros que habíamos pintado estaban manchados de ollin, parecía como si hubieran prendido fuego dentro de la casa. Mi padre fingió preocuparse por mi salud, pero se veía borracho.
No tarde en encontrar la causa de que la casa estuviera cubierta de ollin, en uno de los patios estaban varios cuadros quemados, al igual que varios libros y hasta un sillón.
Regrese a preguntarle a mi padre acerca de esos objetos quemados. Mi padre me miro y por un momento, a pesar de estar borracho sus ojos no me esquivaban y comenzó a decirme que yo tenía razón, que descubrió algo inmensamente aterrador y que se temía era demasiado tarde para él.
Se me hicieron muy extrañas sus palabras, así que le pregunté si algo le había pasado. Mi padre me dijo que vio salir como un destello de uno de los muebles que se encontraban en la segunda planta, inmediatamente que esto ocurrió, las imágenes en los cuadros de las paredes comenzaron a moverse dentro, según mi padre se burlaban de él, le recordaban que mi madre nos abandonó y que ahora ella estaba en el infierno al igual que mi abuela. Mi padre comenzó a llorar, mientras decía que el mal que habita en la casa conoce nuestras almas, nuestros miedos, por eso quemo los cuadros y los muebles que estaban en el patio, pero temía que esto no serviría para nada, pues hace apenas un rato volvió a escuchar algo extraño en otra habitación.
Intenté tranquilizarlo y le pedí que no nos quedáramos ni un segundo más, que abandonáramos ese maldito lugar. Sin embargo, él se puso en pie y comenzó a gritarle a la nada que no se daría por vencido con la casa. Yo volví a pedirle que nos fuéramos, que mejor les llamara a mis tíos para que contrataran algunos albañiles y terminaran el trabajo.
Justo estaba por convencerlo cuando comencé a sentir miedo de nuevo, ese presentimiento de que algo malo va a ocurrir. Le supliqué a mi padre que nos fuéramos. En eso escuchamos claramente una voz en medio de la sala que decía palabras que no comprendimos, después miré en dirección a las escaleras, sabía que allí había algo, pues me di cuenta apenas entre en la casa, era el crucifijo que vi en mis pesadillas, no sabía por qué mi padre no lo destruyo junto con lo demás, ni siquiera recordaba si siempre estuvo en ese lugar, no sería la primera vez que aparecía una escultura así.
Miré al crucifijo por unos segundos, puedo jurarles que se reía y su rostro mantenía cierta forma demoníaca. Me dio un ataque de pánico, le grité a mi padre que nos fuéramos, pero mi padre estaba paralizado rezando. Vi como algo brincaba desde el crucifijo. Presintiendo que mis pesadillas se hacían real, no me importo dejar a mi padre en la casa y salí corriendo. No pare hasta llegar a la estación de autobuses.
Pensé que al abandonar ese lugar mis pesadillas desaparecerían, desafortunadamente no fue así, fueron días de tener las mismas pesadillas una y otra vez. Mi padre tardo una semana más en volver a la casa, nunca ha querido contarme que sucedió durante esos días, solo que no termino el trabajo y tuvo problemas con mis tíos, quienes le depositaban el dinero con el que se estaba reparando la casa.
Cuando me contesto la bruja que asistió a mi abuela, saqué cita en el lugar donde atendía, aunque no tuve el valor de ir, quería dejar atrás aquella pesadilla y pienso que, de haber ido, quizás hubiera terminado igual que mi abuela. Por medio de una conocida, supe que aquella mujer era una especie de bruja que engañaba a las personas con finta de bruja blanca, que podía comunicarse con ángeles, pero que en realidad invocaba demonios, incluso me enseño algunas fotos donde se veía a la mujer con extraño atuendo blanco, realizando una serie de rituales alrededor de unas mantas blancas con símbolos en color dorado.
Como les dije al principio del relato, padezco insomnio, quizás porque de manera inconsciente mi mente intenta protegerme de las terribles pesadillas. Mi padre ha intentado acercarme a la iglesia y a veces lo sigo por no despreciarlo, él ha mejorado mucho, no lo he vuelto a ver bebiendo o en con el mismo carácter que tenía estando en la casa. Yo, sin embargo, a pesar de que me han recetado pastillas para dormir, a veces no me funcionan. De vez en cuando siento la misma presencia de la casa de mi abuela perseguirme, en la escuela o en mi casa, siempre que esto pasa, hago sonar la campana que encontré.
A veces me dan ganas de contactar a la bruja que ocasiono todo, pero temo que solo empeorara mis problemas para dormir.
En fin, espero algún día pueda olvidar todo lo ocurrido y vuelva a dormir en total tranquilidad.
 
Autor: Mauricio Farfán
Derechos Reservados

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Historias de Terror