Tras Las Lineas Del Infierno Historia De Terror 2024

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Tras Las Lineas Del Infierno Historia De Terror 2024

Tras Las Lineas Del Infierno, Historia De Terror… Soy el Sargento David Mendoza, veterano del ejército, cuyas experiencias en el campo de batalla parecen pálidas ante lo que enfrenté en una misión que nos llevó más allá de las líneas enemigas, a las profundidades mismas del abismo.

Está historia tiene comienzo en una misión la cual su objetivo no es relevante para esta historia. La calidez del sol del desierto se mezclaba con el polvo que levantaban nuestros pasos. Nuestra unidad, era muy conocida en su tiempo por lo que no daré nombres reales debido a que algunos aún viven, ésta estaba compuesta por hombres cuyos rostros habían sido tallados por la guerra.

Cada uno de nosotros cargaba el peso de la responsabilidad en nuestros hombros, sabiendo que nuestras acciones podrían cambiar el curso de la historia.

La misión se presentaba ante nosotros como un laberinto de peligros y adversidades. Cada paso estaba imbuido de incertidumbre, y cada mirada transmitía la tensión que se había arraigado en nuestras almas.

La primera noche en el desierto, mientras las estrellas se alineaban en un vasto cielo oscuro, montamos nuestro campamento provisional cerca de un oasis. A pesar de la tranquilidad aparente, el viento llevaba un susurro inquietante que se arrastraba por la arena. La sensación de ser observados, acechados por algo más allá de nuestra comprensión, se clavó en nuestras mentes como espinas afiladas.

Nuestra sensación fue constatada la primera noche, puedo recordarla a la perfección, el soldado Simón, el cual era un joven valiente y lleno de vida, comenzó a actuar de manera extraña durante una de las guardias nocturnas.

Yo fui el primero en notar su extraño actuar cuando volvió, pues no respondió a mi indicación de darme su reporte, sin embargo, todos notamos cuando sus ojos se nublaron y su voz adquirió un tono gutural mientras pronunciaba palabras en un idioma arcano.

El campamento se llenó de tensión mientras intentábamos contenerlo, pero su fuerza parecía sobrenatural. Era como si fuerzas desconocidas lo estuvieran controlando.

Simón finalmente se derrumbó, inconsciente, pero la semilla del miedo se había plantado en nuestros corazones. El médico examinó su estado y encontró en él un enigma médico inexplicable. Decidimos mantenerlo aislado, a salvo de lo que fuera que lo hubiera poseído. La incertidumbre se convirtió en paranoia, y cada rincón de la noche se convirtió en un escenario donde lo desconocido acechaba.

Los días pasaron, y la sombra de una influencia oscura se cernía cada vez más sobre nosotros. Cada conversación en susurros, cada sombra que parecía deslizarse en el rabillo del ojo, nos recordaba que no estábamos solos en aquel desolado rincón del mundo. Pero éramos soldados, entrenados para enfrentar adversidades, y eso nos mantuvo firmes en nuestra misión.

Fue durante una noche tormentosa cuando nos dimos cuenta de la verdad ineludible. Simón despertó, desde aquella noche este se había vuelto muy callado y se negaba a decirnos que era lo que había pasado. Sus ojos eran ventanas hacia lo desconocido. Su voz resonó en el aire como una serpiente venenosa mientras pronunciaba palabras en un idioma olvidado por la humanidad.

El horror se apoderó de nosotros cuando, uno por uno, varios de nuestros soldados comenzaron a manifestar síntomas similares. Sus ojos enrojecieron, sus voces murmuraron en una lengua que no podíamos comprender. Estábamos atrapados en una pesadilla, prisioneros de fuerzas más allá de nuestra comprensión.

Algunos de los soldados los cuáles no se encontraban bajo ningún tipo de efecto comenzaron a rezar, buscando consuelo en las oraciones que habían aprendido de niños, yo al no ser criado bajo ninguna religión no tenía idea de cómo acompañarlos así que solo repetía lo poco que entendía de ellos, sin embargo , mientras lo hacíamos Las palabras de las oraciones se esfumaban de las mentes de mis compañeros, como si alguien o algo les impidiera recordarlas. Era como si estuvieran desconectados de la fe que alguna vez habían tenido y por ende, yo tampoco podía continuar.

Los soldados que no habían sido víctimas de lo que fuese que estaba ocurriendo luchaban por recordar las oraciones que una vez habían sido parte fundamental de su vida. La incapacidad de encontrar consuelo en la religión intensificó nuestra sensación de desesperación y aislamiento. Sin embargo, estábamos decididos a no rendirnos ante lo desconocido.

Finalmente, como si fuera un regalo de la divinidad o una extraña coincidencia, la calma volvió al campamento. Los primeros rayos del sol comenzaron a asomarse en el horizonte, disipando la oscuridad que había estado asfixiándonos. El cambio fue casi instantáneo. Los soldados afectados por la posesión demoníaca recuperaron sus voces y su conciencia, mientras la influencia maligna parecía retroceder ante la luz del día.

La sensación de alivio fue palpable en el aire, pero también estaba teñida de cautela. A medida que el sol se alzaba en el cielo, revelando la devastación que se extendía a nuestro alrededor, nos dimos cuenta de que algo más grande y siniestro estaba en juego. Los soldados que habían sido afectados tenían marcas extrañas en el cuerpo, eran como si hubieran sido marcados con hierro hirviendo, los símbolos eran extraños pero eso no era lo peor. En los pies de los mismos tenían distintas heridas por las cuales sangraban en abundancia, nada de aquello tenía sentido.

Los soldados que habían sido poseídos por el mal reconocieron lo que habían hecho bajo su influencia y lucharon por asimilar el horror de sus propios actos. La incredulidad y la confusión se reflejaban en sus ojos mientras lidiaban con la culpa y la vergüenza. Intente que algunos me dijeran lo que habían sentido, sin embargo los pocos que podían hablar al respecto me decían que habían sentido un pinchazo y luego todo no era más que recuerdos nubosos.

Aquella experiencia había sido aterradora, una lucha constante entre lo humano y lo inhumano, lo tangible y lo espectral. A pesar de ser un escéptico de lo paranormal, me encontré enfrentando lo inexplicable, lo que desafiaba toda lógica y razón. La necesidad de encontrar una explicación lógica me llevó a cuestionar lo que había vivido.

Incluso después de que la calma regresara, no pude evitar considerar otras explicaciones. Mi mente buscó patrones, conexiones y motivos detrás de lo que habíamos enfrentado. La teoría de que algún tipo de sustancia prohibida se había vertido en nuestras cantimploras comenzó a tomar forma. La idea de que alguien podría haber querido desacreditarnos y hacer que pareciéramos incompetentes se apoderó de mi mente.

Tomé la iniciativa de hacer contacto con los soldados afectados y sus superiores. Era importante que encontráramos respuestas, incluso si esas respuestas estaban en lo más oscuro de la conspiración. Coordiné que los soldados fueran enviados de regreso a sus hogares, ya que necesitaban descanso y atención médica. La traición que habíamos enfrentado en el campo de batalla parecía haberse extendido a un nivel más oscuro y siniestro.

En los días que siguieron, mi mente continuó buscando pruebas y explicaciones. A pesar de mi escepticismo, la paranoia comenzó a colarse en mi psique. Observé el agua de las cantimploras con recelo, sospechando que algún tipo de sustancia había sido vertida en ellas. Exámenes toxicológicos no arrojaron ninguna respuesta, pero mi mente se negaba a ceder ante la incertidumbre.

La tranquilidad de esos días se derrumbó en una noche siniestra, una noche que se hundió en mi memoria como una daga envenenada. Estábamos en el campamento, recuperándonos de nuestras experiencias traumáticas

Mi mente seguía atrapada en el torbellino de las experiencias traumáticas que habíamos enfrentado. Pero incluso cuando mis párpados se cerraron en búsqueda de respiro, los horrores del pasado encontraron su camino en mis sueños. Un miedo intenso me envolvió, un sentimiento de que estaba siendo observado por ojos invisibles. Intenté luchar contra los monstruos que acechaban en mis pesadillas, pero su poder parecía inquebrantable.

Entonces, un ruido me sacudió de mi sueño, y mis ojos se abrieron de golpe. La oscuridad de la noche me rodeaba, pero lo que realmente me despertó fue una voz demoníaca que parecía susurrar en las sombras. Las palabras eran ininteligibles, como si pertenecieran a una lengua que nunca debería haber existido. Mi corazón latía con una violencia descontrolada mientras luchaba por entender lo que estaba sucediendo.

A medida que mis ojos se ajustaban a la penumbra, mi mirada se desvió hacia el rabillo del ojo, y lo que vi me llenó de un terror que me dejó sin aliento. Una figura horriblemente delgada, inhumanamente alta, se deslizaba entre las literas en el campamento. Cada paso que daba resonaba con un sonido hueco y ominoso, como si solamente huesos chocaran contra el suelo. El miedo se aferró a mi garganta, amenazando con sofocarme mientras observaba con horror la danza macabra que se desarrollaba ante mis ojos.

Tras Las Lineas Del Infierno Historia De Terror

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La figura era apenas más que una sombra distorsionada, sus rasgos oscuros y borrosos, pero su presencia era imposible de ignorar. Sus pasos eran firmes, como si nada pudiera detenerlo, y sus movimientos eran acompasados y deliberados. Era como si estuviera en busca de algo, o alguien. El miedo se transformó en un terror inmovilizador mientras el espectro humanoide se acercaba donde dormíamos.

Mis músculos estaban tensos, mi mente clamaba por huir, pero estaba atrapado en un estado de parálisis que solo puede ser comprendido por aquellos que han enfrentado lo incomprensible. Vi cómo se detenía justo encima de la litera de uno de mis compañeros, sus extremidades largas parecían estirarse y retorcerse en formas inhumanas.

Mi compañero yacía dormido, inconsciente del peligro que se cernía sobre él. Quise gritar, advertirlo, pero mi voz quedó atrapada en mi garganta, una víctima más de la parálisis que me retenía. La figura se inclinó hacia abajo, su rostro apenas visible en la oscuridad. Mi corazón latía con tal intensidad que sentía que podría escapar de mi pecho en cualquier momento.

La creatura se acercó, su aliento invisible parecía envolverme en una nube de pesadilla. A medida que sus rasgos se volvían más discernibles, vi sus ojos, dos puntos brillantes y rojos que parecían arder con una inteligencia malévola. Era como si estuviera mirando a través de la carne y los huesos, directamente a mi alma.

El terror me tenía inmovilizado, pero lo que sucedió a continuación se grabó en mi mente como una pesadilla que nunca se desvanecería. La figura se alejó de mí, de vuelta a mi compañero, su mano huesuda se extendió lentamente hacia él. Y entonces, como si el tiempo mismo se hubiera ralentizado, vi cómo sus dedos pasaban a través del cuerpo de mi compañero, como si estuviera atravesando el aire.

Fue como un acto sobrenatural, algo que desafiaba todas las leyes de la realidad. Mi mente luchó por comprender lo que estaba sucediendo mientras observaba con horror cómo la figura parecía comenzar a succionar algo invisible de mi compañero. Su pecho se hundió de manera antinatural, como si la esencia misma de su ser estuviera siendo arrancada de su cuerpo.

Quise gritar, liberar el terror que me aprisionaba, pero mi voz seguía siendo un eco lejano en mi garganta. Mis músculos se sentían como si estuvieran envueltos en cadenas invisibles, incapaces de liberarse del dominio del miedo. Vi cómo la figura se retiraba de mi compañero, su tarea aparentemente estaba completa.

Fue solo cuando los primeros rayos del sol comenzaron a asomarse en el horizonte que sentí que el hechizo del miedo se rompía. Mis extremidades temblaron cuando finalmente pude moverme, y me incorporé en la litera. Miré a mi alrededor, pero la figura había desaparecido, como si nunca hubiera estado allí.

Mi primera reacción fue correr hacia  mi compañero, temiendo lo peor. Mi corazón se hundió en mi pecho cuando vi su forma inerte. Estaba frío como el hielo, y al tocar su piel, su rigidez era evidente. Mi mente luchaba por procesar lo que estaba viendo: su cuerpo seco y ajado, como si algo hubiera drenado no solo su vida, sino cada gota de humedad y vitalidad de su ser.

La vitalidad en el ser de mi compañero había sido drenada, su cuerpo ahora yacía como un vestigio de lo que una vez había sido. El pánico se apoderó de todos nosotros cuando vimos su cadáver, un recordatorio espantoso de la noche aterradora que habíamos compartido. Sin pensarlo demasiado pensé en comunicarme con mis superiores, para una reubicación inmediata, sin embargo, al intentarlo descubrí que nuestra radio, la única fuente de comunicación había sido roto con saña.

La incomunicación nos dejaba a merced de nuestros propios pensamientos y temores, y la incertidumbre nos rodeaba como un velo oscuro. Estábamos atrapados en un lugar desconocido, sin forma de comunicarnos con el mundo exterior. Sin embargo Sabíamos que solo teníamos que esperar hasta que vinieran a buscarnos. Quedaba una noche más antes de que finalmente La misión en aquel lugar maldito concluyera, sin embargo, Esa espera parecía ser una eternidad de angustia. Para evitar más inconvenientes, decidimos montar guardia en caso de que cualquier cosa pasara.

La decisión de mantenernos vigilantes demostró ser una de las peores que podríamos haber tomado. La tensión en el aire era palpable mientras nos turnábamos para vigilar, nuestras miradas fijas en la oscuridad, nuestros oídos alertas ante cualquier sonido fuera de lo común. Cada susurro del viento parecía un murmullo malévolo, cada sombra un posible peligro.

La noche avanzaba con agonía, cada segundo se sentía como una eternidad. Mis compañeros y yo compartíamos miradas nerviosas, nuestras expresiones reflejaban el temor que nos unía en un vínculo silencioso. El silencio era opresivo, un recordatorio constante de que estábamos a merced de lo desconocido.

Finalmente, llegó el momento en que fui relevado de la guardia. El agotamiento pesaba en mis párpados mientras luchaba contra el sueño que amenazaba con dominarme. Me acosté en mi litera, mi mente luchando por encontrar calma en medio de la tormenta de temores. Cerré los ojos, buscando un escape momentáneo de la realidad aterradora que nos rodeaba.

Pero el descanso no estaba destinado a ser mío. Un grito desgarrador estalló en el aire, un grito que reverberó en cada rincón del lugar. Me levanté de golpe, el corazón martillaba en mi pecho mientras la oscuridad me envolvía. El campamento estaba en caos, voces llenas de pánico resonaban a mi alrededor mientras todos intentaban entender lo que estaba sucediendo.

Luchando por enfocar mi vista en medio de la confusión, vi cómo uno de mis compañeros era arrastrado fuera del lugar por una fuerza invisible. El terror se apoderó de mí cuando caí en cuenta de que había sido quien había sido relevado de mi guardia apenas momentos atrás. Mis manos buscaron mi arma, y con ella en mano, salí corriendo hacia la oscuridad, empujando mis miedos a un lado por la urgencia de la situación.

La escena fuera del campamento estaba en caos total. Las sombras parecían cobrar vida, moviéndose en patrones erráticos que desafiaban la lógica. Vi a mi compañero siendo arrastrado por el suelo, su cuerpo retorcido en una postura inhumana mientras emitía gritos desesperados de auxilio. La criatura era una presencia sombría, apenas discernible en la oscuridad, pero su intención era clara.

Con el corazón en la garganta y la determinación ardiendo en mi pecho, levanté mi arma y disparé hacia la criatura. Los disparos resonaron en la noche, pero la criatura fue más rápida de lo que podía anticipar. Se desvaneció en la oscuridad, como si se hubiera fundido con las sombras que la rodeaban. Mis balas solo alcanzaron el aire vacío, una prueba inútil de mi intento de defender a mi compañero.

El caos continuó a mi alrededor mientras mis compañeros intentaban entender lo que habían presenciado. Mis palabras se mezclaron con los gritos de los demás mientras tratábamos de entender lo que había sucedido. Pero mientras miraba alrededor, me di cuenta de que la criatura había desaparecido por completo. Mi compañero también había desaparecido, arrastrado por la noche sin dejar rastro.

Nos quedamos en la oscuridad, con el desconcierto y la desesperación creciendo en nuestros corazones. La criatura y los eventos sobrenaturales parecían haber tejido una telaraña de terror y confusión a nuestro alrededor. No teníamos respuestas, solo un miedo paralizante que amenazaba con romper nuestra cordura.

Decidimos organizar una búsqueda para encontrar a nuestro compañero desaparecido. Armados con linternas y armas, nos aventuramos en la noche oscura, nuestros pasos resonando en la arena mientras explorábamos los alrededores. La atmósfera estaba cargada de tensión, cada sombra parecía cobrar vida propia, y el viento susurraba en nuestras mentes como una advertencia ominosa.

A medida que avanzábamos, descubrimos rastros de sangre y signos de lucha. La tierra estaba marcada por huellas confusas y profundas, que solo podían ser el resultado de una lucha feroz. Nos atrevimos a seguir los rastros, guiados por la esperanza de encontrar a nuestro compañero con vida, pero también por el temor a lo que podríamos descubrir.

Los días que siguieron después de aquella fatídica noche se convirtieron en una agonía de interrogantes sin respuesta. Los superiores llegaron finalmente, su presencia trayendo consigo un aire de alivio, pero también de silencio. Nos informaron que mi compañero había desertado, que había huido de su deber y su responsabilidad. Nosotros, los que habíamos enfrentado los horrores de esa noche, nos miramos en silencio, sabiendo la verdad que estaba más allá de lo que podíamos decir.

La historia oficial fue manipulada para ocultar los horrores que habíamos enfrentado. A los ojos del mundo, mi compañero había abandonado su puesto y su honor. La verdad fue sepultada bajo capas de mentiras y negaciones, y nos vimos obligados a aceptar esa versión para preservar a sus seres queridos de la verdad aterradora.

La historia nunca sería contada, una víctima más del encubrimiento y el miedo. Pero para aquellos de nosotros que lo vivimos, la noche de la criatura inhumana quedaría como un recuerdo imborrable. El rostro de mi compañero y sus gritos de auxilio se grabaron en mi mente, una advertencia constante de que hay sombras en este mundo que nunca podrán ser comprendidas, ni olvidadas. No sé que fue esa creatura pero estoy seguro de lo que vi y espero jamás volver a experimentar algo así.

Autor: Aurora Escalante

Derechos Reservados

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