El Árbol-Historia de terror 2022

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El Árbol-Historia de terror 2022

El Árbol, historia de terror… No puedo decir cuando ocurrió lo que voy a contar, tampoco donde ocurrió, no puedo revelar ni un solo detalle de mi identidad, ni nada.

Fui militar, cabo, como muchos otros, nunca hice nada especialmente importante ni heroico, yo simplemente hacía lo que se me ordenaba sin preguntar, igual que todos.

Yo estaba asignado como parte del equipo de seguridad de un narcotraficante de cierto cartel que en ese entonces tenía muy buenos arreglos con el gobierno, no solo yo, éramos como 40.

El general siempre andaba con él, otros lo movían, y algunos cuantos estábamos enclavados en su casa de seguridad, y digo casa por no decir mansión.

Ahí ocurría de todo, desde fiestas y tratos de negocios importantes, hasta entrevistas forzosas y otro tipo de cosas.

El lugar tenía una piscina, un enorme jardín, una estancia principal de 3 pisos, equipada con todo lo necesario como para no tener la necesidad de salir para nada por meses.

Esas eran las áreas accesibles, pero en la propiedad había una zona con barda, ahí siempre estaba uno de nosotros cuidando que nadie más que el dueño o su gente de confianza entrara.

Detrás de esa barda había otro jardín, uno más pequeño, con un árbol en el centro, un árbol seco, todo el año estaba seco, porque nunca se le ponía agua, siempre se regaba con sangre, específicamente con la sangre de la gente que llevaban ahí para los interrogatorios forzosos.

El dueño de la casa estaba loco, era un sádico, un terrible psicópata, pero quien sabe, era raro, porque con toda su gente era muy amable, siempre con una sonrisa en la cara, respetado por mucha gente, dentro y fuera del mundo del narco, su maldad aparecía solo cuando estaba en esa zona privada de su propiedad.

En ese jardín estaba la entrada a un pequeño sótano, que es donde se llevaban a cabo los interrogatorios forzosos, yo jamás bajé.

Bueno, ya con todo ese contexto, quiero contar las cosas extrañas que ocurrían en ese pequeño jardín, impregnado de muerte.

Lo que voy a contar, quizá parezca demasiado para algunas personas, pero deben recordar que ahí morían personas, de formas terribles, y, como dice la gente, cuando una persona muere sufriendo su alma no puede descansar y por lo general las almas en pena suelen manifestarse.

La primera situación peculiar que ocurrió desde que me asignaron a la casa de seguridad, fue que una noche que estaba haciendo guardia en la entrada del jardín, empecé a escuchar que algo estaba rebotando en el interior de la barda, era una pelota que estaba siendo lanzada hacia las 4 paredes.

No nos tenían permitido abrir la puerta por nada del mundo, a menos que se nos ordenara, si alguno de nosotros abría nada más porque sí, era una muerte segura.

Así que no podía asomarme a ver qué estaba pasando, simplemente avisé por radio de la situación, solo me respondieron que estaba bien, que ignorara el ruido.

Durante una semana estuvo pasando lo mismo, así que un día, se me ocurrió comentar lo sucedido con uno de los hombres del dueño.

Él me dijo que dos días antes de que yo llegara, le habían dado una lección permanente a uno de los jefes de plaza, resulta que esa persona solía visitar mucho al dueño, sobre todo cuando había interrogatorios.

Ese señor se la pasaba en el jardín, lanzando una pelota de tenis contra las paredes, lo hacía mientras le sacaban la información al desafortunado en turno que había sido llevado al sótano.

Así que, según me dijo el sicario, ese ruido lo estaba haciendo el fantasma del susodicho, que seguía jugando con su pelota de tenis en el jardín.

Una cosa curiosa, no sé cómo le hacían para controlar los olores, digo, los cadáveres se los llevaban, pero tantos litros de sangre debieron haber causado un mínimo de pestilencia, pero al menos yo jamás detecté ningún olor afuera de ese jardín, adentro sí, pero afuera no, ni siquiera cuando abría la puerta, a mí me parece raro.

Haciendo memoria, tampoco había moscas. Nunca me puse a pensar demasiado en esas cosas, a mí me decían quédate ahí, y es lo que yo hacía.

En cuanto al árbol, sí llegué a verlo en varias ocasiones, lo que pasa es que, cuando interrogaban a alguien de quien se sospechaba que podrían intentar rescatarlo, nos asignaban a 2 o 3 dentro del jardín, para que en caso de que alguien lograra matar a todos los de afuera y llegar hasta ahí, recibirlo con una lluvia de balas.

Ese árbol se veía viejo, su color era muy opaco, no llegaba a negro, pero sí era muy cenizo, no le crecía ni una hoja en ningún momento del año.

Su tronco yo calculo que medía un metro de diámetro, y de alto, se me hace que unos 10 metros, más o menos. Se podía ver desde el estacionamiento.

Había otro detalle alucinante, el árbol estaba encadenado, no amarrado con mecate, encadenado con grilletes de acero, y grandes candados que sujetaban el árbol a 4 gruesos postes de concreto que estaban como a 1 metro del tronco.

El Árbol-Historia De Terror

Nunca me atreví a preguntar para qué eran las cadenas, pero claramente el motivo de que las tuvieran no era nada bueno.

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La vibra que emanaba ese árbol era incómoda, se me complica un poco explicarlo con claridad, pero no era agradable.

Si te acercabas demasiado podías sentir como si algo te estuviera oprimiendo el pecho, hasta la temperatura del aire era más baja cerca del árbol.

Nunca había que darle la espalda a ese árbol, era mala idea, porque cuando no lo mirabas de frente, sino que lo mirabas de reojo, podías ver personas paradas alrededor del árbol, viendo hacia el suelo, dando la espalda.

En cuanto volteabas a ver el árbol directamente, esas personas desaparecían.

Pero si volvías a darle la espalda al árbol y de nuevo lo mirabas de reojo, esas personas ya las veías más cerca y ya no miraban hacia el suelo, sino que te estaban observando fijamente.

Una cosa espantosa.

Se decía que si hacías eso muchas veces las personas esas te terminaban alcanzando y te mataban ahí mismo, me dijeron que llegó a pasarle a 3 cabos, pero yo nunca vi nada.

En varias ocasiones, no sabría dar la cifra exacta, pero sí fueron más de 10 veces, me tocó ver cómo regaban el árbol. Era una cosa grotesca.

En cuanto acababan los interrogatorios, mandaban llamar a uno de los jardineros del dueño, esa persona bajaba al sótano y luego subía con uno o dos galones llenos de la sangre del interrogado.

Esos galones los vertían en los pies del tronco del árbol, llámenme loco si quieren, pero les juro que ese árbol estaba vivo, yo pude ver cómo se movía cuando le vaciaban la sangre, no mucho, nada exagerado, pero les puedo asegurar que el tronco y las ramas se mecían algunos centímetros cuando les daban sangre.

El dueño tenía una relación ciertamente rara con el árbol, le hablaba, lo acariciaba, no dejaba que nadie hiciera contacto físico además de él.

Una vez me tocó ver cómo le dieron un tiro a un sicario, él era nuevo, estaba fumando en ese jardín, yo estaba cuidando, había interrogatorio.

Ese tipo, cuando ya se estaba terminando su cigarro, se le ocurrió lanzarlo al pasto, cerca del árbol, en cuanto el cigarro hizo contacto encendió la hierba, inmediatamente avisé por radio para que trajeran agua y evitar que el fuego se saliera de control.

Literalmente pude ver como el fuego rodeó el árbol sin tocarlo, las llamas le sacaron la vuelta, yo no lo podía creer.

El dueño tuvo que salir del sótano, estaba de muy mal humor, odiaba interrumpir los interrogatorios, preguntó que pasó y yo simplemente le dije.

El señor sacó su arma y mató al sicario, así, a la brava, sin miramientos ni titubeos, no le gustaba que se metieran con su árbol.

Las veces que me tocó hacer guardia toda la noche afuera del jardín, era normal escuchar gritos que provenían del interior.

Eso sí estaba raro, porque los gritos de los interrogatorios no se escuchaban, el sótano estaba bien equipado para que ningún sonido pueda escapar de adentro.

Así que definitivamente no era normal que se escucharan gritos, además que esos gritos solo se escuchaban cuando no había interrogatorios, no tenía sentido.

Nosotros, el ejército, estuvimos brindando seguridad para ese narcotraficante por algunos años, las cosas cambiaron cuando se terminó el sexenio, el nuevo presidente hizo tratos con otro cartel y nos movieron.

Yo no duré mucho tiempo después de aquel sexenio.

Las cosas actualmente ya no funcionan como antes, por supuesto que el gobierno sigue teniendo acuerdos con el narcotráfico, eso nunca va a cambiar, pero a lo que yo me refiero a que las cosas ya no son como antes, es que ya no existe ese descaro de ordenar que sea el ejército el que cuide a los narcotraficantes del cartel contrario, o de instituciones internacionales como la DEA o la CIA.

 
Autor: Mauricio Farfán
Derechos Reservados.

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