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Condenado 2022


Condenado, historia de terror… Soy un ex militar, yo no me di de baja en el ejército, tampoco deserté, el motivo por el cual fui dado de baja fue porque me negué a participar en un operativo que a mi parecer no estaba bien.

no puedo dar detalles al respecto, basta con que sepan que había bajas civiles de por medio.

Esto fue en el 68, yo tenía 20 años cuando me enviaron a Lecumberri, estuve ahí como unos 3 o 4 años.

de ahí me movieron a Sinaloa donde estuve más de 20 años, y después fui trasladado a la Colonia Penitenciaria de las Islas Marías.

Cabe aclarar que yo no estuve en una prisión militar, porque no se me juzgó como efectivo del ejército, sino como un preso político, y al ser preso político yo no tenía una condena como tal, sino que me iban dando de sentencia en sentencia.

Yo llegué a la prisión de las Islas Marías entre el 94 y el 95 más o menos.
La Colonia Penitenciaria era una cárcel muy curiosa, esto era porque toda la operación del penal se derivaba de la certeza que ningún reo podría escapar.

Al menos no vivo, quizá salir de la isla no era imposible, pero alcanzar tierra firme nadando, definitivamente no era posible.

Así que partiendo de ese principio, toda la seguridad del centro se manejaba de una manera completamente diferente a cualquier otra prisión.

Al ser un lugar tan viejo y estar prácticamente a mitad de la nada, y rodeado por decenas de kilómetros, era de esperarse que tuviera un montón de leyendas extrañas.

Y ciertamente se decían bastantes cosas, pero a mí solo me constan 3, son las únicas de las que yo puedo dar testimonio que si ocurrían, y que no se trataban solo de habladurías de los reos y sus familias.

La primera experiencia peculiar que tuve, ocurrió una tarde noche mientras realizábamos trabajos.

Estábamos varios presos y quien nos custodiaba, de pronto empezamos a escuchar que alguien estaba cantando yo, que era de los más nuevos, me giré extrañado, tratando de averiguar de dónde provenía aquella voz.

Era una voz masculina, bastante bien afinada, aparte el canto estaba acompañado por una guitarra.

Nunca había escuchado la canción que cantaban, pero eso era lo de menos, lo que a mí me pareció más extraño fue que todos los demás parecían ignorar el misterioso ruido.

Uno de los presos me dijo que no prestara mucha atención, que ese fantasma se ponía a cantar al menos una vez por semana.

Yo ya tenía varios meses y jamás lo había escuchado. el preso me dijo que lo que ocurría era que el fantasma siempre se aparecía en lugares diferentes.

Al esfumarse el último rayo de Sol, se pararon los trabajos y todos volvimos al interior.

Pasaron varias semanas antes de que se volviera a escuchar que de la nada y a la distancia, un hombre se pusiera a cantar y a tocar la guitarra.

Yo pregunté entre los reclusos sobre si alguien de casualidad sabía qué se escondía detrás de ese fantasma.

Nadie supo darme una respuesta concreta sobre el origen de esa cosa, algunos decían una cosa y otros decían otras.

En lo que la mayoría estaban de acuerdo es que se trataba del fantasma de un preso que había muerto ahí. él, en vida, había sido una especie de músico ranchero, se contaba que siempre andaba con una guitarra, y le gustaba entretener a sus compañeros cantando.

Al principio dije que las Islas Marías no eran un centro penitencial ordinario, para empezar, no había muros rodeando las islas, a algunas familias se les permitía ser presos por voluntad propia, con tal de permanecer cerca de su pariente, pero, hay otro detalle, quizá minúsculo, pero al momento que fui trasladado aquí llamó mucho mi atención, es que pude ver un edificio religioso, templo o iglesia, como lo quieran llamar, y en el punto más alto del cerro, una cruz.

Condenado

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No sabría explicarles por qué, pero aquello me hizo sentir diferente, no me sentía como cuando había estado en Lecumberri, sí, claramente seguía preso y me quedaban muchos años, pero no me sentía mal.
Hago mención de todo esto, porque en una ocasión, mientras trabajaba, yo estaba moviendo algo de un lugar a otro, y en el trayecto pasé por enfrente del edificio religioso.

Otros presos estaban pintando las puertas y pues estaban abiertas.
Al girarme para saludar a un amigo que estaba pintando, pude ver que en el interior había 2 personas, ambas estaban de espaldas, y parecía como si estuvieran platicando o rezando.

Así quedó.
En otra ocasión, de noche, se escucharon pasos en uno de los pasillos, esos pasos se fueron acercando hacia donde yo me encontraba, sonaban cada vez más cerca, hasta que pude ver un par de sombras que pasaron de largo y el sonido de los pasos se alejó con las sombras.

Pues resulta que uno o dos años antes de que yo fuera trasladado a las Islas Marías, los restos de un cura habían sido enterrados en el panteón del lugar, eso se había hecho así por petición del mismo sacerdote, porque, según me contaron, él mientras había estado preso se hizo de un amigo que murió asesinado por otros presos, entonces el cura pidió ser enterrado junto a su amigo.

Varios reclusos ya habían reportado ver a un cura, y acompañado de otra persona y también algunos habían presenciado esas sombras que hacían ruido al pasearse por el complejo.

Y como eso empezó a ocurrir luego de que el cadáver del cura fuera puesto en el cementerio, pues se asumió que se trataba del fantasma de él y de su amigo.

Esos dos no eran los únicos fantasmas, de vez en cuando se podían ver sombras que salían del agua al caer la noche.

Nunca se acercaban, solo se quedaban paradas en la costa, como mirando hacia adentro, vigilando, al pendiente de que nadie intentara huir nadando.
Creo que esas pobres almas en pena eran de aquellos que habían perdido la vida en el fondo del mar.
Una vez escuché a un par de custodios hablar sobre reclusos que habían muerto de formas misteriosas cerca de la costa, inclusive mencionaron algo sobre que antes había ocurrido que habían encontrado cuerpos en las otras dos islas que no estaban habitadas.

Yo estaba haciendo el aseo cerca de donde estaban ellos, por eso pude escuchar, porque cuando quise preguntar a otros reos nadie sabía absolutamente nada del tema.

Pasaron varios años, las cosas paranormales se repetían con relativa frecuencia, no del diario, pero no había nada nuevo, hasta que un día se encontró en el cerro a una mujer ahorcada, ella era prisionera en las islas.

El reporte oficial fue que ella misma se había quitado la vida por un fuerte y repentino episodio depresivo, lo cual, a mí y a otros reos, nos pareció extraño, porque la noche que se supone que se mató, había acudido a una especie de, llamémosle convivio, por decir algo.
Y se le vio muy alegre, así que, al menos a mí, no me hacía sentido que esa misma noche que había estado bailando, se quitara la vida.

El punto es que tiempo después, varios reclusos e inclusive algunos custodios, empezaron a comentar que cerca de uno de los muelles, se podía ver como andaba caminando el fantasma de esa muchacha.

Ese camino por el que decían que se estaba apareciendo conectaba con el cerro, así que en realidad sí hace sentido que se aparezca ahí, pero lo que no cuadra, es que se supone que murió ahorcada en el cerro, debería aparecerse en el cerro, no en el camino del muelle.

Yo creo que la mataron ahí, y luego la colgaron para hacer parecer que ella se había quitado la vida. es más, hasta me atrevería a afirmar que fue un custodio el que la mató, porque había uno que nunca le quitaba la mirada de encima, y esa muchacha era muy brava, no se dejaba de nadie.

En una ocasión tuve la oportunidad de presenciar aquel fantasmagórico suceso, ya había caído la noche, yo me las había ingeniado para separarme del grupo de trabajo y así estar afuera.

Estaba cerca del muelle cuando escuché los gritos de una mujer,de inmediato volteé a todos lados, creyendo que alguna mujer estaba siendo atacada, pero no había nadie.

Entonces de la nada se hizo presente una figura femenina, apareció de la nada, ni siquiera me di cuenta. simplemente en un parpadeo ya estaba ahí, era ella la que gritaba.

Sí, se trataba de la muchacha que habían encontrado ahorcada en el cerro, verla me causó un fuerte escalofrío, así que me alejé inmediatamente.

Y esas fueron todas las cosas paranormales que me tocó vivir en esa peculiar prisión.

Yo recuperé mi libertad en el año 2013, ya con 65 años cumplidos, me condenaron a 45 años sin libertad por desobedecer una orden inhumana.

Perdí toda mi vida, no estuve en el funeral de mi madre ni tampoco en el de mi padre, no tengo mujer ni hijos, vivo con uno de mis hermanos que gracias a Dios me recibió en su casa, de lo contrario yo estaría en situación de calle.

Autor: Desconocido

Derechos Reservados.

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