Perdida En La Oscuridad Historia de Terror

Perdida En La Oscuridad Historia de Terror

Mi esposo y yo solemos salir mucho a acampar, ya somos un matrimonio grande, sin hijos y con mucho tiempo libre Perdida En La Oscuridad Historia de Terror. Hasta hace unos años, nuestros vecinos nos invitaron a pasar una noche en el Rancho del Venado, aquel que está ubicado a unos Kilómetros de Tepatitlán, nos quedaba muy cerca de donde vivíamos, este lugar se le conoce por encontrarse en el fondo de un acantilado y que el río Verde pasa justo a un lado de allí. Es un lugar semi solitario entre semana, perfecto para acampar o pasar la noche en las cabañas, ideal para descansar y olvidarse de la ciudad. Es un lugar hermoso ideal para nosotros.
Para aquellos que no conozcan del lugar es de muy difícil el acceso, cuesta bastante trabajo para un auto chico llegar hasta abajo, debido a lo maltratado y difícil del terreno, se recomienda bajar en camioneta.
Salimos de Tepatitlán un jueves por la mañana, con la intensión de pasar un largo fin de semana en la cabaña. Ya al llegar al lugar nos encontramos con la sorpresa de que solo seriamos nosotros, nuestros vecinos y nosotros dos, no había más gente que fuera a campar.
Tan solo llegamos apartamos la Cabaña para cuatro personas. Por dentro era muy espaciosa, y tenía una habitación para cada pareja. Por fuera de ella había una zona para encendido de fogatas, lo cual fue de lo primero que hicimos para que nos ayudara a ahuyentar a algunos animales y bichos, al inicio todo marchaba muy bien, entre chistes, risas y anécdotas que vivimos de jóvenes se hizo ya tarde. Apenas empezaba a atardecer cuando mi Marido comentó que necesitaba buscar más leña, pues la que nos habían regalado no sería suficiente. Así que invito al vecino para que juntos buscaran un poco entre el bosque. Es aquí donde las cosas comenzaron a comportarse de forma muy extraña.
Tenía ya varios minutos de haberse ido a buscar leña, cuando uno de los chicos de mantenimiento se acercó a la casa, no decía nada, solo se nos quedaba observando. Un poco incómoda por la situación me acerqué para preguntarle si se le ofrecía algo. A lo que el Joven sin decir nada, solo negó con la cabeza, sin embargo, no quitaba la mirada de encima. Le comenté que podía irse, pero aquel chico no se movía, parecía estar tímido y que las ratas se había comido su lengua, hasta que ya desesperada le hablé más fuerte, preguntándole del por qué no se iba. Fue cuando inmediatamente llegó corriendo el Capataz del lugar, se disculpó con nosotras y nos comentó que el chico era mudo, y que solo lo había mandado por un momento a cuidarnos. Esto me extrañó, pero fue mi vecina quien le pregunto sobre qué nos teníamos que cuidar. El Capataz nos miró muy serio y nos comentó:
– No es sobre quien, es Sobre quienes, nos dieron aviso de que vieron gente ajena al Rancho por aquí cerca, más vale que se anden con cuidado. – Dijo el Capataz y se llevó consigo al Joven mudo. Esto sin duda me incomodo bastante, aun mi esposo estaba buscando leña y ya estaba por anochecer, pasó una hora y aún no sabíamos nada de ellos. Yo en lo personal soy una persona muy nerviosa, que se angustia mucho al no saber dónde se encuentra mi marido, así que le comenté a mi vecina que saldría a buscarlos. Me puse mi chamarra, tomé una lámpara de mano y salí en su búsqueda.
Al cabo de unos minutos ya me encontraba en plena oscuridad, la poca luz había no llegaba hasta donde nosotros estábamos, pues tal cual dije en un principio, el Rancho se encuentra en el fondo de un acantilado.
Llamé varias veces a mi esposo, incluso grité el nombre del vecino, pero no los escuché responder a ninguno de los dos. Sin embargo, cuando deje de llamarlo, se empezaron a escuchar ruidos extraños, primero me parecieron ser risas de niños, podía oírlos que platicaban entre . Lo primero que me imaginé fue que al final del día si habían llegado más visitantes y se encontraban bañándose en el río Verde. Eso me tranquilizo un poco al saber que no seriamos los únicos. Ya armada con un poco más de valor, decidí adentrarme un poco más a la oscuridad, encendí la lámpara para buscar más a fondo del bosque a mi esposo
Pasaron solo algunos minutos, y aquellas risas se intensificaron un poco más, pero ya no se escuchaban divertidas, entre ellas se escuchaban lamentos y llantos, las risas ya no provenían de niños, sino más bien de gente mayor. Llegó un momento en el que ya no podía distinguir de donde provenían los ruidos, todo alrededor me parecía igual, ya se encontraba totalmente oscuro, inclusive por extraño que parezca ni la luz de la lámpara lograba pasar más allá de un metro de distancia. Los ruidos provenían de cualquier rincón. Me empezó a entrar bastante miedo. Comencé a sentir ansiedad, la cual se sentía cada vez más intensa, la respiración me empezó a faltar, me di cuenta de que era necesario tranquilizarme y buscar el camino de vuelta a la cabaña. Pero si he de ser sincera, ya me encontraba muy perdida, no sabía hacia dónde ir.
A los pocos minutos de estar andando a tientas por la oscuridad, logré ver un claro sin tantos árboles, era mi oportunidad para salir del bosque y llamar desde allí a mi esposo, más aún conforme avanzaba las risas y lamentos de los niños se escuchaban menos, pero esto me orilló a adentrarme a otra parte del bosque. Fue cuando pude ver algo que me dejó inmóvil unos segundos, frente a mí se encontraba flotando y entre los árboles lo que parecía ser una enorme esfera brillante. No logré comprender al principio que era lo que estaba allí, pero al ver la intensidad con la que brillaba pude ver que era una enorme bola de fuego y se movía de manera sigilosa, no chocaba con los árboles. Sin más decidí alejarme y volver sobre mis pasos, no sabía contra qué me enfrentaba y no quería averiguarlo. Fue cuando volví a escuchar las voces, los lamentos y las risas, sabía que me estaba adentrando nuevamente de donde tanto trabajo me había costado salir. Y en ese momento, pude escucharlo, un extraño murmullo que se escuchaba con el viento. Era una voz que me llamaba por mi nombre, me inquieto bastante que comencé a buscar de donde podía escucharla mejor. Y Sin darme cuenta me estaba adentrando más al bosque. Apunté con la lámpara hacia adelante, ya no lograba reconocer nada a mí alrededor. Si la intensión de aquella voz que escuché fue perderme y distraerme, lo había logrado. Grité un par de veces a mi esposo, les grité a mis vecinos, e inclusive pedí por ayuda. Pero lo único que logré escuchar fueron las risas de aquella gente a lo lejos, parecía que se estaban burlando de mí.
Y en un instante, parecía que el viento callara aquellos ruidos, pues estos cesaron momentáneamente, pero al poco tiempo se volvían a escuchar, las risas ya eran carcajadas, y los lamentos ya eran gritos de auxilio, ya no sabía que pensar sobre lo que estaba ocurriendo, o si algo me pasaría a mí, Fue inevitable llegar a pensar que la misma oscuridad se burlaba de mí. Pero cuando sentí más temor, fue en un momento que todo quedo en pleno y absoluto silencio, podía escuchar solo mi respiración agitada, y cuando pretendía seguir caminando, comenzaron a silbar entre sí, se llamaban unas a otras y se escuchaban más cerca de lo que podía ver. Sea lo que fuese se estaba acercando.
Ya había pasado más de una hora que me encontraba perdida cuando logré divisar en lo más profundo de los árboles una fogata, por fin sentía algo de alivio al ver que había alguien cerca de mí. Me apresuré a acercarme lo rápido que pude, cuando a un lado mío vi que algo se movía entre los árboles. Me quedé inmóvil y si, allí estaba, la sombra de alguien que me observaba, pensé que se trataba de algún animal, a lo mejor de algún mapache por los ojos tan brillantes, pero esta sombra se incorporó de tal modo que adaptó la silueta de una persona quien me miraba fijamente. Al momento de levantar la lámpara para iluminarlo aquello corrió para escabullirse entre los árboles. Sin pensarlo dos veces yo también corrí de allí para dirigirme a la Fogata que había visto de lejos.
Pero mala sería mi suerte que aquellos que vi de lejos, se trataba de aquella bola fe fuego que había visto minutos atrás.
. Aquella bola de fuego comenzó a bailar y de ella se expidió un silbido muy parecido al que había escuchado anteriormente. Ya no sabía cómo reaccionar, así que empecé a rezar pues aquello me tenía totalmente descontrolada, me sentía ya a punto de perder la cordura, no sabía a donde ir, o a quien pedir ayudar. Solo se me ocurrió ponerme en posición fetal y rogar por mi vida a Dios, para sentirme más tranquila, repetía el nombre de esposo varias veces, y afortunadamente este temor que sentí, es el que considero fue el que me salvó la vida. Escuché unos pasos muy cerca de mí, y que alguien se colocaba a un lado mío, me tomó con sus brazos y me sacudió por completa y mientas lo hacía me hablaba por mi nombre, no fue sino hasta varios segundos después que reconocí la voz. Se trataba de mi esposo quien se le veía en su rostro el apuro de estarme buscando. Lo abracé tan fuerte que no quería soltarlo, no quería que se me fuera a ir y no verlo. Me cargo entre sus brazos y sin decir nada me llevo hasta la cabaña. No pasaron más de quince minutos andando cuando por fin llegamos, al parecer no me encontraba tan lejos de la cabaña. Solo recuerdo haberme quedado dormida profundamente.
A la mañana siguiente, no tarde mucho en despertarme. Me di cuenta de que me habían acostado en cama con todo zapatos y ropa puesta. Salí de la habitación y me encontré con mi esposo, mis vecinos y el capataz reunidos en la cocina. Se asombraron al verme, mi esposo me abrazó y me repetía que se encontraba muy preocupado por mí, y por más que me buscaban no me encontraban, inclusive los mismos trabajadores del Rancho habían salido en mi búsqueda. Fue cuando decidí contarles todo lo que había pasado, desde la bola de fuego que vi, las risas y llantos, y aquella sombra que no me quitaba la vista de encima. Fue el capataz quien me veía más asombrado de todos.
– Señora, déjeme decirle algo, es muy probable que usted se encontró con algo que nosotros ya teníamos tiempo buscando, casi puedo asegurarle que aquello con lo que se encontró era una Bruja, y lo que usted pensó que se trataba de un animal, pudo haber sido un nahual al momento de transformarse. Usted tuvo bastante suerte al evitar hacer contacto con aquella gente. Nos habían comentado que se habían logrado meter al Bosque por otros accesos y siempre es lo mismo con ellos. El chico mudo que el día de ayer los estaba cuidando tuvo la mala suerte de topárselos mucho tiempo atrás, y por suerte lo encontramos, desnudo, pero con vida. Pero para su mala fortuna, fue sin lengua.
Después fue mi esposo quien comentó que ellos habían logrado ver algo cuando apenas se estaba metiendo el sol, ya estaban recolectando lo último de leña, cuando lograron ver que a una anciana que se paseaba entre los árboles y los invitaba seguirla. Les pareció extraño ver a una persona de la tercera edad pasearse entre el Bosque, y sobre todo por la zona y lo oscuro, pero por más que le llamaban o le hacían preguntas, ella los ignoraba.
La recomendación del Capataz fue no salir en las noches, o procurar mejor regresar a nuestra casa, ya que no habían tenido suerte en capturar a quien estuviera haciendo dichas brujerías. Esto era algo que constantemente les estaba ocurriendo y no podían mantener el control. De mi parte me acerqué más tarde con el chico mudo y le di un abrazó, le pedí disculpas si me había comportado muy grosera con él. Sabía lo que había vivido.
Desde ese entonces ya no he vuelto a ir al Rancho El venado, llegué a sentir tanto miedo que ahora por las noches me cuesta bastante trabajo conciliar el sueño, necesito dormir con algo de luz que me acompañe, y no estar en plena oscuridad, Además de ello los silbidos que escucho en la noche, provenientes de otras personas hacen que se me ponga la piel chinita. Pero hoy en día las cosas si han mejorado un poco, me he llegado sentir un poco más tranquila, sin embargo, si ha sido algo que me ha dejado marcada para siempre.
 
Autor: Lengua De Brujo
Derechos Reservados

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