Niños En La Piscina Historia De Terror 2023

ninos-en-la-piscina-historia-de-terror

Niños En La Piscina Historia De Terror 2023

Niños En La Piscina, Historia De Terror… Por motivos de seguridad cambiaré mi nombre, así como la de los involucrados, además de no revelar exactamente el lugar de donde soy. Pero bueno, esta es la historia del como arreglar un lugar, me llevó a vivir algo que atormenta a mis pesadillas hasta el día de hoy. Bueno, para comenzar, debo de decir que soy un padre soltero y en aquel entonces la vida parecía haberme abandonado cuando mi hija fue diagnosticada con leucemia.

Dos años de tratamientos agotadores y gastos médicos devastaron nuestras vidas y, finalmente, nos quedamos sin opciones. La enfermedad nos dejó en la ruina, sin hogar y sin esperanza. Pero justo cuando creía que todo estaba perdido, un giro inesperado del destino cambió nuestra suerte.

Durante varios días recibí llamadas de un número desconocido, el cual, al creer que era el banco para cobrar algunas deudas pendientes con la tarjeta, las ignoré, aunque en un momento en el que contesté casi de manera automática por el cansancio y el estrés, descubrí que se trataba de un abogado, que decía que había heredado una casa.

La noticia me dejó atónito; ¿cómo podría alguien que nunca había conocido dejarme una herencia? Mi abuelo, un hombre que nunca había estado presente en mi vida, mi padre, el cual también había fallecido el año anterior, me decía que era un hombre horrible y que estábamos mejor sin haberlo conocido, honestamente, hasta ese momento yo creía que él había muerto hace mucho, puesto que ni siquiera había ido al funeral de mi padre.

Pero en ese momento no tuve muchas opciones, y decidí que quizás esa fue la última voluntad de un anciano arrepentido, por lo que había dejado algo a su único nieto. Llegué a la casa con curiosidad y asombro. Era una estructura imponente, parecía ser bastante antigua, que parecía haber vivido muchas vidas y visto muchas historias.

Pero lo que más me sorprendió fue el estado en el que se encontraba. Los patios delantero y trasero estaban cubiertos de maleza y hierba descontrolada. Parecía que nadie había vivido ahí por años, pero aquel hombre había muerto hace menos de dos meses y de hecho lo habían encontrado en su casa, al parecer le dio un infarto.

En el patio trasero lo que capturó mi atención fue una gigantesca piscina, ahora llena de lodo y agua estancada, emanaba un olor desagradable. Recordé como mi hija solía implorar volver a sus clases de natación, una de las muchas cosas que aquella maldita enfermedad le había arrebatado.

Ella amaba el agua y siempre había deseado vivir en una casa con piscina. Esta era mi oportunidad de cumplir su sueño. Decidido a hacerlo, me comprometí a restaurar la casa antes de que mi hija fuera dada de alta del hospital.

Cada día, después de trabajar y cuidar de mi hija, me dirigía a la casa para trabajar en su restauración. Sabía que sería una tarea desafiante, especialmente porque no tenía el dinero para contratar ayuda.

Pero la determinación de hacerlo por mi hija me impulsó a superar todos los obstáculos. Un día, mientras luchaba por limpiar el patio trasero, un vecino llamado Ben se acercó. Preguntó si yo era el hijo del hombre que solía vivir en esa casa.

Le expliqué que era su nieto, y él me preguntó si necesitaba su ayuda, le dije que si y pasamos la tarde limpiando un poco el lugar, en algún punto le compartí mi situación. Honestamente, lo hice para tratar de excusarme un poco por no poder ofrecerle ni una cerveza por su ayuda, Ben se ofreció a ayudar sin esperar nada a cambio.

Con el tiempo, otros vecinos también se unieron, formando un equipo comprometido con la causa. Aunque él que no faltaba ni un solo día, era Ben.

La vida continuaba en su rutina agotadora. Cada día estaba lleno de trabajo, cuidado y esperanza mientras esperaba el día en que mi hija finalmente estaría en casa de manera permanente. A pesar de la fatiga constante, cada momento dedicado a restaurar la casa tenía un propósito renovado, un recordatorio constante de por qué seguía adelante.

Una noche, después de un largo día de trabajo y preparativos para la llegada de mi hija, me hundí en la cama en busca de un merecido descanso, era la primera vez que dormía más de una o dos horas en la casa sin tener que volver al hospital, así que quería aprovecharlo.

Estaba empezando a entrar en el sueño profundo cuando risitas infantiles llenaron el aire. El sonido era suave y distante, como si emergieran de un sueño mismo.

Mis párpados se abrieron pesadamente, y mi mente se debatía entre el sueño y la realidad. Las risitas parecían bailar en el límite de mi percepción, una melodía difusa que me mantenía atrapado entre dos mundos.

Me senté en la cama, tratando de discernir si las risas eran reales o simplemente el eco de mis pensamientos. El silencio que siguió parecía reafirmar mi creencia de que todo era producto de la fatiga.

Estaba a punto de acostarme nuevamente cuando las risitas se intensificaron, más claras y audibles esta vez. Como si una ráfaga de energía hubiera invadido mi cuerpo, me puse de pie y caminé hacia la ventana.

La oscuridad del patio trasero se extendía frente a mí, y mis ojos trataron de enfocar entre la penumbra en busca de la fuente de las risas. Aunque apenas podía ver más allá de unos metros debido a la falta de luz, sentía una presencia, una energía inquietante que parecía habitar el aire.

Mi mente luchaba por entender lo que estaba sucediendo, tratando de separar la realidad de la fatiga. Los recuerdos de los niños del vecindario y sus posibles ansias de ver la piscina recién restaurada surgieron en mi mente, puesto que yo les prometí poder nadar en ella cuando estuviera lista.

Pero la lógica también recordó que la piscina aún no estaba lista, y no tenía sentido que los niños se aventuraran en la oscuridad de la noche. A pesar de mi razonamiento, una sensación de inquietud me invadió.

Decidido a despejar cualquier posible malentendido, abrí la ventana y elevé mi voz, desafiando la oscuridad. “¡Si hay alguien ahí, deben irse! ¡Es peligroso estar aquí en la oscuridad!” Mi llamado resonó en el aire, pero en respuesta, solo reinó el silencio.

Las risas habían cesado, y cualquier presencia que había sentido parecía haberse desvanecido en la noche. Cautelosamente, cerré la ventana y regresé a la cama, pero mi mente estaba lejos de la tranquilidad.

¿Había imaginado todo? ¿O había algo más en juego? La fatiga y la tensión se combinaron, y mis pensamientos se volvieron confusos mientras finalmente me sumergía en un sueño inquieto.

Al día siguiente, mientras trabajaba en el jardín, decidí contarles a los vecinos sobre la extraña experiencia de la noche anterior.

Mientras compartí mi historia, los vecinos intercambiaron miradas preocupadas, puesto que todos ellos aseguraban que al menos sus hijos, habían permanecido en sus hogares durante toda la noche.

Algunos sugirieron que podrían haber sido los niños conocidos por robar en la zona durante la noche. Aunque inicialmente dudé de esta idea debido a la juventud de las risas que escuché, puesto que las risas parecían pertenecer a niños de no más de 8 años y los niños que mis vecinos mencionaban, él menor tenía 12 años, pero en el momento solo asentí y les dije que sería más cauteloso en el futuro.

Esa misma noche, mientras la oscuridad caía sobre el vecindario y todos mis vecinos se había ido continué mi trabajo en el jardín delantero.

Los sonidos de la noche llenaban el aire mientras intentaba mantener mi mente concentrada en el trabajo que tenía por delante. Finalmente, cuando la oscuridad era abrumadora, decidí que era hora de retirarme y entrar a la casa.

Encendí las luces de la casa y, al dar el primer paso, mi pie se derrapó, haciendo que por poco cayera en el suelo mojado.

Confundido, miré hacia abajo y me di cuenta de que había rastros de agua en el suelo. Las pisadas eran pequeñas, como las de un niño. Mi corazón latía con fuerza mientras mis pensamientos se precipitaban, tratando de entender lo que estaba viendo.

Un sonido retumbante llenó el aire, el eco de risas infantiles que parecían llenar la casa. No podía creer lo que estaba escuchando. Las risitas eran inconfundibles, las mismas que había escuchado la noche anterior. Una mezcla de temor y curiosidad me impulsó a subir las escaleras, siguiendo las risas que ahora resonaban desde el piso de arriba.

Cada paso que daba era como un latido acelerado de mi corazón. El rastro de agua en el suelo me guiaba, una extraña pista que me llevaba más profundamente en la casa. Las risas parecían moverse, alegres y juguetonas, pero también desconcertantes en la oscuridad. Mis pasos resonaban en los pasillos, y mientras avanzaba, una sensación escalofriante se adueñó de mí.

De repente, las risas cesaron abruptamente, dejando un silencio inquietante a su paso. Pero no me detuve. Seguí adelante, siguiendo el rastro de agua hasta que me encontré frente a una cortina que se movía ligeramente.

Casi me desmayo de la impresión, cuando miré hacía abajo y ahí estaba, un par de pequeños pies descalzos, estaban mojados, y una figura infantil estaba oculta detrás de la tela.

Mi voz temblorosa le dijo que no podía estar en la casa y que debía irse. Mientras hablaba, me acerqué lentamente, intentando entender lo que estaba viendo. La figura no respondió, lo que me hizo sentir aún más incómodo. Tomé la cortina, dispuesto a descubrir quién o qué estaba allí.

Antes de que pudiera hacerlo, una fuerza inexplicable me empujó hacia atrás con una intensidad sorprendente. Tropecé y casi caí al suelo. En ese momento, una risa infantil resonó en el aire, como si múltiples voces se unieran en una carcajada. Miré a mi alrededor, pero no había nadie a la vista. Mi mente estaba en un torbellino mientras trataba de procesar lo que acababa de suceder.

¿Era posible que fuera solo mi imaginación, la fatiga jugando trucos en mí? La casa estaba ahora en silencio, pero la sensación de que algo inexplicable había ocurrido permanecía en el aire.

Descendí las escaleras y salí de la casa, la oscuridad de la noche parecía más densa que nunca. Mi mente estaba llena de preguntas sin respuesta, la puerta estaba abierta, a pesar de que yo recordaba haberla cerrado,  mientras cerraba la puerta detrás de mí. La noche parecía tranquila y en calma, pero una sensación inquietante se había instalado en mi corazón.

El siguiente día en el hospital, los doctores me dieron la noticia que tanto esperaba: mi hija estaba lo suficientemente mejor como para ser dada de alta en cinco días. Una oleada de alivio me invadió mientras le sonreía a mi pequeña luchadora.

Le dije que tenía una sorpresa especial preparada para cuando volviéramos a nuestra nueva casa, prometiéndole que sus sueños estaban más cerca de hacerse realidad. Sabía que el tiempo estaba en mi contra y que debía apresurarme para preparar la casa antes de su regreso. Los patios estaban casi limpios, pero la piscina seguía siendo un desafío que no podía permitirme ignorar. Decidí que era hora de abordar el problema de la piscina, que había pospuesto por ya suficiente tiempo.

Cuando llegué a casa, me enfrenté al desafío de drenar la piscina. Sabía que no tenía una válvula de desagüe, como muchas piscinas antiguas, aunque de dónde soy el clima es tan caluroso, que una piscina de agua fría es una bendición, pero en fin, tendría que hacerlo con una manguera. Si bien era una tarea lenta y tediosa, era una necesidad para cumplir la promesa que había hecho a mi hija.

Metí la manguera en el agua, pero algo salió mal; el agua no fluía como debería. Confundido, repetí el proceso varias veces, esperando que fuera un problema temporal.

Pero cada intento resultaba en el mismo resultado: el agua seguía sin fluir. Frunciendo el ceño, me incliné para inspeccionar la manguera, pensando que la obstrucción podría estar allí. Sin embargo, al mirar el extremo de la manguera, todo parecía estar en orden.

Decidí un enfoque más directo y metí la mano en el agua junto con la manguera, sintiendo la textura resbaladiza y el frío desagradable del líquido estancado. Al principio, parecía que la manguera finalmente estaba funcionando, pero en un instante, todo cambió.

Sentí claramente como alguien me jaló del brazo, haciendo que perdiera el equilibrio, y antes de que pudiera reaccionar, caí sin más remedio en la piscina. El agua sucia me envolvió, y el pánico se apoderó de mí mientras luchaba por regresar a la superficie.

Pero algo me sostenía con firmeza, tirando de mis tobillos hacia abajo. Mi mente se llenó de terror mientras sentía que el agua me arrastraba hacia lo desconocido. Cada intento de liberarme solo parecía empeorar la situación.

En mi desesperación, luché con todas mis fuerzas, mis pulmones clamaban por aire mientras me sentía atrapado en un abrazo inquebrantable del agua turbia y sentía como la conciencia empezaba a abandonar mi cuerpo.

En ese preciso momento, una fuerte mano entró al agua. Era mi vecino Ben, cuya llegada fue como un acto divino de salvación. Con su ayuda, logré liberarme del agarre incomprensible del agua. Mis pulmones se llenaron de aire mientras tosía y jadeaba, tratando de recuperar el aliento.

Miré hacia la piscina, pero por lo sucia que estaba, era imposible ver cualquier cosa del fondo o lo que me había atrapado. Ben me ofreció una mano firme y me ayudó a salir de la piscina, mi cuerpo temblando y empapado de agua sucia.

Agradecí a Ben mientras mi mente intentaba comprender lo que acababa de suceder. Mi vecino me aconsejó que sería sensato descansar un poco, pero rechacé la idea. Sabía que necesitábamos completar lo que habíamos empezado, aunque la oscuridad de la noche se avecinaba rápidamente. Preparé la manguera nuevamente y la coloqué en la piscina, asegurándome de que estuviera funcionando correctamente antes de irnos a terminar el resto de los trabajos.

Mientras buscaba algunos costales para echar el resto de la hierba, me sorprendí al encontrar la manguera fuera de la piscina nuevamente. Pensé que mi vecino tal vez la había pateado sin darse cuenta, así que la volví a poner en su lugar. Sin embargo, una hora más tarde, me encontré con la misma escena desconcertante: la manguera estaba afuera otra vez. El cansancio comenzaba a acumularse, y decidí que sería mejor vaciar la piscina al día siguiente.

Al día siguiente, antes de irme a trabajar, dejé la manguera en su lugar, esperando que nadie más la tocara. Mi plan era que, durante mi ausencia, la piscina se vaciara lentamente. Sin embargo, al regresar, me encontré con la frustrante escena de la manguera fuera de nuevo. La furia y frustración se apoderaron de mí mientras preparaba la manguera por enésima vez y reanudaba mi trabajo en la propiedad.

Mi vecino Ben llegó poco tiempo después y siguió ayudando a limpiar, después de un rato, pasé cerca de la piscina, solo para darme cuenta de que la manguera estaba de nuevo afuera, esta vez, no fui capaz de dejar las cosas, por lo que enojado, volví a poner a andar la manguera y fui a confrontar a mi vecino, creyendo que él estaba jugando alguna especie de broma o haciendo algo sin sentido. Le pedí que si tocaba la manguera, la pusiera de vuelta a trabajar, pero él negó haber estado involucrado en el asunto y también me dijo que de hecho, el la había puesto a funcionar varias veces mientras trabajábamos, pues la encontraba fuera de la alberca.

Intrigados y perturbados, mi vecino y yo caminamos hacia la piscina, buscando una explicación a esta extraña situación. Pero antes de que llegáramos a la piscina, vimos a lo lejos a un anciano desconocido, que sostenía la manguera en sus manos mientras sonreía hacia nosotros. Grité que se fuera, dejándole claro que estábamos en propiedad privada, pero en lugar de desaparecer, su sonrisa se ensanchó.

Un escalofrío recorrió mi espina dorsal mientras observaba como el anciano nos miraba fijamente. Con asombro, noté cómo desaparecía en la nada ante nuestros ojos, como si nunca hubiera estado allí. Nos sentíamos aterrorizados, pero yo me sentí aún más perturbado, cuando Ben, me dijo que aquel anciano era mi abuelo, en ese momento decidimos continuar con nuestro trabajo, decididos a finalmente vaciar la piscina y resolver este enigma de una vez por todas, echamos a andar la manguera una vez más, está vez quedándonos ahí hasta que la piscina se vaciara, incluso sacamos cubetas de agua por nuestra cuenta hasta que ya no alcanzamos.

La noche avanzaba y la tensión en el aire era palpable. A pesar de los ruidos extraños y la creciente oscuridad, seguimos enfocados en la tarea a mano. Finalmente, cerca de la madrugada, la piscina se vació lo suficiente como para revelar lo que se ocultaba en el fondo.

El horror nos invadió mientras mirábamos con asco y asombro. Restos humanos, de al menos cinco niños, yacían en el fondo de la piscina. Los cuerpos en descomposición confirmaban nuestras peores pesadillas: habíamos estado rodeados por la trágica evidencia de un pasado oscuro. Sabía que necesitábamos ayuda, y llamamos a la policía para informar el hallazgo.

Niños En La Piscina Historia De Terror

ninos-en-la-piscina-historia-de-terror
ninos-en-la-piscina-historia-de-terror

El horror y la incredulidad se mezclaron mientras las autoridades investigaban la escena. Por el estado de los cuerpos, se determinó que los restos tenían años de antigüedad. Mi mente luchaba por comprender la verdad detrás de esta macabra revelación.

La investigación continuó, y para mí suerte, se determinó que yo no había tenido nada que ver con ese asqueroso delito. Después de que se llevaron los restos, jamás volví a ver nada en aquella casa, todo parece apuntar a qué mi abuelo era un peor ser humano de lo que incluso mi padre creía, y le había hecho eso a los niños y había usado su piscina para encubrir sus crímenes, no sé si los niños querían que los encontrase y por eso se me aparecían o si solo sus almas no podían descansar en paz y merodeaban la casa, pero me alegra mucho que finalmente, lo hayan conseguido.

Autor: Liza Hernández

Derechos Reservados

Share this post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Historias de Terror