En El Bosque

Provengo de un pueblo aislado de la civilización, adentrado en las montañas, rodeado de un gran bosque, no diré el nombre por seguridad de todos sus habitantes, considero que algunas cosas están mejor ocultas. En este pueblo abundaban los curanderos, las brujas y los nahuales, todos sabíamos quién era quién.
En mi familia todos eran curanderos, yo estaba aprendiendo, con mis 16 años aún estaba joven para abrirme a los espíritus. Mi abuelo era el curandero principal del pueblo, mi abuela y mi padre lo asistían. Mi mamá dio su alma en sacrificio cuando nací porque mi vida corría peligro, así que ahora forma parte del mundo de los espíritus.
Nuestra casa era pequeña, un par de habitaciones sin terminar y una más que estaba adecuada para realzar las curaciones, en esta había un camastro, una alacena con las hierbas y las preparaciones y un altar en forma de pirámide dedicado a los espíritus que nos ayudaban con las curaciones, cada nivel estaba dedicado a un espíritu, cada uno era de diferente potencial. A pesar de lo que se cree para realizar cierto tipo de curaciones la herbolaria no es suficiente y los curanderos recurren a prácticas espirituales para potenciar su poder de sanación, nacemos con un don y una intuición especial para curar.
A pesar de estar aislados de la civilización algunos iban a la ciudad como comerciantes, así obteníamos insumos básicos para el hogar entre otras cosas, yo en lo personal pedía libros para aprender mejor algunas asignaturas, como la herbolaria, pese a eso, el mejor lugar para aprender era en el bosque.
El pueblo era una especie de portal espiritual, corríamos el riesgo de que, al invocar a los espíritus, entrara también algo más fuerte y peligroso, es por eso por lo que todos en el pueblo cargábamos con amuletos para la protección, pero ni eso pudo protegernos el día que mi padre murió.
Era bien sabido que en el bosque abundaban los chanques, los duendes, nahuales y una vieja bruja que había sido exiliada del pueblo, es por eso por lo que siempre íbamos de día y al adentrarnos debíamos hacer un sacrificio para que supieran que no queríamos problemas.
Una tarde, la hija de un vecino enfermó gravemente y mi abuelo no tenía lo necesario para curarla, así que mi padre y yo fuimos al bosque para buscar plantas y raíces que ayudaran a sanar a la niña. Tomamos un pollo del corral de mi abuela y nos dirigimos al bosque; sabíamos que era arriesgado ir a esa hora, pero no creíamos que la niña sobreviviera hasta el otro día. Antes de irnos mi abuelo le dijo a mi padre que podía percibir la putrefacción de la niña, no sabía por qué estaba tan enferma, pero sabía que era grave, debíamos apurarnos. Llegamos al bosque, hicimos el sacrificio del pollo y nos adentramos. Caminamos alrededor de media hora sin encontrar nada, era raro porque conocíamos muy bien el bosque y la ubicación de las hierbas; no dijimos nada y nos concentramos en nuestra tarea, estaba obscureciendo; después de un rato encontramos unas hierbas, solo faltaba la raíz. Entonces nos topamos con una cabaña, se nos hizo muy raro, jamás la habíamos visto, era una construcción pobre, como si no la hubieran terminado; mi padre me hizo una señal para que me alejara de ella y me dijo que él iba a entrar, tardó algunos minutos, mientras tanto yo me estaba poniendo nervioso con la espera, cuando salió me dijo que seguramente la bruja exiliada había vivido ahí, ya que en el interior había encontrado pieles de animales, algunos muñecos atados, otros quemados y otros restos de maleficios; era un lugar maldito. Comenzamos el regreso ya sin importarnos que nos faltara la raíz, íbamos casi corriendo, cuando empezamos a escuchar risas a nuestro alrededor, pude ver entre los árboles una figura humana, me detuve y le dije a mi padre, él le gritó diciendo que no podía dañarnos, ya que habíamos hecho el sacrificio al entrar, me dijo que era la bruja, ella vestía una túnica blanca y tenía los cabellos despeinados, mientras las risas seguían, nos dijo que no nos haría nada, pero que algo más estaba en camino, entonces se agachó poniéndose en cuatro pies y como si fuera un animal empezó a caminar rápidamente hacia nosotros, mi padre empezó a recitar uno de los rituales de protección, yo cerré los ojos, era espeluznante la manera en la que se movía, las risas de los alrededores no cesaban; entonces el silencio volvió y abrí los ojos; la bruja se había ido. Mi padre y yo nos miramos y sin decir nada empezamos a correr lo más rápido que podíamos hacia la casa, cuando me di cuenta se había quedado atrás, ya no podía verlo, entonces tuve que volver por él. Volví sobre mis pasos gritándole, esperando una respuesta, de pronto sentí como me empujaban, caí al suelo, las risas volvieron a escucharse. Aturdido me levanté y seguí gritándole a mi padre, no entendía como había podido quedarse tan lejos de , llevaba mucho tiempo caminando sin encontrarlo, entonces fue cuando lo vi tirado en el suelo, estaba inconsciente, parecía como si estuviera peleando con algo entre sueños, yo intentaba despertarlo sin éxito.
Aún podía escuchar las risas. Entonces el ambiente se puso mucho más tenso y supe que algo más estaba pasando; mi abuelo estaba curando a la niña y con eso se había abierto el portal de los espíritus. Estar en el bosque en ese momento, con mi padre inconsciente era lo más espeluznante que me había pasado, aún no sabía los rituales de protección, no había nada que pudiera hacer para salir de ahí, aún tenía mi amuleto y seguramente por eso la bruja solo nos había espantado. Entonces mi padre despertó agitado, tomó mi mano y sin darme explicaciones me dijo que algo venía, que teníamos que salir de ahí lo más rápido que pudiéramos, nos levantamos y empezamos a correr de nuevo, de pronto todo comenzó a llenarse de neblina y pudimos ver a la niña enferma frente a nosotros, nos dijo que ya era tarde y vimos como algo la arrastraba hacia lo profundo de la neblina. Mi padre me dijo que lo que fuera que había cruzado era muy poderoso, y la había usado a ella para entrar. Sentí como el miedo se apoderaba de mi, empezamos a correr tratando de salir de la neblina, de escondernos, entonces, las risas sonaban en todas las direcciones.
Llegamos a un árbol hueco muy grande y mi padre me dijo que nos metiéramos ahí, entré y en vez de entrar conmigo me dio su amuleto, me dijo que esto no iba a parar, que tenía que hacer algo, le supliqué que no me dejara solo, le dije que tenía miedo y comencé a llorar, él me dijo que creía en mí y que sabía que algún día sería un gran curandero, sin más vi como se perdía entre la neblina. Me quedé solo en el árbol, llorando, esperando a que mi padre volviera, las risas no cesaban. empecé a cantar en voz baja una canción que me cantaba mi abuelo cuando era pequeño, y empecé a sentirme cada vez mas tranquilo. Ahora solo debía esperar a que mi padre regresara para poder irnos a casa. Unos minutos después escuché un grito a lo lejos, un grito de dolor, era mi padre, de pronto la neblina se desvaneció y la calma regresó al bosque, salí del árbol y corrí en la misma dirección que mi padre, lo busqué por horas, pero no lo encontré, entonces regresé a casa y entre lágrimas le conté a mis abuelos lo que había pasado, mi abuelo me dijo que no había podido salvar a la niña y que sintió el momento en el que el espíritu entró, que era muy poderoso y que venía a buscar almas para alimentar su poder, me dijo que la niña había sido su medio para entrar, pero a quien realmente quería era a la bruja del bosque, que nosotros solo habíamos estado en el lugar y momento incorrecto.
Durante días salimos con algunos vecinos a buscar a mi padre, pero no encontramos rastros de él. Después de eso mi abuelo comenzó a enseñarme los rituales de protección, me dijo que esos entes no hubieran atentado contra nosotros porque no somos tan valiosos como la bruja o los nahuales, solo estábamos en el lugar incorrecto y que mi padre dio su alma para salvarme, había sido un accidente, aun así, debía aprenderlos porque nada nos podía asegurar que no volvería a pasar.
Dos meses después mientras recolectábamos hierbas y raíces para las curaciones, mi abuelo dio con el cuerpo de mi padre.
Me desgarró el dolor al ver las condiciones en las que se encontraba, era casi irreconocible, pero tenía su ropa, no había duda de que era él. Todo el pueblo se reunió para darle bendiciones al cuerpo, y antes de enterrarlo coloqué el amuleto en su mano.
 
Autor: Mariana Peregrina
Derechos Reservados

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Comment (1)

  • Andrea Gutiérrez Hinojosa Reply

    Wow, Esta genial <3

    25 marzo, 2022 at 4:55 pm

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