Algo Roba A Los Animales Historia de terror 2022

Algo Roba A Los Animales Historia de terror 2022

Historia de terror, Algo roba a los animales.
Vivo en un rancho cercano a la Piedad, Michoacan. Mi padre es ganadero, nos dedicamos mayormente a la criá de cerdos, pero también tenemos chivos y algunas vacas.

Muchas personas creen, que en las zonas rurales, alejadas de las grandes ciudades, no ocurren cosas interesantes, y aunque mayormente nuestra vida es muy tranquila, a veces presenciamos cosas extrañas, como la historia que estoy por relatar.

Es común que de vez en cuando haya algunas bajas en el ganado, ya sea por alguna enfermedad o porque ande algún animal salvaje rondando, pero esto siempre es fácil de solucionar y nunca ha ocurrido que tengamos muchas bajas.

En cierto temporal ocurrió que empezaron a desaparecer un cerdo mínimo una vez a la semana. Era algo muy extraño, pues se llevaban el animal completo y solo quedaba una mancha de sangre en el camino. Cuando un coyote o un gato montés ataca a un animal de crianza, suele dejar mas pistas, incluso hay veces que encontramos los cadáveres no muy lejanos del rancho, y allí es cuando nos organizamos para cazar al depredador.

En esa ocasión, estuvimos explorando, buscando si encontrábamos alguna pista de los animales desaparecidos, no fue solo una vez en que salimos a buscar, sino varias.
Empezamos a creer que algún maleante nos estaba robando el ganado, y que, quizás hasta los vaqueros estaban de acuerdo en estos robos.

Historia de Terror-Algo Roba a Los Animales

Mi padre decidió, contratar un servicio de cámaras en circuito cerrado y ponerlos a escondidas de los trabajadores. Mantuvimos en secreto la ubicación de las cámaras, solo mi padre, otro trabajador de confianza y yo conocíamos donde se encontraban.

Pasaron varias noches, en las que tuvimos que rotar la ubicación de las cámaras, pues el ganado no desaparecía siempre del mismo lugar, y las cámaras no enfocaban el lugar por donde desaparecía el ganado, pero si grabaron unos sonidos extraños.

Total que después de varios intentos fallidos por grabar a los ladrones de ganado. El hombre de confianza de mi padre, resolvió levantar un campamento un poco escondido del rancho y realizar incursiones a ciertas horas de la madrugada.

Así lo hicimos, levantamos una carpa cerca de un cerro. Llevamos lámparas, varios rifles y unos cuchillos.
Nos pusimos atentos la primera noche, sentíamos miedo de que tuviéramos que enfrentarnos a hombres armados.

Cerca de las tres de la mañana, nos asomamos a uno de los corrales, vimos como arrastraban a un cerdo, yo iluminé en dirección al animal, para ver que era lo que ocurría, mientras mi padre y el otro hombre apuntaban con sus rifles.

Cuando la luz alcanzó la silueta de aquellos que se llevaban al animal, quedamos consternados.
Se trataba de dos seres, parecían una extraña mezcla entre humano y animal, algo parecido a un puma, solo que sin orejas y caminaban a dos patas.

Mi padre disparó, pero como se puso nervioso lo falló, esto hizo que los extraños seres soltaran un extraño sonido, a la par que aumentaban la velocidad en su paso. En eso el otro hombre que nos acompañaba también dio un tiro, que le dio justo en el cerdo, que comenzó a chillar.

No logramos alcanzar a las criaturas ladronas, pero si logramos despertar a varios de los trabajadores, que no tardaron en aparecer con lámparas.

Varios de los hombres después de que escucharon la descripción de los seres que vimos, comenzaron a decir que estábamos siendo acechados por nahuales y era necesario que localizáramos su escondite, atraparlos en su estado humano y los elimináramos o enjauláramos.

Les juro, que de no haber visto a esos seres con mis propios ojos, diría que todo lo que decían los trabajadores eran simples supersticiones, pero ante lo evidente, les creímos.

Así que resolvimos ir en busca de su escondite. Los empleados de mayor edad, decían que no buscáramos una cueva, sino alguna cabaña o una casa en la lejanía, pues estos seres pueden mantener una vida normal como seres humanos y otra en la que un espíritu se apoderaba de ellos, logrando transformarlo en su esencia animal.
Mi padre escuchó a detalle lo que su trabajador le decía, parecía que el señor poseía un amplio conocimiento sobre este tema, aparte de que mencionaba tener dones de clarivision.

Decidimos que el señor nos guiara en la búsqueda de la guarida de los nahuales, pues el aseguraba poder dar con el sitio, gracias a sus dones.

Yo al principio dudaba del señor, pues pensando en lo que decía, era posible que incluso que algunos de los trabajadores fueran capaces de transformarse en nahuales. Pero la manera en que nos guió me hizo cambiar de opinión.

Dimos con varios caminos que no conocíamos, eran rutas por las que uno no suele cruzar, debido a lo difícil que es pasar por ahí, esto es porque hay mucho barranco o los arboles están muy pegados, lo que dificulta el paso de las camionetas.

Conseguimos varios perros para usarlos como protección también, ya que desconocíamos a que nos íbamos a enfrentar.

Por todo el camino encontramos pedazos de piel de cerdo, sangre y hasta algunas entrañas.
Seguimos el rastro de pedazos de carne, hasta una colina. Subimos y desde arriba, a lo lejos vimos una propiedad.

Era una pequeña casita con un enrejado alrededor, parecía mas bien como una jaula gigante. Este lugar estaba fuera de la propiedad de mi padre, por lo que no podíamos entrar sin tener problemas, no obstante, el hombre que nos venia guiando, decía que estaba seguro que ese era el lugar de los nahuales.

Decidimos quedarnos en el cerro para observar si pasaba algo extraño en esa casa.


Apenas oscureció cuando vimos salir de la casa varios perros negros y detrás de ellos a un hombre de una vestimenta extraña.

El se acercó y les abrió el enrejado, los perros salieron como desesperados, pensando en que se nos echarían encima, nos pusimos a correr antes de que comenzaran las faldas del cerro.


Corrimos por un largo rato, hasta saltar una de las rejas perimetrales del rancho, las cruzamos y vimos como dos de los perros aun nos seguían.

Dos de los hombre no dudaron en dispararles. Uno de los perros cayó al piso, mientras que otro en lugar de asustarse mordió al señor que nos había guiado hasta la casa enrejada. Otro trabajador le pegó al perro con una pala, entonces el perro huyó de vuelta por donde venia salido.

Nos enfocamos en atender la herida del señor, que si era muy grave, pues no dejaba de sangrar, y nos olvidamos del perro muerto detrás de la valla.

Le amarraron una venda al señor, pero no dejaba de sangrar, no hubo de otra que llevarlo al hospital. Regresamos ya muy tarde del hospital, afortunadamente el señor salio bien, aunque le tuvieron que poner la vacuna para la rabia.

Al día siguiente, dos trabajadores corrieron a hablarle a mi padre, querían mostrarle el cadáver del perro.
Yo fui también de chismoso.

Detrás de la reja, había algo que no se parecía en nada al perro que vimos en la noche y aunque en la noche no ves muy claro, lo que estaba en el piso no era ni parecido al perro negro que matamos.

Era una especie de piel seca libre de pelos, mantenía ciertos rasgos, como el hocico alargado, cuatro patas, pero el tamaño no era como el de un perro, era mucho mas grande, se veía demasiado extraño.

La criatura puso nerviosos a los trabajadores, quienes prefirieron quemar el cuerpo y yo estuve de acuerdo también, no soportaba ver algo tan horrible.

Armaron una fogata allí mismo y mientras el fuego ardía, escuchamos a un perro aullar.
Pasaron los días sin que se nos desapareciera algún animal.

Una noche, un trabajador comenzó a llamar a todos a gritos.

Todos salimos con lámparas, palas y algunos rifles en dirección al corral de los cerdos. Llegamos justo cuando un cerdo corría de regreso al corral, chillando, con una horrible herida en el la panza. Pudimos salvar al animal, pero no pudimos dispararle al nahual.

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Regresó el señor al que mordió el nahual. El nos aconsejo que no siguiéramos dándoles caza, pues desconocíamos el numero de criaturas que se escondían mas allá de las arboledas.

Nos dijo que en lugar de darles caza, mejor nos enseñaría a realizar una serie de protecciones y rituales.
Lo primero que hicimos, fue colocar varias tijeras formando una cruz en rededor de las rejas. También nos dio unos amuletos dentro de unas bolsas de manta.

Después de eso, no volvimos a ser atacados por ningún nahual.

Tiempo después, fuimos a revisar el lugar donde se encontraba la casita enrejada. La encontramos toda destrozada, todas las mallas se veían rajadas.
Entramos a la casa, apestaba a animal muerto.
Vimos los cadáveres de varios animales, en su mayoría animales de campo y los restos de algunos de los cerdos que se nos habían robado. Pero ningún rastro del cadáver parecido al que quemamos junto al corral. Quizás quedo muerto en algún otro lugar, no lo se, el caso es que jamás volvimos a ver a esos seres rondando nuestras tierras.

Autor: Mauricio Farfan.

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