El Demonio Del Campanario 2022

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El Demonio Del Campanario 2022

El demonio del campanario… Hoy me atrevo a contar una historia de la cual fui testigo en mi juventud… Me llamo Agustín, hoy en día tengo setenta años.

Siempre fui rebelde, vengo de una familia acomodada, donde es una tradición estudiar medicina. A mi nunca me atrajo ese lado de la ciencia, desde muy pequeño, sentía cierta atracción por los temas espirituales.

Esto me llevo a elegir estudiar en un colegio católico, aun cuando mis padres se oponían, ellos deseaban que fuera medico al igual que ellos.
Mi naturaleza siempre se opuso a su deseo y termine entrando al seminario.

Duré algunos años dentro, fui bastante disciplinado, sin embargo, cuando me cambiaron al seminario mayor, tuve una crisis existencial, que me obligó a huir.

Me fui a vivir a casa de mi abuela, mis padres se divorciaron, y mi madre comenzó a presionarme para que consiguiera un trabajo, duré como un año tomando empleos temporales, pero siempre terminaba dejándolos antes de que se acabaran los contratos.

Mi madre me presionó al punto, de advertirme que me correría de la casa de mi abuela, sino encontraba un trabajo formal, me sentí muy mal en ese entonces.

Tengo la teoría, que cuando tus emociones no están bien, llaman a seres del bajo astral, brujas y demonios se alimentan de nuestras emociones.

Cierta tarde, un sacerdote, que es amigo mio, me llamó por teléfono. Me ofrecía tener un trabajo como sacristán en una parroquia de un pueblo lejano.

Me informaban, que acaban de abrir otra parroquia, ya que la que usaban actualmente, estaba ya muy deteriorada, aunque no tenían los fondos para terminar el nuevo templo, necesitaba que yo fuera a apoyar al cura de la parroquia antigua.

Así fue que llegué a Sonora, a un pueblo que ya ni siquiera existe y cuyo único edificio se mantiene en pie es la torre con la campana de la antigua parroquia.

Llegué un jueves temprano por la mañana, mi amigo sacerdote, acababa de ser elevado al cargo de monseñor, el estuvo solo un día conmigo en el poblado, me presentó al sacerdote con el que trabajaría.

Era un hombre de aproximadamente cincuenta años, muy callado y algo reservado. Esto no me importó en un principio, ya que yo tampoco suelo ser muy extrovertido, sin embargo, después de algunos días, noté cierto comportamiento extraño en esta persona.

A veces se mostraba errático y su estado de animo cambiante, casi siempre de estar contento pasaba a estar enojado, siempre buscaba que las cuentas y todos sus encargos salieran bien, sino terminaba gritando.

Se me brindo hospedaje, en una casa de huéspedes casi frente al templo. El sacerdote, tenia su casa, en la parte trasera de la nueva parroquia.

Una señora del pueblo, me dijo en confianza, que el padre se adueñó de ese terreno sin haber pagado ni un centavo.
Yo pronto hice amistad con las personas del poblado, la mayoría no deseaban cambiar la parroquia, decían que no les gustaba el nuevo edificio, se sentían inseguros, les daba mala espina, tenia cierta mala vibra, las nuevas figuras religiosas eran demasiado realistas, así como las cortinas que adornaban el altar y las ventanas.

Yo entendía a las personas, realmente veía ciertos símbolos en los adornos de las telas con que fabricaron las cortinas y tapetes, de hecho algunas parecían rostros humanos, las cruces también parecían estar colocadas hacia abajo.

De las figuras ni hablar, estaban demasiado bien hechas, su apariencia era tan perfecta, que daba muchísimo miedo, parecían personas reales, mantenían unos gestos aterradores.

La misa, se celebraba en la entrada de la antigua parroquia, esto por sugerencia de las personas del pueblo.

No se podía celebrar dentro, ya que el edificio corría el riesgo de caer, la parroquia nueva, aunque ya era funcional, aun no estaba terminada, esta se localizaba justo al frente, mantenía una arquitectura moderna, pero con algunos vitrales de estilo antiguo.

Cada domingo, aparte de la limosna, se daba un sobre pidiendo ayuda para terminar la nueva parroquia, muy pocas personas daban dinero, pues, como he dicho, todos rechazaban ese nuevo edificio.

Hoy en día tengo muy en claro, que existen lugares marcados por el mal en la tierra, atraen a malas energías y estas poseen a las personas que

tienen afinidad con la oscuridad, esto logra hacer, que el mal pueda moverse junto con la persona.
Así ocurrió en aquellos años.

El cura, me encomendó la administración de la nueva parroquia, acababan de recibir un fuerte donativo anónimo. Era mi responsabilidad, rendir el dinero, para levantar el campanario y comprar la campana.

En ese entonces, a la única persona que pude consultar para la compra de la campana, fue a mi amigo el Monseñor, me paso varios contactos a los que marqué de inmediato, la mayoría eran fabricantes del país, los precios eran muy elevados.

Uno de los talleres a los que hablé, me ofreció una campana usada, según el, fue fabricada en Europa del Este, la quitaron de una antigua parroquia que se derrumbo.

Supuestamente, solo tendrían que darle unos ajustes. El precio era una ganga, si adquiría esa campana, estaría sobrado en presupuesto.

Cerramos el trato y en quince días estaban montando la enorme campana de bronce.
Por aquellos días, ocurrió, que uno de los muros, de la antigua parroquia, termino por caerse atrapando debajo a un pobre perro que alimentábamos.

Esto ocasiono, que aun, cuando no lo deseara la comunidad, las misas se llevaran a cabo en la nueva parroquia.
El sonido de la campana era único, sus tañidos no se parecían a los de ninguna otra campana, esto unido a que también llego un sacerdote nuevo y joven, terminó por despertar el interés entre los parroquianos, que acudían con fervor cada domingo, incluso a veces los sábados.

Las personas terminaron por aceptar el nuevo templo, incluso hubo varios hombres, que se ofrecieron como voluntarios para trabajar de albañiles en el y terminarlo de una vez por todas.

Yo también aprovechaba mi tiempo libre, para echar una mano en las labores de la construcción, el edificio ya casi estaba terminado.

Al pasar los días, comencé a escuchar ciertas historias entre los albañiles, decían haber escuchado voces extrañas, mientras realizaban un trabajo en el campanario.

Otro dijo haber visto una criatura alada escondida dentro de la campana, algo mas grande que un perro, pero no tanto como un ser humano.

El Demonio Del Campanario

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Yo les dije, que lo que veían, era a causa de sus pecados, pues no era posible, que en la casa de dios, ocurrieran sucesos paranormales. No me escucharon ni a mi, ni al nuevo sacerdote, terminaron por desertar algunos voluntarios.

No tardé en entablar una buena amistad con el nuevo sacerdote, era una persona joven, idealista, muy diferente al señor cura, se ganaba la confianza de las personas rapidamente.

Teníamos prácticamente la misma edad, hablábamos sobre todo, de temas vistos en el seminario, algo que no me agradaba de el, es que siempre se expresaba de manera negativa, acerca del señor cura, si bien a mi tampoco me agradaba, sobre todo, porque varias veces me pegó con su bastón, sentía que no debíamos expresarnos mal de el, pues aunque no nos gustara, el era la autoridad religiosa.

Cierto día, fui invitado por una familia a una fiesta, prácticamente todo el pueblo estuvo presente.
Al principio no quería asistir, mas el cura me dijo que si no asistía, las personas podrían sentirse despreciadas.

No era que realmente despreciara a las personas, sino que, para llegar a esa casa, era necesario atravesar un largo trecho despoblado lleno de cruces, desconozco el motivo por el cual, estuviera así ese lugar, pues el poblado contaba con su propio camposanto.

Sinceramente, me daba algo de miedo tener que atravesar ese lugar de regreso, cuando todo estuviera oscuro.
Terminé asistiendo a la fiesta.

Una vez estando allá, el vino, la comida y el ambiente, lograron que perdiera la noción del tiempo. Cuando vi mi reloj, note que ya pasaban de las dos de la madrugada.

Me ofrecieron quedarme en la casa, aunque confiaba en las personas, no podía darme ese lujo, ya que a la mañana siguiente tenia mucho trabajo.

Me escabullí sin que nadie me viera, no deseaba que me insistieran en quedarme.

Llegué al despoblado, no podía evitar sentirme nervioso, la oscuridad, la luz luna reflejando las cruces, llevaba una linterna de aceite, esas no alumbraban mucho.

De pronto comencé a escuchar a alguien pronunciando mi nombre a mis espaldas, rapidamente me di la vuelta y levanté mi lámpara para ver quien me hablaba.

Cual seria mi sorpresa que no había nadie, solo una fuerte corriente de aire que me heló los huesos. Unos instantes después, escuche mi nombre en distintos lugares, la voz no sonaba normal, era demasiado chillona. El miedo me invadió y comencé a apresurar el paso.

Escuchaba mi nombre a mis espaldas y cada que esto ocurría, el corazón me palpitaba con fuerza, incluso comencé a notar también unas pisadas como de caballo.

Este ultimo sonido me causo mas terror, Comencé a correr.
Llegue hasta una enorme roca, me detuve un momento para recuperar el aliento, apoyé mi espalda en la roca, me sentía protegido.

Lancé una oración a dios y encendí nuevamente la lámpara, durante unos segundos aparecieron frente a mi tres sombras con cara, sus ojos brillaban con un fuego maligno. El ambiente olía a azufre, me sentía acorralado.

Lo ultimo que recuerdo, fue ver todo negro.
Me desperté cuando los rayos del sol quemaban mi cara. Me había desmayado. Vi mi reloj, era ya medio día. El señor cura me iba a matar.

Me fui corriendo de regreso a la parroquia, poco a poco iba recordando lo que viví la noche anterior, aunque en ese momento dudaba de que si hubiese sido real o un simple sueño.

Apenas llegue, el señor cura me estaba esperando. Me aventó un sermón de media hora, acusándome de ser un alcohólico y un irresponsable, me amenazó con hablar con el monseñor.

Yo le pedí que no lo hiciera, necesitaba el trabajo, al final decidió que como castigo, tendría que estar a cargo de la campana todo el día.

No recuerdo exactamente cuanto tiempo pasó, cuando me di cuenta de que algo extraño ocurría en el campanario, creo que fue un domingo antes de las seis de la tarde.

El sol se ponía en el horizonte, es en esa hora del día, en que las sombras son mas marcadas sobre el piso. Momentos antes de que hiciera trinar la campana, vi una sobra proyectada moviéndose de manera extraña, al principio creí que la sombra pertenecía a la campana, sin embargo después de un rato comencé a notar, que la sombra daba del lado contrario a donde se proyectaba su figura, y que esta no respondía a un movimiento natural, a simple vista, parecía al de una persona con alas.

No preste atención a este fenómeno, creyendo que solo se trataba de mi imaginación, no obstante, antes de que comenzara a jalar el cable, que permitía el movimiento de la campana, esta comenzó a girar por si sola.

El tañido fue tan fuerte, que me caí sentado hacia atrás, quede desconcertado ante este hecho, cuando me puse en pie, escuche una risa burlona dentro de la campana, cosa que fue aun mas inexplicable, ya que los tañidos eran fuertes y aun así sonaba la risa.

Baje rápido de la torre, hasta encontrarme con algunas personas del pueblo que me conocían, al verme me preguntaron si me encontraba bien, yo no soy bueno mintiendo, por lo que les dije que no, que me acababan de dar un susto terrible en la torre del campanario.

Ellos me creyeron, al parecer todo el pueblo aun sentía cierto recelo para con la nueva parroquia, me hicieron comentarios como, que sabían que algo malo ocurría en ese lugar y que se construyo en tierra maldita.

El sistema que hacía sonar la campana, continuo por un rato y paro de manera abrupta. Esto ocasiono que de nuevo me regañara el cura.

Tuve que soportar el miedo que sentía y continuar con el trabajo en el campanario, por suerte ya no ocurría nada extraño ese día.

Decidí contarle lo ocurrido al otro sacerdote, el me escuchó sin juzgarme, me dijo que también le tocó presenciar varios fenómenos paranormales en la nueva parroquia, pero que creía firmemente que eran ocasionados por la culpa del señor cura, que ya llevaba varios días, escuchando que realizaba unos rituales extraños, por la madrugada.

Sinceramente, en ese momento no le creí al padre, si bien el señor cura últimamente era mas colérico, no lo veía realizando brujería o alguna blasfemia contra dios.

El padre notó mi escepticismo acerca de las prácticas oscuras del cura, por lo que me reto a visitar la parroquia por la madrugada.

Accedí a acompañarlo la madrugada de un jueves que hubo luna llena.
El señor cura no estaba dentro del templo, lo encontramos en uno de los jardines traseros, en un espacio donde plantamos maíz. Al principio no lograba ver bien que era lo que estaba haciendo, pues estaba de espaldas a nosotros, iluminado por varias veladoras y un quinque.

Caminamos muy lentamente para no hacer ruido, hasta llegar a una valla del otro lado del jardín, alcanzábamos a ver al cura, gracias a que faltaba una tabla en la valla.

Estaba cortando la cabeza a un animal, no sabría decir si se trataba de una paloma o una gallina, solo vimos que era un ave.
La mirada del cura era algo en verdad desconcertante, parecía fuera de si, como si sus ojos estuvieran en blanco.

Recitaba unas oraciones en latín, que distinguimos de inmediato, no iban dirigidas a nuestro señor, fuese lo que fuese que estuviera haciendo el cura, no era nada bueno.

Nos retiramos esa noche, era mas el miedo que nos causaba ser descubiertos, que ni el ritual que celebraba el señor cura.

Yo no pude dormir esa noche, a la mañana siguiente, me dirigí hacia el maizal en la parte trasera de la parroquia. Entre las mazorcas, encontré una calavera negra de cristal, con algunas perforaciones, de las cuales salían gusanos.

No me atreví a tomarla con las manos directamente, la agarré con una bolsa y después la arrojé a un bote de basura.
Sentí ganas de acusar al señor cura con mi amigo el Monseñor, sabia que lo que hacia iba contra las normas de la iglesia, pero, necesitaba una prueba mas clara, pues si llegaba solo con la calavera, no me creerían y pensarían que todo era invento mio.

Lo platiqué con el sacerdote, el pensaba igual que yo, si lo íbamos a acusar, era necesario reunir al menos mas testigos, aparte, el señor cura poseía mucha influencia en la iglesia.

Preferimos llevar la fiesta en paz, al menos hasta que obtuviéramos mas evidencia, de cualquier forma, el sacerdote me comentaba que sabía como contrarrestar la brujería, me pidió que le estuviera ayudando, seguramente encontraríamos mas objetos enterrados en los jardines.

Si en esa época hubieran existido celulares como los de hoy en día, fácilmente hubiéramos expuesto al señor cura, no solo eso, tendría evidencia de verdaderas materializaciones de un demonio.

Por aquel entonces, una noche lluviosa, me encontraba en la oficina de la parroquia, realizando unas cuentas, cuando escuché los maullidos de una gatita.

Era un hermoso ejemplar de color gris, estaba embarazada, le acomodé algo de ropa para calentarla y el animal dio a luz a cinco gatitos, me gustan mucho los animales, por ello fue que adopté a la gata y a los gatitos.

Creí que el señor cura estaría en contra de que los mantuviéramos en la parroquia, mas no fue así, extrañamente estuvo de acuerdo e incluso, el mismo los alimentaba.

A quien no le pareció que tuviera a los gatos, fue al sacerdote, varias veces lo vi maltratando a los pobres animales.

Cuando me tocaba subir al campanario, trataba de hacerlo siempre acompañado de alguien, al principio intente llevarme a la gata, pero por alguna extraña razón, apenas la cargaba en brazos y caminaba en dirección a la torre, daba un brinco y escapaba de regreso hacia la oficina.

No me gustaba estar solo en el campanario, ya iban varias veces que escuchaba mi nombre dentro de la campana, siempre acompañado de una risa, ademas, en los últimos días, percibía otro sonido, como si la campana se estuviera quebrando, no obstante, cuando revisaba la campana, no tenia ni un rasguño, seguía tan brillante, como el primer día que nos la entregaron.

Tardé algo de tiempo, en localizar ciertas inscripciones, que la campana tenia grabadas en la parte inferior. Al principio creí, que se trataba de la firma del artesano, pero esas firmas venían en una placa, al igual que el lugar de origen, las inscripciones parecerían ser de adorno, sin embargo, al verlas con mas detalle, se podían apreciar unas figuras parecidas a un pentagrama invertido y algunos números romanos, según mi conocimiento, esos símbolos eran usados para hacer invocaciones al mal.

Fui a buscar al sacerdote para mostrarle mi hallazgo, el sacerdote me dio la razón, efectivamente la simbología era del tipo esotérico, me confesó que desgraciadamente, existía cierto sincretismo en la iglesia, que algunos personajes, a escondidas realizaban prácticas oscuras y para ocultarse, utilizaban figuras religiosas, así las autoridades de la iglesia no se daban cuenta.

Yo me preguntaba, como era posible, que un hombre dedicado a la fe, pudiera dedicar su tiempo a algo tan vil, como la brujería.

Hoy en día, creo que aquellos mas cercanos a la luz, son a quienes mas se les acerca el demonio, atraído por la misma energía positiva.

El sacerdote me enseñó una oración, me indico que la realizara, siempre que tuviera miedo.
No se, si cada tañido de la campana, llamara al mal, o si este fue atraído por los hechizos del señor cura, pero las cosas fueron de mal en peor.

Para empezar amaneció un gatito muerto, debajo de la campana. No hubiera sido extraña su muerte, si lo hubieran envenenado, pero, el gato había sido despojado de su piel, imagino que murió del dolor.

Ver al pobre animal ahí tirado, sin su abrigo natural, era una escena de pesadilla.

Entre lagrimas y asco, limpié el cadáver, mientras lo hacía, escuche la voz burlona, me decía que haría lo mismo conmigo.

Realicé la oración que me dijo el sacerdote, pero esto solo ocasionó que la voz en el interior de la campana, se burlara nuevamente de mi, me dijo cosas que hacían que me cuestionara mi fe en dios.

Hablé con el señor cura, le expuse que no volvería al campanario, no me importaba si deseaba echarme de la parroquia, no pensaba volver a subir a la torre.
No quise explicarle mis motivos, aparte, ni siquiera me preguntó, solo me lanzo uno de sus largos sermones ofensivos, tan típicos en el.

Aceptó de mala gana, me dijo que pondría a alguien del pueblo a tocar la campana.
Nadie duraba encargado de la campana, incluso ocurrió una desgracia, durante un llamado a misa, el hombre que estaba en el campanario, se resbalo y cayo por los escalones.

Se golpeo tan fuerte en la espalda, que se dañó unos nervios en la espalda, que le impidieron volver a caminar.

El hombre me dijo en confianza, que alguien lo aventó de la escalera y cuando caía, lo escuchó burlarse, no me queda la menor duda, que ese accidente fue provocado por el demonio que habitaba dentro del campanario.

Mi amigo el sacerdote, terminó enfermando, le pegó una fiebre terrible, que le hacía delirar.

Yo lo cuide varias noches, escuchaba sus delirios, decía haber visto una figura blanca arrastrándose por el altar. Recuerdo que también me dijo, que revisó el escritorio del señor cura, me encomendó, meterme y quemar dos libros que estaban en su posesión, uno se llamaba las clavículas de salomón y otro era el grimorio del mago Abramelin, ambos eran para invocar demonios.

Aunque cuando estuvo mejor de salud, me confesó que todo era un delirio, yo quería estar seguro acerca de lo que me contó sobre los libros del señor cura, si los encontraba, sería la prueba perfecta para acusarlo con el monseñor, así quizás, lo destituirían.

Busqué la manera de poder hurgar, entre las pertenencias del señor cura, cosa que era bastante difícil ya que casi siempre, se la pasaba encerrado en su oficina de la iglesia.

Aproveché un descuido que tuvo, para sacarle copia a su llave, y durante una madrugada, me dirigí a la parroquia para revisar entre sus cosas.

Me quedé un rato frente a la puerta, no me atrevía a abrirla, sentía muchos nervios, como si me estuvieran vigilando.
Agarré valor, convenciéndome de que estaba completamente solo, pero, cuando metí la llave para abrir la perilla, comencé a notar un olor a azufre, no quise prestar mucha atención, de por si ya me sentía ansioso, no quería provocarme un desmayo a causa de un choque nervioso.
Entre a la oficina del señor cura, todo se veía en aparente orden, solo aquel olor horrible que inundaba la habitación, le hacia desagradable, todo lo demás, lucia impecable.

Nunca antes estuve en esa habitación, por lo regular, el señor cura atendía todos los asuntos, en la oficina administrativa, era muy discreto con lo suyo, pocos, si no es que nadie, entro alguna vez a su casa, y eso que esta se localizaba en la parte trasera de la nueva parroquia.

La oficina tenia austeras decoraciones, solo un crucifijo de madera sólida, un escritorio con algunos libros, una silla de madera y un viejo ropero.

Me puse a revisar cada uno de los libros, mayormente eran de temas religiosos, nada fuera de lo común. El olor a azufre, se hacía mas intenso en el escritorio, me puse a revisar debajo, para ver que era la fuente de ese horrible olor.

No encontré la fuente del mal olor, pero si hallé dos cajones escondidos debajo del escritorio. Los jalé hacia mi, para revisar el contenido, cual seria mi sorpresa, que los delirios del sacerdotes resultaron verdad, no solo encontré los dos libros de los que hablaba, sino otro de San Cipriano, que también es de brujería, así varios cuadernos con un montón de hechizos y satanismo.

Aunque ya lo veía venir, era algo impactante ver en vivo ese tipo de escritura.

Cuando estuve en el seminario, sabia que existían, pero jamás me toco verlos en la realidad, creía que la mayoría de este tipo de lectura, eran mitos y leyendas, tristemente la realidad era otra, y se presentaba frente a mi, en mis manos.

Metí todos los libros a una mochila. No había vuelta atrás, aunque quisiera ser muy discreto, tarde o temprano el señor cura se daría cuenta que ingresé sin autorización a su oficina, solo era esperar cual seria su reacción, de cualquier manera, la suerte estaba echada, lo acusaría con el monseñor apenas tuviera oportunidad.

Intenté cubrir mis huellas, revisando que todo estuviera en orden. Cuando cerraba la puerta, la campana comenzó a sonar por si sola, causando que pegara un brinco y un grito.

En lugar de dirigirme hacia el campanario, decidí huir rapidamente, de cualquier manera, el señor cura escucharía las campanadas, y acudiría a ver que ocurría en su parroquia.

Corrí hacia una puerta lateral, era menos posible que me encontrara allí al señor cura, cual seria mi sorpresa, que alguien allí me obstruyo el paso, no le vi la cara, la iluminación era escasa, solo lo que alcanzaba a cubrir el foco de la entrada y las veladoras.

Llevaba un traje color azul marino, o al menos parecía en la oscuridad, entre las manos, una veladora de color rojo. Me habló por mi nombre, me dijo que lo acompañara al campanario, que me mostraría algo que jamás en la vida tendría oportunidad de ver, solo el podía mostrarme el camino.

No se como explicarlo, pero sus palabras tenían cierto nivel de embrujo, se que la reacción mas sensata es salir corriendo, alejarse de una aparición como aquella, sin embargo, su tono de voz, te hechizaba.
Ni se como, pero terminé siguiéndolo hasta las escaleras en dirección a la torre, digo que lo seguí, pues no recuerdo exactamente que ocurrió, de lo ultimo que me acuerdo, es de estar frente al campanario, con aquel hombre deteniendo la campana con ambas manos.

La veladora que llevaba aquel hombre minutos antes entre sus brazos, iluminaba dentro de la campana, como si algo sobrenatural avivara su flama mas allá del tamaño de su mecha.

Las sombras que proyectaba, formaban figuras parecidas a las de rostros sufriendo. Las sombras se transformaron en visiones.

Se que sonara increíble, pero prácticamente, vi los rostros de las ánimas del purgatorio en el piso de la campana. El hombre de azul, me decía que si lo deseaba, podría ir con el, y me mostraría la verdad, del pecado y del significado de la vida.

En eso volví a recuperar la conciencia, me vi al borde de la torre en la que se encontraba el campanario, escuché una voz atrás de mi, pertenecía al señor cura, me llamaba por mi nombre, me pedía que no saltara y que fuera hacia el.

Sentí que me jaló en dirección hacia el, me llevo de vuelta a su oficina, yo ardía en fiebre, recuerdo que me pidió que le regresara sus libros, me explicó, que era su obligación, ser el guardián de ese conocimiento, me sentía tan mal, que se los entregué sin pensarlo, casi como por instinto, extraje los libros de mi mochila y se los entregue.

De allí solo recuerdo verme en cama.

Creo que estuve una semana entera con fiebre, tuve las peores pesadillas de toda mi vida.
Siempre veía al hombre del traje azul marino, parado a los pies de mi cama.

Decía haber sido atraído, por la oscuridad que habitaba en los mas profundo de mi ser, no entendía a que se refería, siempre intentado llevar una vida dentro de la moral cristiana.

En seguida el hombre de azul, me mostraba fotografiás del purgatorio, fue una alucinación demasiado real como para ser considerada un simple delirio, Juro por dios, que podía sentir el material en que estaban hechas, era como cualquier otra fotografía, eso era lo que lo hacía tan aterrador.

Las imágenes presentaban a personas modificadas, la carne en su cuerpo era transformada, colocando las extremidades en lugares que no les correspondían, no puedo describirlo, el resultado era tan retorcido, como si se deseara burlar de la creación divina.

Lo mas increíble fue, que el señor cura estuvo al pendiente de mi, me llevaba medicamentos. Entre sueños también recuerdo haberlo visto rezando al pie de mi cama.

Cuando al fin estuve mejor, recupere mi conciencia, me hubiera gustado que esta historia llegara a su fin, que mi recuperación hubiese sido total, pero a veces las historias se alargan mas allá de lo que deseamos y terminan solo cuando dios dice que terminen.

Ya una vez consciente, me enteré por medio de una señora que también me cuidaba, que el señor cura estaba algo preocupado, no solo por la salud de mi cuerpo, sino por mi alma.

Me realizó una serie de exorcismos, que no puedo contar, ya que esta prohibido divulgar este conocimiento, este saber, puede caer en manos equivocadas, solo los sacerdotes pueden poseerlo.

Volví a la parroquia un domingo por la mañana, era la tercera misa del día, se me hizo extraño no ver al sacerdote, esa misa le tocaba a el y no al señor cura.

Le pregunté a una persona que estaba sentada junto a mi en misa, sobre el porque, daba esa misa el señor cura, la persona me contestó colocando su dedo indice en su boca, indicándome que guardara silencio.

Otra persona detrás de mi, me alcanzó a escuchar, acerco su cabeza a la miá, y me dijo que cuando terminara la misa, el me contaría todo lo que ocurrió, mientras estuve en cama.

Las palabras de aquel hombre no me dejaron concentrar en el sermón del señor cura, que hablaba de como aquello que es material y banal, nos ata, nos aleja de dios.

La misa terminó, aquel hombre se sentó a un lado de mi, enseguida comenzó a explicarme, que el padre, se escapó de la parroquia, según dijo el señor cura, robó varias cosas importantes, entre ellos cosas personales del señor cura y algunos objetos de valor, como las bandejas donde se colocan las ostias.

La personalidad del señor cura se hizo aun mas reservada, me hablaba solo para cuestiones de trabajo, siempre se le veía callado y cada vez que le mencionaba algo relacionado con lo vivido en el campanario, me cambiaba el tema o simplemente se disculpaba diciendo que tenia otros asuntos que atender.

Hice una llamada al Monseñor, tardé cerca de una hora para contarle los detalles de todo lo que había ocurrido en el tiempo que llevaba en ese poblado.

Al principio no me atrevía a contarle abiertamente cuanto presencié, sentía vergüenza, pensaba que no me iba a creer.

El monseñor, dijo creerme, de hecho ya le había llamado el señor cura para notificarle del abandono del cargo, por parte del sacerdote, mas no estaba enterado del hurto de los objetos, ni de lo que se estaba llevando a cabo por parte del señor cura, luego me explicó que es común, que algunos sacerdotes realicen este tipo de practicas, ya que son los primeros en ser atraído por el maligno, me dijo que pronto me enviaría a trabajar en la parroquia donde vivía con mi abuela.

Abandoné mi puesto mucho antes, debido a que ocurrió un fenómeno tan terrible, que obligo a muchas personas a huir del poblado.

Todos escuchamos unos sonidos muy extraños, provenientes del suelo, eran como lamentos, segundos después comenzó a temblar con mucha fuerza, creo que ha sido el sismo que he sentido con mayor intensidad.

Al igual que la mayoría de personas, salí de casa y me dirigí a la explanada frente a la nueva parroquia, todos estaban espantados, hablaban de haber escuchado los lamentos provenientes del suelo, la gente creía que el infierno se abriría.

En la torre la campana comenzó a tintinear. El caos se desato entre las personas, entonces llego el señor cura, le pidió a la gente unirse en oración, esto tranquilizó a la mayoría.

Durante esos minutos ocurrieron varios fenómenos sin explicación, por ejemplo, dos vitrales de la nueva parroquia, se rompieron, esto seria fácil de explicar si sabemos que estaba temblando, sin embargo, la manera en que se rompieron, fue como una pequeña explosión, no sabría como explicarlo, todos sentimos como si una fuerza hubiera bajado del campanario, atravesara el altar, y siguiera por el pasillo hasta la puerta, quebrando todo aquello que se encontraba a su paso.

Cuando el sismo terminó, revisamos el templo, el edificio se agrieto en varias partes, pero la parte que mas sufrió daño, fue la torre del campanario, a la cual no me atreví a acercarme, no obstante, los daños se veían desde abajo.

De entre las personas en la explanada, pude distinguir a un hombre de traje azul marino, como el que vi en el templo y en mis pesadillas.

Un miedo enorme me invadió, sin decir nada, me escabullí entre la gente, regresé a mi habitación, tome dinero y muy pocas cosas en una maleta, me dirigí a la estación de autobuses y deje ese poblado sin mirar por la ventana.

Tiempo después me contactó de nuevo el monseñor, me dijo que el poblado tuvo que ser desalojado, muchas construcciones se dañaron y unas grietas emergieron en el piso, amenazando con derrumbar todo a su paso, el gobierno ordeno desalojar todas la viviendas.

Hoy en día esto es lo que recuerdo, me quedan muchas dudas acerca de todo lo que viví en ese poblado, no dejo de pensar, en que habrá sido del sacerdote, en el fondo de mi alma, creo que el era el verdadero demonio de la historia y no el señor cura, a fin de cuentas el fue quien robo los libros, aparte, apareció casi al mismo tiempo que la campana, y con la presencia de ambos, comenzaron los fenómenos extraños.

Creo que el señor cura, mantenía esos libros bajo su protección, tal vez los utilizaba para impedir el avance del mal o algo así.
Jamas volví a ese poblado, no quiero ni imaginarme que cosas se habrán visto después de que la tierra se abriera, rezo a dios cada noche por que el mal haya sido detenido, y este se encuentre encerrado en el campanario que custodia la parroquia abandonada.
FIN
Autor: Mauricio Farfan

Derechos Reservado.

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