Cosas Extrañas-Historia de terror 2022

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Cosas Extrañas-Historia de terror 2022

Cosas Extrañas, historia de terror… Me llamo Pedro, me reservaré mi apellido, espero entiendan, tengo una Licenciatura en Psicología y actualmente soy gerente de zona de una cadena de Farmacias.

Todo el periodo 2020-2021 fue muy desgastante, muchos colaboradores enfermos, muchas bajas por defunción o por miedo al contagio, Un caos.

Claro que todo tiene su lado bueno, a nivel ventas nos fue de maravilla, no es que me alegre ni mucho menos, mi hermano mayor murió por contagio, solo trato de verlo de forma objetiva.

Entonces, luego de esos meses tan arduos por fin llegaron mis merecidas vacaciones y decidí irme junto con mi esposa e hijo a un rancho que había sido de mis abuelos y que ahora toda la familia podíamos disponer de él.

Es un gran sitio, ya tenía varios años que no volvía, a pesar de ser un lugar muy viejo se mantenía bien, limpio y cómodo.

El viaje por carretera fue muy cansado, tuve que viajar desde Mexicali hasta Mulegé. Ya con paradas y todo hicimos como 14 horas.

Para llegar al rancho hay que adentrarse un poco en la sierra, no mucho pero sí algo, nunca he sido muy fanático de conducir por lugares terrosos, pero todo sea por la familia.

En fin, la casa del rancho es de madera, tiene 3 cuartos, un baño, de pozo obviamente.

El rechinar de las tablas de madera en el suelo me hizo recordar a mi infancia.

Recuerdo que llegamos en la noche, habíamos salido como a las 8 de la mañana, y ya pasaban de las 10 cuanto bajamos todas las maletas de la camioneta.

Mi mujer preparó una buena cena y en la mesa comencé a contarles todas los buenos momentos que yo había pasado en ese rancho cuando mis padres y mis abuelos aún vivían.

Entonces mi hijo, que acababa de cumplir 12 años, me preguntó si nunca había pasado algo así como de miedo, no me venía nada a la cabeza, pero me puse a hacer memoria, no sé porque lo había olvidado, pero en una ocasión sí nos asustaron, no recordaba bien qué era lo que había pasado, en mi cabeza solo estaba la escena donde mis primos y yo nos estábamos escondiendo mientras algo sucedía afuera.

Eso fue lo que le dije a mi hijo, luego nos fuimos a dormir, yo seguía tratando de recordar algún otro detalle de aquel incidente, pero no lo conseguí.

Durante la madrugada algo ocurrió, no tengo idea de qué fue, yo me desperté porque empezó a sonar la alarma de la camioneta.

Inmediatamente me asomé por la ventana, efectivamente, las luces de mi camioneta estaban encendiendo y apagando, como si hubieran intentado abrirla o como si le hubieran dado un golpe.

No tengo armas, mi padre me enseñó a usarlas, pero no me gusta, sin embargo, estando en un lugar completamente alejado de la civilización uno siempre debe ser precavido, así que fui por el arma que está en la casa y salí a revisar.

Apagué la alarma de la camioneta di una vuelta completa a la casa, no vi nada, así que volví adentro. Revisé a mi hijo y a mi mujer y ambos seguían durmiendo, siempre han tenido el sueño muy pesado, por suerte.

Al día siguiente muy temprano, mi esposa me dijo que llevara a pasear al niño mientras ella preparaba el desayuno.

Bajé la cuatrimoto de la cajuela y fuimos a dar la vuelta. Iba despacio ya que no recordaba muy bien las rutas. El terreno del rancho es bastante grande y lo último que quería era perderme con mi hijo.

Decidí llevarlo a la torre, es una plataforma de madera muy alta, desde ahí se puede ver prácticamente todo el rancho, no me preocupaba no recordar el camino de regreso, porque solo bastaba subir hasta la punta de la plataforma para ubicar la casa.

Le pregunté a mi hijo si quería subir y dijo que si. Así que eso hicimos.

Estando en lo más alto alcancé a ver algo extraño, muy a lo lejos, casi imperceptible, era brillante, metálico, y la única razón por la cuál pude ver el objeto fue porque el cielo estaba completamente despejado.

No sé porqué pero me sentí incómodo así que le dije a mi hijo que ya debíamos volver, que seguramente su madre ya tenía listo el desayuno.

Antes de bajar ubiqué la casa.

Hicimos menos tiempo de regreso, ya le había perdido un poco el miedo al terreno así que subí un poco la velocidad.

En efecto, mi mujer ya tenía lista la comida, nos sentamos en la mesa, pensé en decirles lo que había visto pero no lo hice.

Pasamos la tarde jugando a la pelota mientras ponía música en el estéreo de la camioneta. Ya por la noche mi mujer quería dar una caminata, pero mi hijo ya estaba cansado y quería dormirse. No me sentía cómo dejándolo solo dentro de la casa, así que le dije que se durmiera dentro de la camioneta en lo que regresábamos.

Luego mi esposa y yo fuimos a caminar. Yo llevaba la linterna. Nos alejamos quizá 100 metros de la casa cuando empecé a escuchar un ruido extraño, mi mujer también lo notó.

Era literalmente, como si muchas piedras estuvieran chocando entre sí, se me ocurrió aluzar el suelo y, en efecto, las rocas estaban vibrando, eso causaba que se desplazaran, y al hacerlo chocaban contra otras piedras.

El movimiento no era fuerte, pero sí era muy rápido, por eso hacía ruido. Mi esposa dijo tener miedo, dimos la vuelta y volvimos.

Bajamos al niño de la camioneta y entramos a la casa, en ese momento se encendió la alarma del vehículo, aquello generaba una sensación bastante incómoda, así que decidimos dormir todos en el mismo cuarto.

Pensé que quizá se trataba de un ligero temblor, pero no era el caso, pues ningún mueble se movía, tampoco la cama. Yo sabía que algo extraño estaba sucediendo en el rancho.

Mi mujer se quedó dormida mientras abrazaba al niño. Yo apenas iba cerrar los ojos cuando escuché un ruido realmente singular, sonaba como un silbido pero bastante grave.

Lo reconocí, no recordaba dónde lo había escuchado pero sabía que no era un sonido nuevo para mí.

Entonces la habitación se iluminó completamente, un muy potente rayo de luz de color turquesa entró por la ventana, duró menos de un segundo.

Fue tan fuerte que mi esposa y mi hijo se despertaron, yo les dije que eran truenos, que quizá iba a llover, que siguieran durmiendo. Hicieron caso.

En cuanto me cercioré que ambos habían vuelto a dormir salí de la casa, miré hacia todos lados, incluyendo el cielo, pero no vi nada.

Entonces el misterioso silbido volvió a sonar. Empecé a sentirme raro, yo intentaba moverme pero mi cuerpo no me respondía, no hacía lo que yo quería. Era como si mi cerebro estuviera peleando con el resto de mi cuerpo para ver quién tenía el control.

Un par de segundos después perdí el equilibrio y caí al suelo, no me golpeé la cabeza, y quedé con mi rostro apuntando al suelo, no alcanzaba a ver nada, no tenía idea de qué estaba pasando.

De pronto sentí mucho calor en la espalda, luego tuve esa sensación que se tiene cuando crees que te vas a caer pero en realidad no ocurre nada, sentí frío, mis oídos punzaban, y cuando creí que me iba a desmayar recuperé el control de mi cuerpo y logré ponerme en pie.

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Aquello había sido la experiencia más extraña que jamás me había ocurrido, lo peor de todo es que no tenía ninguna explicación coherente ante lo sucedido, por lo tanto, volví a la casa, me acosté junto a mi esposa y me dispuse a dormir.

Apenas estaba agarrando bien el sueño cuando sonó la alarma de las 7 de la mañana, no era posible, cuando salí de la casa no debía pasar de las 2 de la mañana, y yo estaba seguro que afuera de la casa no había estado ni media hora, no entendía cómo ni en qué momento perdí esas horas dentro de mi cabeza.

El día siguiente, mientras el Sol era visible, no ocurrió absolutamente nada fuera de lo normal. Fue un día en verdad agradable.

Pero al caer la noche comencé a sentirme inseguro, nervioso, como si estuviera corriendo peligro, así que le dije a mi esposa que sería buena idea dormir en la camioneta, me preguntó el porqué y le mentí diciendo que había encontrado huellas de un animal merodeando la casa, que mejor nos alejáramos del peligro.

Le argumenté que pasar una noche en la camioneta no era los suficientemente malo como para arruinar las vacaciones. Aceptaron.

Esa noche me quedé despierto, esperando que ocurriera cualquier cosa extraña, pasaron las horas, el sueño me estaba venciendo.

La última vez que miré el reloj pasaban de las 3 de la mañana, el café que me había preparado para mantenerme despierto se había terminado hace media hora.

Estaba comenzando a sentir los párpados pesados, mis ojos se empezaron a cerrar lentamente. De pronto apareció nuevamente el potente resplandor de color turquesa.

La luz se esfumó, pero en ese mismo instante la alarma de la camioneta se encendió, mi hijo y mi mujer reaccionaron. Entonces les inventé que quizá en el otro rancho alguna familia haciendo fiesta, y que ese resplandor debía ser causado por la pirotecnia.

Obviamente yo ya estaba sospechando de algo cuyo origen no era terrestre, pero antes de seguir pensando en eso, me invadió un tremendo sueño y caí rendido.

A las 7 de la mañana me despierto y mi esposa y mi hija están como nerviosos, les pregunté qué tenían y me dijeron que algo raro les había pasado.

Me describieron las mismas cosas que a mí me había ocurrido cuando perdí el control de mi cuerpo, en el mismo orden, escucharlos fue como un Deja Vu.

Decidí que era suficiente, no quería exponer a mi familia, me daba terror que se fuera a repetir aquel incidente que había ocurrido cuando era niño. No lo recordaba y aún no logro recordarlo, pero las pequeñas imágenes que tengo y la sensación que me generan fueron motivo suficiente para que esa misma mañana empacáramos todo y volviéramos a la ciudad.

La excusa fue que me habían informado del trabajo que había una junta de emergencia y que tenía que estar presente sí o sí.

Siendo sincero no tengo ni la más mínima idea de qué fue lo que ocurrió y no quiero averiguarlo. Lo más extraño de todo es que mi familia y yo solemos tener ataques de pánico cuando vemos algo que tenga mucho color turquesa.

Autor: Ramiro Contreras

Derechos Reservados.

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