Rumbo Al Infierno Historia De Terror 2023

rumbo-al-infierno-historia-de-terror

Rumbo Al Infierno Historia De Terror 2023

Rumbo Al Infierno, Historia De Terror… Esta experiencia que les comparto fue tan fuerte que estoy segura que al escucharla  yo misma diré que me quedé corta, tal vez por no revivir esos momentos perturbadores es que la cuento de una manera sencilla.

Algunos detalles quizá los he olvidado, o mi mente me ha obligado hacerlo por lo perturbadores que fueron, otros no los puedo siquiera mencionar.

Siempre he sido católica, en la iglesia me enseñaron que así como existe Dios también existe el diablo, pero como uno nunca lo ve, no sabe lo terrorífico que puede ser.

Era al año de 1990, estaba casada con un hombre que ya no me quería, sabía que me engañaba, aún así,  por costumbre seguíamos juntos, solos, porque yo nunca me pude embarazar.

Teníamos varios año de casados pasando por la misma  rutina,  pero de un tiempo atrás Dagoberto mi esposo, empezó a realizar algunas prácticas fuera de lo común, algo que yo nunca había visto,  que me ponían bastante nerviosa.

Se levantaba sigilosamente por las noches, tardaba 1 o 2 horas para regresar, cuando lo hacía  lo notaba diferente, además estaba impregnado de un fuerte olor que nunca pude saber lo que era,  a veces ese olor se volvía repulsivo.

Hablaba solo mientras hacía muchos ademanes, cuando estaba en el baño se podía escuchar cómo no paraba de reír,  en ocasiones comía de una forma grotesca, cada que se acordaba renegaba de Dios y decía muchas blasfemias en su contra.

De un día para el otro empezó a usar anillos y cadenas con figuras del diablo, también se tatuó en ambos brazos un pentagrama, así como una cruz invertida, pero los tapaba con las mangas de la camisa.

Empezó a cambiar su carácter,  que de por si era osco, ahora se volvió más difícil que nunca, decía muchas malas palabras, por los desvelos le empezaron a aparecer ojeras,  cuando ya las tenía muy marcadas las trataba de ocultar con mi maquillaje.

En ocasiones llegué a despertar por las noches, incomoda, sintiéndome observada, cuando buscaba a mi marido con la mirada,   lo encontraba parado en medio de la obscuridad del cuarto, mirándome fijamente, con una terrible expresión que me asustaba,  por lo mismo no siempre dormía bien, o me mantenía despierta por temor a que una noche me hiciera algo.

Otras veces,  lo miraba parado frente a la pared sin moverse por largo tiempo, hasta que le hablaba,  venía acostarse sin pronunciar ninguna palabra, cuando lo tocaba estaba empapado en sudor, con mucha temperatura.

Al paso del tiempo me di cuenta que le sobraba el dinero, empezó a comprarse muchas cosas para él,  lo digo así,  porque la mayoría de ellas no las compartía conmigo.

Se compró un coche, empezó a llegar más tarde de lo habitual, no comía en la casa, prácticamente dejó de dirigirme la palabra, cuando lo hacía me preguntaba cosas extrañas,  como si creía en el diablo o en el infierno, muchas veces me presumió que era el consentido de su señor, sin saber yo realmente a lo que se refería.

En varias ocasiones lo encontré leyendo un libro que después me dijo que era la biblia satánica, la leía y de repente ponía los ojos en blanco, a veces sonreía,  como me ocultaba para ver lo que hacía, me gritaba que ya sabía que lo estaba espiando, eso me llenaba de miedo.

Por las noches se empezaron a escuchar algunos ruidos, primero en la cocina, después en el resto de la casa,  no así en nuestra recamara, después no sólo eran ruidos, se escuchaban murmullos que nunca pude entender lo que decían, también fuertes pisadas que no me dejaban dormir,  pero aparte me llenaban de escalofríos.

La casa se veía sombría,  se sentía con una mala vibra,  terrible y pesada, por la noche salía al baño sintiendo una presencia terrorífica, estaba segura de que alguien o algo estaba ahí mirándome, aunque no se veía nada extraño, ni había nadie.

Llegué a sentir,  a escuchar pasos detrás de mí al regresar a mi cuarto, después de entrar y cerrar la puerta, se perdía aquella terrorífica sensación, en el cuarto no se sentía nada malo.

En una ocasión que entré a un cuarto que teníamos en el patio, donde él usaba para guardar sus cosas,  como herramientas o fierros, me sorprendí al encontrar un extraño altar, al verlo detenidamente me di cuenta que estaba dedicado al diablo.

Sentí una rara sensación, como un vacio, nunca pensé encontrar una cosa tan terrible en mi casa, la figura principal era un diablo negro que no tenía ojos, con alas y grandes cuernos.

El altar lo tenía repleto de veladoras en vasos rojos,  miré figuras con cabeza de animales, otras con la cara del diablo, con una cola y enormes cuernos, había muchos símbolos pintados,  además estaban varias fotos, entre ellas estaba una de él.

También en ese horrible altar estaba la biblia esa, la satánica, además de otros libros negros, todos con imágenes diabólicas en sus portadas.

En la pared donde estaba recargado el altar estaba escrita con letras rojas una frase que me heló la sangre, decía, Lucifer es el dueño de todas mis pertenencias, mi casa, mi auto, mi mujer y mi alma.

Me llené de temor, no era necesario ser experta en el tema del ocultismo o lo paranormal, para saber que esa era la razón de todas las cosas que pasaban en la casa,  seguramente también del cambio de mi esposo.

Estuve por unos minutos mirando todo aquello,  sin saber qué hacer, tenía miedo pero también enojo, se sentía una vibra tan horrible que aunque tenía la intención de quitar el altar,  algo me lo impedía.

Cuando salí de ahí, quizá por el viento o por una fuerza invisible,  la puerta sola se cerró,  ni siquiera voltee a ver,  sabía que era algo diabólico lo que había dentro de ese cuarto, me dio miedo pensar que tal vez también se podría meter dentro de mí.

Esa tarde que llegó Dagoberto trate de ocultar mi enojo como mi preocupación,  no le comenté nada de lo que había descubierto, no obstante,  para ver su reacción, le dije que echaría agua Bendita en la casa,  para ver si terminaba todo lo que estaba pasando.

Ya esperaba su reacción, me miró de una manera amenazante,  alterado me gritó que ni se me ocurriera,  que esas eran tonterías, que él no creía en Dios, ahí comprobé que la cosa del diablo iba en serio.

 Ese mismo día se deshizo de las pocas imágenes religiosas que teníamos en la casa,  quemándolas en el patio, mientras hacía una mueca de desagrado, cuando terminó de hacerlo,  se encerró en ese cuarto del altar.

Ya en la noche tuvimos una discusión muy fuerte, le dije que me iría de la casa, pero me amenazó con hacerme cosas terribles si lo dejaba, me recalcó que era satánico, que su señor me destruiría si hacía algo en su contra.

Así estuvimos por mucho tiempo, en ocasiones se reunía con otros hombres en ese cuarto para hacer invocaciones, sé que adoraban a esa figura del diablo,  hacían pactos, otras muchas cosas que nunca pude ver,  solo los oía, no podía hacer nada para impedirlo por el miedo que sentía.

Viví así temerosa por años,  siendo maltratada por Dagoberto, me tenía prohibido hablar con los vecinos o con mis familiares, tampoco podía recibir visitas ni hablar por teléfono, todo porque no quería que nadie se enterara que tenía practicas demoniacas.

Dentro de mi casa siempre había un mal olor, muchas veces se movían solas las cosas o tocaban la puerta de nuestro cuarto, otras noches se escuchaban gritos horribles,  yo lloraba mientras mi esposo dormía, parecía que él no escuchaba nada.

Se sentía una fuerte presencia maligna que hasta el perro que teníamos salió un día y jamás regresó a la casa, sintiendo quizá la amenaza del diablo.

Un día inesperadamente todo cambió, mi marido se volvió temeroso, casi no salía de casa,  hasta las personas dejaron de venir, los ruidos inexplicables, los murmullos, todas las cosas que se escuchaban,  se volvieron más espeluznantes.

Poco a poco la situación se volvió intolerable y aterradora, era como vivir en una casa embrujada o algo así, porque las cosas cambiaban de lugar sin que nadie las tocara.

La mayoría del tiempo estábamos con los focos prendidos, porque mi marido le tenía mucho miedo a la obscuridad, siempre estábamos encerrados en el cuarto, porque por alguna razón ahí no se sentía nada raro.

Pero una noche todo cambió,  un mal presentimiento me hizo despertar, aunque no había nadie más que nosotros en la recamara, sentía que una diabólica presencia nos miraba.

Rumbo Al Infierno Historia De Terror

rumbo-al-infierno-historia-de-terror
rumbo-al-infierno-historia-de-terror

A partir de esa noche una figura grotesca empezó aparecer en un rincón de nuestro cuarto, lo hacía por instantes, luego desaparecía,  pero esos segundos bastaban para que mi marido temblara de miedo al igual que yo.

Nunca la alcancé a ver bien,  pero sabía que era el maligno, se sentía esa mala vibra, el miedo que me daba era diferente, además mi esposo  aseguraba que era Lucifer.

El se la pasaba repitiendo que el diablo pronto se lo iba a llevar al infierno, esto lo decía estando despierto,  porque dormido se movía constantemente por las pesadillas que tenía, sufría tanto,  que en cuestión de días empezó a bajar de peso.

A pesar de que al principio yo también tenía mucho miedo, llegó el momento que me alegraba un poco al mirarlo así, no lo atendía,  ni le tenía ninguna consideración, por lo malo  que siempre fue conmigo.

Por las noches me contaba las cosas terribles que había hecho, empezando con venderle su alma al diablo a cambió de riqueza, aunque suene ridículo el pacto solo era por 8 años y estaban por cumplirse.

Me decía que él quería pactar de nuevo,  pero que el diablo le decía que no mientras se carcajeaba de una manera burlona,  además de amenazarlo  día y noche.

Durante ese el tiempo que duró el pacto, me confesó que humilló a muchas personas,  vivió en los excesos,  en el desenfreno, he hiso todo lo malo que el diablo le decía que hiciera, sin importar que cosa fuera.

Llegó a sacrificar animales,  como gatos y gallinas, pero hubo una cosa que nunca quiso hacer aunque el diablo se lo pedía, sacrificar a una persona, una mujer para ser más específicos, tal vez por eso ya no le intereso al maligno nada de él.

Faltando unos cuantos días para que todo llegara a su fin, se encontraba más nervioso y asustado que nunca, me contaba que el diablo lo atormentaba todas las noches,  diciéndole las muchas formas que podría torturarlo antes de llevárselo.

Temblaba de miedo cuando me decía que el diablo se metía en sus sueños para castigarlo, mientras lo ahorcaba  lo  picaba con una punta al rojo vivo.

Sufría de alucinaciones, a altas hora de la madrugada me despertaban sus gritos, trataba de quitarse arañas que no existían, me pedía ayuda,  pero yo nada podía hacer.

En muchas ocasiones me pidió que me fuera con él cuando se lo llevaran,  porque le daba miedo llegar solo al infierno, también me llegó a pedir que yo le entrega  mi alma al diablo para salvarlo a él,  pero por supuesto que me opuse rotundamente, sabía que toda esa situación no era un juego, por eso tenía mucho cuidado con lo que yo hacía o decía.

Aunque había acumulado mucho dinero, este había desaparecido, su auto se lo robaron de afuera de la casa, lo corrieron del trabajo,  por si fuera poco, estaba encerrado en la casa muerto de miedo como nunca lo había visto.

Ya no podíamos dormir,  porque decía que escuchaba la voz del diablo todo el tiempo, y lo veía en todas partes, a veces gritaba pidiendo ayuda a Dios, o se ponía a rezar lo poco que sabía, yo me tapaba los oídos haciendo como que no lo oía.

Una noche pasadas de las 3:30 de la mañana,  aunque suene raro, me despertó un inquietante silencio, era la primera vez después de semanas que no se quejaba ni gritaba, en lugar de tranquilizarme me resulto extraño.

Voltee a verlo,  para comprobar que sí respiraba, así estuve unos segundos, luego me di cuenta que no se escuchaba ninguna clase de sonido, ni risas, ni voces, ni nada.

Pensé que sería una noche tranquila, cuando me disponía a dormir de nuevo,  mi esposo empezó a respirar de una manera exagerada, por momentos parecía que se ahogaba,  se agarraba el cuello con las 2 manos, después de unos minutos dejó de moverse.

Apenas me iba a levantar a prender el foco,  pero escuché que me dijo que no encendiera la luz, ahora en este tiempo,  cuando recuerdo esta parte,  puedo asegurar que esa no era su voz.

Estando a obscuras, en silencio,  con mi esposo sin moverse,  me empecé a poner más nerviosa, después de unos segundos Dagoberto empezó hablar solo, lo hacía sin sentido, se preguntaba que donde estaba, repetía una y otra vez que tenía mucho frio, que esa obscuridad le daba miedo.

De pronto gritó: quienes son ustedes? lo hiso tan fuerte que me levante de la cama espantada, mi marido no se movía,  solo hablaba con los ojos cerrados, lo más lógico era pensar que estaba teniendo una espantosa pesadilla, por eso me dispuse a despertarlo.

Cuando lo toqué me di cuenta que estaba helado, lo empecé a tocar en la cabeza, los brazos, los pies, estaba totalmente frío, aunque no temblaba le puse una colcha encima, él seguía discutiendo con alguien,  diciendo que se lo querían llevar.

Desesperado Dagoberto gritaba que lo soltaran, yo entré en pánico porque en el cuarto no había nadie, quise salir para pedir ayuda,  pero por más que lo intente nunca pude abrir la puerta.

Me senté en un rincón a escuchar como ordenaba con malas palabras que lo soltaran, gritaba que él era amigo del diablo, que siempre había hecho lo que él le pedía.

Por largos minutos estuvo gritándole al diablo para que lo ayudara, tal vez como no tuvo respuesta empezó a maldecirlo, después le gritaba a Dios por ayuda,  pero todo parecía en vano,  porque también maldijo a Dios.

Todo se volvió aterrador cuando empezó a gritar como si lo estuvieran torturando, apretaba los dientes como tratando de aguantar el dolor, luego me gritaba que lo perdonara, que le ayudara.

Lo más perturbador fue cuando empezó a gritar que se estaba quemando, eso me lleno de terror, ya no lo quería, pero era mi esposo.

Gritaba para que le tuvieran piedad y clamaba a Dios que lo quitara de ese sufrimiento, después de mucho rato le suplicó al diablo para que ya lo matara, porque ya no podía más.

Pasaban los minutos y su sufrimiento era interminable, seguía pidiendo a gritos que pararan, de rato escuché que empezó ahogarse tan feo que presentí que se estaba muriendo.

Cuando dejó de gritar,  yo ya estaba petrificada, al borde de un ataque, lentamente me levante para ver cómo había quedado mi marido, pero estaba igual, inerte, con los ojos cerrados como si nada hubiera pasado.

Cuando me acerqué a él,  supe que había muerto, porque ya no respiraba, todo lo que estaba pasando me parecía imposible,  prendí el foco, luego temerosa hice por abrir la puerta, para mi sorpresa esta vez si pude salir, tomé el teléfono e informé a las autoridades.

Cuando colgué escuché que Dagoberto me habló, me sorprendí tanto que no me moví de lugar, se me vino a la mente pensar que tal vez me había equivocado y mi esposo estaba vivo.

Entré al cuarto de prisa, sin tomar en cuenta que el foco que acababa de prender estaba apagado,  todavía estaba obscuro, serían como las 6 de la mañana.

Le hablé pero no respondía, intenté moverlo pero al tocarlo estaba frio y duro, seguía en la misma posición,  estaba muerto, solo,  que de que alguien me había hablado no tenía ninguna duda.

Salí de nuevo del cuarto, cerré la puerta tratando de convencerme que todo era producto de mi imaginación, apenas me había sentado en el sillón,  escuché de nuevo que me habló, cuando voltee al cuarto la puerta estaba abierta.

Desde donde estaba, con horror pude darme cuenta, que quien me hablaba no era mi marido, sino una figura espantosa del diablo, muy parecida a la que miré en el altar.

Estaba de tras del cuerpo de mi esposo, pareciera que me miraba, yo quería levantarme, para salir corriendo, pero por la impresión tan fuerte que tenía, no podía hacerlo.

Así estuve por varios minutos hasta que amaneció, cuando empezó a entrar la luz de la mañana esa siniestra figura desapareció por completo, yo aproveché para salir casi corriendo de la casa llena de miedo.

A las 7 de la mañana llegó una ambulancia,  un para médico revisó el cuerpo de Dagoberto, cuando lo escuché decir que había muerto de un paro cardiaco y que ya tenía aproximadamente 4 horas de muerto, les dije que estaban equivocados, que hacía menos de 2 horas había estado gritando.

Uno de ellos me miró mientras movía la cabeza diciendo que no, me dijo que los médicos nunca se equivocan,  el dictamen no miente, me aseguró, la hora estimada de su muerte es 3;30 de la madrugada.

Mientras se llevaban el cuerpo, yo me sentía confundida, todo hacía suponer que después de morir mi marido,  fue llevado y torturado en el infierno, mientras yo lo escuchaba en tiempo real.

Fue un gran susto el que pasé esa noche, al verme sola en casa me sentí más tranquila, ese  día después de mucho tiempo volví hablar con los vecinos, que estaban afuera mirando que se llevaban el cuerpo de mi esposo.

Cuando les conté todo lo sucedido, algunos de ellos me ayudaron a quitar ese horrible altar, lo hicimos sin tocar nada con las manos, después todo eso lo quemamos en un terreno baldío.

Hubiera querido que todo terminara aquí, pero terriblemente no fue así, pasando los funerales de mi esposo, una noche mientras dormía,  muy a lo lejos empecé a escuchar a Dagoberto que me hablaba.

Luego claramente escuche que lo hiso cerca de mi oído, me desperté sobresaltada, al verme en mi cama me tranquilice al saber que todo había sido una terrible pesadilla, aún así miraba para todos lados asegurándome que estaba sola en el cuarto.

Muy vagamente podía escuchar algunos sonidos extraños, parecían pasos afuera de mi cuarto, también oía que alguien hablaba muy rápido, sin entender claramente lo que decía, tal vez era mi imaginación, pero podía asegurar que era la voz de mi esposo.

También cabía la posibilidad que fuera otra vez ese diabólico ser,  tratando de engañarme con alguna perversa intención, porque mi marido estaba muerto y no creía que se iba andar apareciendo.

Al recordar la frase que estaba escrita en el altar, donde decía que hasta yo le pertenecía al diablo,  me hiso sentir un gran escalofrío, eso si me alteró.

Empecé a rezar, lo hice toda la noche sin descanso, pidiéndole a Dios que me librara de todo mal, casi al amanecer decidí salir del cuarto, nerviosa miraba para todos lados, al voltear hacia afuera, claramente pude ver a Dagoberto pasar por una de las ventanas, rumbo al cuarto donde tenía aquel altar.

Me dio un ataque de pánico,  ya no sabía qué hacer,  tal vez eran alucinaciones,  pero eran aterradoras, si me quedaba ahí estoy segura que perdería la razón.

Ya no podía aguantar de nuevo situaciones terroríficas como las que había vivido, no exagero al decir que mi vida corría peligro, porque a veces por los sustos se me aceleraba mucho el corazón.

Así que ese mismo día sin pensarlo mucho, abandone la casa dejando todo adentro,  porque quizá todo estaba maldito, además me aterraba pensar que el espíritu de mi esposo Dagoberto deambularía por todo el lugar, que un día fue suyo.

O tal vez como decía esa frase, todo, el terreno, la casa, lo que hay dentro de ella, e incluyendo a mi esposo,  ahora son del diablo,  si es así, pobre de aquel que pretenda vivir en ese lugar, porque correrá esa terrible suerte.

Tampoco yo podría escaparme, vivo con el miedo de que un día venga el diablo y reclame mi alma, aunque ya ha pasado el tiempo, como quiera nunca podre vivir tranquila.

Autor: Gato Negro

Derechos Reservado

Share this post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Historias de Terror