La Mujer Ave Historia de Terror

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Hace algunos años, tuve que brindar mis prácticas médicas en un pueblo muy alejado de las grandes ciudades La Mujer Ave Historia de Terror. De hecho, fue como una especie de trato que hice con la escuela, pues el trabajo sería algo pesado. El centro de salud en el que estaría dando consulta, solo se abría una sola semana al año.
Aquella localidad estaba en medio de la sierra madre occidental, muy cercano a otro pueblo muy famoso por la renta de cabañas. De hecho, ese fue nuestro primer destino, pasamos una noche en aquel pueblo. Me reservo el nombre de estos lugares, más que nada por respeto a sus pobladores.
Como dije anteriormente, tuvimos que pasar una noche en el pueblo vecino, pues el transporte solo salía una sola vez, y era por la mañana. Nos hospedamos en un hostal y al día siguiente, a primera hora, abordamos un camión muy deteriorado, estaba todo oxidado y con las ventanas rotas. El chofer era una persona casi tan vieja como el mismo transporte. La mayoría de las enfermeras se quejaron, yo me reservé mis comentarios, más bien mantenía mis dudas, acerca de que el transporte funcionara. Cuál sería mi sorpresa que encendió a la perfección.
El camino era muy sinuoso, tuvimos que parar varias veces, no por fallas del camión, sino porque encontramos algunos obstáculos en el camino, ramas, enormes rocas y hasta algunos enormes socavones a los que se les tuvo que rodear. Llevábamos ya más de una hora de camino y todo el personal comenzó a mostrarse inquieto. Llegamos hasta un camino de piedra, más delante nos encontramos con una pendiente muy pronunciada, al ver que el camión no se detenía, entre en pánico, me pare de mi asiento y fui a pedirle al chofer que parara, más, el señor tranquilamente, me dijo que no me preocupara, que siempre pasaba por aquel lugar. No frenó, solo redujo la velocidad, yo sentí como si el corazón se me fuera a salir, sin embargo, atravesamos la pendiente sin mayor problema. Debajo ya se veía la entrada al poblado, que más que pueblo, parecía una comunidad muy pequeña, pues se veían muy pocas casas y hasta donde me habían contado, en aquel lugar solo existía una sola tienda.

Nos estacionamos justo afuera de la casita que funcionaba como centro de salud.

Dentro todo era muy rústico, mantenía muebles de hospital muy viejos, quien sabe en cuanto tiempo no los habían cambiado, camas, escritorios y gabinetes, todo estaba muy viejo, aunque funcional. Nos habían dicho que teníamos dos opciones para pasar la noche, una era, en la misma casa de consulta y otra era, ir a la casa de una de las personas que más propiedades poseía en el pueblo, según nos habían dicho, él fue quien donó la casa para que fuera usada como centro de salud, era un hombre ya muy viejo que no vivía en el pueblo, él se encontraba en un hospital privado en la capital.
Todavía no terminábamos de instalarnos, cuando ya teníamos una fila de personas que deseaban ser atendidas.
La mayoría de personas que atendí, eran personas ya muy mayores, que, al realizar exploraciones básicas, parecían mantener muy buena salud, sin embargo, la mayoría, informaba que se sentían mal, decían perder la vista a ratos, sentir náuseas además de que todos mencionaban mantener pesadillas y fiebre alta repentina, sin embargo, en las exploraciones durante la consulta no note nada extraño, ningún signo de enfermedad alguna. No obstante, yo escribí cada caso, en mi bitácora.
Conocí a una mujer muy joven, quien se ofreció como voluntaria para apoyar. Ella nos platicó a un par de enfermeras y a mí, que, en aquel lugar, las personas eran muy creyentes de la brujería, y que, a su criterio, todos sus síntomas eran sugestionados, pues, aunque había cosas extrañas en medio de la sierra, jamás conoció a alguna persona del pueblo que se dedicara a hacer limpias o hechizos, según ella esas cosas solo se hacían en las grandes ciudades.

Me hizo gracia platicar con la jovencita, pues al menos yo, pensaba que esas historias de brujas y Nahuales solo ocurrían en poblados lejanos.

Atendía a una persona que presentaba un resfriado común, cuando llegaron dos muchachos, a informarme que su hermano menor se encontraba muy enfermo, y necesitaban que acudiera de urgencia.
Salí junto con dos enfermeras rumbo a la casa de los muchachos, esta se encontraba hasta donde terminaba el poblado. Era una pequeña casita de adobe con tejas de barro, con un pequeño corral en la parte trasera, y más allá estaba el campo abierto.
Entramos en la casa, el menor se encontraba sobre un petate, con muchas cobijas encima, deliraba, gritaba cosas sin sentido. Le tomamos signos vitales y para mi asombro, lejos de presentar una temperatura alta, su cuerpo estaba muy frío. Hicimos todo lo que pudimos, y logramos aumentar su temperatura, una vez que estuvo tranquilo el niño, nos contó que todo lo que le ocurrió, fue causado por la bruja que vive en el bosque. Según el niño, la bruja llegaba por las noches y se paraba afuera de su ventana, pues quería robar su alma para utilizarla en uno de sus embrujos.
Se nos hizo fácil seguir el juego al niño, por lo que lo nos dirigimos a su habitación, donde nos indicó, la ventana donde solía ver a la bruja. Me acerqué hasta el cuadro de madera que formaba la ventana, y entre el vidrio y el cuadro, encontré un pedazo de piel negra, con algunas plumas del mismo color. El niño vio las plumas y comenzó a gritar, que era parte de la piel de la bruja que lo visitaba, que la última vez que estuvo allí, su papá la corrió a tiros y al quedarse atorada allí, un pedazo de piel se le arrancó. No quise contradecir al niño, tome la piel y me la llevé para analizarla en un rato que tuviera libre, era demasiado gruesa para pertenecer a algún ave.
Regresé a consulta, y por mera curiosidad, empecé a preguntar a las personas a las que atendía, si sabían algo de alguna bruja que se apareciera por allí cerca. Cuál sería mi sorpresa, que la mayoría de las personas coincidían, que efectivamente, en las afueras del poblado, solía aparecerse una bruja, a veces con forma humana, a veces con forma de animal, sobre todo se aparecía con forma de un ave. Según las personas del pueblo, debían ser muy precavidas con sus hijos, pues este ser, solía raptarlos y jamás los volvían a ver, una señora incluso me dijo, que, por este motivo, no solía haber muchos niños en la comunidad.
Me sorprendió el número de personas que me daban el mismo relato.
En un rato libre, comencé a analizar el pedazo de piel con plumas. Lucia demasiado extraño, la piel, como les dije, no era parecida a la de ningún animal que conociera. Después de mirar por largo rato, sentí como si la piel temblara por si sola. Al principio creí que solo eran mis nervios jugándome una broma, pero el fenómeno se repitió, así que fui a hablarle a otro médico, que también fue testigo de que aquel pedazo de tejido con plumas se movía por si solo. Por miedo a que la piel tuviera algún parásito que ocasionara aquel extraño movimiento, le prendimos fuego y lo redujimos a cenizas.
Decidí pasar la primera noche, en la casa que nos ofrecieron, pues el lugar brindaba una mayor comodidad, sobre todo porque aquella casa, poseía el triple del tamaño del centro de salud, y podía tener una habitación, por dos personas.
Aquella primera noche, caí rendido. La habitación que se me había asignado, se encontraba hasta el fondo de la casa, mantenía un enorme ventanal que daba a un corral con algunos cerdos. Me mantuve dormido sin problemas las primeras horas de la madrugada, desafortunadamente, mi compañero de habitación me despertó de repente, informándome que algo extraño estaba ocurriendo fuera, en el corral de los cerdos.
Hacía muchísimo frío, y efectivamente, algo andaba mal, los cerdos chillaban de desesperación, nos asomamos por la ventana, y vimos como un par de rancheros alumbraban con sus lámparas. Realmente no vimos mucho, pues todo allá afuera era muy oscuro y las lámparas de los rancheros iluminaban muy poco, aun así, les puedo asegurar, que vimos correr a una mujer desnuda, con la piel flácida. Aquella visión no tardó en desvanecerse en la penumbra de la noche. Al día siguiente nos enteraríamos de que a un par de cerdos, les arrancaron los ojos. Nos pidieron que echáramos un vistazo, pues en el poblado, no había ningún veterinario.
Las heridas eran extrañas, demasiado perfectas para que algún animal lo hubiera hecho, además, encontramos plumas de ave negra. La gente murmuraba que todo había sido obra de la bruja que vivía en el fondo de la sierra.
El día en el centro de salud, fue un poco más tranquilo que el anterior, básicamente solo pusimos algunas vacunas contra la influenza, y esquema básico a los pocos niños que habitaban el poblado.
Estábamos tomando nuestro almuerzo, el cual había sido preparado amablemente por una señora del pueblo, cuando llegaron corriendo dos hombres, nos informaban que uno de sus hijos se encontraba malherido cerca de un sembradío de frijol.
Llegamos hasta el campo y atendimos al niño, tenía una severa herida en la cabeza, sin embargo, no me tocó a mí atenderlo, pues estando allí, la mamá del niño, una mujer de apenas 17 años de edad, nos pidió, a mí y a los dos hombres que nos guiaron hasta allí, que fuéramos hasta una ladera, donde según ella, su hijo menor, un bebé de brazos, había sido raptado por la bruja. De primera mano no me creí la historia, pero la mujer se veía muy desesperada.
Caminé entonces junto a los otros dos hombres, que iban bien armados con un par de machetes. Atravesamos varios sembradíos, yo iba con miedo, pero no por lo que fuéramos a encontrar, sino de los hombres que me acompañaban, no sé, no me daban tanta confianza, se veían muy rudos.
Salimos de los campos sembrados y llegamos hasta una brecha muy angosta que terminaba en una zona llena de árboles, los hombres me dijeron que ellos sabían donde vivía aquella bruja y que esperaban atraparla.
Nos topamos con una pequeña casita de adobe y tejado de láminas, cuál sería mi sorpresa que escuché llorar a un bebé. No había puerta, los hombres irrumpieron, sin embargo, se quedaron paralizados al igual que yo, ante una aterradora imagen.
Dentro, había una mujer con un vestido negro, con un rostro que no lograría describir a la perfección, era tan grotesco, tan aterrador y siniestro. Era como si su rostro humano estuviera mezclado con el de un pico de ave, lo mismo que sus ojos, en una de sus manos sostenía al pequeño bebé y con la otra abría su estómago con una navaja. Los hombres despertaron de su parálisis y se le dejaron ir a machetazos, el ser amorfo se echó para atrás, yo vi como si le saliera humo del cuerpo, y aunque estaba muy aterrado, me acerqué a agarrar al niño, a quien de inmediato hice todo lo que pude para parar la hemorragia que le salía de su estómago.

No supe que paso después, solo escuché a los hombres decir que la bruja se les había escapado.

Corrí a la clínica con la pequeña criatura en brazos.

Afortunadamente pudimos salvarlo. La madre del niño, una vez que logro tranquilizarse, nos agradeció obsequiándonos algunas mazorcas, un costal de frijoles y cosas así.

Me costó un tiempo asimilar lo que presencié, pues iba más allá de todo en cuanto creía, esto me quitó el sueño, aun semanas después de que abandonara aquel extraño poblado, donde la gente es amable.
Jamás he vuelto a aquel poblado y en mi vida no he vuelto a presenciar algo tan maligno como mi encuentro con esa especie de bruja.
 
Autor: Mauricio Farfán
Derechos Reservados

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