La Morgue Del Culto Historia de Terror

La Morgue Del Culto Historia de Terror

Me llamo Luis, soy médico veterinario y durante muchos años pertenecí a un extraño culto religioso La Morgue Del Culto Historia de Terror.
Yo conocí a la secta mediante un excompañero de la preparatoria. Él había tenido problemas con las drogas durante la escuela, fue por eso que no estudió la universidad. Así que cuando me lo volví a encontrar, limpio y con un buen trabajó me impactó mucho. Quise invitarle un trago, pero tampoco tomaba. Así que fuimos por un café.
Ahí me contó que una ocasión conoció a un miembro del culto, lo invitó a formar parte y aceptó, total ya había tocado fondo y no tenía nada más que perder. Me dijo que le enseñaron como salir de la adicción, que le devolvieron la confianza en sí mismo, logró superarse. Era un testimonio ciertamente asombroso.
En ese momento yo estaba pasando por una depresión, no tenía pensamientos suicidas, pero si estaba mal conmigo mismo. Así que ese culto religioso lo había podido ayudar a él pensé que también me podían ayudar a mí.
Le dije a mi excompañero que lo que me decía sonaba muy bien y que me interesaba saber un poco más sobre el culto. Le pasé mi número y quedó de llamarme en unos días.
Así fue, se comunicó conmigo para decirme que podía presentarme en el culto. Me presenté y me quedé.
Me lavaron tanto la cabeza que dos años después dejé mi trabajo en Monterrey para irme a vivir a Brasil, ahí estaba el núcleo del culto, ahí vivía el líder. Vivíamos en medio de la selva. No éramos muchos, pero sí éramos al menos cien. Sonará poco para un culto religioso, pero créanme cuando les digo que a día de hoy ese culto tiene miles de seguidores, claro está que no todos tienen la posibilidad de viajar para irse a vivir a la selva brasileña.
Digamos que éramos una comuna, no nos faltaba comida, no había para repetir plato, pero no pasábamos hambre. Había personas de Estados Unidos, de España y claro de varios países de Latinoamérica.
En cuanto al líder, podría describirlo como una persona confiada, seguro de sí mismo, conocedor de la fe de sus seguidores. Siempre estaba sonriendo, jamás se enojaba, pero algunas veces se ponía serio, su cara de serio era intimidante, con su expresión se encargaba de recordarnos que ase era su territorio y que ahí debían seguirse sus reglas.
Todos éramos felices en la selva. Al vivir rodeado de animales peligrosos y otras cosas no era raro que alguien muriera de vez en cuando por alguna enfermedad tropical o que fueran víctimas de la fuerza de ella naturaleza. Así que la comuna tenía su pequeña morgue. En determinado momento la persona que se encargaba de atender la morgue murió, así que el líder del culto, estando al tanto de mis conocimientos en medicina, me dijo que yo sería ascendido ha encargado de la morgue. Claro que acepté.
Dejen les aclaro que la morgue que teníamos en la comuna no tenía absolutamente nada que ver con las morgues de las ciudades. Nuestra morgue era una cabaña aislada, cubierta de plástico. Dentro había una bañera que se llenaba con hielo solo cuando había un muerto. La temperatura en la que se tenían los cuerpos oscilaba entre los 5 y los 7 grados. Esa temperatura no impide la descomposición, pero si la retrasa un poco. Los artefactos para trabajar estaban lejos de ser artefactos médicos, parecían más bien artefactos de tortura.
En lo que traían el hielo para mantener el cadáver del anterior médico le pregunté al líder del culto sobre el protocolo que había que seguir en la morgue.
La pregunta la hice porque una vez que alguien moría de la comuna no había entierro ni se decían unas palabras en su honor, lo único que ocurría era que se realizaba una cena especial, jamás se mencionaba al muerto, pero sabíamos que era ese el motivo.
El líder del culto me explicó que ahí no se buscaba la causa de la muerte, sí se realizaba la extracción de órganos, lo siguiente que me dijo me dejó helado, el encargado de la morgue tenía que cortar las extremidades del cadáver para alimentar a la selva.
No tuve tiempo siquiera de buscar alguna excusa para negarme, el líder me puso la mano en el hombro y me agradeció por aceptar. Esa gente es experta en la manipulación.
Sí, hice exactamente lo que el líder de la secta me ordenó. No cuestioné, no pregunté, solo obedecí, mi cerebro estaba programado para hacer cualquier cosa con tal de satisfacer las necesidades de la comuna y del líder.
Los órganos que estaban buenos por así decirlo, se utilizaron para preparar cena especial. Esa noche no cené, estaba muy asqueado, por no dije nada para no hacer enojar al líder. Debo confesar lo que lo hice en más de una docena de veces. Lo normalicé a tal punto que inclusive ayudaba a preparar la cena.
Jamás matamos a nadie, todo morían por diversas causas ajenas a la mano humana. En una ocasión tuve el valor de preguntarle al líder sobre el porqué nos comíamos a los hermanos muertos. Ciertamente, yo esperaba un castigo por atreverme a preguntar, pero no, el líder me explicó que se hace así para purificar el alma del fallecido. Dijo que la mayoría de las personas cuando sienten que van a morir se llenan de miedo, eso, según el líder, contaminaba el alma. Dijo que la única manera de que pudiera despejarse de ese miedo y poder ascender era que estuviera literalmente dentro de nosotros, saber que su cuerpo nutrió a sus hermanos. Acepté esa explicación.
Una noche el líder y su guardia personal llegaron con una criatura amarrada, estaba muerta, la llevaron a la morgue. Depositaron esa cosa en la bañera, yo pregunté por el hielo y el líder me dijo que no era necesario, que esa cosa no era humana así que no íbamos a probar su carne.
Claramente, eso no era humano, pero tampoco era animal, como dije soy veterinario y a pesar de que en sí tenía rasgos de animales esa cosa no estaba ni cerca de ser un animal.
Su pelaje era delgado y liso, como el de un gato, tenía pico en lugar de boca, tres pesuñas en cada extremidad, pero lo más extraño era su cola, medía al menos 70 centímetros, muy similar a la cola de un león, lo extraño era que en punta de la cola tenía una cosa que parecía una mano.
Por supuesto estaba aterrado así que le pregunté al líder qué demonios era esa cosa. Me respondió con una palabra extraña que no entendí, tan complicada que ni siquiera la puedo pronunciar, uno de los guardias del líder, un hondureño, supo que yo no había entendido, entonces me dijo que esa palabra no tenía una traducción al español pero que la palabra que más se le acercaba al significado era Nahual.
Ya había escuchado algunas historias de Nahuales, y lo poco que sabía era que esas cosas eran de temerse, entonces le pregunté al líder el porqué me lo habían traído a la morgue, me dijo que esa cosa era un demonio que estaba perturbando la tranquilidad de la selva. Así que teníamos que abrirlo para apuñalar su corazón.
Yo no quería hacerlo, definitivamente no quería acercarme al cadáver de un Nahual. Se lo hice saber al líder, me dijo que no debía de tener miedo, que esa cosa ya estaba muerta. Entonces le pregunté por qué había que apuñalar su corazón si ya estaba muerta, me respondió que la maldición podría pasarse a otra persona si no lo hacíamos.
No tuve otra opción, tomé un cuchillo y me acerqué al cuerpo para abrir su pecho, de pronto esa cosa levantó una de sus patas rompiendo la cuerda con la que estaba amarrada, yo grité asustado y caí de espaldas, no solté el cuchillo pues pensé que en cualquier momento esa cosa se iba a levantar y nos iba a matar a todos, pero nada pasó. El líder me ayudó a ponerme de pie y luego se dijo a sus guardias que buscaran alguna excusa para alejar a la comuna para que nadie se asustara en caso de que hubiera otro grito.
El líder y yo estábamos frente al cuerpo cuando vimos que se enderezó para quedar sentado. De pronto esa cosa abrió la boca y emitió un quejido aterrador. Era un sonido de otro mundo, un sonido proveniente de un oscuro y profundo pozo.
El quejido duró unos 5 segundos, después el Nahual volvió a desvanecerse. Era como si solo se hubiera levantado para expulsar su último aliento.
El líder tenía una cara de miedo, jamás lo había visto así, eso me impactó. Ambos nos quedamos paralizados unos minutos. Pasó el tiempo y el Nahual ya no se movía, me acerqué para estar seguro, esa cosa tenía los ojos inyectados de un color rojo brillante. No tenía pupilas, tampoco pestañas ni cejas. Olía raro, como a perro mojado. Pero ya no se movió, eso era lo importante.
Finalmente, pude abrir al Nahual, su corazón estaba latiendo con mucha fuerza, parecía un motor, el líder me sujetó las manos y juntos hicimos que ese corazón se detuviera.
Esa experiencia fue demasiado para mí. La noche siguiente abandoné el culto, hui de la selva sin que nadie se diera cuenta. Pasé la noche escondido en un basurero. La mañana siguiente salí a la calle a pedir dinero, conseguí para poder rentar una computadora con internet y pedí a mis familiares y amigos que fueran a rescatarme.
Los cultos religiosos son especialistas en envolverte con su amabilidad. Sí, te ayudan a sentirte mejor, pero ya no te sueltan. Si tú formas parte de un culto te invito a salirte, no vaya a ser que un día te pidan apuñalar el corazón de un Nahual….
 
Autor: Ramiro Contreras
Derechos Reservados

Share this post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


Historias de Terror