La Morgue De Lecumberri Historia de Terror

La Morgue De Lecumberri Historia de Terror

Soy médico, mi formación académica la tomé en Francia. No puedo revelar más detalles de mi identidad, puesto que la historia que quiero compartir es un tanto delicada. Yo trabajé en la prisión de Lecumberri durante su última época. Trabajaba en la morgue La Morgue De Lecumberri Historia de Terror.
En caso de que alguien no sepa de lo que estoy hablando, la prisión de Lecumberri fue la prisión más moderna de México durante el porfiriato. Se inauguró en el año 1900, luego de 15 años de construcción, con el paso del tiempo se fue ganando el sobre nombre de El Palacio Negro.
Ubicada al noreste del centro de la Ciudad de México, era una prisión de máxima seguridad con un diseño muy avanzado que permitía tener bajo observación cada rincón de las instalaciones. Ningún prisionero tenía privacidad. Eso degradaba seriamente la salud mental de quién tenía la desgracia de estar detenido ahí.
La prisión estaba diseñada para almacenar a poco más de 900 prisioneros. Pero durante sus últimos años llegó a contener casi seis mil presos. Eso significa que donde se supone que debía dormir una persona, dormían seis o siete. Eso, sumado al estado mental tan dañado de muchos prisioneros generaba escenarios bastante macabros.
Caminar por la prisión era espantoso. La sobre población del lugar daba muy mala espina, no había necesidad de presenciarlo. Quienes trabajábamos ahí sabíamos que todo estaba mal.
Durante el sexenio de Miguel Alemán la prisión de Lecumberri se convirtió en el destino de todos los opositores del partido tri color, eran llevados ahí bajo el título de presos políticos.
A muchos de los cuerpos que llegaban a la morgue no les realizábamos autopsia, no había necesidad, simplemente con ver que estaban prácticamente en los huesos era obvio que habían muerto por inanición. El Palacio Negro comenzó a transformarse en un Campo de Concentración donde quienes entraban estaban destinados a morir de hambre.
Recuerdo que había celdas de castigo, eran lugares diminutos donde no entraba el sol, cuando un prisionero era llevado a esa celda se le privaba de agua y comida, tampoco había baño, era como estar en el Infierno. Los prisioneros podían pasar ahí hasta semanas dependiendo la firmeza del castigo.
En muchas ocasiones la morgue se saturaba, me refiero a que llegaban docenas de cadáveres en un solo día, esto ocurría cuando los prisioneros cometían el error de querer tomar el control de la prisión, no tenían piedad con ellos, los mataban como si fueran animales.
Debo confesar que dudé mucho antes de animarme a contar mi experiencia en la penitenciaria de Lecumberri. Una cosa que se ignora es que muchos de los estudiantes que fueron capturados durante la matanza de la plaza de las tres culturas fueron llevados a Lecumberri. Esto lo sé porque me tocó ver algunos de sus cuerpos.
No existen palabras para describir la horripilante sensación que se podía experimentar en la morgue de Lecumberri. No hacía falta que fuera de noche, a las 3 de la tarde de un día soleado daba miedo entrar ahí.
El pasillo por el que había que caminar para llegar a la morgue hacía bastante eco, esto ocurría porque toda la estructura de Lecumberri era de un metal bastante denso, y había sido recubierto con piedra.
En más de una ocasión llegué a escuchar lamentos en ese oscuro pasillo, lo peor es que yo no sabía si se trataba de algún fantasma o de los prisioneros, esa incertidumbre no se la deseo a nadie.
Fueron pocas las ocasiones que me tocó trabajar de noche. Pero cuando me tocaba siempre me tocaba saludar a un muertito. Me explico, a veces, cuando pasaba por la panadería podía ver a alguien parado en uno de los hornos. Algunas veces me respondían el saludo y algunas otras veces no. En una ocasión los guardias siempre me dijeron que no debía saludar a nadie que viera ahí dentro. Pues nadie prepara pan durante la noche.
También tuve algunas experiencias que rayan en la locura. En más de una ocasión me llevaron a la morgue personas vivas. Estas personas se hacían pasar por muertos y una vez que estaban ahí me suplicaban que los matara. No querían volver a su celda, pues decían que horribles cosas ocurrían dentro detrás de las barras de metal.
Recuerdo que una vez me tocó ver como un cadáver se sentó y estiró una mano hacia arriba, después una lágrima resbaló por su mejilla. Quedé tan abrumado por la escena que tuve que salir al pasillo para tomar aire, estaba mareado y sentía muchas ganas de vomitar. Cuando volví a entrar a la habitación el cuerpo ya estaba tendido en la plancha. Pregunté a la administración sobre la identidad de esa persona. Me dieron su nombre y apellido, también me dijeron que había sido encerrado ahí por un crimen menor, estaba esperando su juicio para ser trasladado a otra parte. Ese pobre hombre murió en esa maldita prisión por haber robado un poco de pan para su familia, murió llorando en la espera de un juicio que nunca llegó.
También era bastante común ver sombras en los patios al caer el sol. Y no hablo de unas cuantas sombras, hablo de cientos de sombras que vagaban por todo el lugar, eran las almas que no podían descansar en paz debido a que habían tenido una muerte horrible dentro de ese pútrido lugar.
Recuerdo que se corría el rumor que había una oscura y misteriosa secta dentro de Lecumberri, yo no lo creía, pero cuando me comenzaron a llegar los cuerpos de prisioneros que habían sido asesinados por otros prisioneros para poder quitarles algunos huesos comencé a creer en ese rumor.
Había turnos donde había un tenso silencio, un silencio tétrico que solo era interrumpido por los gritos fantasmales que salían de las esquinas de la morgue, era una pesadilla trabajar ahí, a veces me sentía observado desde las paredes, como si dentro hubiera alguien encerrado, como si, tratando de ocultar algunos cuerpos, los hubieran metido a la infraestructura del edificio. No tengo idea de si lo hicieron, pero la verdad no me sorprendería nada.
Muchos de los trabajadores se acostumbraban a ver fantasmas, la verdad yo no. Nunca entendí como ellos normalizaban cosas como ver que alguien va caminando hacia ti y de pronto desaparece, se esfumaban como si nada. Eran cosas muy feas.
Creo que la historia más conocida es la de Don Jacinto, a ese señor le apodaban El Venado. El apodo se lo ganó en cuanto entró a prisión. Su historia es muy triste. Su mujer tenía un amante, ella junto con ese hombre cometieron un crimen e inculparon a Don Jacinto. Ese señor esperó una visita por parte de su esposa, cada viernes la esperaba, pero ella nunca llegó. El pobre se fue sumiendo en una densa depresión hasta que un día lo encontraron muerto, se había ahorcado, flaco, triste, y sin ilusiones, él ya no tenía ningún motivo para seguir viviendo.
Recuerdo que durante el primer año que trabajé ahí me tocó conocer a un joven con una prodigiosa voz, le gustaba cantar cuando salía al patio, muchos prisioneros se reunían a su alrededor para escucharlo, ciertamente era un deleite.
Este joven venía desde Ciudad Juárez, se llamaba Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido como Juan Gabriel, sí, él estuvo preso en Lecumberri. Fue allá por 1969. Una actriz con muy buenos contactos lo acusó de robo. Juan Gabriel estuvo preso por casi dos años en la penitenciaria de Lecumberri.
El Palacio Negro, trabajar ahí me marcó para siempre, yo ya soy un viejo, perdonen si repetí algunas cosas, lo que pasa es que trabajar con cuerpos sin vida por tantísimos años te afecta la cabeza. Les puedo asegurar que los muertos estaban mucho mejor que los vivos. Jamás podré olvidar las crueles torturas que algunas veces me tocó presenciar.
Ver a un montón de personas amontonadas dentro de una prisión de tres metros cuadrados es realmente aterrador.
Sé que sé más de uno se preguntará por qué no dejé ese trabajo si era tan horrible. La realidad es que yo era muy ambicioso. Pensaba tontamente que el dinero era lo más importante. Cuando me diagnosticaron cáncer entendí lo equivocado que estaba.
Hay lugares aterradores por todas partes, pequeñas criaturas que esperan a que te duermas para entrar por tu ventana, grandes monstruos que acechan en la oscuridad, pero les aseguro que no existe un solo lugar en la tierra que sea más atemorizante que El Palacio Negro de Lecumberri.
Todavía me despierto gritando de miedo por las noches al recordar todos los horrores que tuve que aguantar en esa húmeda y oscura morgue.
Actualmente, El Palacio Negro sigue funcionando, no como prisión claro. Pregúntenle a cualquier trabajador del turno nocturno y ellos podrán narrarle unas escabrosas historias que les harán sentir un escalofrío como jamás han experimentado en su vida….
 
Autor: Ramiro Contreras
Derechos Reservados

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