La Máscara Siniestra

La Máscara Siniestra

Las máscaras dotan de misticismo y enigma a su portador, muchas veces genera más inquietud una máscara siniestra que un rostro aterrador.
Me llamo Damián, vivo en Querétaro, tengo 19 años, pero en aquel entonces tenía solo 10 años. Siempre me he visto rodeado de cosas raras, ya que mi papá viaja mucho por su trabajo, y le gusta traer cosas de los lugares que visita, sobre todo las que tienen que ver con cosas oscuras y misteriosas.
Siempre está hablando de esos temas y hasta se sabe algunas palabras en diferentes idiomas y dialectos. También colecciona cosas como amuletos y algunos aditamentos de hechicería.

En aquel entonces, mi Padre regresó de un viaje que hizo al extranjero, y como siempre trajo recuerdos, cosas que compra para él, pero en esta ocasión me trajo a mí también, porque era mi cumpleaños.
Cuando miré mi regalo, era una máscara extraña, le pregunté a mi papá qué tipo de máscara era, pero me contestó que no lo tenía del todo claro, que la había comprado en un bazar que se veía bastante más antiguo de lo que debería.
Esa máscara era muy rara, lo primero que noté es que cambiaba de color según el ángulo del que recibía la luz, entiendo que existe la tecnología suficiente para construir algo así, pero la máscara era antigua, demasiado, se le notaba en el material, en el olor.

Lo primero que hice fue ponerla sobre mi cara y mirarme en el espejo, cuando me miré me dio escalofríos, no sé por qué, era una máscara como de un brujo, tal vez de vudú, la puse frente a mi cama colgada en la pared, para estarla viendo y ahí se quedó.
Los huecos, donde van los ojos, tenían un aspecto peculiar, no tenían nada dentro, ni una delgada tela ni nada, pero daba la sensación que no eran huecos realmente, no sabría cómo explicarlo mejor, diría que se sentía como si la máscara tuviera ojos, ojos vivos.
En fin, esa noche me dormí temprano porque al otro día iba a la escuela, pero, antes del amanecer, me despertó un ruido fuerte, miré a la pared y mi máscara no estaba, me sorprendí, pero solo se había caído al piso, la levanté y no pasó de ahí.
Revisé la máscara para estar seguro que no le había pasado nada con el golpe, estaba bien, pero cuando la agarré tuve una sensación extraña.
Al segundo día, también me desperté en la madrugada por un ruido igual que la noche anterior, con asombro vi que la máscara estaba en mi cama, como si tuviera su vista dirigida hacia mí, me asusté un poco y le puse un trapo arriba para no estarla mirando, traté de dormir, pero fue imposible.
Tenía esa sensación que todo mundo conoce, esa incomodidad de saber que estoy siendo observado, de saber que estoy corriendo peligro en ese preciso momento.
Me estaba poniendo muy nervioso, comencé a sudar, me sentía que me temblaban los pies y las manos, quería moverme, pero no podía, como si estuviera paralizado, así estuve hasta que me quedé dormido.
A partir de esa noche empecé a tener pesadillas horribles, soñaba que la máscara me hablaba y se reía, se venía directo a mí para morderme, yo manoteaba para defenderme, despertaba todo asustado y empapado en sudor.
Me sentía cansado, pensaba que era porque no dormía bien, a veces me mareaba y tenía ganas de vomitar, pensé en decirles a mis padres para ir al médico, pero me aguanté para no preocuparlos.
Después las pesadillas se hicieron más feas, soñaba con una mujer que traía esa máscara, y empecé a amanecer rasguñado por todo el cuerpo, no sabía porque, ya que no teníamos gatos ni perros.
Con miedo esperaba la noche, ya como a las doce o una, miraba la silueta de esa mujer portando la máscara en un rincón de mi cuarto, y me miraba fijamente y amenazante.
Hasta ese punto esa mujer nunca había intentado acercarse o hacerme algo, no emitía sonido alguno, no hacía nada, simplemente se limitaba a observarme desde una esquina.
No quería contarle a mi Padre, por temor a que no me creyera, pero lo hice, como era obvio no me creyó del todo, pero esa noche, un poco de mal humor decidió ir a dormir a mi cuarto, bajamos un colchón y ahí se acostó, a pesar de que ahí estaba mi papá, yo igual tenía miedo de la máscara.
Fue una noche terrible, apenas me dormí y ya tenía pesadillas, soñé un camino muy largo y obscuro, una tenue luz se miraba al final, me faltaba poco para alcanzar la salida, cuando sentí una presencia atrás de mí.
Al voltear hacia atrás, descubrí que era la mujer de la máscara quien venía sobre mí, quise correr, pero me atrapó del cuello y empezó a ahorcarme, desperté y sentí la falta de aire, me acordé que allí estaba mi Papá, pero, ya despierto, sentí que me agarraron otra vez del cuello.
Me quedó claro que el sueño había terminado, la mujer de la máscara me estaba ahorcando, no podía verla, pero sentía sus heladas manos alrededor de mi cuello, presionando para que me quedara sin aire.
Además, no podía decir nada debido al miedo, como intentaba zafarme, le di una patada a mi Papá. Quien despertó asustado y me dijo que no pasaba nada, increíblemente todo estaba bien.
Mi papá me preguntó que si me sentía bien, y que estuviera tranquilo, que solo había sido una pesadilla, quiso agarrar la máscara, pero la soltó rápidamente, como si estuviera caliente, me agarró con fuerza y me dijo nervioso, vámonos de aquí.
Salimos de mi cuarto y me contó que cuando tocó la máscara, miró a una mujer parada en un rincón de mi cuarto, con la máscara puesta. Por primera vez lo miré preocupado hasta un poco temeroso como nunca lo había visto.
Esa noche yo fui quien se quedó en el cuarto de mis papás, al día siguiente, temprano por la mañana, hablamos con mi Madre, con cuidado de no asustarla demasiado, finalmente decidimos tirar la máscara.
Yo entré por ella, ya que en el día no pasaba nada, cuando abrí la puerta, todas las cosas de mi cuarto estaban movidas, había rasguños en algunos muebles y la máscara no se veía.
Salí corriendo mientras escuchaba como mi cama era lanzada contra una pared, mis padres también salieron de sus cuartos y todos nos fuimos al patio mientras dentro de la casa se oía un caos.
Al día siguiente decidimos deshacernos de una vez por todas de esa máscara, en el patio de nuestra casa hicimos un pozo, la echamos ahí, hicimos una mezcla de papel, con ramas y alcohol, e intentamos prenderle fuego.
La máscara no quería ser destruida, se negaba, ponía resistencia, el fuego no iniciaba correctamente, se apagaba y se apagaba, y eso cuando lográbamos hacer una llamarada, hasta que finalmente el fuego tomó fuerza.
En los primeros instantes empezó a crujir muy feo, además tenía un olor horrible, la lumbre cambiaba de color, se escuchaban lamentos, y corrimos para adentro de la casa, así estuvo por un largo tiempo, hasta que por fin terminó de arder y todo quedó en paz.
Nos acercamos para cerciorarnos que esa máscara había quedado reducida al polvo, no ocurrió así tal cual, pero lo que quedó estaba muy lejos de ser una máscara, era literalmente, una baba negra, espesa y apestosa.
Con eso cesaron las apariciones dentro de casa, pero comenzaron afuera de la casa, desde el patio hasta la banqueta, nosotros no nos habíamos dado cuenta, fueron los vecinos quienes nos informaron que los perros que ellos tenían, se ponían a ladrar furiosos cuando veían a una mujer con máscara caminar afuera de nuestra casa.
Mi padre decidió vender esa casa, pero sin decir nada de lo que ahí había pasado, así lo hacen todos por eso hay mucha gente viviendo en casas embrujadas sin saber qué es exactamente lo que les ocurre.
No teniendo más remedio, mi Padre vendió todas las cosas que tenia de brujería, se deshizo de ellas y no volvió a traer nada a la casa, ni amuletos, ni figuras, tampoco libros.
La hechicería no es un juego, ahora lo sé, me tocó comprobarlo de la manera más perturbadora.
Desde aquel entonces cada vez que alguien menciona cualquier cosa relacionada al ocultismo, trato de no poner atención, de cambiar de tema, porque inevitablemente termino acordándome de aquella máscara y la mujer que la porta.
 
Autor: Ramiro Contreras
Derechos Reservados

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