El Nahual Blanco Historia de Terror

El Nahual Blanco Historia de Terror

La vida dentro del ejército es complicada, me enlisté hace casi veinte años, la única razón por la cual sigo en esto es porque soy bueno, mi último ascenso lo recibí hace tres años, esto es lo único que sé hacer, no puedo hacer nada más El Nahual Blanco Historia de Terror.

El evento que me llevó a querer entrar al ejército fue la caída de las torres gemelas, quedé horrorizado solo de pensar en la posibilidad que algo así ocurriera en México.

El problema fue que con el paso de los años comencé a tener que formar parte de cosas de las que no me siento orgulloso, tener más rango no solo implica más responsabilidad, también significa tener más conocimiento, y hay cosas que hubiera preferido jamás saber.

Daré un ejemplo, en el año 2015 tuve que firmar un documento sobre algo que tenía que ver con la predicción de movimiento sísmico de gran alcance, no me permitieron leer mucho, solo un par hojas, por lo que entendí era posible saber al menos con 24 horas de anticipación la llegada de un terremoto por encima de la magnitud 6, la firma era para que esta información no saliera a la luz por motivos de seguridad nacional. Ya saben lo que pasó en el 2017, yo quedé asqueado.

Otra de las cosas que aprendes es que todo el problema que tiene México con los carteles es causado por el gobierno de estados unidos, a mí me quedo claro cuando descubrimos que los líderes del Cartel de Jalisco recibirían dinero y armas de la CIA.

Muchas veces la ciudadanía dice que el ejército no hace lo suficiente para acabar con los cárteles, en parte es verdad, pero dentro del ámbito militar todos recibimos órdenes.

En fin, la experiencia que voy a contar fue la que me hizo subir de rango por primera vez. Ocurrió hace demasiados años.

Era temporada de elecciones en cierto estado, el partido que estaba al frente del país necesitaba mantener el mandato de ese estado, el problema era que el candidato tenía todo en contra.

Algunos pueblos de ese estado llevaban un tiempo siendo atormentados por una criatura que se llevaba a los animales y a las personas, entonces, desesperado por ganar, el candidato prometió acabar con esa cosa para traer tranquilidad a la zona, consiguió ganar gracias a esa promesa, el partido estaba tan contento por esa victoria que decidió asegurarse que la promesa de su candidato fuera cumplida.

Así que nos enviaron a eliminar a la criatura.

En cuanto llegamos a la zona recibimos un comunicado de parte de nuestro comandante. Decía que seríamos ascendidos en cuanto entregáramos el cadáver de la criatura. Eso me dio escalofríos, la cosa iba en serio, hasta ese punto yo pensaba que nos habían enviado solo para servir como una cortina de humo, pero me equivoqué.

Eran ocho las ciudades que estaban bajo el yugo de este misterioso ser. Llegamos a la primera ciudad, ahí el alcalde nos envió a hablar con el párroco.

El párroco nos dijo que cinco meses atrás el obispo acudió a esa iglesia a realizar un exorcismo, un hombre había sido poseído por un demonio, nos explicó que el exorcismo falló y el cuerpo de ese hombre terminó cediendo ante el poder del demonio, se transformó en un Nahual.

El párroco nos pidió acompañarlo al lugar donde se había realizado el exorcismo. Era un salón lleno de cruces y figuras religiosas, al centro tenía una cama de concreto, una de las esquinas estaba quebrada y tenía las marcas de unas garras. El párroco nos dijo que esa cama tenía cadenas pero que el Nahual se las había llevado cuando escapó. Le quité el seguro a mi ametralladora y disparé tres veces a la mesa, los tres impactos fueron en una esquina, no se rompió, esa criatura era más fuerte que las balas.

El párroco también nos dijo en qué ciudad había sido el último ataque para que fuéramos a investigar.

El trayecto fue muy silencioso, nadie quería dar su opinión al respecto.

El anochecer nos agarró todavía en la rocosa carretera. En cierto momento pasamos cerca de un ranchito, de pronto un hombre se atravesó pidiendo que nos detuviéramos, por poco y termina aplastado. El señor estaba muy asustado y nos dijo que el Nahual se estaba comiendo a sus perros.

Corrimos en la dirección que el hombre nos indicó, era detrás de la casa, cuando llegamos pudimos ver una criatura erguida y sobre dos patas, estaba de espaldas, era blanca, alta y delgada, su piel parecía la corteza de un árbol. Yo quise disparar, pero estaba completamente paralizado, la criatura se dio cuenta de que estábamos ahí, dejó caer un perro y salió corriendo.

Me quedé perplejo viendo como esa cosa se alejaba. Entonces llegó el señor del rancho y agarró a su pobre perro que ya estaba muerto.

Le preguntamos al hombre qué había en la dirección en la que el Nahual se había ido corriendo y nos dijo que como a ocho kilómetros estaban unas instalaciones abandonadas donde antes se imprimía el periódico.

Se comentó que podríamos dirigirnos al sitio, pero mejor se decidió que no era tan buena idea. Regresamos a los vehículos y continuamos nuestro camino a la segunda ciudad.

Llegamos antes de las diez de la noche y ya no encontramos a nadie en la calle, todos estaban dentro de sus casas debido a que tenían mucho miedo de encontrarse con el Nahual.

Nos dirigimos con algunas personas que habían montado una pequeña guardia, no era para enfrentar al Nahual por supuesto, solo era vigilar y avisar a todos cuando estuviera cerca.

Les dijimos que habíamos sido enviados por el gobernador para ponerle fin a su problema y que nos dieran toda la información que pudiera sernos útil.

Nos dieron un rango de horas en el que han podido ver al Nahual, y nos indicaron la dirección hacia la cual siempre se iba luego de comerse algo o a alguien. Sí, la dirección era la misma. Ese Nahual blanco al parecer vivía en ese viejo lugar abandonado.

Acordamos ir por la mañana. Esa noche nos turnamos para apoyar con la vigilancia.

Mi turno comenzó a las dos de la mañana. Todo fue normal como por unos 40 minutos hasta que de pronto uno de los hombres de la guardia me palmeó el hombro. Me susurró que mirará en una dirección, ahí estaba el Nahual blanco, a menos de trescientos metros de nosotros. Tomé mis binoculares para poder verle el rostro, era cadavérico y tenía solo un ojo, un ojo pequeño y de color rojo.

El Nahual estaba caminando hacia un pequeño corral. Los perros comenzaron a ladrar, no eran ladridos de enojo, eran ladridos de pánico. No podíamos hacer nada, abrir fuego contra esa cosa significaba poner en riesgo a todas las personas. Así que solo observamos como se acercaba a un caballo y le abría el cuello para beber de su sangre.

Una vez quedó satisfecho, el Nahual blanco se posó en cuatro patas y corrió en dirección a las instalaciones que le servían de guarida.

No pude dormir el resto de la noche.

Durante el desayuno nadie sacó el asunto del Nahual, era algo tan extraño que discutir al respecto parecía descabellado.

Como a las nueve de la mañana subimos a los vehículos y partimos en dirección a la casa del Nahual.

Íbamos despacio, ciertamente no teníamos ganas de llegar, pero llegamos.

En los vehículos se quedaron dos elementos con armamento pesado por si la cosa esa salía. Todos los demás bajamos con arma en mano, rodeamos el lugar en busca de alguna otra manera de ingresar que no fuera la puerta principal, pero lo único que encontramos fue un gran boquete que estaba en el segundo piso, como a unos ocho metros del suelo. Había llegado la hora.

Abrimos la puerta despacio, no queríamos hacer ningún ruido. Salón principal, despejado. En la primera habitación encontramos una horripilante colección de lenguas. En la segunda habitación encontramos dientes.

Había 2 escaleras, una llevaba a la segunda planta donde estaba el boquete y la otra llevaba a la bodega que estaba por debajo. No parecía una buena idea, pero dividirnos en grupos es parte del entrenamiento. Yo me fui al frente del grupo que fue a la segunda planta.

Había dos pequeñas oficinas con algunos periódicos tirados, también estaba el baño y el comedor, todo despejado. Entonces escuchamos gritos y disparos. Inmediatamente, corrimos hacia la bodega. El otro equipo tenía acorralado al Nahual blanco, estaba escondiéndose detrás de unas máquinas, el fuego constante no le dejaba ninguna ventana para moverse. Esa cosa hacía el sonido como el de un perro rabioso. Unos disparaban y cuando tenían que cargar otros habría fuego, si cesábamos un segundo esa cosa nos iba a atacar.

Logramos herirle las patas, pudimos ver que sangraba, entonces el Nahual salió de su trinchera y corrió a toda velocidad hacia nosotros, se abrió paso lanzándonos con fuerza fuera de su camino, era más pesado que un toro. A uno de nosotros no lo empujó, sino que lo embistió y lo arrastró por las escaleras. Unos cuantos pudimos ponernos de pie y corrimos tras el Nahual, esa cosa estaba en la segunda planta, claramente tenía la intención de salir por el boquete, pero sus patas estaban sangrando. Otros 3 siguieron disparando y lograron herir al monstruo, el Nahual quiso correr, pero pisó una zona que estaba desgastada y cayó del segundo piso, ahora estaba cerca de la entrada, quise dispararle, pero mi arma se había atascado cuando el Nahual me empujó en la bodega.

El Nahual quiso salir, pero fue recibido por una ráfaga que no esperaba y a la que no pudo hacerle frente.

La pesadilla había terminado. El compañero que había sido arrastrado por la escalera había muerto por un golpe en la cabeza. De los compañeros que seguían abajo, cuatro estaban lesionados posiblemente con algún hueso roto y otros dos habían muerto cuando se impactaron contra los muros.

Cargamos los cuerpos de los compañeros en un vehículo y el del Nahual en otro.

Nunca supe donde terminó el cuerpo del Nahual blanco. En cuanto a nosotros, los sobrevivientes, todos fuimos ascendidos.

 
Autor: Ramiro Contreras
Derechos Reservados

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