Voces Ocultas Historia de Terror

Voces Ocultas Historia de Terror

Mi nombre es Octavio, y quisiera contarles algo que nos pasó justo cuando mi Mamá y yo nos quedamos solos después de la muerte de mi Papá Voces Ocultas Historia de Terror. La situación era muy complicada para ella sola, nos decidimos ir a vivir con mis abuelos, los Papás de mi Mamá. Sin embargo, esto que les cuento no pertenece a una historia de mi Papá, sino más bien de la casa de mis abuelos.
Cuando era pequeño prefería quedarme en casa, no me gustaba salir a jugar con mis amigos, a pesar de que siempre esto fue una molestia para mi Madre, yo la ignoraba, ella me decía que era necesario para no estar pensando tanto ya en mi Papá, pero a mí no me gustaba salir, no por el hecho de sentirme más cómodo u olvidar a Papá, sino porque había algo que me lo exigía. Y cuando me refiero a algo no es tanto una sola cosa, sino más bien nunca he sabido a ciencia cierta que es aquello que me exige quedarme.
La primera vez que lo experimenté fue en mi habitación, me encontraba jugando con unos muñecos que recién me había traído Santa de regalo de navidad, siempre me ha apenado que me vean jugar, cerré la puerta de mi habitación. Ya en pleno juego alguien tocó la puerta de mi habitación pidiendo que lo dejara pasar, esto me desconcertó mucho, ya que esa voz no la reconocí de alguien de la familia, se trataba de una voz masculina y fuerte, nuevamente golpeó la puerta con más intensidad, pero ahora no solo pedía pasar, lo pedía a gritos. No sabía quién era quien tocaba la puerta así que solo pregunté de quién se trataba. No recibí respuesta, de hecho ya no golpeó más la puerta. Al cabo de unos minutos abrí la puerta con cuidado. No había nadie. Sin embargo, la puerta presentaba ya algunos rasguños. La puerta era de madera, una no muy buena, ya que cualquier golpe que uno le hiciera se le podía hacer un rasguño.
Ya más tarde y después de lo sucedido me acerqué a mi Mamá para platicarle lo que había pasado. Mis abuelos que estaban allí, se mostraron más interesados que mi Mamá. En particular mi abuelo quien me pidió que lo llevara al cuarto.
Él se paseó unos minutos por mi habitación, pensé que se asomaría por debajo de la cama, o que buscaría dentro del closet a alguien, sin embargo, solo se quedó parado allí observando las paredes. Antes de retirarse me pidió que si eso volvía a ocurrir no les abriera, y que por más que tocaran o gritaran, no me espantara.
Puedo asegurarles que cuando yo tenía la intención de salir a jugar al parque o con mis amigos, aquello sucedía. Una segunda ocasión me sucedió ya varios meses después, me encontraba bañándome. Recuerdo que ya dentro alguien comenzó a llamar a la puerta, les dije que estaba aún ocupado y que me tardaría un poco en terminar, sin embargo, siguió insistiendo con sus golpes a la puerta, les pedí que fueran al baño de la planta baja, pues apenas había comenzado a enjabonarme, pero fue cuando escuché otra vez esa voz. Me pedía que lo dejase pasar, ya me lo decía de favor. Me quedé en silencio, y recordé lo que me había dicho mi abuelo. Solo lo dejé tocar la puerta, él seguía pidiendo que lo dejase entrar. En ese momento ya cansado de que su constante petición, le dije por fin que No. Pero esto ocasionó que diera golpes cada vez más fuertes y gritando me decía que por favor que lo dejara entrar. Esos gritos no eran de alguien que quería pasar al baño, si no más bien pertenecían a alguien que estaba muy asustado por algo. Me quedé lo más que pude en el baño, hasta que la voz se fue o dejó de molestar. Aún recuerdo que después de terminarme de bañar, dudé varios minutos para abrir la puerta. No fue sino hasta que mi Mamá fue por fin a buscarme y preguntarme que había pasado.
Nuevamente, le platiqué lo que me había sucedido pero ella al parecer no me volvió a creer, pero ya sabía con quién podía acercarme para esto, fui en busca de mi abuelo quien se encontraba siempre fumando debajo del árbol de algodón. Le platiqué lo sucedido pero que ahora si le había contestado, diciéndole que No abriría. Apagó su cigarro y me dijo que Yo no tenía por qué contestarles. Si les decía algo, les estaba dejando la puerta abierta para que se comunicaran conmigo. Ese día no me separé de mi abuelo, no Salí a la calle con mis amigos a jugar.
Para la tercer ocasión que escuché esa voz fue ya nuevamente en casa, para el cumpleaños de mi abuela nos habíamos reunido toda la familia a convivir. Lo recuerdo igual que si fuera una pesadilla. Recién me habían regalado un videojuego y quería mostrárselo a mis primos, corrí hacia mi cuarto y cuando estaba buscando entre mis cajones, alguien cerró fuertemente mi puerta. Me asusté bastante pues me dio un sobre salto. Miré por la ventana y apenas se podía sentir una brisa. No era tan fuerte para que cerrara la puerta. Pero ya no la podía abrir. Fue cuando nuevamente escuché aquella voz pidiendo ahora que lo dejara salir. Ya se encontraba dentro de mi habitación, la podía escuchar a mí alrededor. Inmediatamente, me subí a la cama, no sé por qué pero me entró un profundo terror al pensar que saldría una mano por debajo de ella me agarraría la pierna. Esa voz lloraba para que la dejara salir, no entendía sus peticiones, antes me había pedido entrar, y ahora quería salir., y justo en ese instante comenzaron los golpes frenéticos desde las puertas de mi closet. Cabe señalar que no es muy grande, apenas yo cabía en ese lugar. Pero ahora la voz parecía estar más molesta, amenazándome a que si no lo dejaba entrar me haría daño, no solo a , también a mi familia, no quería moverme de la cama, me quedé en silencio, estaba esperando que alguien de mí toda mi familia escuchara los golpes y gritos que daba aquella voz. Mientras que pensaba si sería bueno contestarle o no, fue mi Abuelo quien llego a abrir la puerta de mi habitación, las voces cesaron en ese instante. Lo abrasé fuertemente mientras que al mismo tiempo lloraba. Me platicó que en el jardín observó cuando me retire para ir por algo a mi habitación, al ver que me tardaba más de lo necesario, decidió ir en mi búsqueda, tardó bastante en poder abrir la puerta, y por más que me llamara no lo escuchaba. Sin embargo, después de un buen rato forcejeando logro abrirla para encontrarme sobre la cama.
Era raro, no podía platicar de esto tan abiertamente al igual que lo hacía con mi abuelo, pues decirle a alguien que escuchas voces tan fácilmente pueden considerarte loco o esquizofrénico. Esto se volvió cada vez con más frecuencia, en ocasiones ya no era la voz de aquel hombre, pude escuchar la voz de una mujer que me habló una ocasión. Me encontraba acostado sobre mi cama, cuando en mi oído alguien me dijo: Ayúdame. De esa voz ya no la he vuelto a escuchar. Además de las voces, en ocasiones eran lamentos lo que se escuchaba.
Ya más grande de edad le pedí a mi Mamá que quería cambiarme de habitación, ya no me gustaba ese cuarto, ella me preguntó el motivo, pero se lo quise negar, solo le comente que quería cambiarlo. Sin embargo, el resultado fue el mismo.
La nueva habitación no tenía puerta, mi abuelo había dicho que él me ayudaría a colocarla, sin embargo, tenía que esperar a Fin de semana para hacerlo. No tenía alternativa. Pero no estuvo tan mal, la primera noche mi abuelo me pidió dormir en mi habitación por lo que le di mi cama para mayor comodidad para él.
En una ocasión estaba haciendo la tarea sobre mi escritorio, cuando de reojo divisé que alguien de estatura muy alta pasaba a un lado mío para entrar al baño. Me imaginé que pudo haber sido mi Mamá o abuelo, pero me desconcertó que no me hubiera saludado. Me levanté, vi la puerta cerrada y toque un par de veces. La voz de aquel hombre se escuchó rogándome que lo dejara salir. Sea lo que fuera ya estaba dentro del baño, le pedí a mi abuelo que subiera rápidamente. Por mientras yo podía escuchar los sollozos de aquel hombre. Mi abuelo no tardó en llegar y en cuanto pisó el último escalón le hice una seña con la mano para que guardara silencio. Le pedí que pegara el oído a la puerta para escucharlo llorar. El llanto de aquel hombre se escuchaba muy tenue, igual que si estuviera desapareciendo. Me quedé mirando a mi abuelo, más no sabía si él lo escuchaba o solo era yo, después de unos segundos mi Abuelo tocó la puerta.
– ¿Te podemos ayudar en algo? – Preguntó mi abuelo. Cuando aquel hombre contestó que lo dejáramos salir. Yo lo escuché bastante claro, sin embargo, mi abuelo parecía que aún no lo escuchaba, o eso fue lo que pensé yo. Pues agarró el picaporte de la puerta del baño y abrió de golpe. No había nadie adentro.
– Creo que ya sé que es lo que está sucediendo – Respondió mi abuelo, me pidió que tenía que conseguir unas cosas, pero que si llegaba a pasar otra vez, no les respondiera. Esto me desconcertó porque es precisamente lo que él hizo.
Los días pasaron y mi abuelo no regresaba, solo había dejado a mi Abuela y Mamá que tenía que hacer unos mandados que eran bastante importantes. La puerta de mi habitación no la colocó debido a su ausencia y cada vez que entró a ella, noto que algo con más fuerza que algo entra conmigo en la habitación en la que me encuentre. Sentía que la cabeza me iba a explotar, pues los puedo oír, están llorando, pidiendo ayuda, unos quieren entrar y otros salir. Pero cuando quiero salir yo de la casa me amenazan, pidiendo ayuda pues si no se las doy se irán contra mi familia.
Mi abuelo regresó unos días después de lo esperado, nos pidió a todos que nos reuniéramos en la sala. Nos comentó que fue en búsqueda de alguien que bendijera la casa, no podía ser cualquier bendición de algún párroco de una iglesia sino más bien de algún Chaman, pues dentro de las paredes de la casa existía algo raro.
Mi Mamá que desde pequeña había vivido allí, le dijo que ella no había notado nada raro en particular en toda su vida. Mi Abuelo le comentó que antes de que compraran la casa, esta pertenecía a alguien que practicaba las artes negras y en los cuartos realizaba limpias y trabajos solicitados. Pero particularmente había algo que nadie había usado hasta que Yo lo hice. Se trataba del colchón donde dormía, cuando mi abuelo compró la casa, había varios muebles y artículos del dueño anterior. Y en especial un colchón. Se encontraba muy sucio pero en buen estado, por lo que lo guardaron varios años, hasta nuestra llegada a la casa, mismo colchón donde hacían las limpias y brujería antes, y en el cual ahora dormía yo. Mi abuela quien casi no había participado en nuestra reunión fue la que dijo algo que me dejó la piel de gallina.
– Octavio tiene encima una sombra que no lo ha dejado desde el día siguiente que durmieron aquí, lo sigue a todas partes y no lo dejará hasta que hagamos está limpia – Fue inevitable verme, yo solo podía ver mi sombra.
Mi Abuelo consiguió todo lo necesario para la limpia, llamó a alguien, quien para mí se trataba de un brujo, sin embargo, mi abuelo lo saludó igual que una vieja amistad. Se trataba de un hombre moreno, con larga barba. Un par de collares le colgaban del cuello y al andar cojeaba de su pierna derecha. Era muy parecido al abuelo, solo que este hombre se veía más acabado. Le dieron todo lo necesario para hacer la limpia. A me pidieron que esperara afuera y por fin después de mucho tiempo lograba salir sin que esas voces me lo impidieran. Pero yo no quería alejarme tanto, podía escuchar por la cochera que mi abuelo leí un fragmento de la biblia, no me pregunten cuál era, pues no lo recuerdo. Y aquel brujo pasaba unas ramas por cada rincón. Pasaron quizás un par de horas cuando escuché un fuerte golpe en las escaleras, Me pareció extraño pues me imaginé que alguien se había caído. Pero lo que estaba allí se trataba del colchón donde había dormido yo. Entre el Brujo y mi Abuelo lo sacaron a la cochera, el Brujo sorbió un líquido raro que tenía un olor penetrante a Jengibre y escupió sobre él, rociaron un poco de alcohol y le prendieron fuego.
– No había otro modo – Dijo el Brujo, además mencionó que aquel colchón tenía una carga muy fuerte espiritual y que cada vez que alguien dormía en él, algo pasaba.
Esto de algún modo me pareció lógico, y de aceptarlo que cuando el Brujo me hizo una limpia pude sentir un peso menos en mis hombros, y sé que sonará raro, pero pude sentir igual que si me liberaran de un castigo que estaba cargando muchos años.
En casa las voces cesaron, no del todo pero estas ya no son tan exigentes y son bastante tenues. Pero siguen allí.
Ya pasaron algunos años, desafortunadamente perdimos a mi abuelo un año atrás, lo extraño mucho, sin embargo, les seré honesto, una vez que has tenido una cercanía con lo Paranormal se queda grabado en tu alma igual que una huella dactilar. Pues cuando quiero verlo, solo debo acercarme al árbol de algodón, él está allí aun fumando y aún puedo escucharlo.
 
Autor: Lengua De Brujo
Derechos Reservados

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