La Chica De La Ruta Historia de Terror

La Chica De La Ruta Historia de Terror

Trabajaba de camionero para una empresa de pintura llamada Comex en México hace unos cuantos años La Chica De La Ruta Historia de Terror. Solía tener rutas largas que a veces eran de más de 20 horas, pero así era la vida del camionero, la paga lo valía. Tenía un último encargo antes de tomarme mi merecida licencia, estaba ansioso por terminar ese trabajo y regresar a mi casa. Para evitar problemas con mi trabajo, no daré nombres de la ruta ni los lugares que mencionaré. Cerca de las 2 de la madrugada realicé una parada por una gasolinera para cargar combustible, allí había un parador donde servían comida, ideal para los viajeros nocturnos. Luego de cargar combustible decidí comer algo. Pedí mi orden, una gran hamburguesa con extra de papas. Tomé un refresco, ya que no podía consumir alcohol mientras manejaba. Luego de unos 40 minutos y de hacer la digestión regresé a mi camión. Al subir noté que varios dentro del parador me observaban con atención. El chico que me cargó el combustible venía corriendo hacia mí. Me preguntó que a dónde iba a esa hora. Le indiqué mi destino y el chico adoptó un gesto extraño, me advertía que no podía tomar la ruta a esa hora, que había una leyenda.

Sinceramente, cuando empezó a relatarla le resté importancia, creí que quería que me quedara a consumir, así que ignorándolo encendí el motor. El chico realizó un gesto con su mano, como si ya no le importara contarme más nada. Me fui entre risas, como si esas cosas pudieran asustarme. Luego de algunos minutos noto a una chica haciéndome dedo. Paré sin dudarlo. Se trataba de una joven hermosa que vestía unos pantaloncillos cortos de jean, una musculosa negra, y usaba el cabello rizado. Sentía que era mi noche de suerte. Me preguntó si le daba un aventón, le indiqué hacia donde iba, y ella dijo que le servía. Abrí la puerta del acompañante y ella subió, pude apreciar sus delicadas piernas blancas mientras se acomodaba, luego nuestras miradas se cruzaron, me había pescado viéndola, pero no supe descifrar sus señales. Seguí manejando por un rato en silencio, no sabía que decir, ella tampoco hablaba. Le pregunté qué hacía sola a esa hora, ella dijo que solo andaba por ahí. Comencé a sospechar que fuera una prostituta y yo no me hubiera dado cuenta, pero, aunque se veía hermosa y arreglada no lo parecía. Le empecé a hablar un poco de mí para pasar el rato, le dije que luego de ese viaje me iría de vacaciones. Ella no hablaba mucho, sus contestaciones eran monosilábicas. Luego de un incómodo silencio le pregunté si hubo algo que le molestara de mí, o si dije algo fuera de lugar. Ella me preguntó si me molestaba que fumara dentro del camión, y le dije que no. Luego de una calada de su cigarrillo dijo que no era personal, pero que le caían mal los camioneros. Cada vez la entendía menos, era muy extraña esa mujer por cómo se comportaba. En un momento el camión dejó de andar, era el colmo. Ya me imaginaba con un pedido retrasado. Le dije a la chica que me disculpara, que me esperara allí, que debía revisar el motor, pero ella ni contestó. Bajé del camión para ver qué sucedía y noté a la chica detrás de mí. Casi grito del susto, nunca había escuchado la puerta abrirse. Ella miraba el motor con curiosidad. La ignoré por completo mientras chequeaba el motor, a simple vista todo se veía en orden, no había pérdida de agua, aceite o combustible, tampoco se veía recalentado. Mientras ajustaba la última tuerca le pregunté a ella si podría encender el motor por mí, pero no llegó a hacerlo, el motor encendió solo mientras tenía la mano en él. Retiré mi mano hacia atrás mientras saltaba del susto, pude haber perdido algún dedo. Al cerrar el motor y subir el camión, ella ya estaba sentada en el asiento del acompañante, cuando hacía tan solo 2 segundos estaba abajo conmigo. Seguí manejando como si nada. Le pregunté que como llegó tan rápido, me miró y sonrió, pero no dijo más nada. Ya comenzaba a caerme mal, pero no podía dejarla varada. En un momento la observo mientras fumaba, dio una fuerte calada de su cigarrillo, pero algo impactante pasó luego, expulsó el humo por la zona baja de su garganta. Perdí el equilibrio del camión, comencé a zigzaguear, pero recuperé el control. Le pregunté qué fue eso, y ella volvió a sonreír, y allí noté una enorme herida en su cuello. Paré el camión en el medio del viaje, le pedí que bajara, pero ella me advirtió que no sería una buena idea. Abrí la puerta del acompañante, pero ella no quería bajar. La tomé del brazo y la empujé, ella cayó al suelo y arranqué sin dudarlo. Sentía el sudor frío recorrer por todo mi cuerpo, allí comprendí la advertencia del chico. Como siempre, uno no cree en esas cosas hasta que le suceden. Luego de pocos minutos observo una silueta haciéndome dedo, al aminorar la marcha noté que se trataba de ella, me hacía dedo mientras sonreía. Forcé el motor y salí a toda prisa, no podía ser físicamente posible que ella me alcanzara a pie, mucho menos si alguien la aventara porque ningún otro vehículo me había rebasado. No me sentía muy cómodo para seguir conduciendo, pero no era una buena idea detenerme. Pasaban los minutos, seguía en viaje, y la chica aparecía una y otra vez en la carretera haciéndome dedo. Ya no sabía qué más hacer, solo me quedaba seguir y llegar a mi destino. Ella dejó de aparecerse en la carretera, eran ya casi las 4 de la madrugada, rogaba para que llegaran las 6 así el sol se asomaba, ese era mi único consuelo durante el viaje.

“¿Tienes fuego?” —oí a la chica a mi lado.

Grité del susto, ella estaba en el asiento del acompañante de nuevo. Paré el camión o terminaría en un serio accidente, no tenía otra opción. Intenté hablar con ella, preguntarle qué quería, qué necesitaba, que jamás tuve intención de hacerle daño. Ella no hablaba, me observaba con una fina sonrisa mientras fumaba. La herida en su garganta comenzó a sangrar, luego salieron algunos gusanos de su interior. Cuando levanté la mirada sus ojos estaban completamente en blanco. No supe cómo reaccionar, quedé inmóvil. Luego le pedí que por favor se fuera, que me dejara en paz. Comencé a rezar mientras hacía la señal de la cruz en mí. La chica lanzó un chillido aterrador. Me arrinconé sobre mi asiento mientras comenzaba a llorar. No sentí más nada por un buen rato, me atreví a observar a mi lado y noté que ella ya no estaba. La busqué mirando hacia todas partes, pero no la encontraba, así que intenté encender el motor, pero no arrancaba. Sentía que todo terminaría muy mal, me arrepentí de no escuchar al chico de la gasolinera. Seguía insistiendo en encender el motor, pero no había forma. No quería bajar a revisarlo porque sabía que eso era parte de su obra, pero temía que por quedarme allí alguien me chocara de atrás, al manejar a estar horas los reflejos no son los mismos. Al notar que no tuve más noticias de ella decidí bajar del camión. Encendí las balizas y coloqué las auxiliares a metros atrás del camión, solo por precaución. Comprobé el motor nuevamente, todo se veía en orden. Subí al camión y logré encenderlo, pero antes de arrancar debía de guardar las balizas que había dejado fuera. Al momento de recogerlas, ellas salieron volando hacia mí como si hubieran sido pateadas. Las tomé y subí al camión, dejándolas en el asiento de acompañante. Me dispuse a arrancar el camión, pero la vi de nuevo a ella. Tenía los ojos en blanco, su herida sangrante, grietas oscuras en la piel de su rostro. No recuerdo qué le grité, pero de un momento a otro sus manos estaban en mi cuello, estaba tratando de ahorcarme. Ella me gritaba que la llevara una y otra vez. Logré quitármela de encima, la arrinconé contra la puerta del acompañante y la volví a empujar. Cerré la puerta y arranqué el motor sin demora. Conduje por cerca de 1 hora sin más noticias de ella, para ser el último día de trabajo antes de mis vacaciones fue el más intenso de todos. Cerca de las 5 de la madrugada llegué a otra gasolinera, me detuve por algo para tomar. El hombre que trabajaba allí me miró de forma extraña. Sin siquiera darme los buenos días miró la hora en su reloj y me dijo que estaba pálido. No quise hablar, solo quería un café cargado y quedarme con otras personas a mi alrededor. Había 3 o 4 personas allí que me quedaron mirando asombrados.

Uno me preguntó de dónde venía, y les contesté. Me explicaron si pasé por cierto tramo de la ruta a las 3 de la madrugada, y les dije que sí. Todo se ponía cada vez más raro. El hombre que me atendió fuera entró, y los demás le explicaron de dónde venía. Pedí un café y unas tostadas, el hombre se sentó frente a mí con un periódico en su mano, me dijo que debieron de haberme advertido de pasar por esa ruta a esa hora. Yo no quise decir que lo hicieron. No había dicho nada de lo que pasó, creo que mi estado era suficiente. Luego él me mostró el periódico, leí una noticia sobre el asesinato de una mujer en esa ruta. Había pedido un aventón y un camionero que intentó propasarse con ella le enterró un cuchillo en su garganta. Al dar vuelta la hoja pude ver una imagen de ella, se trataba de la misma mujer. El hombre me dijo que tuve suerte, que una vez por mes algún camionero tiene un accidente en esa ruta. Seguí trabajando con el camión, pero dejé en claro en mi trabajo que jamás pasaría por esa ruta.

 
Autor: Pablo Rojas
Derechos Reservados

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