La Dama De Blanco

La Dama De Blanco

La Dama De Blanco

Hace varios años, en mi época de estudiante, mis padres decidieron mandarme a un internado porque sus múltiples ocupaciones no les permitían cuidarme. En ese lugar solo había mujeres.

Pronto pude hacerme amiga de Elisa. Fue muy buena su compañía porque ella desde muy pequeña estaba en ese internado, así que conocía muy bien a las maestras y compañeras.

El colegio contaba con una capilla para asistir a misa cada domingo, más ya no se usaba para dicho cometido, permanecía cerrada todo el tiempo. Con la finalidad de asegurar que nadie entrara, la puerta se encontraba ceñida por una cadena con candado. Elisa me dijo que tuviera mucho cuidado, que no me acercara a la capilla, sobre todo por la noche, ya que sucedían cosas extrañas.

Quise que me contara más sobre ese lugar, pero se negó. Ella me dijo que era todo lo que sabía.

Por la noche no lograba conciliar el sueño, era la primera vez que dormía fuera de casa. Escuché cuando la directora fue a revisar a cada uno de los dormitorios para ver que estuviéramos en nuestras camas, después, apagó las luces.

Mi habitación la compartía con otras dos chicas, además de Elisa, esta se encontraba en la parte superior. Me asomé por la ventana para distraerme un poco y conseguir un poco de luz externa para poder leer un libro. En ese momento escuché ruidos afuera de los dormitorios y puse mucha atención. En un principio, creí que podía ser un gato o algún otro animal, sin embargo, vi con claridad que una mujer caminaba por los jardines, vestida con una túnica blanca.

Salí de la habitación para bajar por las escaleras y poder saber de quién se trataba. No pude salir porque la puerta se encontraba con llave, pero si vi que alguien rondaba por los patios. Me quedé durante más tiempo agazapada tratando de ver quién era la persona que caminaba en el exterior. De nuevo vi cómo pasó de regreso la misma mujer.

Me causó la impresión de que se paraba frente a la capilla y desaparecía, no pude ver con claridad porque el viento estaba muy fuerte, y levantaba algo de polvo, además la oscuridad no favorecía mi visión.

Al día siguiente le comenté a Elisa lo que había visto, por un momento pensé que se burlaría de mí, pero se puso muy seria. Ella me dijo que tuviera mucho cuidado, ya que me había dicho con antelación que no me acercara a la capilla. ¿Pero qué es lo que sucede en ese lugar? ¿Por qué no me lo dices de una vez? Elisa me dijo que era mejor que no preguntara al respecto.

Por la noche, cuando el resto de mis compañeras se había dormido, puse más atención a cualquier ruido que escuchase. Primero hizo presencia el silbido del viento, este arrastraba las hojas de los árboles que yacían sobre el piso. Además, la ventana superior de la capilla había quedado abierta, con claridad se escuchaba cuando esta se azotaba contra la pared.

Tan solo escuchar el viento, cuando todo permanecía oscuro y silencioso, me daba mucho escalofrío, pero más cuando vi de nuevo una figura que caminaba por el patio, parecía como si sus pies apenas rozaran el suelo.

En esta ocasión no tuve el valor para salir de la habitación y bajar a la sala común. Un frío estremeció mi cuerpo y sin intentar indagar más me oculté entre las sábanas de mi cama. Era necesario saber qué ocurría en este lugar, en el que al parecer todos sabían del suceso y preferían quedarse callados.

Una de mis compañeras es platicadora, la mayor parte del tiempo se la pasa hablando de situaciones irrisorias e intrascendentes.

Comencé con pláticas simples, y después de conseguir su confianza, le pregunté qué había sucedido en la capilla, la cual permanecía cerrada todo el tiempo. Ella me miró con ojos de reproche, pero creo que en el fondo le agradó que le preguntara. Me dijo que alguien había muerto en ese lugar.

Ella fue una de las compañeras que tenía poco tiempo de haber ingresado al internado. Estaba obligada a permanecer en él, sus padres la habían llevado por la fuerza.

No terminamos de charlar porque la directora me mandó llamar. Me cuestionó qué era lo que conversaba con mi compañera, le dije que solo le preguntaba el motivo por qué no utilizamos la capilla. A lo cual, ella me dijo que hace poco tiempo una estudiante subió al área del campanario y sufrió un accidente, se cayó y no resistió el impacto, ella murió al instante, no se pudo hacer nada por ella. Desde ese día decidió mantener cerrado el lugar.

Sus palabras fueron convincentes, sin embargo, había algo que creo no me contó por completo, sino ¿Por qué me mandó llamar en cuanto intuyó que Carmen, mi compañera, me contaba lo sucedido? Me pidió de favor que ya no hiciera indagaciones, si tenía alguna duda acudiese con ella, porque las compañeras que estuvieron presentes durante esta pérdida aún no lo superan, era mejor dejar las cosas así.

Le dije que estaba bien, pero no entiendo cómo pretende que no comente al respecto, si casi cada noche la veo recorrer el patio.

Dejé pasar varios días para no levantar sospechas con la directora.

Unos días después, de nuevo me acerqué con Andrea, mi compañera. En esta ocasión ya no fue sencillo que me quisiera contar los sucesos. Fue tanta mi insistencia que me dijo que nos viéramos por la noche en cierto lugar.

Por la noche acudí a la hora que Andrea me dijo, en pocos minutos ella también llegó junto con otras dos compañeras, no era necesario que me diera explicaciones, ellas también querían saber la verdad. Nos fuimos a esconder a una habitación que nadie utiliza y solo se encuentra llena de muebles y cosas viejas.

El ángulo era perfecto porque podíamos ver la capilla en todo su esplendor. No pasaron muchos minutos cuando el viento comenzó a soplar fuerte. Enseguida, no nos dimos cuenta cómo salió la mujer vestida de blanco, y comenzó a rondar por los jardines. No era posible salir al patio a esa hora porque las puertas estaban cerradas. Ahora sentía la tranquilidad de saber que no era producto de mi imaginación, como me lo hizo creer la directora. Éramos varias las que estábamos aquí, y todas vimos lo mismo.

Con claridad distinguimos cómo la mujer salía de la capilla, caminaba por los patios y caminaba hacia la oficina de la directora.

Después de rondar por unos minutos en el jardín, se regresaba a su lugar de origen y desaparecía. Durante el día no daba indicios de su existencia, pero por la noche todo era distinto, y por más que insistimos con la directora, ella no nos dio ninguna explicación.

Una noche todo sería distinto.

Hacía varios días que la lluvia no cesaba, y ese día el sol no dio indicios de su existencia, las nubes negras lo cubrieron por completo. Conforme llegó la penumbra, el viento comenzó de igual manera a mostrar su fuerza. Las puertas del internado se encontraban cerradas, pero no tenían candado aún. Una ráfaga de viento fue tan intensa que abrió las puertas de par en par.

Las hojas que yacían en el suelo, de inmediato, fueron arrastradas a la sala común, y se comenzaron a azotar las ventanas y las puertas abiertas.

En ese momento hizo presencia la directora y nos dijo que nos fuéramos a nuestras habitaciones.

Nuestra maestra de español, de forma amable, nos guio a retirarnos. En eso vimos cómo pasó la mujer por el patio, y a la directora le cambió el semblante y su cara se puso pálida. Ella ya no pudo más y salió a seguirla. Nadie nos retiramos a nuestras habitaciones, nos quedamos juntas para ver lo que sucedía.

De nuevo pasó la mujer con el manto blanco y detrás de ella la directora. Ambas caminaron rumbo a la capilla.

Sin ninguna dificultad pudieron entrar a ella, No sé cómo lo lograron, todos los días intenté abrir esa puerta sin conseguirlo.

El viento cada vez se ponía más intenso. Entre la lluvia que no cesaba y lo fuerte del aire era difícil poder ver lo que sucedía. Cuando ingresamos a la capilla vimos cómo la mujer del manto blanco mostró su cara y confrontó a la directora. Ella le dijo que era la única culpable de su muerte y que ya no mintiera más. Si en algún momento pensó que con su fallecimiento todo se solucionaría estaba equivocada.

La mujer del manto blanco se encontraba en la parte alta de las escaleras, la directora en el primer escalón de ella. De alguna manera, la primera incitaba a la directora a subir.

Poco a poco vimos cómo la directora no se dio cuenta, y fue avanzando hacia la parte superior, al mismo tiempo, esta le explicaba que todo había sido un accidente, en ningún momento tuvo la intención de dañarla. Solo quería que pensara bien antes de tomar una decisión equivocada.

La chica ya no pudo contenerse más, de manera abrupta se acercó a la directora y le dijo que al impedir que se marchara no solo la mató a ella, sino también al ser que se gestaba en su vientre. Ambas comenzaron a forcejear. En unos instantes vimos cómo la directora cayó de la parte superior de la capilla. Su muerte fue instantánea.

Todas nos quedamos sorprendidas. No sabíamos qué hacer. Yo levanté la vista para ver de nuevo a la chica.

Pero no había nadie ahí.

Por la directora no había nada que hacer.

A partir de ese día las apariciones de la chica del manto blanco cesaron. Y creemos que, desde ese día, el viento dejó de manifestarse de forma hostil, por así decirlo.

Es tan surrealista lo que llegamos a vivir ese día, que siento como si eso fuera solo mi imaginación, pero como no fui la única en observar tal situación, lo descarto totalmente.

 
Autor: Adriana Cuevas Herrera
Derechos Reservados

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