La Cabaña Del Bosque Historia De Terror 2023

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La Cabaña Del Bosque Historia De Terror 2023

La Cabaña Del Bosque, Historia De Terror… Mi infancia se resume básicamente en que, si queríamos comer algo que no fuera maíz, entonces tendríamos que cazarlo. Jamás he cazado por diversión, pero algunas veces, cuando es difícil llegar al fin de mes, entonces suelo dar una vuelta por el bosque.

Aquel día fui a cazar al bosque en una tarde nublada. Me encanta la sensación de estar en la naturaleza, rodeado de árboles y animales. Mi abuelo se había encargado de convertirme en un muy buen cazador, por lo que, en cuanto se trataba de rastreo o de orientación, era todo un experto.

Me adentré en el bosque con mi rifle en mano y mi mochila a cuestas. No recuerdo exactamente por cuánto tiempo estuve caminando, solo sé que caminé durante horas, siguiendo mi instinto cazador.

A veces me detenía para admirar el paisaje, la belleza de la naturaleza en su estado más puro. Pero cuando quise regresar, me di cuenta de que estaba completamente perdido.

Traté de encontrar el camino de vuelta. En un principio, no estaba realmente preocupado, ya que, aunque era la primera vez que visitaba aquella parte del bosque, me sentía confiado de mi sentido de orientación.

Sin embargo, a cada paso que daba parecía que me alejaba más del punto de partida. La noche empezaba a caer y el frío se hacía más intenso. Comencé a sentir un escalofrío recorrer mi cuerpo. La oscuridad me rodeaba y la niebla dificultaba mi visión.

Fue entonces cuando vi una luz a lo lejos, una pequeña cabaña solitaria. Lejos de lo que cualquiera podría pensar, aquello no era tan extraño, después de todo, yo me había criado en un lugar similar, por lo que si los habitantes de esa cabaña se parecían un poco a mi abuelo, entonces estaba salvado.

Me acerqué a ella y noté que estaba en muy mal estado. La madera estaba podrida y la puerta se tambaleaba con el viento. Noté que lo que yo había pensado que era luz no era nada más que el reflejo de la luna a través de una de las ventanas.

No cabía duda de que aquel no era el mejor lugar para pasar la noche, pero no tenía otra opción. Si algo me había enseñado mi abuelo era a respetar el bosque por las noches.

Además, estaba seguro de que con la ayuda de la luz del día podría volver a recuperar mi sentido de orientación, así que entré. El interior de la cabaña era aún peor. Había telarañas por todas partes y el olor a humedad era insoportable.

Me di cuenta de que nadie había vivido ahí por mucho tiempo, pero al menos tendría un techo sobre mi cabeza y podría descansar un poco.

Tuve que limpiar un poco para poder encender una pequeña fogata sin temor a que la cabaña se incendiara mientras dormía.

Cociné las ardillas que había cazado y me acurruqué junto aquella fogata la cual emitía un calor reconfortante, tratando de mantener el calor. Pero no podía evitar sentirme inquieto, como si hubiera algo más en la cabaña conmigo. Me recosté en el suelo, intentando dormir, pero me fue imposible.

Estaba a punto de quedarme dormido cuando, de repente, empecé a escuchar ruidos extraños dentro de la cabaña, se escuchaba como si algo o alguien estuviera moviéndose a mi alrededor.

Era casi como si corrieran, por lo que pensé que se trataba de algún animal. Me levanté rápidamente y miré a mi alrededor, pero no vi nada.

Pensé que tal vez era mi imaginación jugándome una mala pasada, pero entonces lo escuché de nuevo, más fuerte esta vez.

Fue entonces cuando las vi. Un grupo de mujeres de aspecto espantoso, con el pelo desaliñado y la piel arrugada, irrumpieron en la cabaña. Eran brujas, no había duda. Me levanté de inmediato para huir, pero rápidamente fui dominado. Las brujas me inmovilizaron y comenzaron a cantar un extraño ritual. Parecían estar entonando cantos satánicos en latín o en alguna lengua antigua, la cual, a pesar de no entender ni una sola palabra de lo que decían, sabía que no podía ser bueno.

No pasó mucho tiempo cuando me di cuenta de que estaba siendo parte de alguna especie de ritual, y el miedo se apoderó de mí. Las brujas me llevaron al centro de la cabaña, donde había un extraño altar al cual estaba seguro de que no estaba ahí cuando entré a la cabaña. Ahí me ataron con cuerdas y nuevamente comenzaron a cantar en un idioma que no entendía. Me daban vueltas, moviéndose alrededor mío, mientras yo luchaba por liberarme.

De repente, sentí cómo una de ellas se acercaba a mí y sacó una daga. Hizo un largo y profundo corte en todo mi antebrazo. El dolor era insoportable, pero por suerte logré liberarme debido a que uno de mis brazos estaba un poco suelto, por lo que, aprovechando un descuido de ellas, me zafé de las cuerdas y salí corriendo de la cabaña. Corrí lo más rápido que mis piernas me lo permitieron.

Sin embargo, pude escuchar cómo aquellas horribles brujas comenzaron a perseguirme, gritando y maldiciéndome en un idioma extraño. Corrí sin mirar atrás, tratando de encontrar el camino de salida del bosque. Pero sin importar cuánto corriera, las brujas no me daban tregua, seguían persiguiéndome cada vez más cerca.

Desesperado por escapar de las brujas que me perseguían, corrí sin cesar a través del denso bosque. La noche era oscura y la maleza dificultaba mi avance, pero la adrenalina y el miedo me impulsaban a seguir adelante. A cada paso, podía escuchar los aterradores gritos de las brujas resonando a mis espaldas, lo que me hacía redoblar mis esfuerzos.

Mis pulmones ardían y mis piernas se sentían débiles, pero sabía que no podía rendirme. Me adentré aún más en la maleza, tratando de perderme entre los árboles y arbustos para despistar a mis perseguidoras. El corazón me latía desbocado en el pecho, y la única esperanza que tenía era encontrar un escondite seguro donde pudiera pasar la noche.

Finalmente, encontré un espeso matorral que parecía ofrecer suficiente cobertura. Me agaché y me arrastré entre la maleza, esforzándome por no hacer ningún ruido que pudiera delatarme. Me quedé quieto, sin atreverme a moverme, mientras las brujas pasaban corriendo a toda velocidad a mi alrededor.

El sonido de sus pasos se fue desvaneciendo poco a poco, hasta que finalmente solo quedó el silencio. Permanecí oculto en la maleza, consciente de que no podía salir de mi escondite hasta que amaneciera. El frío de la noche se aferraba a mi cuerpo, pero no me atrevía a moverme ni a encender fuego para no revelar mi posición.

El tiempo parecía transcurrir lentamente mientras aguardaba en la oscuridad. Cada pequeño ruido me hacía estremecer, temiendo que las brujas hubieran vuelto a encontrarme. Pero, a medida que pasaban las horas, la calma se apoderaba del bosque y la luz del amanecer comenzaba a filtrarse entre los árboles.

Finalmente, cuando los primeros rayos del sol aparecieron en el horizonte, decidí que era seguro salir de mi escondite. Con cautela, me levanté y comencé a caminar, buscando mi camino de regreso a casa. Aunque estaba agotado y herido, la determinación de volver a la seguridad de mi hogar me impulsaba a seguir adelante.

Paso a paso, fui rastreando el terreno, utilizando los conocimientos que mi abuelo me había transmitido. Finalmente, después de un arduo esfuerzo, logré encontrar el camino correcto y emprendí el regreso a casa. El alivio se apoderó de mí al ver los conocidos paisajes y sentir la familiaridad del lugar

A medida que me alejaba del bosque y me acercaba a mi pueblo, sentía un profundo agradecimiento por haber logrado escapar de las garras de las brujas. Al llegar allí, estaba exhausto y temblando de miedo. Me encontré con los habitantes del pueblo y les conté lo que me había pasado en el bosque. Me miraron con asombro y miedo, y me dijeron que la leyenda de las brujas del bosque era muy conocida en la región.

Me contaron que hace muchos años, cuando los colonos llegaron a esa zona, se rumoreaba que las brujas habitaban el bosque. La leyenda dice que las brujas realizaban rituales oscuros y sacrificios humanos para obtener poder y riquezas. La gente temía adentrarse en el bosque y muchos desaparecieron sin dejar rastro. Desde entonces, se dice que las brujas siguen habitando el bosque y que siempre están en busca de nuevas víctimas para sus rituales oscuros. Me dijeron que tuve suerte de haber escapado con vida, ya que la mayoría de las personas que entran en el bosque no vuelven a ser vistas.

La Cabaña Del Bosque Historia De Terror

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Esa noche, me quedé en el pueblo, pero no pude dormir. Las imágenes de las brujas y su ritual oscuro me perseguían. Sabía que nunca podría olvidar lo que había vivido en el bosque. Desde entonces, nunca más volví a cazar en ese lugar y advertí a todos los que conocía que se mantuvieran alejados del bosque y de la cabaña abandonada.

Después de mi escalofriante encuentro con las brujas en el bosque, mi vida cambió por completo. Me volví cauteloso y desconfiado, siempre pendiente de cualquier señal de peligro. Las pesadillas sobre aquella noche me atormentaban constantemente, recordándome lo cerca que estuve de perder mi vida.

Después de un largo período de tiempo, comencé a creer que las brujas y su oscuro ritual eran solo una parte de una pesadilla que había quedado atrás. Estaba decidido a dejar todo eso en el pasado y retomar mi vida normal. Sin embargo, el destino tenía otros planes para mí.

Fue en una noche fría y lluviosa cuando volví a tener un encuentro inquietante con las brujas. Estaba caminando por las calles solitarias del pueblo, tratando de despejar mi mente y olvidar los recuerdos perturbadores. De repente, sentí una mirada penetrante que parecía quemar mi espalda. Me volví rápidamente y me encontré cara a cara con una figura oscura y siniestra. Era una bruja, con su cabello desaliñado y su mirada amenazante. Me quedé paralizado por un momento, sin saber cómo reaccionar. La bruja me sonrió maliciosamente y, antes de que pudiera decir una palabra, desapareció en la oscuridad de la noche.

A partir de ese momento, las apariciones de las brujas se volvieron cada vez más frecuentes en mi vida. No importaba dónde estuviera, siempre sentía su presencia acechándome. Incluso en plena luz del día, podía ver sombras moverse de manera inexplicable y escuchar murmullos siniestros a mi alrededor.

Una noche, mientras intentaba convencerme de que todo aquello no era más que producto de mi imaginación, me desperté sobresaltado al escuchar murmullos inquietantes a mi alrededor. Abrí los ojos lentamente, sintiendo un escalofrío recorrer mi espalda. Para mi horror, me encontré rodeado una vez más por las brujas

Las brujas estaban allí, con sus rostros pálidos y sus ojos penetrantes clavados en mí. Sus risas siniestras resonaban en el aire, llenándome de un profundo temor. Sentí como si estuviera atrapado en una pesadilla de la que no podía escapar.

Intenté retroceder, buscar una salida, pero las brujas se acercaban cada vez más, cerrando el círculo a mi alrededor. Susurros maliciosos llenaron mis oídos, sus voces se entrelazaban en una cacofonía de maldad. Sentí mi corazón latir desbocado, mientras la desesperación se apoderaba de mí.

Desperté de pronto, empapado en sudor y con el corazón palpitando descontroladamente. Intenté tranquilizarme diciéndome que todo había sido solo un sueño, una pesadilla vívida que me había llevado al borde del pánico. Sin embargo, un ardor intenso en mi espalda me recordó que algo más estaba sucediendo.

Me levanté rápidamente y corrí al baño para inspeccionar mi espalda en el espejo. Allí, con horror, vi cómo una serie de cortes burdamente trazados formaban un pentagrama invertido en mi piel. El pentagrama estaba rodeado de una inflamación roja y parecía arder con un fuego invisible.

Mi mente se llenó de confusión y miedo. ¿Cómo había ocurrido esto? No recordaba haberme hecho esos cortes, y mucho menos haber trazado un pentagrama en mi propia espalda. ¿Había sido obra de las brujas? ¿Habían dejado una marca en mí para recordarme su presencia constante?

Desde aquel día, mi salud comenzó a deteriorarse rápidamente. Desarrollé fiebres altas, dolores intensos en el cuerpo y una debilidad constante. Ningún médico pudo encontrar una explicación para mi condición, y las pruebas médicas no revelaron nada fuera de lo común.

La enfermedad parecía alimentarse de mi energía y vitalidad, dejándome cada vez más debilitado. Me sumergí en una espiral de desesperación mientras luchaba por encontrar una cura o una forma de revertir los efectos de aquel pentagrama maldito.

Busqué incansablemente por libros antiguos, consulté a expertos en lo oculto y probé diversos rituales de purificación, pero nada parecía funcionar. El pentagrama seguía marcado en mi espalda, impidiéndome recuperar mi salud y mi vida normal.

Con el paso del tiempo, comprendí que la solución no vendría de fuentes convencionales. Me adentré en lo más oscuro de la magia, buscando respuestas en lugares peligrosos y prohibidos. Me enfrenté a criaturas sobrenaturales, traspasé límites que jamás imaginé cruzar y arriesgué mi propia cordura.

Mi cuerpo y mi mente se convirtieron en un campo de batalla entre la enfermedad y mi voluntad de vivir. Cada día era una lucha constante, mientras el pentagrama en mi espalda se volvía más prominente y el malestar se intensificaba.

Con cada día que pasaba, mi salud se debilitaba aún más. Sentía cómo mi energía vital se drenaba lentamente, dejándome exhausto y al borde del colapso. El pentagrama en mi espalda se volvía cada vez más prominente, como si estuviera creciendo y extendiéndose por mi piel.

Un día, mientras pasaba frente a una antigua iglesia, un sacerdote me alcanzó y me detuvo. Sus ojos reflejaban compasión y preocupación al observar mi estado enfermizo. Sin mediar palabra, me invitó a entrar a la iglesia, diciendo que podía ayudarme.

Intrigado y desesperado por encontrar alguna forma de alivio, acepté su oferta y lo seguí al interior de la iglesia. Una vez adentro, el sacerdote comenzó a rezar fervientemente, invocando la protección divina sobre mí. A medida que sus palabras resonaban en el aire, una extraña sensación se apoderó de mi piel.

Comencé a sentir una intensa picazón, como si millones de diminutos insectos caminaran debajo de mi epidermis. El malestar se volvía insoportable, pero el sacerdote no dejó de rezar, enfocándose en su tarea con determinación. Mi cuerpo comenzó a retorcerse involuntariamente, incapaz de soportar la sensación que me invadía.

Y entonces, sin previo aviso, vomité una sustancia negra y viscosa. Salía de mi boca en grandes cantidades, dejando un rastro repugnante en el suelo de la iglesia. El sacerdote no mostró miedo ni asco, sino que continuó orando con aún más fervor, como si estuviera librando una batalla espiritual.

La sustancia negra parecía no tener fin, saliendo de mí en una grotesca danza de repulsión. Sentí cómo algo maligno abandonaba mi cuerpo, cómo la maldición que me aquejaba era expulsada poco a poco. Cada vez que vomitaba, mi malestar disminuía, y con ello, una pequeña parte de la oscuridad que me consumía se desvanecía.

Finalmente, cuando ya no quedaba nada más por expulsar, me derrumbé en el suelo, agotado y aliviado. El sacerdote se acercó a mí con una expresión de alivio en su rostro y me ofreció su mano para ayudarme a levantarme. Agradecido, acepté su ayuda y me puse en pie, sintiéndome más liviano y libre de la carga que me había aquejado durante tanto tiempo.

Aunque el sacerdote me había liberado de la presencia opresiva de las brujas, las pesadillas persistían en mi mente. Noche tras noche, me encontraba inmerso en un oscuro mundo de sueños tormentosos. En esas pesadillas, las brujas volvían a perseguirme, con sus risas malévolas y sus ojos llenos de odio.

Las veía acechando en las sombras, observándome con una sed insaciable de venganza. Su imagen distorsionada y grotesca se grababa en mi mente, y podía sentir el terror y la impotencia apoderándose de mí. Me perseguían a través de bosques tenebrosos, lanzando maldiciones y conjuros que buscaban atraparme en su siniestro dominio.

Sin embargo, a medida que los días pasaban, noté que las pesadillas comenzaban a desvanecerse lentamente. Cada vez eran menos frecuentes y menos intensas. Parecía que la oscuridad que había arraigado en mi interior se estaba disipando, al igual que el pentagrama en mi espalda.

Con el tiempo, el pentagrama, que antes había sido una herida abierta, comenzó a sanar. La piel alrededor de los cortes se regeneraba, y poco a poco las marcas desaparecían. Era como si el símbolo de mi tormento se desvaneciera junto con las pesadillas, dejando espacio para la curación y la renovación.

A medida que el pentagrama se desvanecía, también lo hacían las pesadillas. La oscuridad que había estado plagando mi mente comenzó a ceder terreno a la luz de la esperanza y la fortaleza. Si bien todavía podía recordar los horrores vividos y sentir cierta inquietud en mi corazón, sabía que estaba en el camino hacia la recuperación

Con el apoyo del sacerdote y mi propia determinación, logré superar las pesadillas que me habían atormentado durante tanto tiempo. Aprendí a enfrentar mis miedos y resistir el poder destructivo de las brujas. Si bien la batalla no fue fácil, me di cuenta de que era más fuerte de lo que creía. Hoy en día, las pesadillas son solo un vago recuerdo. Aunque las brujas pueden cruzar mi mente en momentos de vulnerabilidad, no permito que su presencia me controle. He encontrado paz en mi interior y estoy comprometido a vivir mi vida sin ser esclavo del miedo.

Autor: Canek Hernández

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