El Psiquiátrico Del Terror 2023.

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El Psiquiátrico Del Terror 2023.

El Psiquiátrico Del Terror… Fui psiquiatra por más de 20 años, traté a tantos pacientes que me es imposible recordarlos a todos, pero hubo un paciente que me perturbó demasiado.

Era una niña, ella fue golpeada brutalmente por sus 2 hermanos, recibió tantos golpes en la cabeza que, aparte de desarrollar un altér ego, como mecanismo de defensa, inconscientemente desactivó su sentido del oído y del habla.

Así que la única forma de tratar con ella era mediante la escritura, tenía varios cuadernos. Uno era para nuestra sesión, donde yo anotaba mis preguntas y ella mis respuestas, otro era para sus dibujos, y el tercero era para que ella anotara sus sueños.

Los sueños que tenía esa niña eran escalofriantes, eran, sin duda alguna, lo más aterrador que he leído alguna vez, luego de varios meses yo empecé a tener miedo solo de pensar que tendría que leer los sueños que esa niña tenía.

Voy a contar, entre otras cosas, los sueños más escabrosos que esa niña anotó en su cuaderno.

Recuerdo que el primer sueño que me causó escalofríos fue uno donde la niña puso que ella estaba en una casa abandonada, ella intentaba salir de la casa, pero era imposible, pues había demasiadas puertas y cada puerta llevaba a un cuarto con más y más puertas.

La pequeña escribió que estuvo corriendo y atravesando puertas por muchísimo tiempo, hasta que llegó a una habitación que no tenía puertas, era una habitación de madera con una extraña alfombra en el suelo.

De pronto, brazos comenzaron a salir de las paredes, del techo y del piso, todos los brazos intentaban agarrarla. Los brazos se golpeaban entre sí, luchando por agarrar a la niña, las cosas se pusieron turbias cuando la niña escribió que los brazos, ya muy enojados, comenzaron a arrancarse las uñas y luego los dedos.

Había otro sueño, que más que sueño era claramente una pesadilla. En esa pesadilla la niña iba caminando por el desierto, descalza, golpeada, con la ropa rota y el cabello desarreglado.

La niña describió con lujo de detalle como la herviente arena le cocinaba los pies, todavía no entiendo el vocabulario tan amplio de la niña, pues en el sueño hace mucho énfasis de como lentamente se está desollando por el calor.

Quiero pensar, que esa manera tan horriblemente detallista de escribir las pesadillas, fueron el resultado del altér ego que desarrolló como mecanismo de defensa después que llegó al psiquiátrico.

Siguiendo con la pesadilla. Finalmente, la niña llega a un campamento, los pies le sangran, la piel le arde. El campamento está completamente solo, pero hay un charco de agua, la niña se arrastra para poder saciar su sed, pero cuando está a punto de beber, del charco salen dos brazos y la toman de la cabeza, la jalan hacia el interior del charco y la ahogan.

Para ese punto yo tenía una teoría, quizá las terribles pesadillas que escribía la niña no eran sus pesadillas, sino que quizá eran recuerdos distorsionados del ataque que sufrió.

En aquel entonces no eran tan común atender pacientes con diferentes personalidades, y esa niña fue la primera que yo atendí con ese trastorno, así que era realmente perturbador ver cómo podía estar triste y de un segundo a otro pasar a tener una sonrisa siniestra, era como si se transformara en un monstruo, en un ser de pura maldad.

La niña compartía habitación con otros menores. La pequeña solía dibujar en las paredes, pero ella solo pintaba la parte derecha del cuarto, la parte izquierda la pintaba su altér ego, su otra personalidad.

Sus compañeritos de cuarto le tenían miedo, siempre se quejaban de ella, que no los dejaba dormir, que algunas veces ella se paraba en una esquina y desde ahí los observaba sin parpadear.

Las enfermeras también le tenían miedo, pues se corría el rumor que si tocabas la mano de la pequeña soñabas con tu propia muerte.

Esa niña generaba tanta mala vibra que en una ocasión la administración me llevó un documento para que lo firmara, querían realizarle una lobotomía.

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Jamás me gustaron esa cosa así que me negué, ellos no podían proceder sin la firma del doctor asignado, que era yo, así que lo dejaron por la paz. Era tan fácil como despedirme y poner a la niña a cargo de otro doctor que sí firmara la petición de lobotomía, por suerte no lo hicieron.

Las pesadillas que la niña escribía eran cada vez más violentas y sangrientas, rayaban en la locura. Una de las últimas pesadillas que tuve que leer describían un horrible ataque.

La niña empezaba escribiendo que ella estaba amarrada a una silla, y que enfrente había una jaula oscura, de la cuál emergía un enorme perro, el perro estaba furioso y trataba de salir de la jaula.

Ladra, gruñía, mordía los barrotes de la jaula, la embestía con todas sus fuerzas.

La niña puso que los ojos del perro furioso eran blancos. El perro lograba liberarse y se iba sobre ella, pero cuando estaba a un centímetro de morderla la cadena que el perro tenía en una pata lo detenía.

Entonces la niña, llorando y desesperada, llena de pánico, intentaba liberarse de las cuerdas que la sujetaban a la silla, no podía, de tanto moverse terminó cayendo con todo y silla, fue por culpa de eso que quedó al alcance de las hambrientas fauces del perro.

La bestia no perdió ni un segundo, la mordió con fuerza de una pierna, el perro comenzó a revolcar a la niña mientras la mordía con fuerza, le clavaba los colmillos una y otra vez, destrozando su pierna, finalmente la mordió con todas sus fuerzas y de un tirón le arrancó la pierna.

La niña se estaba desangrando, el perro se acercó a su cara, y cuando abrió la boca un brazo salió de su garganta y ahorcó a la niña.

El caso era demasiado intrigante y la verdad yo no estaba logrando ningún avance, la pequeña no mejoraba, todo lo contrario.

Así que decidí sincerarme con la niña, le dije que eso había sido todo, que debido a que ella estaba empeorando pues yo no tenía otra opción más que autorizar la lobotomía, ella abrió los ojos todo lo que pudo, entonces me dijo una cosa: Lo que escribo no son mis sueños, son los cuentos que escucho en mi cabeza antes de dormir.

Eso le dio una esperanza al caso, la pequeña no quería ser llevada al quirófano, la verdad desconozco si ella realmente tenía claro lo que era una lobotomía, pero todos los pacientes sabían que cuando alguien era llevado al quirófano cosas malas le pasaban.

Le dije que tenía que ser más cooperativa para poder curarla y sacarla de ahí antes que la llevaran al quirófano.

Entonces la niña, para mi total sorpresa e incredulidad, comenzó a hablar, me dijo que la otra niña, es decir su altér ego, era muy oscura, que era la hija del Diablo, me explicó que lo que le hicieron sus hermanos no fue solo un ataque, sino que se trataba de un ritual.

Eso no sonaba tan incoherente como parece, pues los hermanos de esa niña habían confesado durante el interrogatorio que pertenecían a una secta satánica.

La niña continuó hablando. Me dijo que el ritual había salido mal, pues la madre los había descubierto cuando el ritual aún no estaba completo, es por eso que la otra niña solo había nacido a la mitad, y que la otra niña estaba enojada por eso, que ese era el motivo por el cual la atormentaba contándole esas horribles cosas cada noche.

Seguí tratando a la niña por unos meses, y, aunque ella realmente mostraba interés en mejorar, su altér ego cada vez tomaba más control sobre ella, había días enteros que la niña no volvía del limbo mental.

Finalmente no hubo nada más qué hacer, la gota que derramó el vaso fue cuando la niña intentó hacerse mucho daño, ya no pude hacer nada por ella, la llevaron al quirófano.

Sé perfectamente todo lo que les hacían ahí dentro a los pacientes, pero es tan horrible que no me atrevo a mencionarlo.

Cuando la niña salió de ahí ya no era la misma, estaba rota, todo el tiempo estaba ida, ya no era consciente de sí misma ni del mundo que la rodeaba, hablaba pero no decía nada, escuchaba pero no hacía caso.

No soportaba verla y saber que pude haberla ayudado si yo tan solo hubiera hecho un mejor trabajo, luego me asignaron a otro paciente que tenía el mismo trastorno, era un hombre muy macabro que decía que era un Nahual, pero esa es otra historia. Renuncié pues sabía que tampoco podría ayudarlo.

Algunos años después el hospital psiquiátrico fue demolido, sí, yo trabajé en la Clínica San Rafael, en la alcaldía de Tlalpan.

Esa clínica está envuelta en muchísimos misterios, hasta se hizo una película justo antes de que fuera demolida.

Al día de hoy, en el terreno donde antes estaba el quirófano donde se practicaban las lobotomías está un Wal-Mart.

Autor: Ramiro Contreras.

Derechos Reservados.

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