La Muñeca Japonesa Historia de Terror

La Muñeca Japonesa Historia de Terror

La Presente historia La Muñeca Japonesa Historia de Terror que estoy por contarles, vino a mí una madrugada en las afueras de Urgencias médicas, pues mientras veíamos que llegaban uno tras otro enfermo, muchos no podíamos pegar los ojos para dormir pues había un constante movimiento, fue cuando todos los que estábamos allí, decidimos hablar sobre cuentos o relatos de suspenso, pero particularmente el comportamiento de una chica que se encontraba allí, fue el que más me inquieto, pues mientras que los demás hablaban ella temblaba y no era precisamente de frío, sino más bien de miedo pues cuando tuvo su oportunidad de hablar la historia que nos contó, nos dejó helados a todos.

No cuento con mucha información sobre el paradero del lugar exacto, o el año en que pasó, o nombre de la persona a quien le sucedió, solo tengo de conocimiento lo que aquella persona nos contó en el momento, por ello procederé a relatarles en primera persona, con el fin de respetar el origen de la historia.

Creo que la mejor manera de iniciar esta historia es de la siguiente manera…

Se acercaba semana santa, y en la oficina estábamos organizando una salida de vacaciones entre todos los compañeros, tuvimos la suerte de que la empresa nos otorgara toda la semana santa para descansar, así que uno de mis compañeros nos comentó que podíamos usar su casa en Puerto Vallarta, pues ellos se quedarían en la ciudad ese año y para él le ayudaría a que le echáramos un ojo a su casa. Todos optamos a que se trataba de una buena idea por lo que nos organizamos para quedarnos de ver allá. Mi compañero me entregó las llaves de la casa a mí personalmente, debido a que al parecer yo sería la primera en llegar a la casa pues los demás aún tenían que preparar ciertas cosas. No tuve problema alguno en que fuera yo la primera en llegar. Sin embargo, mi compañero me otorgó ciertas indicaciones por las cuales tenía que poner atención, y entre ellas me mencionó que la puerta de la habitación de las niñas no cerraba bien y siempre se abría por sí sola, la casa era de madera en su mayoría y que era normal que crujiera por las noches por la dilatación de la madera, pero al final me dijo algo que en un principio lo mencionó bastante serio, pero al final se rió de forma burlona, lo cual fue lo siguiente…

“Pero si te hablan en la noche no preguntes quien es, luego te jalarán los pies”

Lo tomé en tono de una burla pues todos en la oficina se rieron, por ello no le di más importancia al tema y lo olvidé.

Ya habiendo llegado la fecha de partida supe por parte de mis compañeros que llegarían un poco más tarde de lo que habíamos acordado, era de esperarse esto pues ya estábamos en épocas de vacaciones y había mucho tránsito en carretera, sin embargo, por mi parte yo estaba viajando sola no tuve ninguna complicación y llegué a la casa de Puerto Vallarta a tiempo. La casa se encontraba en lo alto de una colina, a un par de kilómetros se podía ver el mar desde allí, se encontraba algo descuidada por fuera, y al abrir la puerta me percaté que era necesario ventilar la casa pues había mucho olor a humedad. Quizás puedo decirlo en este momento, pues cuando llegué pude sentir que de alguna manera estaba invadiendo un espacio en el que no debía estar, pensé que quizás me sentía así debido a que me encontraba en un lugar que no era mío y lo desconocía en su totalidad. Recorrí la casa en silencio, y cada ventana que me encontraba la abría para que entrara la luz del sol y el olor a encerrado se fuera. Fue cuando logré ver una habitación que me llamó mucho la atención, tenía una puerta rosada, no tuve problemas en identificar que se trataba de la habitación de las hijas de mi compañero pues el nombre de ellas estaba pegado en la puerta. La puerta no estaba bien cerrada, pero aun así la abrí con cuidado y en silencio, sé que me encontraba sola en la casa, pero aquel sentimiento de que estaba invadiendo un lugar que no era mío fue más intenso. Había dos camas, una al lado de la otra separadas quizás por un par de metros, sobre una de ellas solo estaban las cobijas y almohadas polvorientas y en la otra se encontraban varios peluches y entre ellos una muñeca japonesa con un kimono. Me pareció muy bonita, tuve la inquietud de levantarla para verla, era algo inquietante, pero parecía ser que sus ojos negros me observaban. La dejé en su lugar y abrí las cortinas y ventana para que entrara el aire, para luego salir de la habitación para seguir mi recorrido. Sin embargo, apenas había recorrido unos metros fuera del cuarto cuando escuché un fuerte golpe proveniente de él, me di la vuelta para observar que se trataba y me di cuenta de que la ventana de la habitación y las cortinas estaban igual que antes. Pensé que quizás había sido el viento el cual había cerrado la ventana, pues había comenzado a soplar fuerte hasta hace poco que había llegado, pero la cortina estaba cerrada, no le hallaba una explicación. Decidí dejarlo así para poder continuar con mi exploración en la casa.
Ya habían pasado varias horas y estaba ya anocheciendo, mis amigos aún no llegaban y por mala suerte no tenía señal suficiente para marcar por teléfono, hasta eso había tenido la fortuna en encontrar los interruptores de luz, así que pensé en dejar las luces encendidas de la casa para que de alguna manera mis amigos lograran ver la casa si llegaban ya más tarde. Sin embargo, no llegaron. Ya era casi media noche, y por estar esperándolos no había cenado. Yo estaba sentada en el pórtico de la casa y cuando justo pasó un minuto de media noche, me metí a la casa para prepararme algo de cenar. Pero al abrir la puerta tuve una sensación de haber visto a alguien subir por las escaleras, pues había visto su largo cabello negro. Me quedé pensativa un momento tratando de aclarar mis pensamientos, me acerqué un poco a las escaleras, pero no vi a nadie, sin embargo, el piso del segundo piso comenzó a crujir, pues parecía que alguien caminaba por arriba de mí. Me acordé de lo que me había comentado mi amigo al respecto de la casa y los sonidos, eso logró tranquilizarme un poco.

Mientras cenaba aquellos ruidos del segundo piso tan inquietantes habían cesado, y por el momento yo intentaba que mi teléfono agarrara señal, pero todo fue en vano, así que decidí que ya era momento de irme a acostar, con suerte al día siguiente por la mañana ya estarían llegando mis compañeros.

Decidí dormir en la habitación de las niñas, pues la recámara principal no la había logrado abrir, escogí para dormir la cama que no tenía muñecas encima con el fin de no tener que estar moviendo los peluches de la hija de mi compañero, pero particularmente de la muñeca japonesa sentía una sensación de ansiedad de solo verla allí acostada. En el cuarto  había un silencio sepulcral, solo se podía escuchar a lo lejos el oleaje del mar y que el viento estaba algo fuerte,  así que decidí poner algo de música y fue cuando  me percaté que mi celular ya estaba muerto por la poca señal, así que me puse a tararear una canción, esto me ayudaba a tranquilizarme aún me sentía algo intranquila por la impresión de haber visto una mujer subir las escaleras, no podía quitarme de la cabeza aquella imagen cuando me di cuenta de que ya no era la única que estaba tarareando la canción, me quedé en silencio por un momento y aquel sonido continuó su tarareo hasta que se dio cuenta de que yo no cantaba y se quedó callada en un instante. Me desconcertó bastante, no podía tratarse de eco en la habitación pues sonaba muy parecido al sonido que podía hacer una persona. Me pareció identificar que el sonido venía por debajo de la cama, pero no tuve el valor de revisar, desde pequeña ya había adquirido un cierto temor a lugares oscuros y todo el ambiente que estaba viviendo en ese momento no me ayudaba en nada a tranquilizarme, me fijé a mi alrededor para ver si  no veía nada extraño y fue allí que pude darme cuenta de que la muñeca japonesa estaba acomodada de un particular modo en la otra cama, no recordaba haberla cambiado yo de posición, esta se encontraba sentada y observándome, podía sentir que aquella muñeca no me quitaba la vista de encima, así que tomé una de las sábanas de mi cama y se la arrojé encima quedando cubierta por completo.

Pese a estar en completa oscuridad, la luz de luna llena era suficiente para poder ver todas las cosas dentro de la habitación con detalle, no había podido abrir la ventana nuevamente, esta parecía estar atorada por fuera, pero la cortina si la logré recorrer. La luz de la luna era suficiente para mí, traté de pensar en otras cosas para distraerme y lograr conciliar el sueño pues escuchaba algunos crujidos provenientes de la casa que me alteraban y sin darme cuenta me quedé dormida.

Algo había empezado a incomodarme, sentía que en mi mejilla había quizás un insecto pues podía sentir que pasaba cerca de mi rostro, y sin abrir los ojos sacudí la mano con la intención de espantar al insecto que estaba sobre mí, cuando logré golpear algo y arrojarlo al piso, fue un golpe fuerte lo que se cayó lo cual provocó que abriera los ojos para fijarme en que se trataba miré a mi alrededor y me di cuenta de que la sábana que le había arrojado a la muñeca se encontraba en el suelo, pero la muñeca no estaba allí,  tuve una sensación horrible de que alguien me estaba observando miré a los lados y a los pies de la cama allí estaba la muñeca observándome, grité fuertemente y jale las cobijas para cubrirme, y alguien cerró las cortinas para quedar ahora si en completa oscuridad, escuché la risa de una niña que se encontraba en la habitación y salía de ella para cerrar la puerta con fuerza. Yo me encontraba temblando y no solo era de miedo, sino que también el ambiente se había puesto helado, aún tenía en mi cabeza el rostro de aquella muñeca, sabía perfectamente lo que había visto y no se trataba de mi imaginación. Me descubrí un poco la cara para ver si había algo aun allí, pero no podía apreciar nada, todo estaba a oscuras, yo ya no podía seguir más allí, tenía que salir o irme a otro lugar así que pensé en mejor irme a mi carro y esperar a que llegaran los demás, fue cuando pude escuchar que alguien había empezado a tararear la misma canción que yo hace unas horas. Aquel sonido provenía ya del pasillo, no estaba dentro de la habitación, sin embargo, recordé que mi compañero me había advertido que la puerta no cerraba bien, tuve una sensación más fuerte de ansiedad al imaginarme que aquello se encontraba a unos pasos de donde yo estaba y que en cualquier momento podía abrir la puerta y encontrarme allí, inmediatamente me levanté de la cama y cerré la puerta con todo mi peso, y aquel tarareo se quedó callado. Fuera lo que fuera que se encontraba en el pasillo se había dado cuenta de que yo estaba en el cuarto y le había cerrado la puerta, pero en ese instante recordé que la muñeca aún estaba en la habitación y que la había visto al pie de mi cama, pero ya no estaba allí, pude escuchar otra vez que alguien tarareaba la canción, pero el ruido provenía debajo de mi cama, yo estaba a pocos metros de ella, y en eso dos fuertes golpes a la puerta se escucharon, parecía que alguien quería entrar al cuarto, me quedé en silencio y al mismo tiempo observando debajo de la cama, cuando escuché que alguien comenzó  a caminar por el pasillo y se alejaba de la puerta. El tarareo volvió a parar, el ambiente del lugar dejó de estar tan helado, tuve un presentimiento de que era el momento que podía salir del cuarto, así que me levanté rápidamente, tomé las cobijas que estaban cerca de mí y abrí la puerta, no me importaba lo que me encontrara a un lado mío al salir o donde quiera que estuviera, yo llegaría directamente a las llaves de mi auto que se encontraban en el primer piso y saldría de aquella casa. Puedo jurarles por Dios que a un lado mío cuando salía de aquel cuarto se encontraba una mujer de pie que me observó pasar de largo. De reojo la observé y pude ver una larga cabellera oscura y su piel tan blanca al igual que la nieve. No pude ver más, era tanto el miedo que tenía encima que tomé las llaves rápidamente, salí de la casa y quité la alarma al auto para meterme y quedarme allí observando la casa.
Me encontraba llorando, estaba demasiado asustada por lo que había pasado en ese momento, pero cuando pensaba que todo había sido a causa de mi imaginación la luz de la casa por dentro se encendió, primero del segundo piso y después el primer piso, pensé que aquello que se encontraba allí me estaba buscando. En ese instante me di cuenta del terrible error que había cometido, mi teléfono se había quedado adentro y no podía pedir ayuda, sin embargo, esto ya no me importó y encendí el automóvil para salir de allí y buscar ayuda.
Me quedé dormida en el estacionamiento de una tienda de autoservicio, ya había amanecido, así que decidí regresar a la casa y esperar afuera a que llegaran mis compañeros, no podía imaginarme que pasaría si ellos no llegaban y yo tendría que entrar sola nuevamente a la casa por mis cosas. Sin embargo, al llegar tuve la fortuna de encontrarme con todos ellos en la pura entrada de la casa, quienes estaban allí esperando a que les abriera. Me preguntaron que donde estaba o que me había pasado pues en mi rostro se aprecia la mala noche que había tenido. Traté de explicarles lo que había sucedido y que yo no estaba ya dispuesta a pasar una noche en esa casa, uno de mis compañeros se ofreció a acompañarme por mis cosas, a lo que accedí yo para recogerlas e irme a otro lado. Al entrar a la casa, me di cuenta que la habitación principal ya estaba abierta, me acerqué a ella para verla por dentro, ya me sentía con mayor confianza pues mi amigo estaba cerca de mí, fue cuando la vi, a la muñeca japonesa sentada sobre la cama, me observaba, tomé la perilla de la puerta y cerré fuertemente, mi amigo me vio que estaba alterada, entré a la habitación de las niñas, tomé mis cosas y Salí de la casa para jurar jamás volver. Intenté convencer a mis compañeros de lo que se encontraba allí, más mis esfuerzos fueron en vano, se habían tardado bastante en llegar y estaban ya cansados, por lo que no se regresarían. Yo no estaba dispuesta a quedarme un día más, así que les di mi bendición y me fui a rentar una habitación de un hotel.
A la siguiente semana, cuando regresamos a trabajar me acerqué con mi compañero dueño de la casa para comentarle lo que me había pasado, él me dijo que me advirtió que pasaban cosas raras, sin embargo, algo que me comentó me desconcertó bastante y aun hoy en día no logro conciliar bien el sueño por lo que me dijo…

“Mis hijas no tienen ninguna muñeca japonesa”

Aquella mujer que nos contó esa historia, captó la atención de todos en ese momento, sin darnos cuenta ya había pasado una hora, ella aún se encontraba temblando, más no sabía si era por frío o por el miedo de recordar todo aquello.

 
Autor: Lengua De Brujo
Derechos Reservados

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