Los Perros Le Ladran Historia de Terror

Los Perros Le Ladran Historia de Terror

Hay muchas versiones de La Llorona, algunas son históricas, otras son románticas, y algunas otras son trágicas, yo vengo a hablar de una versión más siniestra y de mi experiencia con este oscuro ser Los Perros Le Ladran Historia de Terror.
Soy del estado de Chiapas, de Ciudad Hidalgo, mi ciudad es frontera con Guatemala. Lo que nos separa es el río Suchiate, uno lo puede cruzar remando para ir a Tecún Umán, pero es más común que los de allá lo utilicen para cruzar para acá.
No tengo idea de que tan común sean los encuentros con esta Llorona, pero al menos ninguno de mis vecinos la ha visto, si la han escuchado, pero al parecer yo he sido el único desafortunado en toparme con ella.
Bien, debido a mi trabajo yo debo pasar todas las noches por el Puente Cuarentenaría, que está sobre la carretera que lleva a la ciudad de Tapachula. Por lo general yo me desplazo en moto, pero cuando la tengo detenida me muevo en taxi.
Desconozco que tipo de fama tenga mi ciudad, pero la realidad es que aquí sí es un poco peligroso, pero es en ciertas zonas, no en todas partes. Estoy consciente de la desconfianza que existe a los cuerpos policiales, pero al menos en lo que a mí respecta la policía nunca me ha detenido, no sin que me lo haya buscado, claro.
A los que si detienen de vez en cuando es a los traileros, sobre todo en las noches, ya que en más de una ocasión ya han ocurrido accidentes porque algún trailero se quedó dormido mientras manejaba, o por qué venía en estado inconveniente debido a ciertas sustancias ilegales.
Para llegar a mi casa debo pasar la Iglesia del Nazareno y dar vuelta en el Parque Central, vivo algunas cuadras detrás del Mercado.
Aquella noche había salido un poco más temprano, así que antes de llegar a mi casa decidí pasar al Oxxo a comprarme unos cigarros, unas papitas y un refresco, y después fui a sentarme ahí cerca de la cosa esa blanca gigante que almacena el agua, en medio del Parque Central.
Ahí estuve un rato, tranquilo, como una media hora más o menos, de pronto comencé escuchar unas sirenas que se estaban acercando, entonces pasaron algunas camionetas de la Guardia Nacional y unos vehículos del ejército, eso era para alarmarse, pues, aunque ahora es más común ver a la Guardia Nacional, en ese entonces no se les veía con frecuencia.
Inmediatamente, los perros comenzaron a ladrar tras escuchar las sirenas, normal, siempre hacen eso los perros, pero de todas formas me puso incómodo.
Vivo a unos 5 minutos en moto así que lo primero que pensé fue en irme, pero luego me puse a pensar que si los de la Guardia Nacional me habían visto sentado y luego me veían irme quizá podrían pensar que me les estoy escondiendo así que mejor decidí quedarme ahí otro rato, al menos hasta que las sirenas ya se escucharan bastante lejos y los perros dejaran de hacer su escándalo.
Por aquel entonces no había tanta iluminación como ahora, así que el ambiente ahí era un poco, ya sabes, oscuro, y con el ruido de fondo que daban los ladridos de los perros todo aquello parecía como si algo realmente terrible fuera a suceder.
Pasaron algunos minutos la zona se quedó en completo silencio, ni siquiera el viento soplaba, los perros también dejaron de ladrar de forma abrupta, era como si el tiempo se hubiera detenido por completo y de repente escuché un espantoso grito chirriante y agudo, hizo mucho eco, era horrible, luego se volvió a escuchar otro grito, era desgarrador, como si la persona que estaba gritando estuviera siendo torturada de una forma bastante sádica y despiadada.
Entonces los perros volvieron a ladrar, pero su ladrido era diferente, no era el típico ladrido, los perros sonaban muy alterados, enojados, inclusive se podía escuchar como algunos perros golpeaban las rejas intentando liberarse, los perros estaban como locos.
El miedo me invadió de inmediato, giré en todas direcciones buscando el origen de los espantosos quejidos, pero no vi nada fuera de lo normal.
Aquellos gritos comenzaron a sonar cada vez más fuertes y cada vez daban más miedo, aparte parecía que ahora los gritos provenían de diferentes lugares, eso definitivamente ya no tenía ni el más mínimo sentido.
Mi corazón estaba latiendo con fuerza, a mil por hora, mi cuerpo se estaba preparando para salir corriendo en cualquier momento, pero de la nada los horribles gritos se esfumaron.
Yo no tenía nada de sueño y llevaba al menos dos meses que no consumía así que definitivamente aquellos desgarradores gritos habían sido reales, los perros que aún seguían ladrando me confirmaban que, por desgracia, no se trataba de mi imaginación.
Estaba quieto cuando sentí una quemadura en la mano, inmediatamente solté el cigarro, ya se había consumido casi por completo.
Sacudí mi mano para mitigar el dolor, mientras escuchaba como cada vez eran menos los perros que seguían ladrando, finalmente todos se callaron y el silencio volvió a apoderarse del lugar.
De pronto, a lo lejos pude ver a una persona que estaba entrando al parque, caminaba muy despacio, no tardé en darme cuenta de que se trataba de una mujer, estaba descalza y su cabello era largo y negro, venía con la cabeza agachada así que no podía distinguir ni un solo detalle de su rostro. Lo que más me resultaba curioso es que al parecer tenía en sus brazos a un bebé, inclusive creo que le estaba cantando. Era bastante tétrico la verdad, tuve la impresión de que esa mujer pudiera tener aluna enfermedad o trastorno mental.
Yo ya me quería ir a mi casa, sinceramente yo estaba muy asustado por todas las raras cosas que estaban sucediendo esa noche.
Para ir por mi moto tenía que ir en la dirección de la que venía la mujer así que simplemente lo hice.
Cuando pasé al lado de ella no pude evitar notar que sus manos y sus pies eran de un tono gríseo, y el bebé que iba cargando tenía la piel un tanto azul, no pude verle el rostro a la mujer. Recuerdo que pude escuchar que hizo un ruido, no eran palabras, eran más bien como el sonido de un caballo algo similar.
Estuve junto a ella menos de un segundo, pero se me hizo eterno, esa mujer tenía una vibra bastante pesada y densa. Como si hubiera hecho algo muy malo.
Por alguna razón se me ocurrió mirar al suelo y me di cuenta de que había un tenue goteo de sangre por donde la mujer había pasado, eso era una mala señal, definitivamente algo estaba mal con esa tétrica y siniestra mujer.
De pronto volvieron a escucharse esos terribles y espantosos gritos, sentí que mis oídos iban a reventar, los quejidos y lamentos eran demasiado fuertes, inmediatamente después al ruido se sumaron los ladridos de los furiosos perros, había tanto ruido que incluso me tiré al suelo de la desesperación, aquello me sobrepasaba.
A los pocos segundos cesaron los ruidos, pero no se callaron los perros, me levanté asustado y sentí la necesidad de voltear para ver a la mujer. Cuando lo hice ella estaba mirando en mi dirección, ahora si podía verle el rostro, no tenía nada piel, solo era una calavera, en donde se supone que van los ojos tenía un par de esferas de fuego ardiente y parecía estar llorando sangre, pude ver mejor a la criatura que llevaba cargando y entendí por qué lloraba, el bebé estaba muerto.
Sentí mucho miedo y a la vez pena.
La mujer comenzó a emitir ruidos como de un perro moribundo, sus quejidos eran tenues pero consistentes, más que miedo daba tristeza, melancolía y ansiedad. La mujer se dio la vuelta y siguió su camino mientras todos los perros de la colonia estaban vueltos locos y no paraban de ladrar.
Yo quedé en shock por algunos momentos, pero después me di la vuelta y corrí hasta mi moto, me largué de ahí directo hacia mi casa.
Cuando pasé por el mercado pude ver a un perro golpeándose contra su casa de madera mientras ladraba con todas sus fuerzas, los ojos del animal estaban dilatados y palpitaban, parecía como si el perro estuviera poseído.
Ya estaba a una cuadra de mi casa cuando escuché un ruido ensordecedor, frené de golpe debido al susto, entonces al final de la calle pude ver que estaban pasando unas camionetas de la Guardia Nacional con las sirenas encendidas, respiré aliviado.
Seguí mi camino y finalmente, después de momentos muy angustiosos, llegué a mi casa, mi mamá y mis hermanos estaban despiertos debido al ensordecedor concierto que estaban dando todos los perros.
Lo primero que hice fue preguntar si alguno había escuchado lo que había sucedido.
La respuesta que todos me dieron fue que escucharon las sirenas desplazarse rápido, dijeron que lo más probable es que estuvieran en una persecución.
Yo insistí con mi pregunta, pero ahora estaba haciendo énfasis en si habían escuchado gritos o algo además de las sirenas de la Guardia Nacional.
Los perros estaban que se los llevaba el diablo de coraje, dijo mi mamá mientras sostenía una taza de café, nunca hacen tanto ruido solo por las sirenas, añadió mi hermana.
Le pedí a mi madre que me preparara un té para el susto y nos sentamos a platicar. Ahí les dije sobre mi encuentro con la oscura mujer.
Mi madre se acercó a mí y me dijo en voz baja que me había topado con La Llorona, en cuanto mi madre dijo eso nuestros perros comenzaron a ladrar….
 
Autor: Ramiro Contreras
Derechos Reservados

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