exorcismo (2)

Exorcismo 2022

Exorcismo… Historia compuesta por familiares del protagonista y por notas del Sacerdote involucrado.

El presente relato está compuesto por una serie de comentarios expresados por testigos y miembros de la familia del Sacerdote que prestó sus servicios en el lugar donde surgieron los eventos, no existen registros grabados que aconteció en el momento por las circunstancias en que se presentaron, sin embargo, se cree ciegamente en los comentarios confirmados por el mismo protagonista.

Así mismo y con absoluto permiso del dueño del relato nos facilitó ciertas notas que ayudaron a completar la historia. Los nombres de los involucrados serán cambiados para proteger cualquier relación que se genere con algún familiar aún con vida.La Historia será relatada en primera persona, de modo que el mismo Sacerdote (en aquel entonces Cura) la relatará desde aquí en adelante…

Cd. Hidalgo, Michoacán 1975

En mis primeros años de Cura, se me solicitó prestar mis servicios en el Poblado de Tafetán, un municipio con muy poca población apenas, contaba con una parroquia en la cual nunca hubo un Párroco establecido, solo se asistía a dar servicios los fines de semana a medio día para celebrar misa o atender a la gente, pero al pasar el tiempo el pueblo fue olvidado por la religión pues ningún Cura o Párroco tenía la intención de regresar a ese lugar.

Las razones o el por qué siempre eran las mismas, se hablaba de energías negativas, fuerzas demoníacas que no se podían controlar solo con la oración, demonios que se hacían presentes y que la palabra de Dios no les hacía retroceder .

Esto generó que con el pasar de los días, semanas y meses, la población se retirara de la Religión, provocando que los mismos habitantes recurrieran a sus propios recursos para solventar sus problemas por otras vías, las cuales eran con Brujas o Nahuales, puros charlatanes que se aprovechaba de la escasa mentalidad de varios habitantes de Tafetán eran cada vez más y más quienes manipulaban estas energías negativas.

Pero, se llegaban a dar casos o situaciones en particular que estos charlatanes lograban desencadenar ciertos eventos, abrían portales para convocar seres que no debieran estar entre nosotros o provocaban desgracias entre la gente.

Y justamente fue un ser de las sombras el que causó uno de los mayores eventos paranormales en Tafetán que me toco enfrentar.

Fue así como el Cardenal, al enterarse de cómo se perdían devotos en Tafetán, nos hizo llegar una Carta mencionando la urgencia de atender a la Región, no era un secreto que al Sacerdote que le tocara brindar la ayuda a Tafetán se llevaría una tarea complicada, más aún se desconocía de todos los riesgos a los que se enfrentaría, no puedo decir que sea algo injusto el que me eligieran a mí, pues mi filosofía de la vida siempre ha sido el servir a la comunidad.

Sin dejar que pasara más tiempo salí al día siguiente desde muy temprano de Ciudad Hidalgo hasta el municipio de Tafetán, un viaje que duraría poco menos de tres horas y media y que justo pocos segundos antes de subir al autobús, uno de mis compañeros del convento me alcanzó para entregarme una caja en la cual me dijo que solo la abriera en caso de urgencia extrema.

Ya teníamos cierto conocimiento de lo que me podría afrontar allá por ello me prepare con varias cosas, pero aquello que me entrego el Cura Miguel Ángel, parecía ser un objeto que no ha cualquiera le entregaban.

Ya arriba del camión me di cuenta de que la cajita venía con una nota, la cual mencionaba lo siguiente: “Solo úsalas en Extrema necesidad si te encuentras con Pifas y que Dios te Bendiga”

En ese momento y a partir de allí en adelante comencé a sentir miedo sobre lo que me llegara a ocurrir.

Tafetán, Michoacán

Después de un viaje largo y cansado, llegué por fin a la terminal de Tafetán, allí ya se encontraban esperándome un par de personas a caballo de las cuales una de ellas resultó ser el anterior sacristán del templo, quien al presentarse conmigo noté que le hacía falta un ojo, y por ello me pidió que le llamara mejor por su apodo, “Tuerto”, no quiso decirme el motivo de la manera en que perdió el ojo, sin embargo si me mencionó que quien lo bautizó con ese sobre nombre fue el Cura anterior y por ello le tomó cariño al apodo.

El otro chico que estaba allí, mucho más joven que nosotros dos, no decía nada, incluso al presentarme y preguntarle por su nombre no dijo nada, Tuerto me comentó que no me lo tomara a mal, pues al chico le habían cortado la lengua, pero que, aunque no lo creyera era buena persona y a su vez era bueno para correr la voz, así que lo mandó a que avisara que llego un nuevo Cura a Tafetán.

Después de subir las cosas a una carreta que nos prestaron, Tuerto me comentó que era momento de ponernos en marcha pues la Parroquia se encontraba a más de dos horas de camino en carreta y no era un camino fácil de andar.

Durante el recorrido a la Parroquia, Tuerto me estaba poniendo al corriente sobre la última vez que hubo una visita de un cura en el Pueblo y de lo desesperada que estaba la gente por ser atendida por alguien pues ya tenían tiempo que comenzaron a suceder cosas extrañas y cual sería mi sorpresa que a mitad del camino me di cuenta de que una larga fila de fieles ya estaba siguiéndonos a cientos metros de donde estábamos nosotros

Tuerto me comentó que la gente ya venía a buscar socorro y era necesario todavía meterle mano a la Parroquia para poder atenderlos.

A la una en punto, llegamos por fin a la cima del monte donde se encontraba la Parroquia, se encontraba olvidada y deteriorada, pasaron varios meses desde la última vez que la usaron, Tuerto me comentó que ya no pudo brindarle el mantenimiento de siempre, pero si acostumbraba a venir a echarle su revisada cada cierto tiempo. Tuerto sacó una llave oxidada para abrir la puerta principal.

Exorcismo

exorcismo-1
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Por dentro se apreciaba que la naturaleza ya estaba reclamando su territorio, nos encontramos con polvo, arañas, telarañas por todas partes y animales rastreros.

Hicimos lo que pudimos para limpiar el lugar, o lo necesario para poder brindar atención a la gente que ya se le escuchaba llegar.

Atendimos demasiados servicios ese día, ciertamente creí que Tuerto me dejaría solo en un momento, pero se encargó de ordenar a la gente que llegaba, procuraba acercarme lo que necesitaba para cada atención necesaria, hubo un momento en que el pude ver el sol meterse y volver a salir para un nuevo día.

Lo que me comenzó a preocupar fue que de tantos servicios que dimos el agua bendita, los aceites de consagrar y el incienso se me estaba terminando o ya no tenía más. Tuvimos que usar los recursos que tenía la parroquia, pero ya estaban muy viejos o llenos de polvo, así que procurábamos no usarlos del todo.

Después de haber recibido la bendición la gente pedía pagar el servicio recibido, dejaban su diezmo o en la mayoría de los casos su limosna, pero quienes no traían dinero nos dejaban productos o comida, entre ellos dejaban huevos, pan, harina y hasta animales vivos como una forma de pago. Llegué a bautizar niños y gente mayor, se hicieron varias confesiones y se ofreció alivio para las viudas del pueblo, pero conforme se avanzaba con la atención a la gente, eran cada vez más extrañas las cosas que les pasaba a los pobladores o era fuera de lo esperado.

Una señora, Madre de familia pedía socorro pues mencionaba que cargaba sobre su espalda el espíritu de su hijo muerto hace años, fue algo que me llamó la atención, ella se encontraba jorobada y no podía levantar la cabeza.

Hablé con ella y oramos juntos, le rocié agua bendita que tenía guardada para casos de esta índole, ella se estremeció en cuanto unas gotas le tocaron la joroba y pudo levantar la cabeza a lo alto.

Me preguntó que le rocié y le mencioné que era solo agua bendecida por el mismo Papa Juan Pablo Primero.

Fue a partir de aquí que la gente notó que no solo con la Palabra de Dios ayudábamos. Inmediatamente se corrió la voz de lo que estaba sucediendo, llegando mucha más gente con peticiones similares. Un anciano se acercó a pedir que fuera a bendecir sus tierras, pues aseguraba que en las noches los nahuales se metían para buscar ovejas y sacrificarlas.

Otra persona llegó de rodillas suplicando misericordia pues decía que cualquier calzado que se ponía le lastimaba los pies, busco ayuda con una curandera y ella le decía que traía pecados arrastrando y que no podía ayudarle, lo confesé y le perdone sus pecados, fue cuando aquel hombre con lágrimas en sus ojos se sentó un momento, tomo sus zapatos, los sacudió con mucha fuerza y de ella salieron cientos de piedras pequeñas, el aseguraba que no estaban allí antes.

Se retiro caminando y con lágrimas en sus ojos. Esos días escuché y aprendí mucho sobre Brujos, curanderas, nahuales, chacales y fantasmas, pero nada nos preparó para lo que estaba llegando poco a poco.

Apenas descansamos tan poco entre el Tuerto y yo, yo sentía que mis piernas en cualquier momento se doblarían por el cansancio, mis esperanzas de descansar ya estaban cerca, era poca ya la gente que quedaba.

Al pasar la media noche noté que en una esquina se encontraba un par de personas que no me quitaban la vista de encima, así que decidí acercarme a ellos para preguntarles si se les ofrecía algo o si estaban esperando a alguien más. Pero ninguno de ellos se animaba a hablar, les insistí nuevamente, uno de ellos se quitó el sombrero y se acercó a mi para decirme al oído algo que superó a todo lo que escuche esos días…

-allá afuera traigo al mismo diablo atado

Nunca dudo de lo que dice alguien, a decir verdad, creo firmemente en lo que me han confesado, sin embargo, esta vez una parte de mi deseaba que aquello que me dijeron fuera una mentira. Les pedí que me mostraran donde se encontraba.

Afuera del templo se encontraba una carretilla cubierta por una lona, se sacudía de forma incontrolada de un lado a otro, el pobre asno que usaron para jalar la carretilla se encontraba bastante nervioso y la poca gente que aun quedaba esperando su turno se alejó por completo y en ese instante se escuchaban gruñidos iguales a los de un perro.

Le pedí a Tuerto que sacara a la gente del templo para meter la carreta mientras que nosotros la empujábamos hacia dentro, al momento en que la toqué se sacudió y una voz áspera se escuchó insultándome, exigiéndome que lo dejara en paz.

Les pedí a los acompañantes que me ayudaran a meter la carreta sin importar que esta se sacudiera, mientras que tuerto terminó de sacar a todos del templo.

Tuerto me acercó todas mis cosas, la poca agua bendita que quedaba, los santos oleos que sobraron por si me servía de algo, mi biblia con el rosario y mi mochila con las pocas cosas que me quedaban.

No sabía a lo que me estaba enfrentando, no podía dar por hecho de que se trataba de una posesión, pues para la iglesia hay ciertos protocolos que se deben seguir para asegurar que sea una posesión demoníaca, sin embargo, no estaba en posición para esperar al veredicto de la iglesia, descubrieron la carretilla y allí estaba el cuerpo de una persona envuelto en cobijas y atado por completo. Su cabeza estaba cubierta por una funda de una almohada.

Antes de que le descubrieran el rostro les pedí que me contaran que fue lo que sucedió.

El primero en hablar fue el que parecía ser el padre, el me comentó que tiempo atrás su hija fue monaguilla del antiguo Cura de esta iglesia, y cuando este se fue de Tafetán las cosas comenzaron a dificultarse.

Allí me di cuenta de que la persona que se encontraba debajo de las sábanas era una mujer, me acerqué a ella y le pedí que me dijera su nombre, pero solo escuchaba la risa malévola de aquella criatura, su voz sonaba igual que si un hombre y una mujer hablaran al mismo tiempo.

Les pregunté si en algún momento dijo el nombre del demonio que estaba poseyendo a la chica, pero lo negaron. Tomé la funda de la almohada y cuando estaba a punto de quitársela le comenté a los demás que no hicieran contacto visual con la chica, aunque les hablara.

El Padre de la chica comenzó a rezar, mientras que Tuerto y el otro señor se alejaron bastante. Quité rápidamente la funda de la cabeza de la chica y el rostro demacrado y con rasguños por todas partes me veía atentamente. Ya había leído antes de estos casos, nunca me imaginé que me enfrentaría a algo así, inclusive jamás me imagine que me pasaría.

Su mirada era inquietante no me decía nada, no tuve la fuerza de voluntad para mirarle el rostro, así que miraba hacia su frente y ella se reía de mí, me insultaba diciéndome que era un débil mental, me decía que mi Dios no era el Alfa y Omega, pero lo que más me desconcertó fue que comenzó a hablar con la Voz de mi Madre quien ya falleció hace tiempo.

Dijo mi nombre completo y el de mi Padre también diciéndome que pronto vendría por mi familia.

Y antes de que dijera algo mas le dije que se callara, y cada vez que intentaba hablar le repetía que se callara en nombre de Dios. Saqué el agua bendita y se la rocié en la cabeza por completo, se empezó a retorcer pues de ella salía vapor, parecía que el agua bendita se evaporaba en cuanto tocaba su cuerpo.

Aun me quedo un poco así que decidí guardarla. La chica dio un fuerte grito el cual me empujó hacia atrás y al mismo tiempo las bancas de la iglesia se movieron de su lugar.

Se comenzó a contorsionar de tal manera que su cuerpo parecía que se liberaría de las sogas que la tenían atada, rápidamente le pedí a Tuerto y a los otros dos que me ayudaran a sostenerla.

Pero aquel demonio comenzó a hacer ruidos grotescos con la garganta, pareciera que quería sacar algo de su boca, su padre se acercó y ella le escupió en el rostro algo negro, se reía de él pues parecía que le divertía verlo sufrir. Varias veces intentó morder a quien la sostenía, no tuve otra opción mas que acercarme a ella y poner mi crucifijo en su cabeza.

Intentó sacudirse varias veces repitiendo que le quemaba la cabeza. Y en eso parecía que recobró la conciencia, pues comenzó a llorar y hablarnos con una voz muy distinta.

El padre la reconoció y le pidió que luchara, pero la chica comenzó a retorcerse nuevamente y su semblante cambio radicalmente. La amarraron con fuerza, de ese modo pude acercarme a ella para reclamar su nombre, pero aquel demonio se reía con fuerza de mí, me repetía que no me diría nada, insistí pidiéndole su nombre y al mismo tiempo coloqué el crucifijo en su cabeza, el vapor emanaba de su frente y ella se quejaba de dolor.

El padre se acerco a mí y me pidió que por favor parara, pero eso ya no era una opción, teníamos que seguir, en un momento me di cuenta de que los vidrios de la iglesia temblaban y que en cualquier momento reventarían, pero lo que mas me inquietó fue que empecé a escuchar en mi cabeza la voz de ese demonio.

Mientras me hablaba en mi mente me observaba con malicia, riéndose de mí, me hablaba con su voz, con la voz de mi Madre y creo que en algún momento escuché la voz de Pifas.

Comencé a perder energía, a debilitarme, llegue a sentir que no podría ganar esta batalla y seria mejor irme ya, fue cuando vi la poca agua bendita que quedaba, y recordé también de algo que me habían obsequiado antes de llegar a Tafetán y que aun guardaba en mi mochila.

Tomé la botella con el agua bendita y le di un trago completo. Las voces en mi cabeza pararon y sentí nuevamente que podía moverme, así que rápidamente me acerqué a mi mochila y saqué de allí lo que me dio el Cura Miguel Ángel, lo abrí y me di cuenta de que me tenía en mis manos las astillas de madera de la cruz sagrada que el mismo Cardenal consiguió.

Me acerqué a aquella criatura y le repetí una vez mas que en Nombre Dios le ordenaba a Satanás dejar ese cuerpo en paz, se rió de mi y sin pensarlo dos veces tome la espiga de madera se la enterré en el pecho.

Aquel ser se retorció mucho mas que antes, las sogas no fueron suficientes para contenerla, su cuerpo se arqueo de un modo irreal y de su boca expulsó una masa negra, su cuerpo recupero su forma y quedo inconsciente.

Pasaron un par de horas, apenas me estaba recuperando, mi cuerpo se encontraba muy adolorido, me hubiera quedado un par de horas más allí recostado pero la chica comenzó a llorar, me acerqué a ella para verla y decirle que ya todo estaba bien, no tenia que temer, aquel ser se fue de allí.

Las bancas se encontraban destrozadas, los vidrios de la iglesia se reventaron, yo apenas podía respirar, mientras que Tuerto y los otros me veían junto a la chica. Les pedí que la ayudaran a levantar pues se encontraba bien y era necesario que saliera a tomar aire, su rostro aun arañado y lastimado tenia un semblante muy diferente y ya su voz era normal.

El padre se acerco a darme las gracias, yo sentía el cuerpo adolorido que ni si quiera podía levantar el brazo para estrecharle su agradecimiento, Tuerto se acercó a mi para ayudarme a reincorporarme. Al salir de la iglesia nos encontramos con mas gente que necesitaba aun de la atención de un Cura.

En Tafetán pasan cosas bastante extrañas, siendo honesto ese lugar necesita de mucho tiempo de esfuerzo y dedicación. Por mi parte me quede allí ocho años hasta que me cambiaron a Pénjamo, Guanajuato.

Con el paso del tiempo seguí manteniendo contacto con la chica, e inclusive este año me tocó festejar su aniversario de bodas en estados unidos, siempre me comento que después de lo que pasaron decidieron irse de Tafetán. Sin embargo, soy muy consciente que, aunque fue para mí, mi único y ultimo exorcismo, las fuerzas del mal siguen allí entre la gente esperando a ser despertadas.

Última historia compartida por el Padre Polo Franco Serrano

Autor: Mario Franco Corrales Lengua de Brujo

Derechos Reservados

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