El Ex Convento

Desde niño siempre me ha gustado el terror. Cuando tenía apenas 6 años, mi niñera me ponía películas de ese género, hasta que a mis 13 años comencé a verlas en casa con mis primos. Además, me encantaba leer acerca del tema. Tenía pesadillas de manera recurrente.
Las que más recuerdo, fue cuando a los 8 años soñé con como un horrible hombre me arrancaba los dientes con unas pinzas, y a los 15 soñé con una bruja enorme sin una pierna que quería cocinarme en su enorme caldero.
Hasta los 18 mis pesadillas cesaron. Recuerdo que dejé de estar en contacto con el mundo del terror, hasta que un día mi mejor amigo Iván, me invitó a un nuevo proyecto.
Quería grabar videos de miedo para YouTube, y me dijo que le gustaría que ambos fuéramos a lugares embrujados y narráramos la historia.
La verdad me pareció una gran idea, pues era la oportunidad perfecta de adentrarme de nuevo en el mundo del terror, así que acepté.
Ahorramos para una cámara durante 3 meses, y cuando por fin la conseguimos, planeamos cuál sería nuestro primer destino. Buscamos en internet a cerca de lugares encantados cerca de la ciudad, y de todos los que aparecían, nos llamó la atención uno en particular, pues era muy cerca de donde vivíamos, además se veía bastante aterrador.
Era un convento abandonado, que por lo que decían llevaba más de 100 años deshabitado gracias a los aterradores sucesos que habían sucedido ahí.
Contaban que en el siglo pasado, había sido una enorme vecindad, y que ahí vivieron muchas personas, pero algunas de ellas eran malas.
Ahí hubo asesinatos, prostitución y vandalismo, así que las vibras eran pesadas.
Cuando lo convirtieron en convento todo fue mucho peor, aunque debió ser diferente. Se cuenta que los sacerdotes abusaban de las monjas, y cuando estas salían embarazadas, las tiraban al pozo que estaba en el medio de aquel sitio.
Además, que ahí se llevaron a cabo varios exorcismos, el más impactante fue el de María, una niña de apenas 10 años que sufría convulsiones, y a la que su voz cambiaba a más grave sin razón.
Un sacerdote dijo que tenía al demonio dentro, y que debían sacarlo cuanto antes para que no afectara más la salud de la pequeña. El exorcismo parecía ir bien, hasta que el demonio golpeó al exorcista tan fuerte que falleció al instante, y a continuación la niña se golpeó a ella misma con una fuerza impresionante, y aunque los demás sacerdotes y el padre de la niña trataron de impedirlo, los golpes también la mataron.
Por último, los vecinos del lugar dicen que muchas sectas satánicas iban a ese lugar a hacer sus rituales.
Por todo esto pensábamos que el lugar debía guardar mucha mala energía, y por ende, seguro que podríamos grabar algo interesante.
Después de muchos años de investigar y leer cosas de terror, había aprendido a como llamar espíritus y como ahuyentarlos con fuego y sal. Jamás lo había intentado, pero creía que era hora de poner todos esos conocimientos a prueba en los videos.
Recuerdo que decidimos ir al lugar un jueves para pedir permiso y explorar antes de la grabación. El velador, llamado Rubén, se emocionó mucho y nos pidió salir en el inicio del video, a lo que accedimos.
Entramos al lugar y con el primer paso que dimos pudimos notar que el aire era muy pesado y aterrador, a pesar de que era de día. El sitio era enorme, la construcción era muy vieja, se escuchaba mucho eco y los pasillos eran larguísimos. En medio del lugar estaba el patio y tenía un pozo en el centro.
El convento era de 4 pisos, pero don Rubén nos dijo que no podíamos ir al último, estaba totalmente prohibido, y cuando le preguntamos por qué, no nos quiso decir.
Nos contó casi todo lo que ya habíamos leído del lugar, pero añadió sus propias historias.
Un día estaba barriendo por la noche los pasillos, y cuando llegó al que daba hacia el patio, se aterró al ver a lo que parecían sacerdotes en fila tirándose en el pozo, esa noche salió corriendo de ahí. Tomó su bicicleta y se fue, no le dijo a nadie que había pasado, pasó la noche en casa temblando de miedo al recordar aquella escena.
También nos platicó que una vez encontró a un grupo de mujeres en círculo alrededor de una mesa, donde estaba una cabra ya muerta, las mujeres decían palabras muy raras, y se untaban en la cara la sangre del animal. Esa noche también fue a casa pues no quería hacerse el valiente, ya que esas cosas eran del demonio.
También nos dijo que por las noches siempre se escuchan risas, gritos o rasguños dentro del lugar, pero que prefería ignorarlos y que después de tantos años se acostumbró.
Nos parecía un lugar fascinante, y sentíamos la maldad que habitaba ahí, era perfecto para iniciar.
Agradecimos al amable velador y nos fuimos al parque a ensayar lo que diríamos y por donde empezaríamos.
Después de tener todo listo partimos a nuestras casas a descansar pues seguro la siguiente noche sería cansada.
Lo raro de aquello fue que cuando estaba a punto de dormir, escuché algo raro afuera de mi cuarto, sabía que no era mamá ni mi hermano, pues no reconocía aquellas pisadas, además supe que no eran ellos cuando escuché como alguien rasguñaba la pared.
No le di mucha importancia, pensé que debía ser solo mi mente, pero supe que no, cuando sentí como alguien o algo tocaba mi mano destapada. Eran unos dedos helados, y pude sentir también las uñas rasgando mi piel. En ese momento me quedé en shock, me quedé inmóvil cerrando los ojos fuerte y rezando, esperando que ese ser se fuera por sí solo.
Después de unos segundos que pude sentir como horas, el ambiente volvía a estar como antes, y respiré profundamente agradeciendo que eso se hubiera ido.
Me quedé dormido y después de muchos años volví a tener pesadillas.
Esa vez soñé que estaba con Iván en el convento, y que mientras mirábamos al fondo del pozo, mi amigo me empujaba hasta hacerme caer dentro. Sentía como caía, y al ver hacia abajo notaba que estaba todo lleno de cadáveres.
Desperté sobresaltado y me sentí mejor al saber que solo había sido una pesadilla.
Pero todo cambió cuando abrí los ojos, porque vi a alguien a lado de la puerta, no podía creerlo, limpié mis ojos con mis puños y seguía ahí, esta vez pude ver su rostro claramente.
Era un hombre alto, de piel clara, su sonrisa, al ver que había notado su presencia, se hizo más grande, casi salía de su cara.
Mi miedo aumentó cuando vi que sus pasos iban hacia mí, ahí no aguanté más y grité.
Mi madre vino corriendo, me encontró bajo las sábanas llorando y gritando desesperadamente.
Mi madre me dijo que probablemente había agarrado un mal aire por la vibra del lugar.
Por la tarde llegó Iván en su camioneta, llevaba lámparas, la cámara, alcohol, la sal, y unos sándwiches por si nos daba hambre.
Subí y nos fuimos hacia el ex convento. En el camino le platiqué a mi amigo sobre lo que había soñado y lo que había pasado, y sorprendentemente me dijo que él también había tenido pesadillas muy extrañas, y que toda la noche escuchó que alguien arrastraba algo fuera de su cuarto, y que no salió por miedo.
Cuando llegamos don Rubén nos recibió con gusto y nos guio hacia la entrada. Como habíamos quedado él salió al principio de la filmación contando sus experiencias ahí, después seguimos nosotros dando el recorrido.
Primero pasamos por uno de los enormes pasillos, donde escuchamos el maullido de un gato, pero eso no era un maúllo normal, empezamos a tener mucho miedo, aunque todo eso haría que la primera grabación fuera un éxito.
Continuamos por los demás pasillos mostrando las habitaciones, y cuando llegamos al patio, el sol se escondió por completo revelando la tenebrosa oscuridad. Contamos lo que se decía que había pasado ahí, y ese fue el lugar perfecto para hacer las cruces con alcohol y sal.
Prendimos el fuego, y las llamas primero se veían de un color rojo intenso, pero poco a poco se volvían completamente verdes, por un momento una de ellas parecía ser una garra.
Al apagarse, pasó algo muy extraño.
Escuchamos algo en el último piso, y al voltear a ver a la ventana vimos a alguien que se asomaba. Eso no era normal, lo grabamos y aunque moríamos del miedo teníamos que mostrarnos seguros.
Después de un rato decidimos comer y despojarnos un poco, porque parecía que habíamos corrido un maratón, estábamos demasiado cansados, como si algo nos hubiera robado toda la energía.
Al terminar nuestros sándwiches seguimos con lo que nos faltaba del lugar, todo iba bien, y de hecho al llegar al último piso y finalizar el video ya no teníamos tanto miedo.
Nos sentamos un momento al platicar sobre lo genial que quedaría, pero después de unos minutos algo interrumpió nuestra conversación. Se escuchaba en una de las habitaciones, nerviosos y algo asustados decidimos ir a ver para quitarnos la duda, y comprobar que no era nada.
Caminamos hacia allá y al entrar vimos que había una enorme bañera blanca, al acercarnos más notamos que estaba llena completamente, pero no de agua, sino de lo que parecía ser sangre.
Dimos un paso hacia atrás, nos miramos sin decir nada y corrimos, pero el sonido del líquido nos hizo voltear por inercia. Aún recuerdo perfectamente sentir como si el corazón fuera a salir de mi pecho, cuando vi a aquel ser brotar de ahí, lleno de sangre.
Lo miré durante unos segundos apenas, pero se parecía mucho al hombre que había visto en mi cuarto esa mañana.
Lo miré durante unos segundos apenas, pero se parecía mucho al hombre que había visto en mi cuarto esa mañana.
Dejamos todo ahí sin importar nada, y llegamos hasta la entrada donde el confundido velador nos preguntó que había sucedido.
Le dijimos lo que habíamos visto, y mi amigo y yo fuimos a la camioneta, y salimos lo mas rápido que pudimos de ahí.
Dejando a Don Rubén preocupado.
Nadie dijo una sola palabra en el camino.
Hasta el otro día que nos reunimos en su casa, y comentamos lo que había pasado.
Nos armamos de valor, y decidimos ir a recuperar nuestras cosas del lugar.
pero ya no pudimos recuperarlas, porque ya no estaban.
Ahí quedó nuestro proyecto, en una experiencia aterradora que hasta el día de hoy sigue dando vueltas en mi cabeza.
 
Autor: Liz Rayón
Derechos Reservados

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