El Camino Muerto Historia De Terror 2024

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El Camino Muerto Historia De Terror 2024

El Camino Muerto, Historia De Terror… Mi nombre es Enrique, esto me sucedió en carretera mientras trabajaba hace casi 10 años.

Recorría el camino del norte de la cierra Chihuahua, en la temporada invernal del año, cualquier persona que haya visitado esta parte de México sabe que el área siempre es fría, pero en época invernal, la temperatura suele descender a grados bajos cero.

Si bien esto me sucedió hace ya casi una década, los lo acontecido ahí y los detalles de todo lo vivido están presentes en mi cabeza como si hubiera ocurrido hace apenas algunos días, estoy seguro que una experiencia de este tipo jamás se olvida.

Manejaba mi camión, remolcando un cargamento de comida enlatada y diversos productos para un supermercado, llevaba ya algunas horas de recorrido, y empezaba a sentirme cansado, era normal, pues los choferes solemos ignorar el cansancio en carretera, pues tiempo después se pasa, o también a veces, cuando vamos bien de tiempo, dormir un rato en el mismo tráiler puede hacer la diferencia, aunque sean 30 o 40 minutos de sueño únicamente. 

La carretera estaba congelada, el camino escarchado hundía el centro de una ladera con árboles y pinos para abrir el camino, todo hasta donde alcanzaba la vista era blanco, marrón y verde, el cielo gris era el escenario donde bailaban nubes grises cargadas de agua hecha nieve, que estaría por caer en cualquier momento.

Los camioneros usualmente solemos estar bastante al pendiente del reporte del clima, pues en primer lugar, te ayuda a ir preparado con una chamarra extra en caso de que la temperatura descienda, y en segunda, la predisposición de saber si vas a transitar por un camino nevado, congelado, seco o húmedo es importante para mantenerse eficiente y llegar más rápido al destino.

Transcurrían las 4 de la tarde e iba más o menos a medio camino de mi destino, cuando el cielo empezó a rugir de manera estrepitosa, minutos después, la nieve comenzó a caer del cielo.

Las fuertes ventiscas estrellaban los pequeños copos de nieve contra el parabrisas, dificultando la visibilidad en el trayecto.

Hubo un momento en el que avanzaba apenas a 50 kilómetros por hora, pues el vidrio frontal estaba totalmente nublado por el temporal, y era riesgoso continuar a altas velocidades por el sendero gélido de la sierra del norte invernal.

Salí de la pequeña cordillera, y a mi izquierda quedó un acantilado de unos cincuenta metros de profundidad, lo cual me obligaba ir con aún más precaución que hace algunos momentos.

El acantilado era bastante temido por los que comúnmente transitaban por el área, de hecho no solamente era temido, sino que en bastantes ocasiones, era evitado, algunos choferes suelen tomar una ruta alternativa que rodea la depresión territorial de la zona, y lo hacían con mayor razón cuando el clima no era el adecuado para tomar viajes largos. 

Cincuenta metros debajo de mí, al fondo del barranco, se podían alcanzar a ver algunos coches que tuvieron la mala fortuna de caer al vacío por exceder el límite de velocidad, por ir haciendo caso omiso de los señalamientos, por distraerse con algún otro factor de la carretera, entre otras cosas; pero los más supersticiosos mencionaban que el verdadero motivo de los accidentes cuya evidencia se encontraba enterrada bajo algunas capas de nieve, era un ser que habitaba la sierra de esos lados del estado, algo que no se sabe con exactitud qué es, pero que se ha encargado de asustar a decenas de transportistas que recorren el camino muerto.

Camino muerto era el nombre que poco a poco se fue ganando este tramo del kilómetro 47, no solamente porque no hubiera nada a kilómetros a la redonda, ni por los cadáveres de los coches que eran vestigios de antiguas tragedias, tampoco por las bajas temperhttps://historiasdeterror.com/cementerio-maldito-historia-de-terror/aturas que podían congelar en seco a la flora e incluso la fauna local, si no por el extraño y bizarro rumor que le recorre, el de un monstruo que ronda el lugar, pendiente de lo que sea que pase por ahí, sea un animal o una persona, la criatura, según cuentan, se desplaza a grandes velocidades por el terreno nevado, galopando en sus cuatro extremidades, a veces, utilizando la copa de los árboles para desplazarse mejor y llegar más rápido a sus presas.

La apariencia de este ser es desconocida, algunos dicen que es parecido a un primate no evolucionado, algo así como el eslabón perdido del que hablan algunas conspiraciones en libros y códices, otros aseguran que se asemeja más a un ser alienígena, con espinas en su espina dorsal y grandes, largas y afiladas garras que fácilmente podrían rebanar una lámina de metal macizo. 

Personalmente no creía que algo así pudiera existir, pensaba que el origen de esos mitos eran animales salvajes comunes, y por lo lejano del territorio a la civilización, se había hecho el efecto de bola de nieve (nunca mejor dicho) sobre un animal misterioso que recorría la sierra nevada. 

Debido a mi escepticismo no di el rodeo habitual que dan los demás camioneros, pero eso no significaba que tuviera menos cuidado al transitar el sendero, pues el peligro era real, para mí, no el de un ser sobrenatural nunca antes estudiado por el hombre, sino el de algún animal salvaje, pues habían motivos de sobra para saber esto.

Hace 3 meses encontraron el camión de Ricardo (un veterano de los caminos a tráiler) varado, exactamente a la mitad del kilómetro 47, entre la nieve y algunas ramas caídas. Había un rastro de sangre que se hacía aún más notorio por la abundante materia acuosa congelada que cubría el camino, así que las autoridades policiales no batallaron para dar con el final del rastro rojizo.

Ahí se encontraba Ricardo, una parte de su cuerpo estaba tendida en el suelo, la otra, en la copa de uno de los árboles colgando, es difícil de explicar, pero voy a intentarlo.

Se supo que la policía dio con los restos del desafortunado hombre, pero su piel estaba separada del resto de lo que era su constitución física, esta yacía tendida en el suelo, empapada en su propia sangre, arriba, en lo alto del árbol, los músculos rojizos y aún calientes del sujeto, colgaban inertes, como si hubiera sido estratégicamente colocado ahí, como un trofeo de caza. 

No se supo qué fue lo que acabó con la vida de Ricardo, de hecho las averiguaciones continúan, pero el hecho le dio rienda suelta a las teorías sobre el temido monstruo que mencionan, habita por estos desolados lugares.

Lo que creía yo es que los hechos eran ciertos, pero no sabemos hasta qué punto, el pánico colectivo hizo de las suyas, causando que el boca en boca fuera exagerando los hechos originales, puede que la muerte de Ricardo haya sido mucho menos visceral de lo que la describen, puede que se haya tratado de simplemente un accidente desafortunado que a cualquiera le podría pasar en una parte indefinida del país, incluso del mundo, y que poco o nada tenía que ver con un ser de misteriosa naturaleza.

O también podía ser que las leyendas fueran ciertas, y que todo haya pasado tal cual se contó, pero personalmente nunca me dejé intimidar por estas disparatadas afirmaciones. 

Otra de las extrañas características del camino muerto, es que las comunicaciones suelen ser muy inestables, la radio, la señal de teléfono y cualquier tipo de equipo digital empieza a fallar, de hecho, muchos de los que se atreven a transitar el camino muerto, saben que ya entraron a él cuando la radio empieza a trasmitir sólo estática, y se daban cuenta que salían, cuando la música volvía a escucharse, debo de reconocer que a esto no le encontraba una explicación lógica, era algo que simplemente era raro, y realmente no tenía una solución a la cual acudir.

El tormentoso clima no amainaba, entonces, en medio del vendaval, escuché el sonido de aire saliendo a presión, y como el camión se inclinaba ligeramente hacia un lado, había pasado lo que nadie deseaba que le ocurriera en el camino muerto, se ponchó un neumático de mi transporte. 

Me bajé para ver el daño, la llanta derecha de atrás se había perforado, lo raro es que no había un agujero, sino que el neumático parecía haberse rasgado, como las costuras de una fina tela, tampoco encontré el objeto que causó el desperfecto.

Fui a la cabina posterior del tráiler por una de las refacciones, cuando a unos metros de mi escuché el sonido de unos pasos que se movían aparentemente cautelosos, me giré y me sobresalté al ver  un niño pequeño al borde del camino, de pie y aparentemente observándome, digo aparentemente porque no podía ver su rostro, lo tapaba el gorro de una chamarra roja acolchada que llevaba puesta, también vestía un pantalón café claro y unas botas marrón de nieve.

Era cuanto menos preocupante ver a un niño pequeño ahí solo, pues su presencia no tenía razón de ser en ese momento y en ese lugar. Llamé su atención, pero no me hizo caso, bajé de la cabina posterior, ya ni siquiera me acordaba de que hace segundos me puse a buscar la refacción del neumático ponchado, pero al intentar acercarme al pequeño, este salió corriendo.

El Camino Muerto Historia De Terror

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Me quede ahí parado sin saber qué hacer, era una situación totalmente improbable, no podía simplemente cambiar la llanta e irme, tal vez el niño había sufrido un accidente, tal vez, había un coche a algunos metros, donde sus padres se encontraban heridos, o necesitados de ayuda, o no lo sé, habían demasiadas posibilidades ante la inesperada presencia de un infante en medio de la nada, de la sierra nevada y de los primeros vestigios de lo que parecía, sería una tormenta de nieve de considerable proporción. 

Seguí al niño fuera del camino, me adentré fuera de la carretera, de lo único en ese lugar que denotaba pistas de civilización, pues lo demás era totalmente silvestre e inexplorado.

Le gritaba al niño, pues conservaba la esperanza de que se detuviera, y poder hablar con él, pero era muy rápido, o quizás yo era muy lento, pero solo veía un punto rojo que se movía entre los árboles y la nieve, el cual cada vez se iba haciendo más y más pequeño, hasta llegar a de perderlo de vista.

Me detuve unos momentos, pues estaba hiperventilando, mi aliento hacía un vapor frío al salir de mi cuerpo y chocar con la temperatura ambiente. Después de tomar aire pude seguir caminando, pero mi esperanza de encontrar al pequeño se hacía cada vez menores.

Tampoco quería adentrarme demasiado en esa área del camino muerto, pues sabía que pronto podía desorientarme y perderme, y ahí, sin señal en el teléfono y sin poder llegar a mi camión, estaría metido en un problema grande.

Caminé un poco más y di un último grito con todo mi aliento llamando al niño, era lo más que podía hacer en esa situación, planeaba cambiar la llanta, y saliendo del camino muerto, llamar a la policía y notificar sobre mi avistamiento de un pequeño en medio de la sierra, a inicios de una tormenta de nieve.

Me puse en camino de vuelta hacia mi tráiler, cuando escuché un leve murmullo a mis espaldas, lo que me hizo darme la vuelta rápidamente, no vi nada alrededor, pero luego escuché el ajetreo de las hojas de los árboles, y vi nieve cayendo de ellos, alcé la mirada y no pude ver nada más que el movimiento de las hojas y ramas que constituyen la copa de la fría flora local. 

Empecé a alertarme, pues comenzaba a sentirme asechado, tenía el sentimiento de tener por lo menos un par de ojos encima de mi todo el tiempo, y me di cuenta demasiado tarde de que me había quedado totalmente expuesto a un depredador de las inmediaciones, en esos instantes no pasaba por mi mente las leyendas de la criatura que dicen que ronda esa parte de la sierra, pero más temprano que tarde vería de qué se tratan dichos rumores. 

Empecé a caminar con paso apurado en dirección hacia la carretera, y fue segundos después de esto cuando indudablemente vi una figura, un bulto, saltando desde lo alto de un árbol hacia otro, escondiéndose entre las ramas, como asechándome. En ese momento mis alarmas se dispararon y empecé a correr, a huir con más apuro que cuando llegué persiguiendo al niño que no logré encontrar.

Veía a mí alrededor como el follaje de los árboles se meneaba con el turbulento paso de algo que era evidentemente pesado, pues lograba violentas sacudidas entre las ramas por las cuales se abría paso.

En esos momentos pensé que tal vez estaba cerca de un primate grande, y me negaba a considerar la opción de tomar como ciertas las leyendas que circulan por ahí.

Luego escuché un fuerte aullido, grabe y profundo, el cual se originaba a unos 20 metros de mí, lo cual me hizo inundarme de terror, no era el aullido de un mono o de algo parecido, tampoco de algún otro animal que haya escuchado con anterioridad, en ese momento, mis nervios empezaron a congelarse, y mi cuerpo respondía torpemente a las indicaciones que mi cerebro le brindaba. 

En medio de mi desesperación, caí al suelo y me di un golpe que me dejó algo aturdido, lo cual me sirvió para frenarme un momento y tratar de moverme con más cautela. Al levantar la mirada, mientras estaba en el suelo, pude ver a unos cuantos metros de mi la carretera, y el tenue brillo del metal de mi tráiler, lo cual me devolvió algo de tranquilidad.

Me levanté y seguí corriendo, y casi al llegar al camino, escuché un fuerte gruñido a mis espaldas, a solo unos cuantos metros de mí.

Me di la vuelta, y a día de hoy, casi diez años después, aún no sé de qué se trata lo que vi entre los árboles y la nieve, en ese solitario camino escarchado.

Una criatura sin pelo, y con la piel gris, de ojos pequeños pero brillantes, me miraba fijamente, sus dientes sobresalían de su hocico, no había nariz, solamente un tabique cubierto de piel grisácea y seca, no era un mono o alguna clase de primate, pues su delgado cuerpo y su morfología en general no coincidía con este tipo de animales, además de que ellos no habitan la sierra de Chihuahua.

No tenía pelo, o más bien tenía un bello muy poco poblado y delgado, pero una de las características más extrañas era que su cabeza se asemejaba mucho a la de un humano, su cráneo era totalmente redondo, su mandíbula sobresaliente, adecuada para los grandes dientes que portaba en el hocico, las orejas, largas y puntiagudas, y parecía tener una enorme facilidad para recorrer largas distancias únicamente con el balance que hacía con sus largas extremidades.

Al ver a este ser directamente, este volvió a gritar con un aullido ensordecedor y yo me eché a correr.

Segundos después de continuar mi huida, podía sentir como sus pasos se acercaban a mi espalda, quizás un detalle que salvó mi vida, y me permite contar esta historia a día de hoy, es que, al momento de ver al niño del otro lado del camino minutos atrás, olvidé por completo lo que estaba haciendo antes de percatarme de su presencia, por lo cual, dejé la puerta de mi tráiler abierta, lo que me permitió meterme directamente en la cabina y cerrar la puerta, de otro modo, me hubiera detenido a buscar la llave, y el simple proceso de abrir el acceso, me costaría vitales segundos de tiempo en esa situación.

Al meterme a mi tráiler y cerrar la puerta detrás de mí, escuché el aporreo de algo contra la puerta, la criatura empezaba a embestir el camión, y este se mecía de un lado a otro, era muy extraño, su peso no correspondía a una fuerza física tan grande, era ilógico que ese animal pudiera mover un camión de toneladas de peso solamente con embestirlo, pero lo estaba logrando.

En medio de la ventisca, y mientras estaba siendo asediado por el extraño ser, vi una luz acercándose desde mi izquierda, por la carretera, conforme esta luz se hacía más fuerte, la insistencia del extraño ser empezaba a ser menor, cuando la luz ya estaba demasiado cerca, hubo un gruñido y el movimiento del tráiler cesó.

Un coche patrulla transitaba el camino, e iba hacia el norte, pues no había alcanzado a llegar a su destino a tiempo para resguardarse de la tormenta helada.

Me asomé por la ventana de mi tráiler y llamé la atención del policía, él me vio pronto y se orilló, le pedí que me llevara al poblado más cerca y así lo hizo. Cuando subí a la parte trasera de la patrulla miré hacia atrás y el ser ya no se encontraba por ningún lado, fue como si hubiera desaparecido, aunque la visibilidad del entorno era limitada debido a la tormenta, lo que alcancé a ver, fue un pequeño punto rojo, el cual no estoy seguro si es lo que creo que era, pues pronto volvió a desaparecer.

Al llegar al poblado, estuve indeciso sobre contarle la verdad o no a la policía local, pero al final terminé haciéndolo, claro, con el debido cuidado de no parecer alguien que se dejó llevar por la superstición y la desesperación de un momento así.

Dije que lo que había visto era un animal salvaje que intentó atacarme, el cual tenía un aspecto que no logré reconocer, era la verdad, no estaba mintiendo en lo absoluto, claro, el aspecto del ser era algo que no se asemeja nada a cualquier animal o cosa que hubiera visto antes, pero no hondé en esos detalles, pues me parecía innecesario. También les hablé sobre el niño que logré ver ahí solo, a lo cual la única respuesta que tuve fue que habría una investigación al respecto.

No fueron imaginaciones mías, pues días después volví por el camión acompañado de otras personas, la puerta del tráiler del lado del conductor estaba ligeramente abollada, y tenía algunos raspones, como si algo la hubiera estado meciendo.

Tuve la suerte de que nadie robó nada del camión, y también de que el policía que pasó por ahí ese día me haya encontrado, pues el camino muerto es muy conocido por las leyendas que circulan en la localidad, las cuales ahora sé que tienen algo de cierto, sé que ahí hay algo en ese lugar que no pertenece a alguna cosa antes vista, sé que las leyendas del camino muerto son reales, tal vez no como las cuentan algunos, pero el origen de estas tiene un fundamento que pude ver con mis propios ojos, y fue lo más aterrador que me ha sucedido en la vida.

Un cabo suelto del que nunca tuve una respuesta fue el niño, a no ser que haya alguien viviendo en las inmediaciones, no tiene sentido que alguien hubiera andado por ahí, no hay alguna casa o cabaña cerca, el poblado más inmediato está a varios kilómetros del lugar, y no supe sobre reportes de desapariciones, la policía no dio con nadie después de mi reporte, y de haber habido un niño rondando por esa soledad, seguramente se hubiera topado con la criatura que yo me encontré, o más bien, la criatura que me encontró a mí.

Por momentos he pensado que el niño es un gancho, una forma de atraer desconcertados a los que transitan el camino, hacerlos bajar de sus transportes y que vayan a buscarlo, internándose en lo más inhóspito del lugar, donde son una presa fácil para la criatura que ahí habita, y nadie habla de un niño pequeño que va por el borde del frio camino porque hasta ese día, nadie había vivido para contarlo, pero claro, solo son especulaciones mías.

Han pasado casi diez años desde entonces, y por ninguna razón vuelvo a recorrer el camino muerto, siempre doy el rodeo que hace que te demores más en llegar a tu destino, pero que no alberga el peligro de encontrarte con algún ser misterioso y desconocido.

Tampoco me encargué de difundir mi experiencia entre mis compañeros de camino, pues la fama del lugar ya era suficiente, y poco o nada contribuiría mi relato a lo que ya se cuenta, me daba miedo también que la gente empezara a creer que mi cordura se estaba deteriorando, pero hoy me atreví a narrar esta experiencia, poco antes de que se cumpla una década de lo que viví ahí, en el camino muerto.

Autor: Anónimo.

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