Alma En Pena

Alma En Pena

Nací y crecí en un pequeño pueblo ubicado en una zona montañosa, tengo dos hermanas y un hermano mayor. Mi hermano era profesor, recuerdo que trabajaba en una pequeña escuela que quedaba en una zona rural cercana al pueblo donde vivíamos, él vivía en un departamento no muy lejos de la casa en la que yo crecí, compartía esa vivienda con un primo y yo vivía con mis padres y mis hermanas.
Usualmente, entre semana mi hermano iba casi todos los días a visitarnos al terminar su jornada de trabajo, justo cuando ya empezaba a caer la noche. Tenía una forma muy particular de avisarnos que era él, como una clave secreta, tocaba la ventana que estaba en la sala junto a la puerta, pero no con golpes comunes sino como rascándola. Por lo general a esa hora nosotras estábamos en la sala haciendo nuestros deberes de la escuela y al escuchar su particular forma de avisarnos que había llegado a vernos, corríamos hacia la puerta para recibirlo, siempre recuerdo esta época de mi infancia con mucho cariño, aunque en ese momento no sabía que pronto todo eso cambiaría.
Todo empezó el día del inicio de las vacaciones de mitad de año, mi madre estaba molesta, conmigo especialmente, pues aunque mis hermanas no eran grandes estudiantes, yo era la peor de las tres, o al menos lo fui hasta que al crecer empecé a trabajar tuve que pagar de mi bolsillo lo que quería estudiar, sin embargo, los ánimos se calmaron un poco cuando mi hermano llegó para cenar. Esa noche mi hermano no comió como de costumbre, siempre solía tener un buen apetito, pero en esa ocasión parecía que nada lograba llenarlo del todo, nos dijo que últimamente siempre tenía mucha hambre, había comido antes de ir a vernos, pero aun así se sirvió dos platos y la verdad era que se notaba que había subido bastante de peso, aunque en ese momento no me pareció que tuviera mucha importancia hora pienso diferente, después de todo este suceso ocurrió cuando todavía era una niña y eso fue ya hace más de cuarenta años.
Al terminar mi hermano le pidió a mi padre hablar en privado, estuvieron encerrados un buen tiempo, cuando de repente empecé a escuchar que discutían, quise acercarme a la puerta de la habitación en la que estaban para saber qué estaba ocurriendo, pero mi madre me frenó, nos ordenó no meternos y golpeó la puerta, mi hermano salió furioso y ni siquiera se despidió de nosotras, mi madre entró a la habitación y pudimos escuchar como mi padre enfurecido le decía que mi hermano estaba metido en problemas, por más de que él le había advertido que no se metiera en esas cosas, en realidad no entendí a quién se refería mi padre, pero por su tono estaba segura de que algo grave había pasado. Durante los días siguientes mi hermano no fue a visitarnos, hasta que un día supe por mi madre que había enfermado, no quiso decirme exactamente qué tenía y por más de que mis hermanas y yo le rogamos que nos dejase ir a verlo, ella se negó diciendo que podíamos contagiarnos, así que no lo vimos por el resto de las vacaciones, pero constantemente escuchaba a mi madre llorando cuando regresaba de visitarlo.
El primer día de clase, cuando llegó la noche y escuchamos al fin que tocaban la ventana, fui corriendo a abrir la puerta, pero al verlo casi no logro reconocerlo, había engordado mucho más de la última vez que lo vi, recuerdo que tenía unas ojeras profundas y se había rapado o al menos eso fue lo que pensé, luego me enteraría de que a causa de la enfermedad había perdido gran parte de su cabello, entró rápido y miraba hacia atrás como si alguien lo estuviera persiguiendo, pero en la calle no había nadie además de él. Esa noche se comportó algo extraño, y noté que observaba constantemente la ventana como si estuviera viendo a alguien, mi madre le insistió que por unos días se quedara con nosotros en la casa, él aceptó y dijo que iría de una vez por sus cosas. Estuvimos esperando por un largo tiempo a que regresara, mi madre lo llamó varias veces al teléfono de su departamento porque en esa época no teníamos celulares, pero mi primo le dijo que no estaba allí, entonces cuando eran casi las once de la noche escuchamos el particular ruido en la ventana, como siempre corrí hacia la puerta para saludar a mi hermano, pero no había nadie, me asomé a la calle, pero estaba completamente vacía, mis hermanas y mi madre que habían salido conmigo estaban tan desconcertadas cómo yo, de alguna manera todas sentimos una corriente helada de aire, la temperatura bajó de un momento a otro, sentí que mis manos se congelaban, en ese momento mi padre salió, nos pidió que entráramos a la casa y le dijo a mi madre que iría a buscar a mi hermano, ella nos dijo que fuéramos a dormir y que seguramente mi padre vendría más tarde con mi hermano.
Después de un largo rato logré quedarme dormida hasta que en la madrugada me despertaron los gritos de mi madre, estaba hablando por teléfono, mis hermanas y yo escuchamos como colgó y salió rápidamente de la casa sin decirnos nada, nos quedamos solas, no supimos que hacer más que esperar a que alguno de nuestros padres regresara y lo hicieron cuando ya había amanecido. Cuando mi madre entró no fue capaz de decirnos ni una palabra, nunca olvidaré su rostro cuando atravesó la sala y fue directo hacia su habitación, entonces mi padre nos dio la noticia, esa fue la única vez que lo vi llorar, el día que mi hermano murió.
El funeral fue en la casa, como se acostumbraba en esa época, el ataúd siempre estuvo cerrado y por más que quisimos no nos dejaron ver a mi hermano, en ese momento pensé que mis padres no querían que nos quedáramos con una imagen escalofriante de él, pero la verdad la supe muchos años después, al igual que muchos detalles de la siguiente parte de la historia que voy a contarles. Al parecer el cuerpo sin vida de mi hermano había sido encontrado en un parque a pocos metros del departamento en el que él vivía, tenía marcas como de mordeduras de animales, por esto mis padres insistieron en que nadie más viera su rostro así, además no fueron claras las causas de su muerte, solo suponían que había sido algún animal.
Las semanas siguientes fueron unas de las más tristes de mi vida, a veces tenía la sensación de que escucharía a mi hermano rascar la ventana y entonces ocurrió, estábamos en la mesa de la sala haciendo los deberes de la escuela cuando escuché claramente el ruido de la ventana, me quedé paralizada, primero pensé que había sido mi imaginación, pero cuando vi el rostro de mi madre noté que ella también lo había escuchado, entonces sonó de nuevo, ella se levantó casi de un salto y fue corriendo a la puerta, mis hermanas y yo nos quedamos en la mesa hasta que escuchamos a mi madre saludando a mi hermano, en ese momento salimos, pero por obvias razones mi hermano no estaba allí, mi madre nos juró que lo había visto, pero nosotras no supimos qué decirle. Esa noche mi padre llegó cuando ya nos habíamos acostado, supongo que mi madre le contó lo que había ocurrido porque en un momento de la noche fui a la cocina por un vaso de agua, y los escuché hablar en la habitación, parecía que estaban discutiendo, pero intentaban hablar en susurros para no despertarnos, mi padre parecía molesto, le decía que a los muertos hay que dejarlos tranquilos, él pensaba que no era seguro lo que mi madre quería hacer, pero ella insistía, hablaba de una mujer que era muy poderosa y decía haber ayudado a muchas familias en situaciones como la nuestra, era alguien que al parecer podía contactarse con personas que ya habían fallecido, mi padre claramente no estaba de acuerdo, él pensaba que la gente a veces solo quiere aprovecharse del sufrimiento de los demás y aunque él extrañaba mucho a su hijo, no estaba dispuesto a arriesgarse, le pidió que intentara rezar, pero mi madre continuó insistiendo, aunque le dijo que ella era una mujer de fe y todos los días rezaba por el alma de su hijo, se sentía en una situación que la sobrepasaba, le suplicó a mi padre que no la dejara sola y aunque él había dejado claro que no estaba de acuerdo, era un hombre leal a su familia y yo sabía que no era capaz de dejar sola a mi madre en una situación así. Yo no podía creer lo que estaba escuchando, fui sin hacer mucho ruido a la habitación para contarle a mis hermanas lo que había oído, ellas estaban tan sorprendidas como yo, pero las tres sabíamos que no podíamos hacer nada.
Ese fin de semana mi madre nos llevó donde una tía, dijo que ella nos había invitado a pasar esos dos días en su casa porque hacía mucho tiempo no nos veía y aunque no dijimos nada, nosotras sabíamos la verdadera razón por la que nos habían sacado por esos dos días de la casa. Esa noche tuve un sueño algo extraño, veía a mi hermano a través de una ventana, pero por más que lo llamaba, él no podía escucharme, yo intentaba gritar para que me viera, estaba desesperada y justo en ese momento el sonido del teléfono me despertó, noté que mis hermanas seguían dormidas, así que haciendo un esfuerzo por no hacer ruido abrí ligeramente la puerta de la habitación para intentar escuchar con quién hablaba mi tía, la vi sentada junto al teléfono, estaba susurrando y pude notar que su voz se entrecortaba, cuando colgó se quedó un largo rato sentada y aunque intentó estar en silencio cubriendo su boca, pude escucharla llorar. Por un tiempo no entendí que había pasado esa noche, mis padres nunca me dijeron nada, pero después de ese fin de semana no volvimos a escuchar el ruido de la ventana que mi hermano siempre hacía en vida.
 
Autor: Luna
Derechos Reservados

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