Sin Descanso Historia De Terror 2024

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Sin Descanso Historia De Terror 2024

Sin Descanso, Historia De Terror… Era empleado de Ferrocarriles Nacionales de México, comencé a trabajar en esta empresa de manera fortuita, antes de entrar al mundo de los viajes en ferrocarril, me dedicaba a trabajar como ayudante de cocina en un comedor industrial, mis primeros años de juventud los dejé en estos trabajos, con el paso de los años aspiraba a un mejor empleo que tuviese buenas prestaciones y un mejor salario.

En una ocasión, mientras servía los alimentos a los trabajadores de la empresa, me encontré con mi amigo Juan, él era ingeniero que prestaba en ocasiones sus servicios en diversas empresas, pero su empleo principal era trabajar en el ferrocarril, él fue quien me dijo que ahí tendría la posibilidad de tener un mejor trabajo, además, el tren también ofrecía servicio de comedor, así que podría realizar la misma labor, con la diferencia que tendría que salir de viaje.

Su propuesta era lo que yo esperaba, comenzamos con los trámites pertinentes para conseguir este empleo, no era sencillo entrar a laborar en esta empresa, pero después de cierto tiempo logré ingresar como empleado del ferrocarril. Al principio, mi puesto era de los más bajos, pero con el paso del tiempo fui subiendo en el escalafón, hasta que logré ser conductor.

            Yo no era quien manejaba el tren, mi trabajo consistía en que los trabajadores responsables de cada vagón llegaran a tiempo, realizaran su chequeo médico para saber si estaban en condiciones de viajar, revisar que los vagones estuviesen limpios, que los empleados portaran correctamente su uniforme, entre otras cosas más.

Otra de mis responsabilidades, era que durante el trayecto todo estuviese en orden, así como tomar decisiones en situaciones extraordinarias.

Los primeros años que logré conseguir el puesto de conductor los realicé sin ningún contratiempo, por fortuna todo salió bien, a excepción de que hubo ocasiones en que los soldados realizaban operativos de revisión, para saber si el tren traía droga oculta, cuando se hacían este tipo de acciones, se detenía el tren si previo aviso, los soldados se subían con perros entrenados para que olfatearan cada uno de los vagones, como responsable del viaje, cualquier situación anormal era remitida a mí.

Sólo hubo una ocasión en que los soldados encontraron droga oculta en el techo del vagón, nunca se supo quién había sido el responsable, pude resolver esa situación de la mejor manera.

            Viajé durante muchos años a Mexicali, Manzanillo, Ciudad de México, Nogales, esos fueron los destinos a los que nos dirigíamos cada vez, los viajes largos sólo eran dos: a Mexicali y Nogales, duraba casi una semana fuera, ya que eran dos días para llegar a uno de esos lugares, un día para descansar, y otros dos días de regreso.

Llevaba más de cinco años laborando en este puesto, cuando sucedió una tragedia, recuerdo que aquella vez el tren iba hacia Mexicali, en ese tiempo era temporal de lluvia, desde que llegué a la estación del ferrocarril en Guadalajara, estaba lloviendo, no muy fuerte, pero era una lluvia persistente que parecía que no se iba a terminar, salimos de la ciudad a las nueve en punto, con la lluvia como pasajera, porque todo el camino no cesó.

No representó ningún problema durante el trayecto, hubo momentos en que era una suave llovizna, en otros una precipitación muy fuerte, viajamos durante todo el día, cuando se hizo de noche, se convirtió en una gran tormenta que no permitía tener buena visibilidad, el tren disminuyó la velocidad, así lo hizo durante más de una hora.

Antes de llegar a la estación de Bamoa, había un puente, debajo de él cruzaba un río caudaloso, lo pasamos lentamente, sin contratiempos, llegamos a la estación de Bamoa a las once de la noche, el tren se detuvo por unos minutos a que los pasajeros pudiesen comprar alimentos. Antes de partir, recibí una llamada telefónica en la oficina de control, me dijeron que era necesario suspender el viaje, el tren se quedaría varado por tiempo indeterminado, ya que el tren que venía detrás de nosotros se había descarrilado en el puente.

            Le avisé a mis compañeros y a los pasajeros que era necesario suspender el viaje, nos quedaríamos en ese pueblo, les comenté a los empleados que no sabía la dimensión del siniestro, pero que una cuadrilla de protección civil estaba a punto de partir, a nadie obligué a que me acompañara a apoyar a los heridos, pero les dije que cualquier ayuda era valiosa, casi todos mis compañeros aceptaron ir a apoyar.

Cuando llegamos al lugar, se escuchaban los gritos de ayuda de las personas que estaban con vida, a otras se las había llevado la corriente del río, no tengo palabras para describirles la situación del accidente, yo me fui directamente con una joven que se encontraba muy cerca de mí, parecía que estaba sin vida, pero alcancé a ver que aún respiraba, la cargué para llevarla lejos del raudal de agua fría, no alcancé a que le dieran los primeros auxilios, antes de llegar con los paramédicos, ella murió.

Apenas la había conocido, pero ver cómo cambió su rostro ensangrentado a un pálido, fue muy triste, la deposité al lado de los demás cadáveres, esa noche fue muy larga, porque estuvimos apoyando a los heridos, y moviendo a los que estaban muertos en un mismo lugar, para que la corriente del río no se los llevara, fue la noche más larga y amarga de mi vida.

Hubo un momento en que el cansancio me venció, habían acondicionado en una de las casas del poblado como lugar emergente, cuando me sentí muy cansado, me acomodé en un tapete que estaba en el piso, inmediatamente me quedé profundamente dormido, tuve sueños que aludían al accidente, en él veía el rostro de la joven que había muerto en mis brazos, yo no la reconocía, pero sabía que era ella, porque me miraba de una manera afable y me sonreía dándome las gracias, pero hubo un momento en que su rostro se tornó maléfico, fue en ese instante cuando desperté sobresaltado, tratando de ubicarme dónde me encontraba.

Volví a la realidad al escuchar los gritos de la gente, ya había amanecido, cuando terminamos con las labores de rescate, no fue posible rescatar a todos, lo más probable es que muchos de los cadáveres se los llevó el río. El apoyo fue por varios días, a todos los que íbamos en el tren nos dijeron que no sería posible continuar hasta que disminuyera la lluvia y los ríos bajaran un poco su corriente caudalosa, por lo que nos quedamos estacionados en ese lugar.

Por fortuna, los mismos pobladores nos apoyaban con comida y con agua, ya en la noche nos sentábamos en las piedras cercas del río, comenzaba a anochecer cuando noté del otro lado del río que una mujer caminaba entre la maleza, le dije a mi compañero si la había visto, él me dijo que no, lo más probable era que había visto un animal silvestre, por ese rumbo abundaban los jabalíes.

Por un momento quise pensar que era un animal, pero más tarde volví a ver a alguien que se movía entre los árboles, me levanté de la piedra en la que me encontraba, me acerqué un poco más a la orilla del río, desde ahí alcancé a distinguir que se trataba de una mujer, lo supe por su cabello largo, de inmediato creí que se trataba de alguna persona que se había perdido por el accidente, comencé a hacerle señales con los brazos, pero pareció no verme, siguió caminando sin voltear.

Me fui con un encargado de protección civil, le dije que una mujer estaba extraviada del otro lado del río, al parecer, no se encontraba del todo consciente, ya que caminaba de manera errática. De inmediato varios trabajadores salieron para poder a auxiliar a la mujer, le apunté del lado que la había visto, el encargado de protección civil me dijo que no era posible ayudarle, era ponerse en riesgo si se trataba de cruzar el río con la corriente tan fuerte que tenía, él dijo que lo mejor era hablar por radio para avisar del otro lado del río para que fuesen en su ayuda, me quedé más tranquilo, sin embargo, no sabía si en realidad la iban a ayudar, me quedé durante un rato más sentado observando hacia aquel lado, de repente, vi que de nuevo caminaba hacia el lado contrario, ahí fue cuando me di cuenta que ella no se encontraba bien, porque caminaba de forma vaga hacia cualquier parte.

De nuevo le volví a hablar, uno de mis compañeros cuando me escuchó se acercó para ver qué sucedía, le apunté con el dedo y le dije que de nuevo estaba la mujer ahí, era necesario apoyarla, mi compañero me dijo que me tranquilizara, que del otro lado del río no había ninguna mujer, le dije que sí, cómo no podía verla, si se había quedado parada mirando fijamente hacia nosotros, él de nuevo me refutó diciéndome que ahí no había nadie, lo mejor era que me fuese a comer y a descansar, ya habíamos tenido una jornada muy pesada durante el día, quizás por eso ya imaginaba ver a alguien.

Le hice caso a mi compañero y me fui a descansar, pero con la idea de que había visto a esa mujer, que nada había sido producto de mi imaginación, así que más tarde saldría a revisar de nuevo para poder ayudarla, ya que ellos no lo iban a hacer, así que cuando se hizo más tarde y todos se encontraban dormidos, me levanté con sigilo y me fui a la orilla del río, a esa hora de la noche, se escuchaba el estruendo del río por el caudal tan fuerte que tenía, me quedé durante unos minutos mirando hacia el otro lado, de nuevo vi a la mujer, pero en esta ocasión estaba parada mirando hacia donde yo me encontraba.

Esta vez no le hice ninguna señal, ni traté de comunicarme con ella, sólo me quedé parado viendo cómo ella reaccionaba ante mi presencia. No sé si fue mi imaginación, pero aún escuchaba entre el agua los gritos de auxilio de las personas que se estaban ahogando durante el accidente, de pronto, vi que ella comenzó a caminar hacia el río, me quedé asustado pensando que se iba a ahogar, mi sorpresa fue muy grande, cuando ella comenzó a caminar sobre el agua, se dirigía hacia donde yo me encontraba, por un instante me quedé petrificado, enseguida reaccioné y me fui corriendo hacia la casa en la que estaba hospedado.

Me metí entre mis cobijas, como esperando pasar desapercibido por ella, así me quedé inmóvil, el silencio de la noche permitió que escuchara pisadas afuera de la casa, casi estaba seguro de que era ella, me estaba buscando, no puedo expresar el miedo que me dio de que me fuera a encontrar, no comprendía cuál era su interés conmigo. Así pasó un rato, hasta que dejé de oír ruidos al exterior de la casa.

Al día siguiente pregunté si ya era posible continuar con el viaje, junto con mis compañeros de trabajo, pretendía incorporarme a mi trabajo, o al menos retirarme de ese lugar, por desgracia, me dijeron que las vías aún se encontraba en reparación, todavía faltaban varios días para que eso sucediera.

Sin Descanso Historia De Terror

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Resignado seguí con las labores de ayuda, hubo un momento en que ya no pude callarme, hablé con una de mis compañeros, le dije lo que había visto la noche anterior, contrario a lo que esperaba, él ni siquiera se sorprendió, me dijo que también estaba viendo a un niño que se aparecía a la orilla del río, cuando los demás compañeros escucharon, intervinieron en la conversación diciendo que también a ellos les estaban pasando situaciones paranormales, no sabían si era por la impresión del accidente, o si en verdad esas personas aún estaban en este plano terrenal, y que sus almas todavía no estaban descansando.

Uno de los voluntarios que vivían en el pueblo alcanzó a escucharnos, nos dijo que quizás eso sucedía porque las personas habían muerto de una forma repentina, que era necesario que ellas se dieran cuenta de que ya no pertenecían a este mundo, estuve de acuerdo con lo que el hombre dijo, sin embargo, no sabía qué podíamos hacer, el hombre nos dijo que él tampoco, pero quizás si hablaba con el curandero del pueblo él podría ayudarnos.

Yo aún tenía dudas sobre lo que había visto, pensé que quizás era como una especie de psicosis colectiva, en la que todos nos encontrábamos vulnerables, además, lo que habíamos presenciado nos había impactado a todos, le dije al hombre que esperara un poco, primero queríamos estar seguros de lo que realmente habíamos visto, quizás nuestra mente nos había engañado, el hombre estuvo de acuerdo, nos dijo dónde lo podríamos encontrar en caso de necesitarlo.

La mayoría de los compañeros coincidimos en que por la noche era cuando había manifestaciones, así que decidimos estar juntos esa noche. En cuanto el sol se ocultó, comencé a escuchar lamentos y gritos, se oían alejados, de forma vaga, sin embargo, me daba cierto temor pensar que el alma de las personas que habían muerto aún se encontraran entre nosotros, me acerqué con uno de mis compañeros, él me dijo que también escuchaba el sonido de las voces que se mezclaba entre el agua del río.

No había terminado de conversar con él, cuando vi de nuevo a una mujer caminando, pero en esta ocasión no volteaba hacía mí, se movía entre la vegetación que se encontraba a un lado del río, le hice una señal a mi compañero, sin embargo, él me dijo que no veía nada, no comprendí cómo sólo a mí se me revelaba esa mujer.

Esa noche confirmamos que nada era producto de nuestra imaginación, cada uno de nosotros veía a diferentes almas que estaban detenidas en este mundo, no sabíamos el motivo por el cual no habían podido cruzar el portal hacia el más allá, pero no era agradable verlas sufrir de nuevo.

Nos retiramos de la orilla del río, para irnos a lo que servía como nuestra habitación, era una bodega grande en la que se había instalado muchos catres, sin poder dormirnos nos quedamos conversando durante un rato más, yo fui el primero que comenzó a escuchar ruidos al exterior de la bodega, después mis compañeros se alertaron con los sonidos.

Con cautela salí para ver de qué se trataba, fue la primera vez que vi su rostro de cerca, era ella, la misma muchacha que murió entre mis brazos, sólo que su aspecto cadavérico le había cambiado un poco sus facciones, me quedé helado sin saber qué hacer, ella se limitó a extender su brazo derecho y señalar un punto hacia el lado del río, yo no sabía si salir corriendo, pero sentía que si lo hacía, ella me alcanzaría más pronto, ya que no caminaba, flotaba levemente sobre el piso, lo único que se me ocurrió fue decirle que sí, en ese momento ella se fue con rapidez.

Yo no sabía qué hacer o qué decir, cuando entré a la bodega uno de mis compañeros me dijo que me veía muy pálido, les conté lo sucedido, ellos también se pusieron muy nerviosos, les dije que no teníamos por qué temer, ese ser no pretendía lastimarnos, ni hacernos daño, era un alma que se encontraba detenida en este mundo. En cuanto amaneció fuimos a buscar al hombre que vivía en el pueblo, le platicamos lo ocurrido, él no dudó en llevarnos con el curandero del poblado.

Caminamos hacia el otro lado del pueblo, en una choza pequeña vivía el curandero del lugar, era un hombre de estatura baja, sumamente bronceado por el sol, ya era un hombre de muchos años, en cuanto nos vio, nos hizo una señal con su mano de que nos detuviéramos, nos dijo que no veníamos solos, algunos seres que  no pertenecían a este mundo estaban con nosotros, así que era mejor tomar distancia, para que ningún espíritu se quedara con él, volteamos hacia todos lados, buscando quién venía a nuestro lado, pero no logramos ver a nadie, ahí fue cuando comprendí que el curandero sí sabía de espíritus.

Nos detuvimos sin saber qué hacer, él se fue acercando poco a poco hacia nosotros, llevaba consigo en una mano una veladora encendida, en la otra un ramo de hierbas olorosas y frescas, nos hizo una señal de que nos quedáramos parados, él caminó hacia el frente y nos dio la señal de que avanzáramos detrás de él, se dirigió directo al río.

El curandero se arremangó sus pantalones y metió sus pies desnudos al agua, sólo en la orilla, porque si caminaba más adentro corría el riesgo de que la corriente se lo llevara, ahí comenzó su ritual, mientras decía unas palabras que no comprendí, mojaba el manojo de hierbas con el agua del río, enseguida, nos roció a cada uno de nosotros con esa agua.

No fue producto de nuestra imaginación, porque en ese momento se comenzó a escuchar gritos y lamentos lejanos, volteé a ver a mis compañeros, al parecer ellos también tenían una experiencia similar, eso lo supuse al ver el miedo en su rostro.

Después de que el hombre terminó, salió del río, nos dijo que esperaba que las almas de los muertos pudiesen descansar, pero que era necesario de que cada uno de nosotros recordara qué fue lo que hablamos con las personas que alcanzamos a sacar del río antes de morir o ya muertos, porque aunque un ser humano esté muerto, lo último que muere es su sentido del oído, y si le habíamos prometido algo, lo más seguro era que estuviesen esperando que en verdad cumpliéramos con los prometido, ya que ellos ya no tenían la corporeidad para hacerlo.

En ese momento traté de recordar qué fue lo último que le dije a la joven que murió entre mis brazos, le había dicho que no se preocupara, yo la ayudaría en todo lo que necesitara e iba a estar todo bien, me acerqué con el hombre y le pregunté si acaso la mujer intentaba decirme algo, él me dijo que sí, lo más seguro era que necesitaba de mi ayuda, y que si ella o las demás almas sólo se dejaban ver durante la noche, podría ser porque se aparecían a la hora de su muerte.

El hombre nos dejó unos collares que servían como protectores, se retiró y nos dijo que estuviésemos al pendiente de esa almas. Por la noche, de acuerdo a lo que había dicho el señor, en cuanto oscureció estuvimos a la orilla del río, pronto pude ver a los lejos la silueta de la mujer, me acerqué un poco a ella, mentiría si les dijera que no tenía miedo, me aferraba al objeto que el hombre nos dio, porque nos había dicho que nos protegería de cualquier entidad siniestra, conforme me acerqué la mujer en vez de caminar hacia mí, lo hizo del lado opuesto, como esperando que la siguiera, así lo hice, enseguida la perdí de vista, volteé hacia todos lados sin conseguir verla de nuevo, de pronto, sentí algo duro sobre mis pies, entre la hierba silvestre se encontraba el cuerpo de un niño, estaba lleno de lodo y cubierto por la maleza, llevaba varios días de evolución cadavérica.

Comprendí que quizás la mujer podría ser la madre del pequeño, no quise levantarlo porque ya se encontraba en estado de descomposición, no entendí cómo no lo habíamos encontrado antes, si habíamos hecho muchas labores de búsqueda.

Se hizo lo pertinente para realizar la sepultura del cuerpo, los días posteriores que estuvimos en Bamoa, recogía flores y las dejaba en el lugar en el que encontré el cadáver del pequeño, no sé si en realidad funcionó lo que hice, pero dejé de ver a la mujer.

A los tres días siguientes nos dijeron que las vías estaban listas, podríamos continuar con el viaje, nos alejamos del pueblo con nostalgia y sentimientos encontrados por lo ocurrido. Pudimos concluir el viaje hasta Mexicali, al regreso, cuando volvimos a pasar por Bamoa, no pude ver hacia el lado del río, preferí hacer de cuenta que no existía, sin embargo, los demás compañeros que han cruzado por la noche el puente del pueblo dicen que se escuchan lamentos y gritos de las personas que murieron en el accidente ferroviario.

Autor: Adriana Cuevas

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