Se Los Lleva Historia de Terror

Se Los Lleva Historia de Terror

La Llorona, decenas de orígenes diferentes, cientos de lugares distintos, millones de testimonios, una sola leyenda Se Los Lleva Historia de Terror.

Aquí en mi ciudad tenemos también nuestra propia versión. Se dice que una mujer le fue infiel a su esposo con algún vecino, y él, como retribución, tomó la vida de los hijos de ella, pues se había convencido a sí mismo que lo más probable es que esos hijos no fueran de él, total, si ya lo había engañado, seguramente no era la primera vez.
Así fue que lleno de cólera entró al cuarto de los pequeños y los ahorcó sin compasión. Aquella mujer infiel encontró los cuerpos sin vida de sus hijos tirados en el suelo.
En ese mismo instante la mujer perdió la razón por completo y salió a la calle, así como andaba vestida, es decir, con un camisón y una bata de color blanco, claramente no estaba peinada.
Nunca recuperó la cordura y una fría noche murió vagando por la carretera mientras se lamentaba por el asesinato de sus hijos, ya que ella había sido la culpable de que aquel horrible hecho sucediera.
Yo me venía acordando de esa historia mientras manejaba por la carretera de vuelta mi casa, me acordé precisamente porque en la radio pusieron la canción La Llorona de Ángela Aguilar, era la primera vez que yo escuchaba esa canción.

Yo venía un poco recio pues estaba comenzando a chispear y en las noticias habían alertado sobre que posiblemente llegaría una tormenta eléctrica. Además, mi mujer me había llamado para decirme que había preparado una cena especial.

La canción terminó y a mí todavía me faltaban algunos kilómetros para llegar a mi casa. A la orilla de la carretera pude ver a una mujer caminando, no es común ver a alguien a esas horas por esos rumbos. Unos cientos de metros más adelantes volví a ver a una mujer, pero ahora del otro lado, me daba la impresión de que era la misma mujer, pero no podía ser posible. Al girar en una curva tuve que frenar de golpe, pues a mitad de la calle estaba la misma mujer, pero ahora estaba a mitad de la calle. Aquello era una escena bastante extraña, comencé a sentir mucho miedo, era una sensación sofocante, como si algo muy malo estuviera a punto de suceder.
La mujer seguía ahí, inerte, luego de unos segundos me di cuenta de que podía pasar al lado de ella sin golpearla, así que simplemente lo hice, evité verla de reojo, recuerdo que pensé que quizá había ocurrido una fuga del manicomio, por supuesto que no fue así.
Unos minutos después llegué a mi casa, mi mujer ya tenía la cena lista y mi niña de 10 y mi pequeño de 3 años ya estaban en la mesa, y mi suegro estaba de visita.

Cenamos pechuga de pollo rellena, acompañado de espagueti verde y por supuesto un refresco bien frío.

Mis hijos se fueron a dormir en cuanto terminaron su comida y los adultos nos quedamos platicando.

La charla de esa noche fue muy agradable, hubo anécdotas y risas, hacía mucho tiempo que no me la pasaba tan bien, pues en ese entonces mi mujer estaba embarazada de nuestro tercer hijo y a mi suegro no le había parecido una buena noticia, pero esa noche podría decirse que hicimos las pases.

Ya nos estábamos despidiendo cuando escuchamos que alguien tocó la puerta. Eso era raro, ya era casi de madrugada y nosotros por lo general nunca tenemos visitas en la casa, mucho menos a esa hora.

Fui y abrí la puerta, pero no había nadie. Salí y me asomé, pero nada. Fruncí el ceño y me quedé pensando un momento y luego regresé a la casa y cerré la puerta.

Mi esposa me preguntó quién era y le dije que nadie, que quizá habíamos escuchado mal.

De pronto mi suegro dijo que vio pasar a alguien por la ventana. Apenas iba a revisar cuando volvieron a tocar la puerta. Le dije a mi esposa que fuera con los niños.
Fui a la cocina y tomé un bate de fierro que guardo al lado del refrigerador. Mi suegro abrió la puerta mientras yo me preparaba para atacar con el bate, pero de nuevo no había nadie.
Entonces mi mujer gritó, mi suegro cerró la puerta y yo corrí al cuarto de mis hijos. Por la ventana pude ver a una mujer parada afuera. Me di cuenta de que era la misma mujer que yo me había topado en la carretera.

La mujer puso su mano sobre la ventana y luego se esfumó. De la marca que había dejado la mujer comenzó a salir humo, era muy extraño, cuando me acerqué a la ventana para revisar sentí mucho frío, la ventana estaba helada.

Llevé a mi esposa e hijos a la sala junto con mi suegro, quien estaba muy alerta de la puerta. Me preguntó qué había pasado y le conté de la mujer.
Hubo un gran estruendo, las ventanas vibraron bastante fuerte, a través del vidrio puede ver que el cielo se iluminó por completo y luego vino otro estruendo, tan fuerte que la puerta se estremeció y todas las ventanas se reventaron.

Había llegado la tormenta eléctrica. Mis hijos se asustaron bastante y comenzaron a llorar, mi mujer también estaba muy asustada.

El fuerte viento comenzó a meterse a la casa haciendo que las cortinas se movieran de forma violenta. Entonces pude ver que la mujer se asomó por la rejilla que teníamos arriba de la estufa para que se saliera el humo. Esa rejilla está casi a la altura del techo, no era posible que la mujer se estuviera asomando por ahí, era demasiado alto, casi tres metros.
Afuera seguía tronando, mis niños seguían llorando, mi suegro miraba hacia todos lados y mi mujer también estaba comenzando a llorar. Entonces el viento comenzó a entrar con más fuerza. Todo lo que teníamos sobre la mesa cayó al suelo y los trastes de la cocina también.
De pronto la puerta se abrió de forma violenta y todos pudimos ver a la mujer parada afuera de la puerta. Nos estaba mirando fijamente, no intentaba entrar, solo estaba ahí.
Y luego se fue la luz. Quedamos en completa oscuridad, todo quedó en penumbras, no podía ver ni mis propias manos. Todo era muy sombrío, todos nos acercamos hasta que pudimos sentir que nos estábamos tocando. Eso nos tranquilizaba un poco.

Sabíamos que alguien estaba caminando dentro de la casa pues podíamos escuchar como los pedazos de los vasos de vidrio se quebraban al ser pisados.

Pude sentir que algo tocó mi cara, era liso y estaba mojado, creo que era cabello.

Mi mujer respiraba con fuerza, sonaba muy agitada. Entonces volvió la luz. Nos dimos cuenta de que mi hijo no estaba. Entramos en desesperación. Entre gritos lo llamamos por su nombre, pero no hubo respuesta.
Mi suegro corrió a su camioneta y tomó su arma. Comenzó a recorrer apurado toda la casa y luego salió al patio. Mi mujer estaba de rodillas abrazando a la niña mientras al mismo tiempo se agarraba el vientre.
Yo no sabía que hacer, quería ir a buscar a mi hijo, pero no quería dejar a mi esposa sola con mi hija.

Escuchamos el llanto de mi niño y luego un disparo. No lo dudé ni un segundo y corrí hacia el patio. Ahí estaba mi suegro apuntando hacia el frente.

Le pregunté qué había pasado y me dijo que vio a la mujer arrastrar al pequeño mientras lloraba. Le disparó, pero ella simplemente desapareció junto con mi hijo.
Buscamos toda la noche. Llamamos a familiares para que vinieran a ayudarnos. Fuimos con los vecinos. Revisamos todas las casas. Recorrimos cada rincón de la cuadra y más allá. No había ni una sola señal de mi hijo.

Esa noche mi vida cambió para siempre, dio un giro de 360 grados. Mi mujer y yo continuamos buscando a nuestro hijo durante mucho tiempo. Claro que la esperanza se fue esfumando lentamente.

Ni siquiera el nacimiento de nuestro tercer hijo pudo consolarnos. Mi mujer comenzó a tener delirios, decía que nuestro recién nacido era en realidad nuestro hijo al que La Llorona se había llevado.

Verla decir esas cosas terminó por quebrarme.

Me volví alcohólico. Mis papás recogieron a mi hija y al bebé pues mientras yo me ahogaba en las cantinas mi mujer terminó de perder la cordura y sus hermanos decidieron trasladarla al Centro Estatal de Salud Mental.
Estuve sumido en una profunda depresión casi cinco años. Logré recuperarme hace dos años, mi mujer también salió, fue dada de alta unos meses después de que yo me limpiara.

Las cosas entre nosotros ya no son como eran antes, tampoco pudimos rescatar el tiempo perdido con los 2 hijos que aún tenemos.

Mi mujer está obligada a llevar un tratamiento psicológico así que yo también me decidí a tomar terapia.
La verdad es que ni mi mujer ni yo hemos logrado superar la desaparición de nuestro pequeño, lo extrañamos cada día y sé que mi hija también extraña a su hermano. El bebé, que ya tiene 5 años, ha comenzado a hacer preguntas y ciertamente nunca sé qué responderle.
En la sesión más reciente mi terapeuta me dijo que yo debía hablar sobre lo acontecido, dijo que mientras más lo contara sería cada vez menos doloroso, es por eso que me animé a contar mi historia por este medio.

Estoy consciente que esto no me ayudará a recuperar a mi hijo, pero de todas formas les agradecería que dedicaran una oración para que algún día logre encontrar a mi pequeño.

 
Autor: Ramiro Contreras
Derechos Reservados

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