Le Gustan Los Huérfanos Historia de Terror

Le Gustan Los Huérfanos Historia de Terror

Quedé huérfano desde muy niño, ocurrió en un accidente de carretera, mis hermanas se venían peleando y en determinado momento una empujó a la otra y eso ocasionó que terminaran moviendo uno de los brazos de mi padre, él venía manejando, lo siguiente que recuerdo es que la camioneta estaba de cabeza, solo yo sobreviví Le Gustan Los Huérfanos Historia de Terror.
En un instante, una estúpida pelea me arrebató a mi familia, recuerdo que pude ver como mi madre cerraba los ojos mientras me veía asustada. Es muy difícil sobreponerse de algo así.
Afortunadamente, unos parientes se hicieron cargo de mí, me arroparon como uno más de sus hijos, y mis primos se convirtieron en mis hermanos.
Nunca fui muy listo, pero sí era comprometido y perseverante. Estudié en el Instituto Cultural Helénico, pero por una cosa o por otra me tuve que cambiar a la Escuela Nacional de Antropología e Historia, poder graduarme de ahí fue sin duda alguna uno de mis más grandes logros.
Tener la oportunidad de estudiar a profundidad la historia de México es algo increíble, se aprenden cosas muy interesantes. Una de las cosas que más me gustó de la carrera fue debatir sobre mitos y leyendas que forman parte el folclor mexicano.
Algunos de mis últimos trabajos fueron precisamente sobre todos esos mitos, pero desde un punto de vista completamente alejado de lo paranormal.
Y después de haber leído casi doscientos libros que recopilan historias, puedo afirmar sin temor a equivocarme que la leyenda de La Llorona es la creencia popular de México por excelencia.
No existe ni un solo mexicano que no conozca a La Llorona, aunque no viva en México, todo mexicano escuchó al menos una vez sobre la Leyenda de La Llorona.
Ciertamente, se han realizado diversas investigaciones que pretenden dar con el origen de tan memorable mito.
El registro más antiguo que se tiene sobre La Llorona se remonta a la época en la que el territorio mexicano era gobernado por Moctezuma Segundo.
La historia dice que el gobernante sufría sé recurrentes y vívidas pesadillas que le atormentaban, aquellos oscuros sueños eran más bien premoniciones sobre la conquista española que llegaría una década después.
Se supone que, durante una reunión de Moctezuma Segundo con sus generales, salió a tema que había una mujer que se aparecía llorando y lamentándose durante las noches cerca del ahora conocido como Lago de Texcoco, a alguien se le ocurrió sugerir que posiblemente los quejidos de aquella sufrida mujer podrían tener alguna relación con las pesadillas del gobernante.
Moctezuma presumiblemente ordenó una investigación de la misteriosa fémina. Aquellos que vivían cerca dijeron que la aparecida siempre emitía lamentos que estaban evocados hacia sus hijos.
Se presume que Moctezuma asocio a aquella mujer con una antigua diosa, con la diosa de la maternidad. Lo que Moctezuma no pudo interpretar fue el motivo de la aparición de la diosa, qué, tentativamente, intentaba advertir sobre la matanza que causarían los conquistadores españoles cuando llegaran al continente americano.
Cuando los españoles llegaron la mujer dejó de aparecerse en el Lago de Texcoco. Y se supone que fue hasta después del nacimiento de la Nueva España que volvió para presuntamente perseguir a sus usurpados hijos. Es decir, a todos los que somos descendientes de la cruza forzada y sangrienta entre los indígenas mexicas y los europeos.
Con esas palabras concluí mi trabajo, parecía un buen final, para mi mala suerte, aún faltaba una cosa: encontrarme cara a cara con el fantasma de La Llorona.
Mi investigación me había dejado con un sabor agridulce, sí, a nivel histórico no había mucho más que contar, pero entonces comencé a preguntarme si de casualidad existía la remota posibilidad de que todas las historias que se cuentan sobre las apariciones de La Llorona pudieran ser reales, aunque fuera un poco.
Fue entonces que decidí iniciar otra investigación, pero ahora con la mente abierta, alejado de lo académico.
Me puse en contacto con un amigo que estaba estudiando en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y le conté sobre lo que estaba haciendo. Él me recomendó viajar a Xochimilco para hablar con una persona que tenía algunas historias que podrían interesarme.
Le pregunté si estaría dispuesto a acompañarme y me dijo que tenía disponible el fin de semana, faltaban dos días.
El sábado por la tarde ya estábamos en Xochimilco, mi amigo me llevó hasta una vieja casa, dentro vivía un señor ya bastante mayor, me atrevería a decir que pasaba de los noventa años. El hombre era ciego.
Le expliqué cuál era el motivo de mi visita y me dijo que podía hacerle solo dos preguntas, ya que, según él, a La Llorona no le gusta que hablen de ella.
Pensé bien las preguntas que iba a hacer y cuando me decidí se las dije al señor: ¿dónde puedo encontrarla?, ¿Cómo sabré que la he encontrado?
Me respondió que la primera pregunta era muy ambigua pues dijo que La Llorona podía aparecerse en cualquier lugar siempre y cuando hubiera un río cerca, pero me dijo que los canales de Xochimilco durante la noche eran un buen lugar para comenzar la búsqueda.
En cuanto a la segunda pregunta simplemente me dijo si la veía no me quedarían dudas de que era ella.
Ya nos íbamos a ir el don me dijo una cosa más: ten cuidado, le gustan los huérfanos.
Cuando el señor dijo eso volteó su rostro directamente hacia mí, como dije, el don era ciego, pero estoy seguro de que por un instante sus ojos se alinearon con los míos, eso me dio escalofríos. Además, era imposible que ese señor supiera que yo había perdido a mis padres.
Mi amigo le agradeció al señor y salimos de su casa. Yo estaba confundido debido a lo último que me había dicho el don así que le pregunté a mi amigo de dónde lo conocía, me respondió que era un viejo conocido de sus abuelos.
Yo estaba tratando de hacer a un lado los presuntos poderes de adivinación del viejo cuando de pronto mi amigo me preguntó si en verdad iba a navegar por los canales durante la noche, le respondí que sí.
Caminos por las calles buscando a un lanchero que pudiera movernos durante la noche, no tardamos mucho en dar con uno que aceptó, nos dijo que a las once podríamos encontrarlo en tal lugar.
Llegó la hora, estábamos puntuales, el lanchero ya había llegado. Dijo que había tenido que cancelar un compromiso así que debíamos pagar más, sí llevábamos suficiente dinero, pero queríamos gastarlo en ir a tomar más noche así que protestamos.
Estábamos en eso cuando de pronto escuchamos un grito, un lamento acompañado de llantos, por un instante creí que se trataba simplemente de una mujer, pero cuando aquel profundo grito se extendió por más de un minuto sin cortarse comprendí que no provenía de una mujer común y corriente.
Ese grito era áspero y rasposo, me hizo temblar de miedo. Pude ver como las pupilas de mi amigo se dilataron. El lanchero sacó de su pantalón un rosario y lo sujetó con fuerza mientras pasaba saliva, estaba asustado.
El lamento fue desvaneciéndose lentamente hasta que hubo silencio, entonces sonó otro grito, pero ya no parecían llantos, más bien sonaba a desesperación, ese grito era grotesco y su sonido era de ultratumba, tenía mucho eco y parecía emerger de todas partes.
El grito no se detenía, pero sonaba cada vez más lejos, entonces el lanchero nos dijo que era mejor salir de ahí, pero ya y el tipo salió corriendo despavorido.
Nosotros no entendíamos nada. Entonces frente a nuestros ojos una mujer comenzó a salir del agua. Yo estaba en shock. Mi amigo me jaló de la playera y comenzamos a correr, mientras huíamos mi amigo no para de repetir: La Llorona es La Llorona.
Dejamos de correr cuando llegamos a una calle donde había varias personas. Seguíamos muy alterados, necesitábamos un trago, por suerte había un lugar cerca, en la esquina.
Jamás había probado el tequila, bueno, esa noche me serví al menos 3 veces.
Ya no estábamos tan nerviosos. Estuvimos ahí un buen rato, entonces escuché nuevamente aquel aterrador lamento. De inmediato volteé a ver a mi amigo, su cara me lo decía todo, él también lo había escuchado, pero al parecer éramos los únicos pues el resto de personas seguían en lo suyo como si nada.
Concluimos que nos lo estábamos imaginando, habíamos quedado tan impactados que era normal que nuestra mente nos hiciera una mala jugada.
Yo no quise seguir bebiendo, pero mi amigo sí, poco antes de las dos de la mañana mi amigo ya se estaba cayendo de borracho así que era hora de irnos.
Pagamos y lo ayudé a salir. Yo lo iba sujetando para que no se cayera mientras caminábamos. No había personas en la calle, pero sí había alguno que otro carro que pasaba a exceso de velocidad.
Ya habíamos avanzado un par de cuadras cuando escuché un ruido que encendió todas mis alertas. Algo se estaba arrastrando detrás de nosotros. Aceleré un poco el paso mientras intentaba escuchar qué era ese ruido. Era un sonido extraño, como el que hace una caja de cartón cuando se arrastra.
Cada vez sonaba más cerca, yo me estaba poniendo muy nervioso, no pude más y me giré.
Ella estaba ahí, caminando hacia nosotros, con su vestido blanco largo y roto, con su piel pálida y su mirada perdida.
A mi amigo hasta se le quitó lo borracho en cuanto vio a La Llorona.
Afortunadamente conseguimos escapar. No he vuelto a ver a La Llorona desde aquella vez. Jamás pienso volver a Xochimilco.
 
Autor: Ramiro Contreras
Derechos Reservados

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