No Mires Atrás Historia de Terror

No Mires Atrás Historia de Terror

Soy Originario de Aporo, Michoacán y desde hace más de sesenta años, no he visitado la tumba de mi Madre. Las razones por las cuales la abandoné creo que están de sobra, y es algo que no quisiera volver a vivir, sin embargo, he recibido una llamada hace poco donde me mencionan que hay más de trescientas tumbas abandonadas y una de ellas es la de mi Madre No Mires Atrás Historia de Terror. Me piden tener que ir a recoger sus restos o serán destruidos. Quisiera platicarles el motivo por el cual ya no visité más a mi Madre, y espero me ayuden a decidir.
Aporo, Michoacán no suele ser un municipio muy grande en cuanto a población, de hecho es uno de los más pequeños de todo Michoacán, Yo viví en casa de mis Abuelos junto con mi Madre hasta la edad de Quince años, edad en la que tuve que valerme por mismo, fue en esa edad cuando ella falleció y yo no era del todo agrado de mis abuelos. Para sobrevivir, o mantenerme mi Madre tenía un puesto de verduras en las afueras del templo. No era muy concurrido, pero por lo menos lo que alcanzaba a sacar nos ayudaba para mantenernos a nosotros dos. Por parte de mis abuelos, quienes nos tuvieron que dar cobijo después de que mi padre nos abandonara, me llegaron a dejar varias veces afuera de la casa, esperando solo en la calle a que llegara mi Madre para poder ingresar a la casa. Mi Mala fortuna empezó cuando ella enfermó, parecía ser una simple gripa, hasta volverse algo más serio, murió en cama, en la casa de mis abuelos, quienes, si lamentaron su pérdida, pero a los pocos días me advirtieron que ellos no me mantendrían y yo tenía que buscar un empleo, y apenas yo había cumplido los quince años.
La familia de mis abuelos no tenía mucho, pero si tenían una pequeña propiedad en el cementerio, se trataba de una capilla de tamaño mediano, no era muy grande, pero un par de personas cabían perfectamente, esta se encontraba justo en el centro del cementerio, lugar donde dejaron los restos de mi Madre descansar.
No me fue sencillo aceptar la pérdida de mi Madre, al principio fue muy complicado hacerme a la idea, era todo para mí, era la única quien me demostraba cariño en casa, y debido a que no me sentía listo para dejarla partir, tuve quizás una idea tonta, pero para mí era justa y razonable de pasar las noches con ella al lado de su tumba, que al fin y a al cabo, mis abuelos no notarían mi ausencia o no me extrañarían. Así que sin avisar y después de salir del trabajo que me había conseguido, pensaba en ir a visitar a Mamá y quedarme con ella hasta que aguantara. Por lo pronto no tenía pensado que fuera solo unos días, sería hasta que yo estuviera listo y la dejara partir.
Nadie sabía sobre el plan que tenía, ni mis compañeros de trabajo y mucho menos mis abuelos, llegué a casi media noche, en ese entonces no había quien cuidara la entrada al cementerio o alguien que dijera algo al respecto, uno simplemente se metía y podía hacer lo que quisiera allí, pero a decir verdad, toda la gente, o quizás la mayoría le temía tanto a la Muerte que se le guardaba mucho respeto. Yo tenía la mentalidad de que no me importaba si algo había allí que me asustara o que me negara estar con mi madre, eso era en ese momento lo último que me preocupaba, y esa noche abrí la capilla y me senté a un lado de ella. Si no mal recuerdo, encendí un par de veladoras y le recé un Padre nuestro. De vez en cuando le platicaba algo, me quedaba en silencio imaginándome que me contestaba, y en ocasiones lloraba. Fue así que se me hizo ya tarde e intenté dormir allí. Pero había algo que no me dejaba estar en paz, se trataba de una extraña sensación, una muy similar a la que uno siente cuando lo observan, pero por más que veía por fuera de la capilla no veía nada. Llegué a escuchar un par de ruidos, pero estos no pasaban a más de darme cuenta de que se trataba de algunos animales que se atrevían a pasar por allí, fue cuando lo vi, allí parado sobre una tumba, un enorme perro parecía que vigilaba cada una de ellas, no pretendí llamar su atención así que me mantuve en silencio observándolo hasta que se fue. Saqué mi reloj de bolsillo y vi que ya eran casi las dos de la mañana, las noches eran heladas, apenas me podía calentar con lo poco que traía puesto, tuve que tomar una de las veladoras que le había dejado a mi Madre para el calor, pero no pude aguantarme más así que decidí que era momento de retirarme.
Justo cuando iba de salida del cementerio me topé con un hombre con zarape. Estaba sentado al lado de una de las columnas de la puerta de entrada, tenía el cabello largo y nariz muy regordeta, la recuerdo bien porque en todo momento cuando me hablaba era lo que más me llamaba la atención.
¿Viene de ver a su Madre? – Me sorprendió su pregunta pues hasta donde yo sabía nadie me había visto estar en la capilla. No le hice caso y pasé de largo, él solo se despidió comentando que nos volveríamos a ver más tarde.
Me retiré del cementerio y llegué a la casa poco más de las 2 de la madrugada, y ya era de esperarse, ninguno de mis abuelos se apuró por mí, desde que había fallecido Mamá me había quedado con el juego de llaves que ella tenía. Así que simplemente abrí la puerta, me dirigí a la cocina para cenar algo y luego irme a dormir. Mientras que estaba cenando, decidí que podía ir todos los días en la noche y quedarme hasta esta hora y regresar, quizás fue una locura mía, pero mi conducta era justificada debido a que me sentía más cómodo en el cementerio que en casa con mis Abuelos.
Por los siguientes días repetí la misma rutina, asistía al cementerio y me quedaba hasta pasadas las dos de la mañana, ya no me importaba si mis abuelos me regañaban o me dijeran algo, desde la muerte de Mamá ya no nos dirigíamos la palabra. Pero había algo que nunca faltaba, el hombre del zarape siempre estaba en el mismo lugar cuando me retiraba. Dejé de ignorarlo y empecé a saludarle, se presentó conmigo por el nombre de Miguel, y me hizo una recomendación.
-Procura no quedarte después de las tres, pues los vecinos se comienzan a quejar- Me dio gracia esto que comentó, ya había pasado una semana desde que visitaba la capilla y nadie se había quejado incluso los vecinos más cercanos se encontraban retirados.
– Yo no estoy hablando de esos vecinos de afuera, sino más bien los de tu Madre – No supe que decirle, decidí darle por su lado y despedirme de él, para terminar, diciéndole que nos veríamos mañana.
Al día siguiente las cosas se complicaron en el trabajo, terminé bastante agotado y solo quería descansar, sin embargo, no quería dejar de cumplir en visitar a mi Madre así que me dirigí hasta el cementerio, entré con la inquietud de que quizás algún vecino me observara, me metí en la capilla y saludé a mi Madre. No me di cuenta, pero me había quedado profundamente dormido.
Desperté, me asusté al principio pues no identifiqué en un inicio donde estaba, luego respiré profundo y lo recordé, me encontraba sentado mirando hacia la oscuridad, en aquel frío suelo solo sentía el aire helado corriendo por mi cuerpo, trataba de incorporarme para ya regresar a la casa cuando de repente se empezó a escuchar pisadas que se acercaban hacia donde yo estaba, parecía ser de alguien que estaba descalzo. Observaba a diferentes direcciones, no sabía de donde provenían aquellos pasos, se escuchaban cada vez más y más cerca, y justo al momento de mirar por una de las ventanas de la capilla allí estaba Miguel, quien se asomó por dentro de la capilla, y al notar mi presencia soltó una carcajada y me dijo: Sabía que te quedarías.
Me señaló y me pidió que le hiciera un lugar, yo me encontraba acorralado sin poder hacerme a otro lado, por ello le di un espacio, aquel hombre se metió y en el poco espacio que quedaba se acomodó. Miró por un rato la inscripción de la tumba de Mamá y continúo riendo para mismo. A mi me llegó a dar la espina de que aquel hombre estaba loco, no sabía cuáles eran sus intenciones o porque estaba allí, lo único que sabía de él era su nombre, y en el preciso momento en el que él se acomodó, intenté salir de la capilla, y aquel hombre me detuvo.
-No te vayas, que apenas empieza lo bueno – Se llevó la mano a la boca señalando a que aguardara silencio, en ese momento no daba crédito a lo que comencé a escuchar, se trataba de varias voces de personas, niños, adultos e incluso ancianos. Pensé que se trataba de algún grupo de gente que había llegado en caravana para rezar, pero había algo inusual en aquellas personas, algunos reían y otros sollozaban, estos últimos nadie los tranquilizaba, los dejaban llorar solos. Miguel me vio y no dejaba de sonreír, aún mantenía el dedo en su boca señalando que guardara silencio y cuando lo retiró de su rostro las voces de afuera se fueron silenciando hasta no escucharse nada más.
– ¿Pero qué demonios fue eso? – le pregunté y Miguel me dijo que se trataban de almas en pena, siempre saliendo a la misma hora, y que eran cada vez más las que no tenían luz para guiarse en su camino, la luz que yo le ponía a mi madre en la capilla les había llamado la atención, por ello cada vez que me iba la buscaban para ellos. Me pareció un disparate lo que me decía, pues las noches anteriores no me había tocado ver nada extraño, y que esto podría tratarse de algún truco para que ya no me dejaran entrar.

– Que no se te olvide otra cosa – Me dijo Miguel antes de que le dijera algo – Ya no los estás dejando descansar pues ya últimamente te la pasas aquí en el cementerio, recuerda que hay un lugar para los vivos y otro para los muertos y tú estás sobrepasando ese límite.

Me quedé en silencio, pude sentir la hostilidad en las palabras de Miguel, así que me incorporé y le di las gracias para ya retirarme. No sin antes escuchar nuevamente a Miguel advirtiéndome algo.
-Solo no mires atrás, si te hablan no mires atrás, si escuchas tu nombre o que alguien te silba, no mires para atrásSalí sin mirarlo y rápidamente me encaminé hacia la salida, dentro de mí pensaba en las tonterías que me había dicho cuando pude escuchar claramente la voz de mi Madre hablándome, fue inconfundible se parecía tanto a la última vez que hablamos, y luego empezó a llorar, estuve a punto de girar cuando recordé las palabras de Miguel, pero era difícil no hacer caso, era la Voz de mi Mamá la que había escuchado, nuevamente me hablaba por mi nombre, no lo pude resistir, a esta altura de la situación no aguantaba más y tuve que voltear. Vi un perro grande de color negro que me miraba fijamente, me gruñía y ladraba, me apresuré a correr, pude escuchar unas carcajadas horribles se escuchaban detrás de mí, voltee rápidamente hacia atrás solo para observar que aquel perro negro se movía entre las tumbas y me perseguía, me trepé sobre una tumba grande donde no me podría alcanzar aquella criatura, pero esta ya no me seguía. Esperé un par de minutos y cuando ya todo estaba tranquilo fue a Miguel a quien vi caminar sin cuidado entre el mausoleo hasta llegar a un lado mío.
-Te dije que no miraras para atrás – y antes de que le contestara me agarró fuertemente del brazo y señaló a lo lejos – ¡MIRA! – gritó sorprendido, aquel enorme perro estaba sobre el techo de la capilla. Yo ya no aguantaba más, tenía que salir de allí, el perro negro empezó a aullar.
Miguel solo se reía de mí al verme temblar de miedo, di un par de pasos hacia atrás y pude sentir que alguien o algo me golpeaba por la espalda, me dio un par de golpes más y caí boca abajo sobre una tumba, no podía moverme con mucha facilidad, el golpe en el pecho me había sacado el aire. Miguel se acercó a y me dijo: Nosotros solo queremos descansar. Fui allí donde lo comprendí, o no si fue mi imaginación la que me había hecho pasar un mal rato, así que corrí en dirección a la salida dejando todas mis cosas en la capilla, y justo al atravesar la salida escuché a Miguel gritarme… ¡No mires atrás!
Esa noche regresé a casa apenas estaba saliendo el sol, no podía aún creer lo que me había sucedido, pero si comprendía que me habían corrido de un lugar en el que ya no era bien recibido. No tuve el valor para regresar después, ni los siguientes años, incluso comencé a evitar la ruta que me llevara a un lado del cementerio. A los pocos días empecé a tener pesadillas al respecto, no podía descansar pues en mis sueños veía muy triste a mi Madre quien lloraba por , no soporté la situación así que le tuve que contar a mis abuelos lo sucedido. Me sorprendió mucho lo sereno que se lo tomaron, sin embargo, fue mi Abuelo quien me dijo algo que aún me deja perplejo, pues se contaba de un tal Miguel que era el velador del cementerio, y un día un perro negro lo persiguió entre las tumbas, aquel animal lo persiguió y lo quería morder, hasta que se cree que se resbaló y se desnucó al golpearse en la cabeza, justo en la capilla donde descansaba mi Madre. Empecé a asistir a la iglesia pidiendo perdón y rezando, no tuve otra opción más que alejarme de Aporo y dejar mi vida y mi madre allá.
Ahora que recibí la llamada del Municipio para informarme que la tumba de mi madre está abandonada, y que la demolerían para vender los espacios, me la pienso mucho pues no quisiera estar presente allí cuando despierten a todos aquellos que no desean ser molestados o no dejan descansar en Paz.

Así que de este modo les pregunto… ¿Qué puedo hacer?

 
Autor: Lengua De Brujo
Derechos Reservados

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