En El Bosque Historia De Terror 2023

en-el-bosque-historia-de-terror

En El Bosque Historia De Terror 2023

En El Bosque Historia De Terror… De pequeña era muy unida a mi familia materna, mis abuelos y mis tíos siempre organizaban reuniones y eventos familiares, los cuales siempre eran aptos para todos.

Sin el afán de presumir, creo que mi familia eran de esas familias que bien podrían salir en las portadas de una revista, referente a la familia de mi papá, era otra historia, no se llevaban mal, pero solo recuerdo ver a mis tíos paternos por la calle, y de vez en cuando, mi papá me decía que esa persona, era mi tío o que esos niños que iban caminando a lo lejos eran mis primos, sin embargo, a pesar de esas situaciones yo no los conocía para nada.

De niña pensaba que se odiaban y por eso no los veíamos, sin embargo, ahora que soy una adulta, puedo comprender que ellos no se odian, es solo que demostraban su amor de diferente manera, sin mencionar que su familia se había desintegrado desde hace muchos años atrás.

Mi abuela, la cual no conocía ni de vista, era una especie de hippy anti reglas, la cual nunca pudo adaptarse a la sociedad o al rol que esta le marcaba, por ende cuando su tercer hijo, o sea mi padre, cumplió los 8 años, antes de que su esposo llegara del trabajo, los reunió a todos, les dijo que tenía que irse, que ella sabía que iban a  estar muy bien, y que siempre lucharan por encontrar la felicidad, aun cuando los demás no lo vieran como lo correcto.

Mi padre dice que aunque nunca la volvieron a ver, siempre envió dinero para ayudar a su padre con los gastos y también, siempre les mandó cartas con fotografías hermosas de los lugares por los que viajaba, por lo que ninguno de sus hijos se sintió realmente abandonado por ella, aunque es obvio que en mayor o menor medida si los terminó afectando, la mayoría siguieron su consejo demasiado bien y eran bastante individualistas, esa era la principal razón por la que no se juntaban, pero todos los hermanos sabían que podían pedirse ayuda mutuamente en caso de necesitarlo y a mi punto de vista ese es el comportamiento más importante en una familia.

Después de todo esto, supongo que es raro decir que mi abuela, le mandó una carta a mi padre, para que yo fuera a visitarla por una semana, al principio mamá se negó, dijo que no podían dejarme a solas con una mujer que jamás se había tomado el tiempo de conocerme, pero mi papá respondió diciendo que si no iba entonces cómo planeaba que algún día me conociera, siempre he creído que la única razón por la cual mi papá quería que fuera, era porque en el fondo, el ansiaba que su madre lo invitara a pasar tiempo con ella.

Honestamente yo no sabía que opinar al respecto, era muy pequeña y la idea de conocer a un familiar desconocido en nuestro árbol genealógico me parecía hasta cierto punto emocionante, como una aventura de mis libros de fantasía, sin embargo, al ver que a mamá no le gustaba la idea, empecé a pensar que si no me dejaban ir, no sería el fin del mundo.

Recuerdo que mi papá le preguntó a uno de sus hermanos sobre la carta que su madre había enviado, y él le dijo que quería conocer a sus nietos, que él había mandado a sus hijos como dos meses antes y todo parecía estar en orden, por lo que mi madre terminó accediendo.

Me sorprendió bastante la vida que mi abuela llevaba, ella era una mujer encantadora, pero su casa estaba alejada de todo y rodeada por un bosque inmenso y tenebroso, nunca iba al supermercado y hasta donde yo supe ella nunca salía del bosque, cultivaba su propia comida, criaba a su propio ganado para la carne, ni siquiera tenía luz en su casa, usaba velas que ella misma fabricaba, aunque aún era una niña sin un conocimiento muy profundo del mundo, sabía que visitar a la abuela, era como retroceder varios años en el tiempo.

Sin embargo, como buena niña de ocho años, me encantaba la idea de pasar unos días en el campo y explorar los secretos del bosque.

La primera mañana ahí, hablé con mi madre por un par de minutos, la señal no era muy buena así que se escuchaba muy distorsionado y la conexión se perdía muy seguido, así que solo le dije que estaba bien y que la casa de la abuela era un poco extraña, pero era linda, recuerdo muy bien que cuando colgué, mi abuela me vio con el teléfono en la mano y me dijo que eso asesinaba las neuronas de mi cerebro cada vez que lo pegaba a mi oído, la verdad no supe cómo responderle así que solo lo puse en mi bolsillo.

El resto del día se la pasó hablando conmigo y enseñándome a ordeñar y muchas cosas para crear una casa prácticamente autosustentable, tenía algunas ideas un tanto fuertes como para que una niña de tan corta edad como lo era yo en ese momento pudiera comprender, sin embargo, ahora de adulta comparto demasiadas de sus ideas.

en mi segundo día ahí, hablé de nuevo con mi mamá y después mi abuela me dijo que, si quería podía ir a explorar el bosque yo sola, me dijo también que había una especie de camino en donde no parecía que hubiese hierva y que no me alejara mucho de él, para así poder regresar.

Yo le dije que, sí, y fui, estaba muy emocionada, pues jamás había hecho algo así. Apenas entré en el bosque, sentí la emoción de estar en un lugar nuevo y desconocido.

Los árboles altos y las ramas crujientes bajo mis pies me hacían sentir como si estuviera en otro mundo. Pero esa sensación duró poco, pues después de un rato comencé a sentir un poco de incomodidad, era como cuando sientes que alguien te está viendo, constantemente volteaba a ver quién era, pero por más que lo intentaba no lograba ver absolutamente nada que no perteneciera a el bosque.

Decidí seguir caminando, supuse que probablemente se debía a que era un lugar nuevo y quizás solo era mi cerebro estando en alerta.

Cuando de repente, escuché un chicheo saliendo de entre los árboles. Me di la vuelta, pero no había nadie a mi alrededor.

Sacudí la cabeza y seguí adelante, pero la sensación no desapareció. Creo que caminé por uno o talvez dos minutos más, cuando volví a escuchar el chicheo, sin embargo, esta vez parecía salir de todos lados, decidí que lo hermoso de la vista no valía lo que estaba sintiendo, así que me di media vuelta, dispuesta a volver a casa de mi abuela.

Y entonces la vi. Una criatura extraña, estaba parada a solamente unos dos metros de mí. Su cuerpo era un tanto extraño, no lo sé, quizás me dejo llevar por los recuerdos de una niña de ocho años un tanto asustada, pero siempre que lo recuerdo, no puedo ignorar que parecía estar hecho de madera vieja, cubierta de musgo y hojas secas, como si fuera ropa, aunque a decir verdad asemejaba más a una capa o a alguna especie de túnica muy rustica. Llevaba una máscara tallada con un tronco, con una sonrisa inquietante. Nunca había visto nada igual.

Al principio pensé que podría tratarse de otro niño, pero algo dentro de mí no podía asegurarlo con exactitud, lo saludé, pero solo inclinó su cabeza, como si fuera la primera vez que veía a un ser humano o como si no pudiera comprender mi idioma, supongo que fue mi mentalidad infantil, pues mientras más lo veía, su disfraz me parecía más adorable, le pregunté donde vivía pero, ahora inclinó su cabeza para el otro lado, metí mis manos a los bolcillos de mi sudadera, solo para sentir el papel encerado que envolvía los dulces que mi abuela había preparado solo para mí, estaban hechos con algunas frutas.

La criatura se acercó un par de pasos, aun con su máscara puesta, era fácil ver que estaba olfateando, yo le sonreí y le pregunté si es que quería uno, desenvolví el papel encerado y extendí mi mano para que tomara uno. Sin embargo, la criatura me arrebató los dulces de la mano y me empujó con fuerza antes de subir a un árbol a una velocidad sobrehumana.

Mi mano estaba llena de espinas así que, llorando, corrí de vuelta a la casa de mi abuela. Ella me curó, pero no le dije nada, porque recordé una vez en la que escuché ruidos debajo de mi cama y mis padres solo me dijeron que era mi imaginación y que dejara de decir esas cosas, estaba segura de que había escuchado ruido, así como de lo que había visto en el bosque, pero también estaba segura de que no me iban a creer.

Por la noche, mientras me acurrucaba en mi cama, escuché un suave golpeteo en la ventana, volteé, pero no vi nada ahí, así que pensé que talvez había sido el viento que había empujado una rama del árbol que estaba afuera de mi habitación y era lo que había provocado el sonido, sin embargo, lo volví a escuchar, esta vez un poco más fuerte que la vez anterior, volteé con rapidez y vi a esa cosa afuera de mi ventana, en la mano derecha sostenía lo que parecía ser una bolsa en la oscuridad.

Al principio no estaba tan segura si abrir la ventana o no, sin embargo, aquella criatura señaló la bolsa y se escuchó que la dejo caer al piso, para después irse corriendo tan rápido que si no estuviera mirándolo casi sin parpadear no lo hubiese visto.

Después de algunos segundos me asomé y vi un montón de nueces tiradas alrededor de la bolsa, junto con un pedazo de corteza de árbol con arañazos que formaban las palabras “¿jugamos?”. Levanté la bolsa, y vi que solo tenía nueces, y estaba hecha de ramas trenzadas entre sí.

Supuse que se trataba de una ofrenda de paz, o algo por el estilo, por lo que, a la mañana siguiente después de ayudar a mi abuela con las labores de su hogar, le pedí permiso para volver al bosque, como dije antes, creo que siempre culparé a mi inocencia infantil por exponerme tanto al peligro, pero recuerdo que al adentrarme de nuevo algunos metros bosque adentro, escuché de nuevo el chicheo, por lo que volteé, esta vez sabiendo exactamente con lo que me iba topar, sin embargo, no vi a nadie.

Creí que se pudo tratar de un ave y mis ansias de verlo de nuevo, hasta que escuche un segundo chicheo, esta vez me di cuenta de que venía de arriba, así que voltee y ahí estaba, sentado en la rama de un árbol, apenas me dio tiempo de verlo, pues de inmediato él se dejó caer de espaldas y de alguna manera que no puedo explicar por lo rápida que fue, cayó de pie, eso me sorprendió mucho, era como un gato, además de que el árbol estaba muy alto, volvió a inclinar la cabeza de un lado a otro mientras me miraba fijamente.

Le dije un hola, y después le pregunté qué es lo que era, y no sé cómo explicar esto, pero el me imitó, respondió exactamente lo que yo había dicho, usando mi voz y todo, al principio pareció que le costó trabajo, pues decía las palabras entre cortadas o simplemente se comía algunas letras pero después de más o menos unos cinco intentos pudo imitarme tan perfectamente que me dieron escalofríos en la espalda, así que no le respondí nada, solo me le quede viendo y el a mí, aunque casi enseguida me preguntó usando de nuevo mi voz “¿Traes más dulces?”

En El Bosque Historia De Terror

en-el-bosque-historia-de-terror
en-el-bosque-historia-de-terror

Yo le respondí que no, y él se quedó callado mirándome fijamente con esa máscara que tenía esa perpetua sonrisa mal tallada, podía sentir como se había enojado conmigo por no haber llevado más dulces a nuestro encuentro, eso me hizo sentir incomoda y con algo de peligro, por lo que le dije sonriendo y tratando de sonar lo más amable posible que ya debía volver con mi abuela, pues tenía mucho miedo de enfadarlo más, así que di un par de pasos con la intención de volver.

Sin embargo, esa cosa me dijo aun usando mi voz, que creyó que yo quería jugar con él, y al ser una niña tan pequeña en ese momento le dije que sí, solo porque no sabía cómo decirle que no.

Le pregunté a qué quería jugar y él sin pensarlo mucho, me respondió que quería que jugáramos al escondite, que él contaría hasta cincuenta y yo tendría que esconderme, yo accedí, no porque me pareciera divertido, sino porque creí que talvez podría de esa manera, tratar de escabullirme a la casa de mi abuela, pues cada parte de mi instinto de supervivencia me decía que debía irme.

Recuerdo que caminé en dirección a la casa de mi abuela a paso apresurado mientras que él contaba, y al mismo tiempo yo también estaba contando mentalmente para saber en qué momento debía comenzar a tratar de ocultar me hasta llegar a casa de mi abuela.

Y cuando llegué a cincuenta, empecé a caminar con más precaución, escondiéndome detrás de árboles o algunas rocas lo suficientemente grandes como para que yo fuera cubierta por ellas, ahora que sabía que me estaba buscando, estaba mucho más alerta y asustada.

Estaba detrás de un grueso tronco de un árbol y recuerdo como decidí asomarme para ver si no estaba cerca de mí, cuando de la nada cayó detrás de mí, aun usando mi voz me sujetó por el hombro con mucha fuerza y comenzó a reír, diciendo que me había encontrado, sus manos enserio se sentía muy extrañas, era como si ramas muy duras se enterrasen en mi piel, como pude me zafé de sus dedos y le dije que lo sentía, pero debía volver a casa.

El pareció molestarse por eso, pero yo seguía insistiéndole que debía irme y que no podía quedarme más tiempo o mi abuela se iba a preocupar.

Por lo cual me dijo que, si le ganaba una carrera podía irme, honestamente no planeaba seguir su juego, yo creí que, si le decía que sí, podría correr en dirección a casa de mi abuela y de esa manera lograr salir del bosque, recuerdo bien que le dije que estaba bien y antes de que el pudiera decir cualquier otra cosa yo comencé a correr lo más rápido que podía, escuchaba como esa cosa iba de tras mío, se reía y me decía que mi iba a alcanzar.

A lo lejos podía ver la casa de mi abuela y por un momento creí que podría lograrlo, sin embargo, cuando estaba solo a unos cuantos metros de lograr salir del bosque, esa cosa cayó frente a mi desde la copa de uno de los árboles, y me dijo que parecía que estaba tratando de huir de él, también me dijo que yo no podía irme de ahí, la pierna me dolía pues al caer me había enterrado algunas espinas y sabía que aunque intentara correr, no podría hacerlo a la misma velocidad de antes, eso sin mencionar que esa cosas parecía estar jugando conmigo, pues por como se movía, era más que evidente que era mucho más fuerte y veloz que yo.

Le volví a decir que mi abuela me esperaba en casa y el comenzó a reírse, solo que esta vez no uso mí mismo tipo de voz para eso, ahora la vos parecía más profunda y sombría, era muy parecida a la de un adulto que ha fumado diez cajetillas al día durante toda su vida, incluso me atrevería a decir que sonaba algo robótica, recuerdo que esa cosa dio un paso hacia mí, mientras no dejaba de reírse, y en ese momento, escuche la voz de mi abuela llamándome, esa cosa me miró y con esa misma voz rasposa y profunda me dijo “tu abuela es la bruja del bosque” y después de eso, se echó a correr bosque adentro.

En ese momento mi abuela llegó a donde yo estaba, me ayudó a levantarme y me llevó a la casa, me atreví a decirle lo que me había ocurrido y ella se asustó mucho, me enseñó un dibujo que ella misma había hecho donde aparecía esa cosa, me contó que la verdad no tenía la menor idea que es lo que esa cosa era, pues solo la había visto rondando en las cercanías un par de veces, pero siempre le había dado escalofríos, pues una vez lo había visto despellejar vivo a un conejo por pura diversión.

Pero había considerado que no era tanto una a menaza, pues cada vez que esa cosa la veía se alejaba a una gran velocidad y jamás había intentado interactuar de ninguna forma con ella, pero después de lo que le conté, ella me dijo que talvez esa cosa haya sido la responsable de la desaparición de algunos niños del pueblo más cercano, y que no podía creer que solo por querer conocer un poco más a sus nietos, nos había expuesto a tanto peligro.

Me dijo también que en este mundo existen cosas y criaturas que van mucho más allá de la imaginación de cualquier persona y que nosotros los humanos, muchas veces simplemente nos negamos a creerlo, pero que son perfectamente visibles para todo aquel que esté dispuesto a verlas, yo le conté lo que esa cosa me dijo sobre ella, pero mi abuela me dijo que no sabía de lo que estaba hablando, y después de eso me dijo que no podría quedarme los días que me faltaban, pues no sabía que podía hacerme esa cosa o si podía intentar meterse a la casa.

Me prometió visitarme después en la ciudad, pero una vez que me despedí de ella, y volví a mi casa, nunca más la volví a ver o a saber más de ella, lo último que supe, fue que la abuela ya no quiso que ninguno de los nietos faltantes le fuera a visitar, por lo que nadie más la volví a ver, hoy en día que soy adulta, no estoy segura si ella ya murió o sigue viva, pues ni siquiera mi papá lo sabe, siempre pienso en esa cosa, y en lo que pudo hacerme si mi abuela no hubiese llegado a salvarme ese día, pero también a veces me pongo a pensar si mi abuela realmente era una bruja o por qué esa cosa le tenía miedo, supongo que nunca lo sabré.

Autor: Liza Hernández

Derechos Reservados

Share this post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Historias de Terror