El Perro Del Inframundo Historia de Terror

El Perro Del Inframundo Historia de Terror

Si eres de México seguramente conoces o al menos has escuchado sobre los Xoloitzcuincles. Estos perros son legendarios por ser los guías de las almas durante su viaje por el inframundo. Fueron parte fundamental de los rituales hacia los muertos durante la antigüedad El Perro Del Inframundo Historia de Terror.
Se dice que Juan Diego tenía uno, también se dice que los grandes brujos siempre andan en compañía de un Xoloitzcuincle.
Las antiguas leyendas cuentan que estos perros son la reencarnación del gemelo de Quetzalcoatl, el extraño dios Xólotl, se dice que cuando el dios fue asesinado se negaba a permanecer muerto, pero al no poder regresar del todo envió partes de su espíritu a esconderse en seres como los ajolotes y partes de su carne a esconderse en perros, que terminaron convirtiéndose en una nueva raza, los Xoloitzcuincles.
Un dios que al morir pasa, en cierto modo, a convertirse en un animal. Sí, el dios Xólotl fue el primer Nahual.
Más aún, también se cuenta que Xólotl fue el responsable de la creación de los humanos. Sí, podríamos ser hijos de un Dios Nahual.
Bueno, yo crecí en un pueblo entre Oaxaca y Guerrero que criaba Xoloitzcuincles, yo mismo tuve uno, me lo regalaron cuando cumplí tres años, ese cachorro creció conmigo, me acompañó durante 20 años hasta que murió por causas naturales.
Dicen que los perros pueden oler el peligro, desconozco si esto aplica para todas las razas, pero me consta que los Xoloitzcuincles si poseen esta habilidad. En una ocasión, cuando yo tenía 15 años, estaba sentado fuera de mi casa viendo como caía una tormentosa, siempre me ha gustado el agua y a mi perro también, de pronto él se levantó y comenzó a ladrarle a un árbol que se encontraba al otro lado de la calle. Unos instantes después un poderoso rayo impactó en el árbol incendiándolo y partiéndolo.
Pasó el tiempo, y una noche todos los Xoloitzcuincles comenzaron a ladrar con furia, todos nos asustamos sabíamos que algo terrible estaba por ocurrir, los perros alfa comenzaron a guiarnos fuera del pueblo mientras el resto de los caninos nos venían cuidando por detrás. Conforme caminábamos el viento comenzó a ponerse violento y una densa lluvia comenzó a caer, era un huracán. Los Xoloitzcuincles nos llevaron hasta una cueva. La mayoría de los perros se quedaron afuera, ladrándole al cielo, solo un alfa y algunos de los perros, incluyendo al mío, nos guiaron por el interior de la cueva, ahí pasamos la noche.
Al amanecer salimos, todos los perros que se habían quedado afuera estaban muertos, caminamos de regreso al pueblo y no quedaban más que puras ruinas. Lo perdimos todo.
No nos quedaba más opción que dejar el lugar e irnos cada quien por nuestro lado. Mis padres y yo terminamos viviendo en San Juan del Río.
Mi perro murió en mis brazos algunos años después, murió tranquilo, no sufrió, simplemente su tiempo en este plano había terminado. Ver su cara de tranquilidad me ayudó para no ponerme triste. Yo sabía que su espíritu iba a reencarnar en otro perro y que sería el compañero y guardián de alguien que lo necesitara. Decidí por no tener nunca otro perro, nadie podría ocupar su lugar.
Tiempo después, una noche que yo estaba regresando del trabajo, pude ver un brillante resplandor rojo, era tan fuerte que tuve que taparme los ojos, de pronto la luz desapareció y pude ver que ahí estaba un perro, era un Xoloitzcuincle. Parecía estar dormido. Doña Luz también vio lo acontecido pues se encontraba afuera de su casa. Entonces ella se acercó al perro, lo cargó y lo llevó al interior de su casa, eso fue bastante raro, la verdad.
Entré a mi casa y le conté a mis padres lo que había pasado, también se les hizo raro. Procedimos a cenar y luego a dormir.
La noche siguiente hubo Luna llena, ya era de madrugada cuando comenzaron a escucharse unos extraños ladridos y crujidos, como si alguien estuviera intentando romper una puerta a machetazos. Me levanté de mi cama y me asomé por la ventana, pero no vi nada, el ruido parecía provenir de la casa de Doña Luz.
De un momento a otro los ruidos cesaron así que me fui a acostar, a la mañana siguiente, luego de desayunar con mi madre, mi papá y yo salimos cada quién a su respectivo trabajo.
Mi padre trabajaba en Tecozautla, él iba hasta la casa de un señor que lo llevaba en camioneta hasta allá, yo trabajaba en el centro de San Juan.
Cuando llegué a la zona centro había un caos, había mucha gente histérica en las calles, durante la madrugada habían desaparecido dos niños. La turba exigía respuestas y un culpable, pero nadie había visto nada. Los padres de las criaturas estaban destrozados. Claramente, yo no podía hacer nada así que continué mi camino para no llegar tarde a mi trabajo.
Cuando llegué todos estaban hablando de eso. Inclusive que vivía ahí cerca dijo que le pareció haber visto una gran sombra correr por las calles.
Terminó mi turno y emprendí mi camino de regreso a casa. Ya no había escándalo, pero si había varios hombres armados caminando por la zona, eran los padres y sus amigos, estaban al acecho de ver cualquier cosa extraña para darle rienda a su coraje y deseos de venganza.
Al llegar a mi cuadra pude ver a Doña Luz sentada afuera de su casa, la saludé y me respondió amablemente, me acerqué a ella y le pregunté sobre el perro que había recogido, me dijo que estaba enfermo y tenía algunas heridas, así que había tenido que practicarle algunas curaciones, que a eso se debía el escándalo de anoche.
Me despedí de la señora y me fui a mi casa.
La noche transcurrió con tranquilidad, no hubo ladridos ni ruidos raros así que supuse que Doña Luz ya había curado a su nuevo, pero.
La mañana siguiente, al llegar al centro, encontré al doble de personas, el pánico se había apoderado de ellos, habían desaparecido seis niños más. Eso ya estaba raro.
Al terminar mi turno no fui a mi casa, había quedado de pasar por una muchacha para llevarla a un lugar privado. Era una casa abandonada ubicada cerca del centro. Cuando estábamos ahí pude escuchar unas prominentes pisadas, la muchacha se asustó así que tuvimos que salir de ahí, entonces escuchamos un disparo, volvimos a entrar para ponernos a salvo, momentos después la gente comenzó a salir a la calle y nosotros hicimos lo mismo, todas las personas estaban yendo hacia la casa de un señor que vivía con su hija, nosotros también fuimos por curiosidad, dentro estaba el señor, se estaba desangrando debido a una gigantesca mordida que tenía en su pierna, lo último que dijo antes de morir fue que una criatura del inframundo se había llevado a su hija y que se había ido corriendo un una dirección, el señor apuntó hacia el sur, por donde yo vivía, luego su mano cayó.
Fue una horrible escena y definitivamente nos puso a todos en alerta, acompañé a la muchacha a su casa y luego me fui a la mía, iba realmente temeroso de cruzarme con esa criatura que había matado al pobre hombre. Afortunadamente, pude llegar a mi casa sano y salvo.
Le conté a mis padres lo que había pasado y también se asustaron. Acordamos que mi padre no iría a trabajar hasta ver qué era lo que estaba sucediendo, de todos modos, no corría riesgo de perder su trabajo, ya que su jefe era un viejo amigo suyo.
Antes de irnos a dormir comenzamos a escuchar mucho ruido afuera, les dije a mis padres que se quedaran dentro, yo salí y vi a un grupo de gente, liderados por el párroco, frente a la casa de Doña Luz, estaban llamando a su puerta, pero no salía, yo me acerqué a preguntar qué es lo que estaba pasando. Me dijeron que un vecino reportó que ella había recogido un perro que había salido de una siniestra luz roja.
No pude negar los hechos. La gente no tumbaba la puerta nada más porque ahí estaba el párroco, entonces les dije que me dejaran hablar con la señora. Le grité a Doña Luz, entonces salió, le expliqué toda esa gente estaba algo nerviosa por el perro que había recogido, ya que pensaban que se trataba de la bestia que se había llevado a los niños. La señora nos dijo que su perro por las noches se salía y luego se iba a hacia el monte, nos dijo más o menos por donde y todos fuimos hacia allá.
Encontramos una cueva, ahí afuera estaba el perro. Cuando lo vi bien ya no se parecía tanto a un Xoloitzcuincle, era más bien como una extraña cruza. Su piel tenía tonos naranjas, su confección era bastante más robusta, sus ojos eran rojos, el no tener pelo lo hacía ver bastante siniestro, pero sin duda alguna lo que más nos intimidaba era su altura, era descomunal.
Cuando nos vio comenzó a gruñir de una forma muy amenazante, alguien dio un tiró, entonces el animal enfureció y se abalanzó sobre el cura, alcanzó a morderlo, entonces todos los que llevaban un arma le vaciaron los cartuchos, el animal cayó muerto.
Pasado un tiempo, todos creímos que el horror había terminado. Y prácticamente así fue, lo único es que durante la madrugada del Día de Muertos el espíritu de esa bestia regresa, se le puede escuchar merodeando dentro de aquel monte.
 
Autor: Ramiro Contreras
Derechos Reservados

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