Un Regalo Robado Historia De Terror 2024
Un Regalo Robado, Historia De Terror… Cuando tenía unos 14 años de edad me comenzó a interesar todo lo relacionado con la brujería y lo paranormal, probablemente se debía a qué mi madre había muerto cuando yo aún era muy pequeña, y de alguna manera estaba empeñada en averiguar que había después de la muerte, no era que quisiera verla de nuevo o hablar con ella, pues, aunque la recordaba con cariño, mis recuerdos con ella eran escasos. Aquellas aficiones no desaparecieron rápido, sino todo lo contrario.
De hecho, me atrevería a decir hasta el día de hoy que ya soy una adulta, que aquellos temas me siguen llamando mucho la atención, pero volviendo al tema, para cuando cumplí quince años ya me había hecho de un grupo de amigos con mis mismos intereses y para mi suerte, tuve un padre lo suficientemente bueno como para que me dejara explorar mis gustos y forma de vestir, así que él no se molestaba por mis gustos góticos o por lo oscura que era mi ropa y maquillaje.
Incluso no tuvo ningún problema con que mi vestido de quinceañera fuera negro y toda la fiesta tuviera una temática oscura, esa fue una de las mejores fiestas que yo he tenido en mi vida, todos mis amigos fueron y a todos les pareció que la temática y atención a los detalles eran simplemente geniales.
En aquel entonces mi mejor amiga era Samanta, quien en la fiesta me presentó a su primo al que, por seguridad de él, llamaré Arturo. Yo me enamoré casi enseguida de él, usaba sombras y delineador oscuro y también traía la mitad de su cabello pintado de rojo, se parecía tanto a como yo me imaginaba a los demonios o vampiros de mis libros de adolescentes.
Para mi suerte, el sentimiento pareció ser bastante mutuo y después de pasar toda la fiesta hablando él y yo, decidimos acordar una cita, y poco después nos volvimos novios formales, nuestra relación de hecho era bastante buena, teníamos tantas cosas en común que casi nunca teníamos problemas con que película queríamos ver o a dónde queríamos que fueran nuestras citas, sin embargo, no todo fue color de rosa en nuestra relación.
Después de una discusión la cual fue tan insignificante que ya ni siquiera me puedo acordar de como comenzó, solo recuerdo qué me fui a mi casa y no le hablé o contesté sus mensajes por cinco días, así que en lo que el creyó que sería un gesto de lo más romántico, Arturo llegó a mi casa con un regalo para mí: un bonito espejo de mano con un marco de plata.
Al principio, me pareció un detalle bonito, pues lucía antiguo y con un toque deteriorado que lo hacía lucir como si perteneciera a una casa embrujada, pero cuando vi que tenía el nombre de “Greta” grabado en él, me preocupé.
Y le pregunté de dónde era que había conseguido ese espejo, honestamente una parte de mí creía que la respuesta más obvia sería que lo compró en una tienda de antigüedades o de segunda mano, sin embargo, su respuesta fue “Lo tomé de una tumba”, y lo peor era que no mostraba remordimiento alguno, lo decía con orgullo e incluso se reía como si eso fuera algo normal.
Me enojé muchísimo. ¿Cómo podía haber hecho algo así? Le dije que eso era de muy mal gusto y que lo devolviera inmediatamente, pero él no parecía entenderlo, de inmediato se puso a la defensiva y me dijo que yo era una nerd aburrida que no sabía divertirse, yo le grité, y le dije que yo no lo quería, pero él me dijo que yo estaba loca y sin decir nada más se dio media vuelta y se fue de mi casa, dejando el espejo tirado en la entrada, y como no sabía que más hacer, lo recogí y lo metí a mi casa.
Al día siguiente, fui al cementerio para tratar de encontrar la tumba de “Greta” y devolver el espejo yo misma, pero después de buscar durante horas, no pude encontrar nada. Decidí llamar a Arturo, seguía muy enojada con él, pero era el único que podría decirme exactamente dónde estaba la tumba de quién le robó el espejo, sin embargo, con lo que yo tampoco contaba, era con que por alguna razón ahora él estaba ofendido y enojado conmigo, por lo que, aunque me contestó el teléfono, se negó a decirme de qué cementerio lo había tomado.
No me importó y lo dejé en un bote te basura cercana y me fui a casa, pues no le había dicho a mi padre que me tardaría más de lo usual y seguro ya me estaba esperando con la comida, sin embargo, más tarde ese día mientras buscaba una libreta para hacer mi tarea de la escuela, encontré el espejo dentro, se mi hizo raro, pues yo juraba que lo había tirado, pero supuse que quizás me había equivocado y lo había metido en mi mochila. Así que, sin más opciones, decidí quedarme con el espejo.
Sin embargo, pronto me di cuenta de que había algo extraño en él. Empecé a tener sueños extraños, en los que veía a una chica, ella no hablaba conmigo, ni siquiera parecía estar al tanto de mi presencia en sí, pero de alguna manera yo sabía que aquella chica tenía el mismo nombre que el grabado en el espejo. En mis sueños, la chica parecía estar atrapada en algún lugar oscuro y frío, y parecía pedir ayuda.
Pero lo peor comenzaba a suceder en la madrugada, cerca de las tres o cuatro.
Me despertaba a menudo sintiendo como si alguien me estuviera mirando, había ocasiones en las que me despertaba porque alguien o algo me jalaba de la pierna y por poco me tiraban de la cama, pero cuando me despertaba o prendía la luz de mi cuarto, nadie además de mí estaba en mi habitación, y además cada vez que miraba en el espejo, me parecía ver un rostro pálido y aterrador justo detrás del mío, no sé de qué forma explicarlo, era como si mi rostro y el que estuviera del otro lado se mezclaran en uno solo.
Eso me asustaba mucho y no sabía que hacer, mi papá era muy permisivo, pero él siempre me decía que debía respetar a los muertos y a sus cosas y decirle que tenía el espejo de un muerto me metería en muchos problemas con él, intenté deshacerme del espejo,
Lo llevé hasta una presa algo alejada de mi casa y lo arrojé al agua con todas mis fuerzas, pero cuando entré más tarde ese día a mi cuarto, el espejo estaba en mi cama, traté de meterlo en algún lugar oculto de mi cuarto y tratar de olvidarme de él, pero no importaba donde lo escondiera, siempre aparecía en algún lugar de mi habitación en dónde pudiera verlo.
Después de algunas semanas en las que me comenzó a ir muy mal en la escuela, pues no podía dormir ni una sola hora sin que algo extraño pasara y me despertara, mi padre por fin intervino, él tenía un empleo nocturno, para de esa manera poder preparar el desayuno comida y cena antes de tomar una siesta para después ir a trabajar, y era por eso que él no podía estar al pendiente de cuántas horas estaba durmiendo, pero como la escuela ya le había mandado muchas advertencias, me preguntó si estaba saliendo en las noches o por qué no estaba durmiendo.
Fue ahí cuando me atreví a decirle toda la verdad, sabía que Me iba a regañar, pero estaba dispuesta a aceptar el castigo si era que mi papá sabía qué hacer con ese espejo del que no me podía librar. Efectivamente, se enojó mucho al principio, aunque no conmigo, sino con Arturo, mi papá tomó aquel espejo y ambos fuimos a la casa de Arturo para sacarle la información de dónde había tomado ese espejo de una vez por todas.
La verdad no hizo falta más que unos cuantos gritos para que Arturo se asustara y le dijera a mi papá dónde estaba el cementerio de dónde lo sacó, resultaba ser que era un tanto lejos de nuestro barrio, aquel cementerio estaba en el barrio donde vivía su abuela.
Papá y yo condujimos hasta haya y caminamos por cada tumba del cementerio hasta que nos topamos con la tumba de “Greta Ortiz”, supimos que esa era la tumba, pues había muchos objetos personales, con una apariencia similar al espejo y además varios de ellos también tenían gravado su nombre, así que mi papá me dijo que con respeto pusiera el espejo en su lugar y le pidiera perdón por quitárselo, yo sabía que yo no era quien lo había tomado en primer lugar, pero aun así obedecí lo que mi padre me estaba pidiendo.
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Y después de hacer eso, por alguna razón, mi papá también le pidió disculpas y ambos volvimos a la casa, sin embargo, al apenas cruzar la puerta de la cocina, nos dimos cuenta de que el espejo estaba sobre la mesa del comedor, eso nos asustó mucho a los dos, pero papá lo tomó y lo guardó en un cajón de la sala que tenía llave para que se quedara ahí, sin saber que desde ese día los eventos paranormales, dejarían de limitarse a mi habitación y comenzarían a ocurrir en toda la casa.
Al principio, eran pequeñas cosas, como objetos que se movían solos, puertas que se cerraban de golpe sin motivo aparente y extraños sonidos en la noche. Pero poco a poco, estas cosas empezaron a intensificarse.
Además de eso el espejo no se quedó en aquel cajón cerrado, comenzó a aparecerse en distintas partes de la casa, una noche en particular, desperté en medio de la noche las luces de mi habitación estaban encendidas, pues por el miedo yo las dejaba así todas las noches, pero eso no servía de mucho más que por mi propia paz mental.
El punto era que frente a mi cama aquel espejo estaba flotando por sí solo, y no solo eso, sino reflejado en él estaba el rostro de una mujer, pálido y casi transparente, el cual estaba gritando, sus ojos estaban totalmente negros y vacíos, yo no supe que hacer, así que solo tomé valor y salí corriendo de mi cuarto.
Otra noche, me desperté sudando frío y con una sensación de que algo estaba mal. Me levanté de la cama y me dirigí hacia el baño para lavarme la cara. Al mirarme en el espejo del baño, vi a la misma mujer que había visto en el espejo de mano. Esta vez, ella estaba detrás de mí. Me di la vuelta, pero no había nadie allí.
Mi padre estaba harto de esa situación, pues aunque ya había tratado de pedir ayuda con algunos brujos, todos los que aseguraron poder ayudarnos no eran más que charlatanes, los cuales salieron de la casa al primer azotar de la puerta, por lo que decidió investigar quien había sido esa mujer en el vecindario en dónde estaba el cementerio donde fue sepultada, pronto descubrió que “Greta” era la hija más pequeña de una familia acomodada de la época del porfiriato, y al parecer su padre la había matado porque se había enamorado y embarazado de uno de los trabajadores de la familia.
Por el barrio se rumoraba que el alma de esa muchacha no podía descansar en paz y se paseaba por las calles de ese vecindario, sin embargo, eso no pudo darnos una solución a nosotros, recuerdo que uno de los compañeros de mi padre le habló de un chamán que todos aseguraban que era muy bueno, pero que cobraba mucho dinero, y aunque al principio mi papá no quería, pues ya nos habíamos topado con charlatanes que solo buscaban dinero, al final de cuentas, no era como que estuviéramos muchas opciones y los eventos solo empeoraban.
Así que, mi padre preguntó dónde podía encontrar a aquel hombre y lo invitó a nuestra casa, aquel hombre, como nos vio tanto a papá, como a mí, escépticos de que él podría ayudarnos, nos dijo que estaba dispuesto a que le pagara la mitad y cuándo lograra deshacerse de lo que nos estaba atormentando, le podría pagar la otra mitad, algo que mi papá aceptó de inmediato, pues era una fuerte suma de dinero que incluso en ese momento no tenía completa.
Aquel chamán era un hombre muy viejo, andaba siempre apoyándose en un bastón, y tenía una pañoleta roja atada en su cabeza, además de varias cicatrices por todos sus brazos, las cuales había tratado de disimular con tatuajes. Lo primero que hizo fue recorrer toda la casa, papá y yo tratábamos de decirle que, por lo general, por el día estaba tranquilo, pero que al apenas el sol comenzaba a ocultarse, había actividad paranormal en casi todas las habitaciones de la casa.
Él nos respondió que eso ya lo sabía, que lo podía sentir al apenas entrar a la casa, y después pidió que le mostráramos el espejo del que mi papá le había hablado, le dije que la última vez que lo vi estaba en el baño, pero que la verdad, cambiaba mucho de lugar, fuimos al baño, pero no estaba ahí, por lo que todos comenzamos a buscarlo, pero no lo lográbamos encontrar aquel espejo parecía no estar en ningún lugar de la casa.
Entramos por segunda ocasión a la habitación de mi papá en su búsqueda, pues aquel chamán nos estaba diciendo que estaba sintiendo mucha energía maligna, la cual parecía salir de aquel sitio, sin embargo, cuando entramos no vimos nada ahí, pero aun así aquel hombre caminó hacia adentro de la habitación, y dijo que lo que sea que estuviera perturbando la paz de los habitantes de ese hogar, que se mostrara en ese momento y casi enseguida de que terminó de decir eso el espejo cayó del techo.
Aquel hombre lo tomó en sus manos al mismo tiempo que miraba hacia el techo. Papá y yo vimos como el rostro de aquel hombre cambió de autoritario ha asustado, nosotros no vimos lo que él estaba viendo, pero por lo que nos contó después, él vio a aquella mujer, estaba en el techo y mientras lo veía, le decía que nunca nos dejaría en paz, que éramos de su propiedad y que más le valía largarse de esa casa si no quería vivir el mismo destino que nos esperaba a nosotros.
También nos dijo que habíamos esperado mucho tiempo y que nuestro miedo y que la dejáramos hacer lo que quisiera en la casa, solo la había hecho más fuerte y lograr sacarla, sería extremadamente difícil. Lo primero que hizo ese día fue hacerle una limpia a toda la casa, se paseó hasta el último rincón esparciendo el humo de un pedazo de madera que olía mucho a ámbar, pero no puedo decir con certeza de que árbol era y así mismo usando unas ramas de pirul, tiraba un líquido azul que tampoco nos supo explicar que es lo que era con exactitud.
Pero lo que sea que estuviera estar haciendo parecía funcionar, pues las cosas se sacudían y se escuchaban gritos como si una mujer estuviera sufriendo. A decir verdad, yo esperaba que aquel hombre dijera alguna plegaria o que al menos intentara sacar a los espíritus de la casa en el nombre de Dios o Jesucristo, nunca había ido a la iglesia, papá siempre decía que él creía en Dios, pero no en las religiones, por lo que jamás me inculcó una iglesia en específico, sin embargo, asumía que, para un exorcismo, que era lo que parecía que estaba haciendo, debía decir esas cosas.
Sin embargo, él hablaba fluidamente en una lengua de la que no podía identificar ni siquiera una palabra, después me enteré de que era náhuatl. Cuando terminó de hacer eso nos dijo que eso no era todo, que tendría que volver al día siguiente y que no servía de nada que nosotros nos fuéramos también, pues esa cosa nos seguiría a dónde fuéramos.
Aquella noche papá pidió permiso en su trabajo y ambos dormimos en el mismo cuarto, pues de alguna manera nos daba más tranquilidad así, mientras intentaba dormir, sentí una mano fría y húmeda sobre mi hombro. Abrí los ojos para encontrarme con la figura de una mujer que estaba parada junto a la cama. Comencé a gritar para de esta manera poder despertar a mi papá, pero la figura simplemente se desvaneció en el aire. Pero aun así una tétrica voz femenina nos decía “no importa lo que hagan, los seguiré”.
A primera hora del día siguiente, el chamán regresó y trajo con el varias cosas raras, con un gis trazó un círculo con unos símbolos muy extraños, que vuelvo a repetir, no se parecía a nada que yo hubiese visto antes, tomó el espejo, el cual curiosamente por primera vez desde que llegó a la casa no se había movido del sitio en donde lo dejamos, lo puso en el centro del círculo y sacó un frasco de lo que parecía ser sal, pero estaba mezclada con hierbas y otras cosas que nunca supe lo que eran, acto seguido comenzó a rociarla sobre el espejo mientras recitaba una oración en náhuatl en voz baja.
De repente, el espejo comenzó a vibrar violentamente, como si estuviera luchando contra la sal y la oración. Pero el hombre no se detuvo. Continuó recitando y esparciendo sal sobre el espejo, ni siquiera le importó que las ventanas y espejos de la casa estuvieran retumbando también, recuerdo exactamente el momento en el que todo pareció haber terminado, pues el espejo dejó de moverse y todo en la casa dejó de temblar y en la casa se sintió una paz y una vibra que no se había sentido en mucho tiempo.
Sin embargo, antes de que siquiera mi papá pudiera decir lo obvio, todos los espejos, vidrios de la casa, platos de cerámica y tazas explotaron, haciendo que cientos de cristales salieran volando, pero en lugar de asustarse, aquel hombre solo tomó el espejo con rapidez, usando la pañoleta roja que traía en la cabeza y lo envolvió en él, solo para después amarrarlo con un hilo negro de seda, clavarle tres alfileres verdes y guardarlo en una caja de madera, a la cual le puso un candado blanco.
Posteriormente él se llevó la caja, nos dijo que no podía arriesgarse a que volviera a ser abierta jamás y por esa razón él la conservaría, y más tarde se marchó, nunca volvió a pasar nada en la casa y después de que mi padre le pagó, jamás volvimos a ver a ese hombre, el cual ni siquiera nos dijo su nombre, pero del que siempre le estaré agradecida, supongo que siempre me preguntaré si nuestras lenguas maternas y en todo lo que se creía antes de la colonización, es mucho más fuerte y poderoso de lo que la mayoría piensa, pero al menos sé que a nosotros si nos ayudó.
Autor: Liza Hernández.
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