La Mujer Del bosque Historia De Terror 2024

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La Mujer Del bosque Historia De Terror 2024

La Mujer Del bosque, Historia De Terror… El día el que mi nieto llegó a mi casa para quedarse por un tiempo, debo admitir que no era una idea que me entusiasmará demasiado, no le mal entiendan amaba a mi nieto, sin embargo, la idea de pasar más de unas cuantas horas con cualquier niño me hacía doler la cabeza el tan solo pensarlo, sin embargo, mi hijo estaba pasando por un fuerte problema debido a la inesperada muerte de su esposa, podía entenderlo un poco ya que mi esposa había muerto hacia unos años atrás.

Este necesitaba un tiempo para reacomodar tanto sus ideas como su vida en general, y sin duda sentía que su hijo ya había pasado por mucho como para someterlo a todo aquello, el plan inicial eran solo unos días sin embargo tras algunas complicaciones su estadía se había prolongado por más tiempo, era un joven agradable, solía pasar mucho tiempo solo y era bastante callado.

Con el paso de los días este comenzó a abrirse más conmigo, solía contarme de sus amigos de la ciudad y también de sus intereses, entre ellos este parecía tener un cierto gusto por lo paranormal y las historias de terror, aquellos días en los que me contaba todo aquello eran los buenos días pues, algunas veces el dolor por la perdida de su madre se dejaban ver en su mirada, y una noche de tormenta este sentimiento pareció invadirlo mucho más, odiaba verlo así, por lo que decidí contarle una historia la cual sabía que le gustaría, aquella historia me la había guardado para mí mismo pero pensé que ya era hora de que alguien la supiera.

En un principio este no pareció muy interesado en escuchar mi historia, pero aquel interés cambió cuando le dije que aquella historia era algo que tenía que ver con mi época de soldado, cosa la cual parecía interesarle mucho también, se puso cómodo en el asiento junto a mí. Observé la taza de té entre mis manos, tratando de reunir mis recuerdos y dar vida a la historia que había mantenido oculta por tantos años. Con un suspiro, comencé a narrar:

Aquella noche, el campamento militar yacía en un silencio tenso, solo interrumpido por el repiqueteo de las gotas de lluvia sobre las tiendas. Yo, un joven y temerario, no había sido arrastrado al ejército por elección propia, sino más bien por un ultimátum de mi padre que no pude ignorar. Mi actitud irreverente y despreocupada no se alineaba precisamente con la disciplina que el ejército exigía.

El encargo de patrullar los alrededores del campamento parecía sencillo, pero mi mente joven y aburrida se cansó rápidamente de la tarea. Decidí escapar por un momento de la monotonía y adentrarme en el bosque cercano para fumar un cigarrillo, ignorando completamente las consecuencias.

La noche era oscura, pero mi confianza en mi propia valentía me cegaba ante cualquier peligro potencial. Inhalé el humo del cigarrillo, sintiendo su quemazón en mi garganta, mientras me adentraba más en la espesura. Sin embargo, el ambiente cambió de repente. Una ráfaga de viento frío atravesó mis ropas, haciéndome estremecer a pesar de mí mismo. Era como si la naturaleza misma intentara advertirme de algo que no podía ver.

Mis pasos me llevaron más profundamente en el bosque, donde los árboles parecían crecer en tamaños imposibles y las sombras se estiraban como dedos largos en busca de presas. El viento gélido persistía, y una inquietud incipiente se apoderó de mí. Fue entonces cuando lo vi: un conejo de pelaje marrón, pacíficamente pastando entre la maleza. Sin embargo, su presencia me perturbó de manera inexplicable. Sus ojos oscuros parecían contener un secreto, y su inmovilidad era como un aviso silencioso.

Decidí dejar atrás al conejo y continuar, pero una extraña sensación de déjà vu me envolvió. El bosque parecía distorsionarse a mi alrededor, como si el tiempo y el espacio se hubieran desdibujado. Y allí estaba nuevamente el conejo, como una sombra recurrente que me perseguía. Cada vez que creía dejarlo atrás, volvía a encontrarme con su mirada inquietante, como si se burlara de mi intento de escapar.

Una sensación de pánico se apoderó de mí mientras mis pasos se volvían más erráticos. El bosque parecía no tener fin, y la inquietante presencia del conejo seguía atormentándome. Sentía que estaba atrapado en una pesadilla, incapaz de despertar.

Mi agotamiento físico y mental finalmente me llevó a detenerme en seco. Busqué en vano puntos de referencia en la oscuridad, pero todo parecía confuso y desorientador. Fue entonces cuando vi algo que me heló la sangre: una figura femenina emergiendo lentamente de entre los árboles. Su cabello oscuro caía en cascada sobre sus hombros, y sus ojos brillaban en la penumbra.

Me quedé inmóvil, hipnotizado por su presencia. Parecía irradiar una extraña serenidad, y me sentí atraído hacia ella como un insecto a la luz. Casi sin darme cuenta, estuvo frente a mí, y nuestros labios se encontraron en un beso que parecía ser arrancado de un sueño. El mundo a mi alrededor se disolvió, y solo existíamos nosotros dos en ese momento suspendido en el tiempo.

Sin embargo, la atmósfera cambió abruptamente. Un olor a azufre invadió el aire, y un dolor agudo atravesó mis labios. Retrocedí con sorpresa, tocando mi boca para encontrarla cubierta de sangre. La mujer frente a mí ya no era la visión de belleza que había conocido. Su rostro se había transformado en una máscara de pesadilla: piel arrugada y pálida, ojos sin vida y una sonrisa siniestra que revelaba dientes afilados como cuchillos.

La Mujer Del Bosque Historia De Terror

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Un escalofrío recorrió mi espalda mientras recordaba aquella imagen terrorífica. Mis piernas finalmente reaccionaron, y corrí con todas mis fuerzas, apartándome de aquella abominación. El bosque parecía conspirar contra mí, retorciéndose y cambiando a mi alrededor mientras intentaba desesperadamente encontrar la salida. Cada rincón se volvía una trampa, cada sombra, una amenaza.

Finalmente, como si la misma naturaleza hubiera tomado piedad de mí, emergí del bosque. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho, y el alivio se mezclaba con la confusión. Miré hacia atrás, pero solo encontré la oscuridad del bosque, ocultando los secretos que guardaba.

La oscuridad del bosque parecía envolverme en un abrazo frío, y cada sombra y rincón ocultaba un posible peligro. No caminé mucho antes de encontrarme con otro soldado, quien había sido enviado a buscarme al percatarse de mi prolongada ausencia. Observó mi estado lastimado, los labios casi arrancados y los ojos vidriosos por el shock. No pude articular palabra alguna, mi mente seguía atrapada en la pesadilla que había vivido. El soldado me miró con preocupación y cuestionó lo que había sucedido, pero mi incapacidad para responder solo alimentó su desconcierto.

Guiándome con compasión, el otro soldado me ayudó a regresar al campamento. Allí, fui recibido por médicos que atendieron mis heridas físicas, pero el trauma seguía atrapado en las profundidades de mi mente. Miraron los labios ensangrentados con asombro, intentando entender cómo había sucedido tal daño. Pero ¿cómo podía explicar lo inexplicable? Mi mirada perdida hablaba por mí, una ventana a la horripilante experiencia que había vivido.

Durante esa noche, mientras descansaba en la relativa seguridad del campamento, un susurro escalofriante me despertó de un sueño intranquilo. Estaba paralizado, incapaz de moverme mientras esos murmullos ininteligibles resonaban en mis oídos. Eran como susurros arrastrados por el viento, apenas audibles pero imposibles de ignorar. A pesar de su cercanía, no podía comprender las palabras que decían.

Sentí un escalofrío recorriendo mi espalda, como si alguien estuviera pasando sus dedos fríos por mi piel. Mi mirada se fijó en la oscuridad de la tienda, y mi corazón se aceleró al percatarme de una figura que emergía de las sombras. Era ella, la mujer que había conocido en el bosque. Pero su apariencia era volátil, cambiando con cada parpadeo, como si fuera una manifestación de mi propio miedo.

Su cabello oscuro caía sobre sus hombros, y al principio, su figura parecía ser la misma de antes: hermosa, seductora. Pero mientras se acercaba, su rostro comenzó a distorsionarse, como si la piel se desprendiera para revelar la monstruosidad que se escondía debajo. La nariz puntiaguda y arrugada, los ojos sin vida y la sonrisa siniestra la cual revelaba dientes afilados. Mis músculos se tensaron, y el terror se apoderó de mí una vez más.

Sentí mi corazón latiendo en mi pecho mientras ella se acercaba, con su mirada fija en mí. Casi como una burla, acarició suavemente mi cabello, y su toque fue como una quemadura en mi piel. La cercanía de su presencia era abrumadora, y sentí como si el aire mismo se volviera más denso a su alrededor. Intenté moverme, gritar, pero estaba paralizado por el miedo, como si su influencia me hubiera robado la voz y la capacidad de moverme.

Mi mente era un torbellino de pensamientos confusos, mientras ella se inclinaba más cerca, sus labios casi rozando mi oído. Susurros incomprensibles llenaban mi mente, como agujas heladas perforando mi conciencia. Era como si estuviera en el límite entre dos mundos, atrapado entre la realidad y una pesadilla viviente.

A medida que se inclinaba sobre mí, su transformación era completa. Aquella belleza inicial se desvanecía por completo, y su rostro se convertía en la personificación de la oscuridad. Los ojos vacíos me miraban con un placer perverso, y su sonrisa retorcida me llenaba de un terror que nunca había conocido.

Finalmente, mi cuerpo respondió a mi voluntad, y grité con todas mis fuerzas. La tienda se llenó de ruido, y las luces del campamento se encendieron, disipando las sombras y la pesadilla que me había atrapado. La mujer desapareció, como si nunca hubiera estado allí, pero su influencia seguía retumbando en mi mente.

Mis compañeros soldados me rodearon, preguntando qué había sucedido, pero las palabras no podían capturar la realidad de lo que había enfrentado. Mi mente se tambaleaba entre la cordura y el horror, y me encontraba luchando por encontrar mi lugar en el mundo que una vez conocí. Fui llevado al médico nuevamente, y mientras mi cuerpo sanaba, mi mente seguía atrapada en los recuerdos de esa noche aterradora.

Después de esa noche aterradora en el campamento, los días pasaron lentamente mientras todos los soldados se preparaban para ser reubicados. La noticia de la reubicación me alegró enormemente; a pesar de no haber tenido ningún encuentro tan agresivo como aquella noche con la mujer del bosque, la sensación de estar vigilado continuaba. A veces, podía vislumbrarla de reojo, una sombra en los bordes de mi visión, y el conejo seguía merodeando cerca del campamento. La perspectiva de dejar ese lugar se convirtió en una escapatoria de todas aquellas pesadillas.

Llegó la última noche en el campamento, y sentí una mezcla de ansiedad y anticipación. No quería volver a dormir, no quería que ella apareciera una vez más como despedida. Intenté ocupar mi mente con cualquier cosa para mantenerme despierto, pero la fatiga finalmente me venció. Aunque no estaba asignado para la guardia nocturna, me encontré luchando contra el sueño, deseando evitar la oscuridad que traía consigo aquellos terrores.

Finalmente, me rendí ante el sueño y caí en un sueño profundo y extraño. Sin imaginarme siquiera la horrible pesadilla que me esperaba, entre sueños pude sentir la tierra bajo mis pies y el viento fresco de la noche acariciando mi rostro, lo cual me hizo despertar asustado.

Me desperté bruscamente, mi corazón latiendo desbocado y el sudor empapando mi frente. Sin embargo, el horror no había terminado, por el contrario acababa de comenzar. Cuando abrí los ojos, me encontré en medio del lugar que había visto tantas veces en mis sueños. La cabaña deteriorada se erguía frente a mí, con su presencia ominosa llenando el aire. La oscuridad del bosque parecía más densa, más palpable, y los lamentos y gritos que había escuchado en mi sueño resonaban en mi mente.

No tenía tiempo para cuestionar si todo era real o un sueño. Sabía que tenía que salir de allí. Giré sobre mis talones, decidido a volver sobre mis pasos y regresar al campamento. Pero antes de que pudiera dar más de un paso, una ráfaga de viento helado salió de la cabaña, llevando consigo un lamento espantoso que se dirigió hacia mí como una entidad propia.

El viento me atravesó con una fuerza que parecía querer desgarrar mi ser. Mi cuerpo se convulsionó, y me encontré cayendo bruscamente al suelo. La tierra áspera chocó contra mi piel, y el dolor me hizo soltar un grito agónico. Cerré los ojos con fuerza, tratando de bloquear el dolor y el terror que me embargaban.

Cuando finalmente abrí los ojos, el dolor disminuyó, pero el horror estaba lejos de desaparecer. Frente a mí, emergiendo de la oscuridad, estaba ella: la mujer del bosque. En un principio, su apariencia era la misma que había visto la primera vez en el bosque: seductora, hermosa. Pero mientras me miraba, su figura comenzó a distorsionarse, como si las sombras mismas la envolvieran y revelaran su verdadera forma.

Su rostro se retorció en una expresión de malicia, su cabello oscuro cayendo en cascada alrededor de su figura deformada. Sus ojos vacíos me miraban con una intensidad escalofriante, y su sonrisa siniestra desvelaba dientes afilados como cuchillos. Mi corazón latía con fuerza, y mi mente estaba inundada de una terrorífica comprensión: esta criatura, esta maldad encarnada, me estaba buscando, estaba persiguiéndome.

Me sentí paralizado por el miedo, incapaz de moverme o de articular palabra alguna. La figura de la mujer del bosque avanzó hacia mí con una lentitud deliberada, como si quisiera prolongar mi tormento. Sus pasos resonaban en mi cabeza como tambores ominosos, y el viento parecía gemir en respuesta a su presencia. Quise retroceder, huir de esa pesadilla, pero mi cuerpo se negó a obedecer.

Finalmente, estuvo de pie junto a mí, su mirada sin vida fija en la mía. Su mano se extendió, como si quisiera tocar mi rostro, y un escalofrío recorrió mi espalda al sentir la proximidad de su toque. Cerré los ojos con fuerza, esperando que todo fuera solo una pesadilla de la que finalmente despertaría.

Pero cuando volví a abrir los ojos, ella seguía allí, tan real como el bosque que nos rodeaba. La maldad que emanaba de ella era palpable, y sentí como si estuviera atrapado en un oscuro abismo sin escapatoria. Sabía que debía hacer algo, debía luchar, pero el miedo me mantenía inmovilizado.

La mujer del bosque se inclinó hacia adelante, sus labios casi rozando mi oído, y susurró palabras ininteligibles que resonaron en mi mente como un eco perturbador. Mi corazón latía con una intensidad dolorosa, y el terror amenazaba con abrumarme por completo. Estaba atrapado en una pesadilla viviente, un lugar donde la realidad y la oscuridad se entrelazaban de manera inextricable

La presencia de la mujer del bosque se había vuelto inextricable, como una sombra que se aferraba a cada rincón de mi mente. En ese momento, mientras estaba paralizado por el miedo, sentí una oleada de desesperación y valentía. No podía permitir que esta criatura me dominara, no otra vez. Con un grito desgarrador, reuní todas las fuerzas que tenía y me impulsé hacia adelante, empujando a la mujer con todas mis fuerzas.

Sus ojos vacíos se abrieron con sorpresa mientras retrocedía, y me aproveché de ese momento de sorpresa para girar sobre mis talones y correr de vuelta al campamento. Cada paso resonaba en mi cabeza, cada latido de mi corazón parecía acompañar mi huida. La tierra bajo mis pies parecía moverse, como si el bosque mismo estuviera conspirando para impedir mi escape, pero mi determinación me impulsó hacia adelante.

Finalmente, llegué al campamento, sin aliento y con el corazón latiendo desbocado. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que nadie había notado mi ausencia. La oscuridad de la noche parecía haber encubierto mi huida y mi encuentro con la mujer del bosque. No dije nada a nadie, no podía encontrar las palabras para describir lo que había enfrentado.

A medida que la primera luz de la mañana iluminaba el campamento, me preparé para irme junto con los demás soldados. Sentía un alivio inmenso al dejar ese lugar atrás, y mi anhelo de escapar de aquella pesadilla superaba cualquier otra emoción. A pesar de las miradas curiosas de mis compañeros, nadie parecía haberse percatado de mi ausencia durante la noche. Me acomodé en uno de los vehículos, listo para emprender el viaje, y el campamento comenzó a desvanecerse a medida que nos alejábamos.

Sin embargo, a medida que el campamento se desvanecía en la distancia, algo en mi interior se estremeció. Una sensación incómoda se apoderó de mí, y una extraña certeza me invadió: aquella mujer del bosque no había terminado conmigo. Miré por la ventanilla del vehículo y me pareció verla parada en la orilla del camino, despidiéndose con un gesto de la mano y una sonrisa burlona.

El escalofrío que recorrió mi espalda fue indescriptible. ¿Cómo podía ser posible? ¿Cómo podía seguir persiguiéndome incluso ahora, mientras dejaba aquel lugar atrás? Sentí un nudo en el estómago mientras el vehículo continuaba avanzando, alejándonos de la pesadilla que había sido mi hogar temporal. La imagen de la mujer se desvanecía en la distancia, pero su presencia parecía tatuada en mi mente, imborrable.

Después de aquella experiencia, me habría gustado decir que la mujer del bosque nunca volvió a aparecer en mi vida. Sin embargo, la realidad es que su sombra se adhirió a mí de una manera que nunca podría haber anticipado. Cada noche, susurraba en mis sueños, sus ojos vacíos me observaban desde la oscuridad. En cada rincón oscuro, sentía su presencia, como si estuviera esperando para reclamarme una vez más.

Incluso en las noches de lluvia, cuando el mundo parecía envuelto en misterio, podía sentir su presencia acechando en cada rincón. Me despertaba empapado en sudor, mi corazón latiendo con fuerza mientras luchaba por escapar de sus garras en mis pesadillas. La mujer del bosque se había convertido en una parte indisoluble de mi vida, una maldición que nunca podría romper.

Autor: Aurora Escalante

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