Aullido Nocturno – Historia De terror 2022

Historia de terror - Aullido nocturno

Aullido Nocturno – Historia De terror 2022

Me llamo Raúl y esta es mi historia de terror… Actualmente tengo 67 años, y me gustaría contar una historia de terror que me ocurrió ya tiempo atrás.

Hace años viví en San Miguel Ixitlán, en el Estado de Puebla, en la zona más al sur, prácticamente en Oaxaca.

Allí hay 3 localidades, yo vivía en la más grande de las 3, pero cuando digo grande es solo por decir, en realidad prácticamente no vivía nadie ahí, yo conocía, literalmente, a todas y cada una de las personas del pueblo.

Quizá no de nombre, pero al menos sí de cara, hay más gente en mi lista de amigos de Facebook, que la que vivía en el pueblo.

Me fui de ahí porque en realidad no hay mucho para ver, ni mucho que hacer.
Los dedos de una mano me alcanzan para contar las edificaciones, ya se imaginarán que tan pequeño y solo está el lugar.

Lo único medianamente entretenido que ocurría en todo el año es la festividad del Santo Patrón San Miguel Arcángel, se celebra cada 29 de Septiembre.

La última vez que fui a visitar a mis padres al pueblo fue precisamente el día de la festividad, había juegos mecánicos, pirotecnia, y carreras de caballos.

Bueno, mi historia de terror comienza ya, lo que voy a contar ocurrió cuando yo era un adolescente, no puedo dar la fecha exacta porque entonces si alguien del pueblo escucha esto me podría ubicar fácilmente y no quiero eso, ya saben lo que dicen, pueblo chico, infierno grande.

No me preocupo por mí, pero no quiero que mi familia, que aún vive en el pueblo, se convierta, por mi culpa, en el centro de atención.

En fin, vamos a la historia. Me gustaba ir a la pequeña plaza, sobre todo de noche, la vista era increíble debido a que la contaminación era prácticamente inexistente.

Antes había un perro que siempre andaba suelto, nunca supe de quien era, todo el tiempo estaba caminando por aquí y por allá. Se alimentaba de lo que le daban los vecinos.

A veces ese perro me hacía compañía, yo no me ponía a jugar con él, pero el perro se acostaba ahí junto a mí, era tranquilizante.

Aullido Nocturno – Historia De terror

Una noche de luna llena, en pleno verano, mientras chispeaba levemente, me pareció escuchar un aullido, el perro estaba ahí conmigo así que claramente se trataba de otro animal, un zorro supuse.

Decidí ignorarlo, pero se volvió a escuchar, el sonido era un tanto diferente, de hecho se asemejaba al grito de una persona.

Cuando se escuchó el segundo aullido ya sonaba más cerca, pero muy poco, casi nada, el aumento del volumen era casi imperceptible, pero el tercer aullido ya se escuchaba realmente cerca.

Entonces ya me puse nervioso, en ese momento, y hasta la fecha, no tenía idea de que tan agresivos y peligrosos pudieran ser los zorros, pero definitivamente no quería averiguarlo.

Así que me levanté de la fuente y caminé de regreso a mi casa, el perro no me siguió, él se fue corriendo a la iglesia.

Los aullidos seguían repitiéndose y cada vez estaba más y más cerca. El pueblo era muy pequeño así que no tuve necesidad de correr, pude llegar pronto a mi casa.

Una vez estando dentro le conté a mi padre lo que había escuchado y me dijo que solo era un zorro, se burló de mi, me llamó cobarde por haber regresado solo porque había escuchado algunos aullidos, mi padre siempre fue muy duro conmigo.


La noche siguiente volví a salir, me gustaba caminar de noche, en esa ocasión me llevé una pequeña navaja, por si acaso me encontraba con el zorro.

Cuando iba caminando se me figuró ver una silueta por el rabillo del ojo, no alcancé a notar detalles específicos de la figura, solo una sombra, un simple bulto, pero fue suficiente para ponerme incómodo, porque la silueta estaba en lo alto del campanario de la iglesia.

Decidí girarme pero ya no vi nada, aún así podía sentir que algo no andaba bien. Una vez más detecté una sombra de reojo. Sabía que estaba en peligro.

Luego resonó el aullido de la noche anterior, prácticamente estaba detrás de mi. Le acompañó un muy sutil gruñido, inmediatamente pensé que se trataba del zorro.

Pero hubo un ladrido y ese sí lo reconocí, se trataba del perro. Me volteé y en efecto ahí estaba el canino, y no me estaba gruñendo a mí. Él estaba viendo hacia el monte, algo había entre los árboles, yo no podía verlo, pero el perro sí.

Aullido Nocturno – Historia De terror

Historia de Terror – Aullido Nocturno

Luego de un minuto el perro dejó de ladrar, volteó a verme, su expresión era rara, quizá no tenga sentido, pero creo que el animal estaba preocupado por mí.

El animal empezó a empujarme, claramente no quería que yo estuviera ahí, afuera de mi casa, quizá el perro sabía que yo estaba corriendo peligro, así que decidí hacerle caso y me retiré.

Tuve una pesadilla esa noche, me acuerdo porque fue la primer pesadilla que tuve en mi vida.

Al día siguiente por la tarde fui al jagüey, es un aguaje, trampas de agua, se trata de un poso donde hay peces, antes de esa ocasión había ido y estaba algo tupido de peces, pero ahora lo había encontrado casi vacío, además encontré un rastro de sangre a un par de metros de ahí.

Decidí seguirlo, el rastro no llegaba muy lejos, terminaba en un pequeño amontonadero de huesos de peces, no había piezas completas, puros pedazos, pero yo calculo, por la cantidad de pedazos de hueso, que eran al menos 4 peces.

Eso, al menos para mí, era una señal de que algo estaba pasando, sumando la sombra que había visto arriba del campanario, además los aullidos de la otra noche y el extraño comportamiento del perro, no lo sé, al menos yo me quedé preocupado.

Lo de los peces fue un lunes, el viernes de esa semana fui a la presa, no es una gran construcción, debe medir 6, máximo 7 metros de alto, y está unida a una peña, que es una gigantesca pared de roca.

Bueno, por alguna razón el perro que no tenía dueño me siguió, algunas veces incluso se me adelantaba, como si supiera a dónde me estaba dirigiendo, fue raro, bueno, al menos a mí me pareció sumamente raro.

Yo simplemente estaba caminando mientras pateaba algunas piedras, mientras tanto el perro se puso a olfatear, encontró algo y se puso a ladrar. Me acerqué para ver qué era, se trataba de 4 huellas, era masomenos del tamaño de un pie adulto, pero no se trataba de unas huellas humanas ni tampoco de algún animal, ya que, al menos hasta donde yo se, no existen animales cuadrúpedos que tengan solamente 3 garras

.Esas marcas me impactaron mucho, el perro las estaba olfateando, yo me puse a observar alrededor, estaba buscando cualquier otra cosa que pudiera relacionarse con esas huellas tan raras.

Cerca encontré una planta con unas espinas mas o menos grandes, ahí había pelo, era de color gris claro con las puntas de color rosa, quizá era sangre.

Ya me había picado la curiosidad, así que como no tenía nada que hacer en todo el día, me puse a caminar buscando cualquier otra cosa que me pareciera fuera de lugar.

Fue así que llegué al Cerro Panchon, no era la primera vez que iba, pero lo cierto es que jamás le había prestado demasiada atención, y como en esa ocasión estaba observando todo mi entorno con alta minuciosidad me di cuenta de dos cosas, lo primero, de la gran belleza panorámica, y lo segundo, que en el cerro se forman estalactitas, que son como esas rocas que se forman en el techo de las cuevas, pero en el cerro se forman desde el suelo hacia arriba.

En una zona donde había varias de esas estalactitas el perro encontró algo, a mi parecer se trataba de un nido.
Era un agujero hecho hacia dentro del cerro, de unos 2 metros de diámetro y de unos 5 metros de profundidad, dentro había sangre seca, olía verdaderamente mal, aparte que tenía muy mala vibra, ni el perro se quería acercar.

Aullido Nocturno – Historia De terror


Decidí que había sido suficiente, así que me alejé de ahí y volví mi a casa.


Durante algunos días estuve pensando en todas esas pequeñas cosas, tratando de unir las piezas para encontrarle forma al misterio.

Ya no me atrevía a salir de noche, y durante el día el clima se puso un poco complicado, así que no había forma de seguir investigando.

Una de tantas madrugadas, me desperté al escuchar un fuerte golpe en el techo, sobre mi cuarto, inmediatamente fui a asomarme por la ventana.

Lo único que pude ver fue una sombra proyectada desde el techo gracias a la luz de la luna, la figura que tenía la sombra era humanoide, las extremidades eran un tanto más largas de lo normal, pero no demasiado, tenía cola, pero sin lugar a duda lo que más llamó mi atención fue la gran melena que tenía desde la parte superior de su cabeza hasta los hombros.

Jamás había visto semejante cosa.
Esa era mi oportunidad de poder observar a la criatura, no podía arriesgarme a que no hubiera otra ocasión de poder verle tan cerca.

Entonces, siendo tonto, como cualquier adolescente promedio, salí de la casa sin hacer demasiado ruido, di algunos pasos hasta quedar a mitad de la desolada calle.

Lo recuerdo perfectamente bien, el viento soplaba con fuerza, algunas hojas secas viajaban sin control, lo único que se atrevía a quebrantar el profundo silencio era el crujir de las ramas de los árboles que se retorcían con fuerza con el vaivén del viento.

Pude ver claramente a la criatura cuando pegó un brinco de un techo a otro, pude ver su rostro, no había duda, se trataba de un Zorro Nahual de abundante pelaje blanco.

No se percató de mi presencia, simplemente siguió su camino, luego de unos segundos dejé de verlo.

Me quedé parado a mitad de la calle, esperando el momento en que me despertara de aquel tétrico sueño, pero no ocurrió, todo lo que estaba viendo era absolutamente real mi Historia de terror era real.

Volví a mi cuarto, completamente desconcertado ante lo que acababa de presenciar, no volví a andar de curioso, tuvieron que pasar varios meses para que yo me atreviera a acercarme a la zona en el cerro donde había encontrado el nido, estaba limpio, sin rastro de sangre, parecía que la criatura tenía mucho tiempo de no volver, hasta telarañas había.

Nunca dije nada al respecto, ni siquiera a mis padres, nadie creería mi historia de terror, no tengo más información además de la que ya he contado, no se de dónde llegó ni a dónde se fue, lo único que tengo claro es que al menos por algunas semanas en mi pueblo anduvo un Zorro Nahual. historia de terror.

Autor: Ramiro Contreras

Derechos Reservados

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