El Hospital Psiquiátrico

El Hospital Psiquiátrico

Ya han pasado 10 años de aquel suceso, pero lo recuerdo claramente, pues es la experiencia más aterradora que he vivido.
Era mi último año en la facultad de comunicación, y todo era perfecto.
Fotografía y edición era mi materia favorita, y aunque demandaba mucho de mi tiempo me encantaba estar viviendo mi sueño de niño, ser reportero.
Los proyectos finales se acercaban, y uno de los que más me emocionaba era el de esa materia, pues debíamos poner en práctica todo lo que habíamos aprendido durante el semestre.
Sinceramente, era muy bueno en eso, siempre tenía las mejores notas, pero esta vez no sabía sobre qué hacer mi proyecto.
El proyecto era en equipos, y teníamos que hacer un documental en video a cerca de algún tema interesante, y principalmente captar la esencia de algún lugar, que debía tener mucha historia que contar.
Mis amigos y yo habíamos pensado en un ex museo, iba a ser increíble retratar cada detalle, pero el encargado nos dijo a última hora que nuestra propuesta había sido desacatada, así que teníamos que encontrar otro lugar.
Al llegar al departamento le conté a mi novia sobre aquel inconveniente, ella se quedó pensando un rato y después me comentó que le habían contado sobre un hospital psiquiátrico abandonado en las afueras de la ciudad, que tenía una gran historia, puesto que había sido el más popular en los 70.
A ella le encantaban las historias de terror, y por eso sabía demasiado acerca de eso, aunque para ser sinceros, a mí no me gustaban mucho esos temas, era escéptico y me parecía ridículo pensar en objetos que se mueven solos o fantasmas, pero la idea no sonaba tan mal, pues podíamos hacer un reportaje sobre lo acontecido ahí, y grabar todo el lugar por la noche. Seríamos la sensación, pues dudaba que alguien más hiciera algo así. Hice la propuesta a mis amigos y ellos aceptaron, pero de nuevo debíamos pedir permiso. Mi novia me pidió ir con nosotros, ya que le emocionaba mucho conocer el lugar. Acepté con gusto, e incluso le dije que podía estar en la grabación con nosotros, si es que aceptaban darnos permiso, y así vivir la experiencia junto conmigo.
Decidimos ir al día siguiente saliendo de la universidad.
Íbamos mis tres amigos, Pedro, Juan y Jorge, mi novia Raquel y yo.
Nos llevó algo de tiempo llegar hasta ahí, y en el camino íbamos planeando que decir para que nos dieran permiso, incluso llevamos un oficio de la escuela para que fuera más fácil.
Después de una larga hora de camino, llegamos y la verdad nos sorprendimos cuando vimos lo grande que era el lugar.
Yo no creía en nada de vibras, pero si pudiera describir la vibra de ese lugar diría que era pesada y aterradora.
El hospital era enorme, la pintura que alguna vez fue blanca, estaba desgastada y ahora era amarilla. Eran tres pisos y la puerta de entrada era gigante, estaba grafiteada, seguramente por la gente que se metía y vandalizaba por la noche. Daba un aspecto espeluznante.
El guardia nos recibió con desconfianza, pero después de contarle el proyecto, se portó muy amable. Aceptó que entráramos y grabáramos, siempre y cuando no hiciéramos ningún daño a la propiedad, además nos dijo que él no se hacía responsable de cualquier acontecimiento extraño, porque en aquel lugar pasaban cosas muy raras.
Nos empezó a dar un recorrido y nos contó a cerca del lugar.
Cuando entramos a la planta baja, pude sentir como la piel se me ponía chinita, pues había una vibra muy pesada, y aunque era de día se veía muy oscuro dentro, demasiado tétrico, incluso para mí. Las paredes estaban pintadas de blanco, pero se notaban manchas de lo que parecía ser sangre. La recepción tenía una computadora y un teléfono muy viejos, todos llenos de polvo. Así como papeles, los que parecían ser expedientes y un libro de visitas aún abierto con la fecha del 7 de septiembre de 1966.
Nos llevó a los cuartos, en ellos solo había una cama individual, y una pequeña mesita de noche a lado.
La pintura de estos, era diferente, estaban pintados de un verde opaco. Estaban llenas de rayones por todos lados, dibujos extraños y algunos tenían grafitis recientes.
Después, mientras subíamos las escaleras, el guardia nos contó que ese hospital había sido clausurado en 1970, ya que se practicaban lobotomías y experimentos aterradores a muchos de los pacientes, que definitivamente nunca saldrían, pues quedaban mucho peor, o muertos.
Experimentaban a través de electrochoques, de encierros con los miedos más grandes de los enfermos, los dejaban sin comer, sin agua o sin dormir por días e incluso semanas, con picaduras de insectos a los que algunos eran alérgicos, o algunos con operaciones a nivel quirúrgico del cerebro.
Cuando llegamos al segundo piso la tensión comenzó a crecer, en el aire se respiraba terror y desesperación, aunque nadie dijo nada estoy seguro de que todos lo sentimos.
En esa planta, había cuartos como los de abajo, muchísimos más de hecho, también estaban las duchas, los baños que aún estaban sucios, y al rededor de 10 consultorios con camillas metálicas, medicamentos e instrumentos quirúrgicos. En estos lugares había fotos de los médicos, así como certificados colgados en las paredes. Pudimos notar que la foto de un médico en particular se repetía en varias ocasiones, cuando le preguntamos al guardia nos dijo que aquel hombre había sido el director del lugar, y que era quien practicaba los experimentos y las operaciones.
En este tipo de hospitales no hay muchas ventanas, nos explicó que podía darse el caso de suicidios. Solo existían dos muy grandes, y nos contó que todas las noches las cerraba y amanecían abiertas.
Al finalizar, nos dijo que el recorrido lo podíamos hacer al día siguiente, podíamos grabar, ya que era su noche libre y nadie nos molestaría, además nos iba a prestar unas colchonetas por si queríamos dormir, y listo, teníamos lo que podía ser el mejor reportaje de la carrera, una experiencia increíble y aterradora.
De regreso todos estábamos muy emocionados, nos organizamos con lo que llevaríamos, cámaras que instalaríamos en el lugar, micrófonos, y por supuesto comida.
Al siguiente día, Raquel me ayudaba a preparar lo necesario, se nos había hecho algo tarde, pues habíamos ido al cine y a comer algo, así que íbamos con prisa. Mis amigos llegaron por nosotros y nos fuimos, íbamos muy felices, porque ese sería el pase a no hacer el servicio social, y buenas notas en nuestra materia favorita.
Llegamos y el velador ya nos estaba esperando, eran las 11:00 de la noche, nos recibió con gusto y se puso contento cuando le dimos la comida que le habíamos comprado. Nos acompañó a instalar las cámaras, y no voy a negar que todo se veía muchísimo más aterrador de noche, por un momento tuve el impulso de salir corriendo, pero no quise verme como un cobarde, aunque después de todo, supe que todos ahí sentían lo mismo, y me arrepiento de no habernos ido.
Instalamos todo, cenamos, el guardia nos deseó buena suerte y se fue a su casa.
El lugar era muy grande y había mil puertas, así que nos recordó que la única puerta de entrada y salida era la que estaba llena de grafitis.
Comenzamos la grabación y el recorrido, empezamos por la parte de abajo contando lo que sabíamos del lugar.
Caminábamos muy despacio y sonreíamos a la cámara, todo iba normal, hasta que llegamos al piso de arriba, y pude sentir la pesadez en el aire, pues a pesar de que teníamos las linternas, la oscuridad parecía consumir la luz cada vez más, y el aspecto de aquel lugar, lleno de camas vacías, de paredes llenas de sangre e instrumentos quirúrgicos resultaba horrible.
Raquel nos dijo que la vibra era mala, puesto que en ese lugar hubo mucho sufrimiento, desesperación y locura.
Ya eran las 2:00 de la mañana y todavía nos faltaba recorrer mucho del lugar, pero ya estábamos muy cansados, así que decidimos dormir una hora para reponernos y seguir.
Nos acomodamos en las colchonetas y descansamos, fue difícil pues los ruidos provocados por el eco nos ponían nerviosos, pero al cabo de un tiempo el despertador sonó, nos levantamos y parecía que teníamos aún menos energía que antes, nadie entendía por qué.
Tomamos algo de agua y decidimos seguir.
Llegamos al último piso, pasamos por las dos ventanas, y nos dimos cuenta de que estaban abiertas, aunque antes de irse, el velador las había cerrado.
Esto nos causó miedo, pero no dudamos en decirlo en el video.
La grabación quedó increíble, terminamos al rededor de las 6:00 a.m., eso marcaba el reloj, pero lo raro era que aún se veía oscuro, quizá por el edificio.
Decidimos separarnos para ir por las cámaras.
Los chicos ya estaban cansados, y Raquel estaba nerviosa, me dijo que ya se quería ir, que tenía miedo, pues había visto una sombra pasar cuando caminó hacia el baño.
La calmé y le dije que solo era cuestión de juntar el equipo y después podríamos ir a casa a descansar.
Más tranquila, me dio un abrazo, y me ayudó a meter el equipo de grabación en la maleta.
Después de una hora, ya estábamos casi todos abajo, solo faltaba Juan. Le gritamos en varias ocasiones, pero fue en vano, él no respondía, lo llamamos por teléfono, pero no había señal.
Decidimos ir a buscarlo, todos ya queríamos largarnos de ahí, e ir a dormir, pero no lo encontramos, así que revisamos las grabaciones en la computadora de la última hora, y primero no encontramos nada, pero después de un rato en el minuto 46 pudimos ver a Juan caminando hacia una de las cámaras, hasta que algo invisible lo aventó con fuerza, y lo arrastró fuera de ahí. Sorprendidos y muy asustados, pudimos notar como se nos ponían los pelos de punta. Raquel empezó a llorar, estaba aterrorizada, traté de calmarla, alentando a todos a buscar a Juan, pero a pesar de todos nuestros intentos no pudimos encontrarlo.
Ya había pasado al rededor de hora y media, ya había amanecido, debían ser ya las 7:30 de la mañana. Nuestros teléfonos no tenían señal, tenían muy poca batería, pero finalmente decidimos salir a buscar ayuda, ya que parecía que el hospital se había tragado a mi amigo y ya no sabíamos qué hacer.
Después de eso, escuchamos un grito aterrador, pero no parecía ser de Juan.
No lo pensamos dos veces, decidimos salir corriendo del lugar.
Fuimos hasta el auto, nuestros corazones latían como nunca, y nos marchamos sin siquiera mirar hacia atrás.
Después de ese horrible acontecimiento, algo cambió en nosotros, pues nos culpamos mucho de lo que le pudo haber pasado a Juan.
Nadie nos cree lo que sucedió aquella noche, y la grabación que teníamos, extrañamente se perdió, la policía ya abrió una investigación sobre la desaparición de Juan, y los principales sospechosos, somos nosotros.

 
Autor: Liz Rayón
Derechos Reservados

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