El Extraño Ser Que Vive En El Parque Historia de Terror

El Extraño Ser Que Vive En El Parque Historia de Terror

Hace poco fui testigo de un mal que sufrimos los vecinos del fraccionamiento en el que vivo actualmente El Extraño Ser Que Vive En El Parque Historia de Terror. Un mal que, aunque para muchos no será tan grave, si lo fue para la mayoría de vecinos, pues perdimos a muchos seres queridos a causa de ello.
Vivo en un fraccionamiento muy cercano a un bosque en el municipio de Zapopan, me reservo la ubicación exacta, solo respeto a mis vecinos, aunque siento que esto al final no tendrá sentido, pues, al escuchar los hechos, de inmediato identificarán el lugar donde ocurrió.
El fraccionamiento en el que vivo, está edificado alrededor de un enorme parque, lleno de árboles, juegos y una pista para trotar. Ese parque está ubicado colina arriba, y es coronado en la parte más alta, por una pequeña iglesia católica muy concurrida, y en la zona más baja, por un centro de atención para adictos. Este parque es muy cuidado, tanto por la comunidad de vecinos, como por el ayuntamiento, jamás se deja crecer mucho la hierba, ni acumular la basura. Desafortunadamente, de un día para otro, dejaron en el parque un par de vehículos abandonados. Esto no ocurrió solo en el parque, sino en todo el fraccionamiento. En varias calles, incluyendo la mía, encontramos chatarras estacionadas.
Levantamos la queja y a los días, aparecieron varias grúas que se llevaron los vehículos, excepto uno.
Era una camioneta estilo miniban que se encontraba en la esquina de la cuadra donde yo vivo. Llamé personalmente al ayuntamiento para quejarme, y después de un día, la camioneta había sido retirada de mi domicilio, pero solo fue removida de lugar, pues cuando atravesé el parque para irme a trabajar, ese día por la mañana, encontré la camioneta estacionada frente al parque.
No volví a llamar, pues sinceramente me daba igual que el vehículo estuviera allí.
Pasó una semana y el vehículo seguía estacionado allí, le habían robado algunas partes, pero seguía allí. Como siempre tengo que atravesar el lugar donde se encontraba, comencé a notar, que, al rededor del vehículo, siempre aparecían pequeños animales muertos, pájaros, palomas, ratas, lagartijas de ese tipo de animales que vemos comúnmente.
Al principio, no se me hizo extraño ver los cadáveres de animales, pues por la zona hay muchos gatos y perros, pensaba que todo era obra de algún gatito cazador, sin embargo, una mañana amanecieron también un par de gatitos muertos junto a la camioneta.
Pensaría uno, que quizás, fueron envenenados, pero a los gatos les faltaban partes de su cuerpo, como algunas patas o la cola.
Estoy en un grupo de WhatsApp de vecinos, donde varios de ellos, escribían que algunas de sus mascotas habían desaparecido y pedían de favor, les dieran cualquier informe, yo les respondí, que había visto un par de gatitos muertos en el parque. Desgraciadamente, los gatitos eran de un vecino, que se puso muy triste ante la perdida.
Pasaron los días, yo seguí pasando junto a esa camioneta, siempre a las cinco de la madrugada. Cierto día yo escuché una voz extraña dentro del vehículo, seguido de un chillido de perro. Encendí la lámpara de mi celular, me puse a revisar dentro del vehículo, pues esta tenía las ventanas quebradas, de hecho, muchas de sus partes fueron vandalizadas. Encontré en los asientos traseros, a un perro de raza labrador con un collar con su nombre, se llamaba Scott. Como también venía la dirección, llevé al perro hasta su casa, desafortunadamente, nadie me abrió al tocar.
Ya se me hacía tarde, así que regresé corriendo, el perro en lugar de quedarse afuera de su hogar, me siguió, más, cuando pasamos a un lado de la camioneta, el perro se encogió y empezó a chillar, como era tarde seguí mi camino, sin mirar de nuevo al animal.
En la tarde que regrese, tropecé con la plaquita de Scott, pensé en que quizás se le había caído, aun así, la guarde para entregarlas a los dueños del perro. Cuando caminaba junto a la camioneta abandonada, vi que dos personas que se encontraban trotando alrededor del parque, se quedaron quietos, como buscando algo dentro. Me acerqué a ellos, quienes me pidieron que me acercara, para ver si yo también escuchaba algo raro. Me agaché y comencé a escuchar como una vocecita, parecida a las voces que salen en las caricaturas, solo que en un idioma que desconozco.
Los corredores aseguraban haber visto a alguien adentro de la camioneta, sin embargo, al estar revisando entre todos, no vimos a nadie.
Regresando a casa, subí una foto a la plaquita que me encontré en el parque, informándoles que, si lo deseaban, podían pasar a recogerla a mi domicilio.
No tardaron en tocar a mi puerta los dueños de Scott. Me preguntaron varias veces que, si no había visto al perro, pues hasta esa hora, era momento que no aparecía. Yo les conté, que se los dejé en su domicilio antes de ir a trabajar, ya después de eso no sabía nada, pero, que en caso de que lo volviera a ver, se los diría de inmediato.

Desgraciadamente, Scott no volvió a aparecer y las mascotas siguieron desapareciendo, o aparecían mutiladas.

Los vecinos pidieron estar atentos, ante cualquier cosa, pues era muy probable que algún animal salvaje anduviera suelto.
Yo al principio no asociaba las desapariciones de las mascotas con la camioneta abandonada, sin embargo, después de estar constantemente encontrando restos de animales a un lado de ella, comencé a sospechar que, dentro de esa piel de metal oxidado, se escondía un terrible secreto.
Mi sospecha aumentó cierto día, que, al regresar del trabajo, vi un niño llorando junto al vehículo, él le decía a su mamá, que un enano que se encontraba escondido en la camioneta le ataco. El niño tenía una horrible herida en su brazo izquierdo.
En otra ocasión yo mismo vi algo que me heló la sangre, mientras caminaba de camino al trabajo, vi salir del vidrio trasero a un pequeño hombrecito totalmente calvo, con ropa hecha con puros retazos, era demasiado pequeño para que se tratara de un humano, además de que su rostro estaba como arrugado, cuando me vio, puso una expresión tan horrible, lucio maligno.
Cuando menos lo esperé, el hombrecito salto dando un giro en el aire, yo comencé a temblar sin control y cuando menos lo esperé, lo tenía a unos cuantos centímetros de mí, mis piernas reaccionaron, comencé a correr con todas mis fuerzas, no pare, hasta que el aire me faltó. Ya me encontraba en el lugar donde me recogía el transporte que me llevaba al trabajo, miré en todas direcciones, pero el hombrecillo había desaparecido.

Subí al transporte y me senté junto a un compañero, que asustado señalo en dirección a mis manos, estas temblaban sin control.

Me atreví a contarle lo que me acaba de ocurrir, aun con miedo a que se burlara de mí. Lejos de hacer esto, me dijo que no me acercara más a ese lugar, pues cuando te enfrentabas a un ente como ese, poco o nada se puede hacer en su contra.
Evité por un tiempo pasar por esa zona, aunque esto me llevaba más tiempo.
Cuando tuve el valor de volver a pasar por esa zona, no fue de camino al trabajo, sino una tarde que necesitaba despejarme. Me encontré que, en un árbol frente a la camioneta, una persona en situación de calle, había levantado una casa de campaña.
Era un hombre de aspecto extraño, demasiado robusto para tratarse de una persona en situación de calle, media casi dos metros, llevaba barba larga y espesa, de un color negro intenso. Lo escuché hablar con las personas, parecía una persona de cierto nivel intelectual, pues las palabras que usaba, no eran muy comunes. Los vecinos lejos de quejarse del nuevo vecino del parque, parecieron simpatizar con él, pues desde el primer día ya se encontraban regalándole comida y ropa usada.
Si mal no recuerdo, aquel hombre duro alrededor de un par de semanas, en las que llegue a conocer un poco de él.
Supe por el que en otros tiempos se dedicó a la medicina, pero que por una mala inversión lo perdió todo. Yo le pregunté abiertamente que, si no había visto o escuchado nada extraño en el parque, a lo que él me contó que sí, que algo maligno vivía en ese vehículo abandonado, que lo sabía incluso sin haberlo visto, pues él poseía poderes de clarividencia y sabía como neutralizar al ser demoníaco que se escondía entre esas láminas oxidadas.

Yo creí en las palabras del vagabundo, pues desde que apareció, las desapariciones de las mascotas cesaron.

Mi casa se encuentra justamente, frente al parque y del balcón, alcanzó a ver perfectamente el lugar, donde se encontraba la camioneta abandonada. El balcón da directo a la habitación en la que duermo.
Recuerdo perfectamente, que un jueves, una semana antes de navidad, escuché al hombre del parque realizando como una especie de canto, usando palabras extrañas, su voz sonaba desesperada.
Me levanté de golpe y me asomé por el balcón, vi a aquel hombre hincado frente al vehículo, su casa de campaña ardía en llamas. No vi a nadie más que al hombre allí hincado, fijando más la vista, me di cuenta de que el hombre sangraba del rostro, mantenía sus manos entrelazadas, parecía rogarle a algo invisible.
Me metí a la habitación a tomar un suéter, pues sentí frío, cuando volví a salir, ya no vi al hombre en el parque. Como ya no vi, ni escuché nada, regrese a la cama, aunque no logre dormir, imaginando en lo que pudo haber pasado.
Los días posteriores, no volví a ver al hombre, aunque sus cosas seguían allí. Platicando con los vecinos, todos concordaron, en que lo escucharon gritar un día antes de que desapareciera.
Las mascotas siguieron desapareciendo, lo mismo pasó con un niño, a quien afortunadamente, encontraron cerca del templo. Según sé, el niño dijo que un hombrecito se lo llevó a un lugar oscuro y que como tenía mucho miedo, comenzó a rezar, hasta que, según él, apareció en el lugar donde lo encontraron.
Yo empecé a soñar con el extraño hombre en el parque. Siempre me decía que debía quemar el vehículo un domingo a las tres de la madrugada, pero debía ser exacto en la hora que llevar a cabo el incendio, pues a esa hora el ser aún duerme.
Eso hice, aun cuando me estaba casi orinando del miedo, me levanté un jueves, rocié la camioneta con gasolina y después arrojé un cigarrillo encendido. El fuego ardió de manera extraña, se escucharon unos chillidos horrendos, sin embargo, yo no vi al hombrecillo salir del vehículo.
Después de varios días, unos hombres con sierras eléctricas y demás herramientas, llegaron a desbaratar lo poco que quedaba de la camioneta, según supe, encontraron varias plaquitas con nombres de mascotas, y debajo de la camioneta, un enorme agujero en el pavimento, el cual, se dieron a la tarea de rellenar con botellas de vidrio quebradas y después lo rellenaron con concreto.
Hasta la fecha ya no ha ocurrido nada extraño en el parque, sin embargo, no dejo de pensar en varias cosas, por ejemplo, en el paradero del hombre, quien me simpatizaba mucho, por lo que espero que haya escapado a otro lugar, y no lo haya desaparecido aquel hombrecillo maligno, de quien también espero se haya carbonizado con el vehículo.
Espero no volver a verlo jamás.
 
Autor: Mauricio Farfán
Derechos Reservados

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