La Bailarina De Trapo Historia De Terror 2024
La Bailarina De Trapo, Historia De Terror… Cuando era niña, mis padres y yo solíamos visitar los tianguis y tiendas de segunda mano en los fines de semana, mi mamá decía que no valía la pena pagar el precio completo por muchas cosas si podías conseguir cosas igual de buenas, por la mitad de su precio original, aunque teníamos una buena estabilidad económica, simplemente les gustaba ahorrar y siempre alardeaban de haber conseguido algo de una excelente calidad a un buen precio.
Me encantaba buscar juguetes entre las cajas de peluches y muñecas, en busca de algo especial que pudiera llevarme a casa. Una tarde soleada, mientras revisaba una caja en busca de tesoros escondidos, mis ojos se posaron en ella: una muñeca de trapo vestida de bailarina, dentro de ella había una caja de música, la cual, al presionar un botón, se reproducía la melodía de el lago de los cisnes.
Casi todo su cuerpo estaba hecho de trapo , salvo por la parte de su cara, la cual era de un plástico duro, su cara era algo simple pero bonito, con ojos azules pintados, una sonrisa solo como una línea curva, nariz un poco roja y algunas pecas, se veía como si alguien con talento la hubiese restaurado.
Emocionada, llevé la muñeca a mis padres, suplicando que me la compraran. Afortunadamente, estaba en un muy buen estado y era bastante económica, así que, sin dudarlo, se convirtió en mi nueva adquisición. Durante días, aquella muñeca se convirtió en mi juguete favorito, me identificaba mucho con ella, puesto que, en esa etapa de mi vida, yo estudiaba ballet.
La Bailarina De Trapo Historia De Terror

Honestamente no sabría decir que fue lo que hizo que los eventos que estoy a punto de relatar se desencadenaran, puesto que, durante varios días, todo estuvo absolutamente normal, no había absolutamente nada extraño en aquella muñeca de trapo, tampoco vi nada raro en mi casa y tampoco tenía hermanos que pudiesen jugar algún juego paranormal que hubiese hecho que la muñeca pudiese ser poseída por algo, y mis padres, si bien no íbamos mucho a la iglesia, respetaban mucho a Dios, por lo que jamás hubiesen hecho nada para atraer el mal a nuestra casa.
Sin embargo, un día mientras jugaba con la muñeca, ocurrió algo inexplicable y aterrador. La sostenía con mis brazos frente a mí, simulando una de mis poses de ballet, cuando noté algo extraño. Los ojos azules pintados en su rostro de plástico se movieron, no sé de qué otra forma decirlo y sé que suena descabellado, pero de estar mirando enfrente, pasó a mirar hacia la izquierda.
Un escalofrío recorrió mi espalda y el miedo se apoderó de mí. Arrojé la muñeca hacia el otro lado de la habitación y grité, atrayendo rápidamente la atención de mis padres.
Ambos acudieron a mi habitación preocupados, pensando que me había pasado algo grave y después de contarles que era lo que me había ocurrido, examinaron la muñeca. Para mi asombro y horror, aseguraron que siempre había tenido la mirada fija hacia la izquierda.
No entendía cómo podía ser eso posible, estaba segura de lo que había visto, había estado jugando con ella por días, obviamente sabía para qué lado estaba mirando y estaba segura de lo que había visto. Trataron de calmarme, diciendo que mi imaginación me había jugado una mala pasada. Y por más de que yo intenté hacer que me creyeran, no logré hacer que cambiaran de opinión.
Aunque traté de tranquilizarme no pude, por lo que después de un rato, tomé a la muñeca y solo la arrojé al bote de la basura de la cocina, sin embargo, eso no fue tan fácil como creí que sería, pues mi mamá me dijo que no había un motivo válido para tirarla, y que si la tiraba entonces ya nunca más me volverían a comprar juguetes.
Por lo que no tuve más remedio que volver a llevarla a mi habitación, aunque le tenía tanto miedo que se me ocurrió guardar a la muñeca en mi ropero, donde al menos ya no tendría que verla constantemente. Era una solución temporal, pero al menos me daba un falso sentido de seguridad por ya no verla.
Aunque aquella falsa sensación de seguridad que mi solución había traído se desvaneció en poco tiempo. Pues después de unos tres días, durante casi todas las noches, cerca de las tres de la madrugada, escuchaba golpes provenientes de adentro de mi ropero, como si algo quisiera salir.
La caja de música que llevaba la muñeca comenzaba a reproducir la melodía del lago de los cisnes, pero el tono ahora era más lento y espeluznante. Cada vez que esto ocurría, me cubría con las cobijas, esperando que todo pasara.
Recuerdo que una noche me estaba quedando dormida, cuando entre sueños, sentí que el aire me estaba faltando, parecía ser una horrible pesadilla, de la que finalmente, luego de unos segundos pude despertar, solo para darme cuenta de que la almohada estaba sobre mí rostro, eso me asustó, aunque no había nada ahí, mi ropero estaba cerrado, por lo que sin más remedio, llegué a la conclusión de que todo debió haber sido una pesadilla y aunque la almohada si había estado en mi rostro, realmente el aire nunca me había faltado, y me hubiese encantado seguir pensando eso, pero eso no pasó.
En una madrugada me desperté al escuchar de nuevo los golpes aunados con aquella melodía del lago de los cisnes, la cual me da hasta la fecha una gran incomodidad cada vez que la escucho, me cubrí la cara y supongo que ya estaba tan acostumbrada que rápidamente el sueño me estaba volviendo a invadir, aunque está vez, entre sueños escuché como la puerta corrediza de mi ropero se deslizaba.
Armándome de valor, me quité las cobijas y miré hacia la dirección del ropero. Y para mí desgracia no lo había imaginado, la puerta corrediza realmente se estaba deslizando lentamente y lo que era aún peor la muñeca asomó su rostro por la apertura, con aquella perpetua sonrisa que en un pasado me había gustado, pero que ahora solo me daba mucho miedo.
No pude soportarlo más, y comencé a gritar para llamar a mis padres, la pura idea de que aquella muñeca saliera de mi ropero por las noches y caminara por toda mi habitación y que incluso ya hubiese intentado asfixiarme una vez con la almohada, simplemente me aterraba, no podía soportar la idea de que aquella muñeca se quedara en mi cuarto ni un minuto mas.
Recuerdo bien que cuando escuché los pasos de mis padres en dirección a mi cuarto, aquella muñeca pareció notarlo también y entonces ella misma corrió la puerta del ropero para cerrarlo de nuevo, como si nada hubiese pasado.
Al entrar, me encontraron visiblemente asustada, señalando hacia el ropero donde había visto todo lo acontecido y entre medio de sollozos y lágrimas traté de contarles lo que me había pasado. Mis padres intercambiaron miradas de incredulidad, y mi mamá intentó tranquilizarme diciendo que solo debía ser mi imaginación.
Me dijeron que yo siempre había sido una niña muy valiente y que no debía tenerle miedo a una muñeca de trapo, recuerdo incluso que mi papá, sacó a la muñeca del ropero y la examinó, para burlarse un poco de aquellas manos y pies de trapo que ni dedos tenían, me dijo que aún si estuviera viva, difícilmente me podría hacer algo con esos bracitos y después mamá apoyó esa idea.
Sin embargo, a pesar de los intentos de mis padres por convencerme de que todo estaba bien y que no había absolutamente nada que temer, yo no podía ignorar lo que mis ojos habían presenciado.
Aquella muñeca se había movido y estaba convencida de que también había intentado matarme con una almohada, por lo que frustrada y aterrada, insistí en que debíamos deshacernos de la muñeca de una vez por todas. Les dije que era real y que yo ya no la quería sin importar que ya nunca jamás me volvieran a comprar ningún juguete, solo quería que la alejaran de mí.
Supongo que mi papá sintió mi desesperación, no creo que creyera mi historia, pero, al menos mi llanto sirvió para que mi papá me dijera que estaba bien, que se desharía de ella y que ya no volvería a verla, y después de eso, me dijo que volviera a dormir y el se llevó a la muñeca de mi cuarto. Pensé que ese sería el fin de todo, que finalmente estaría libre de aquella presencia inquietante. Sin embargo, no fue así.
Una semana pasó sin que volviera a ver la muñeca, y creí que por fin había sido liberada de aquel juguete aterrador. Pero en una tarde lluviosa, cuando volví de mis clases de ballet, la vi nuevamente en mi cama, sentada sobre una de mis almohadas con su perpetua sonrisa.
El terror regresó con más fuerza que nunca. Corrí a contarle a mi mamá lo que había visto, por lo que algo extrañada fue a ver y efectivamente ahí estaba la muñeca, pero en lugar de asustarse o tomarme enserio esta vez, ella solamente trató de tranquilizarme, diciéndome que no me preocupara, pues lo más seguro era que mi papá solo me hubiese querido jugar una broma y por eso él debía de haberla dejado en mi cama.
Pero al llegar la noche, escuché como mi mamá le decía a mi papá que no me asustara con la muñeca, que yo no necesitaba ninguna excusa para tenerle miedo y que debió de haberme visto cuando vi a la muñeca en mi cama, a lo que él respondió confundido que nunca había hecho eso, y que había regalado la muñeca a la vecina de junto hace días.
La vecina de junto era mi mejor amiga del vecindario y aunque ella estaba al tanto del miedo que yo le tenía a aquella muñeca, nunca me terminó de creer del todo, por lo que tenía sentido que creyera que yo ya no la quería y tampoco me lo había dicho para no hacerme sentir mal. A la mañana siguiente mi papá tomó la muñeca y se la devolvió a la vecina, aunque más tardó en hacer eso, que el tiempo en el que vio a la muñeca tirada en el jardín la mañana del día siguiente.
Y eso no se detuvo ahí, sino que él la devolvía y de la nada aparecía en algún lugar aleatorio de la casa, recuerdo que casi siempre la encontraba yo, por lo que lloraba y le decía que por favor la alejara de mí. Después de que mi papá intentara devolver la muñeca a la vecina una y otra vez, sin éxito, mis padres comenzaron a creer que yo era la responsable de que el juguete siguiera apareciendo en nuestra casa. Pensaron que yo y la niña vecina estábamos confabuladas para hacerles una broma pesada.
A pesar de mis explicaciones y las de la niña vecina, ellos se mostraban escépticos y decidieron ignorar el asunto. No importaba cuánto insistiéramos en que no éramos culpables, la presencia inquietante de la muñeca continuaba.
Por lo que ella y yo dijimos que nos desharíamos de ella por nuestra cuenta, recuerdo bien que la enterramos, la tiramos a botes de basura de otras casas e incluso una vez se la dimos a un perro para que se la llevara pero sin importar lo que hiciéramos siempre aparecía de nuevo en mi casa. Juntas, llegamos a la conclusión de que debíamos alejarnos lo más posible de la muñeca para que no pudiera encontrarnos. Debíamos deshacernos de ella de una vez por todas.
Después de pensar en diversas opciones, decidimos llevarla lejos de nuestras casas y deshacernos de ella en un lugar remoto. Así que en una tarde, mientras todos estaban ocupados, metimos la muñeca en una bolsa de basura y nos fuimos en bicicleta hasta unos contenedores de basura que estaban muy lejos.
Recuerdo bien que inclusive le echamos un montón de piedras a la bolsa para que no pudiese salir y ambas volvimos a casa. Pasaron un par de días sin ver rastro de la muñeca, y por un momento pensamos que habíamos logrado liberarnos de ella.
Me acuerdo que decidimos hacer una pijamada en la casa de la niña vecina. Pasamos la tarde jugando en un parque cercano y se nos había hecho un poco tarde, por lo que al volver, ya estaba empezando a oscurecer, aunque no recuerdo tener miedo, en aquella época los niños solían jugar en la calle hasta tarde y no había tanto problema como hoy en día.
En el camino de regreso, mientras avanzábamos juntas, notamos algo extraño a lo lejos, estaba en medio de la carretera, al principio no teníamos la menor idea de que era, incluso yo recuerdo que pensé que era una lata de refresco que por alguna razón se estaba tambaleando con el viento, en retrospectiva, no sé porque creí eso, pues ni viento estaba haciendo en ese momento.
Entre más nos acercábamos, parecía una figura humanoide que avanzaba de forma peculiar y rítmica. Al estar un poco más cerca, nos dimos cuenta de que era la muñeca de trapo vestida de bailarina, y lo peor era que parecía estar bailando mientras se acercaba hacia nosotras, aquellas imágenes aún rondan en mis pesadillas hasta el día de hoy.
Nuestras piernas se paralizaron de miedo y nuestras manos sudaban con angustia. “¡Es ella, es la muñeca!”, susurró la niña vecina con voz temblorosa. Ambas nos miramos en pánico, sin saber qué hacer. La muñeca se detuvo a unos cinco metros de distancia, y sus ojos inquietantes parecían fijos en nosotros.
Su mirada ya había vuelto de nuevo al frente. El corazón nos latía con fuerza mientras mirábamos a la muñeca, buscando una forma de escapar de aquel aterrador encuentro. La muñeca comenzó a correr en nuestra dirección y no había tiempo que perder.
En ese momento, mi amiga me tomó de la mano y me jaló para que corriera con ella, y eso me hizo reaccionar, casi enseguida, de no ser por ella, quién sabe que me hubiese pasado aquella noche. Echamos a correr en dirección contraria. Nuestros corazones latían muy fuerte mientras nuestras piernas nos llevaban lo más lejos posible de la muñeca.
Corrimos a toda velocidad, con la mirada fija en el horizonte, tratando de dejar atrás aquel horroroso encuentro. Pero la muñeca seguía persiguiéndonos, y su figura inquietante parecía acecharnos en la penumbra de la noche, logramos llegar a su casa, y ahí nos dimos cuenta de que ya no nos seguía, la verdad, no estábamos seguras de en qué punto nos dejó de perseguir, pero estábamos aliviadas por eso, ella me dijo que debíamos decirle a nuestros padres, pero yo le dije que no iban a creernos y que solo nos meteríamos en problemas, por lo que no dijimos nada esa noche.
A la mañana siguiente, aún afectadas por el terror de la noche anterior, mi amiga y yo intentábamos despejarnos, jugando a hacer pasteles de lodo en mi jardín. Los escalofríos recorrieron mi cuerpo cuando vi, con horror, cómo la muñeca asomaba su rostro desde detrás de un árbol, me recordó mucho a cuando la había visto en mi ropero. Sin poder contener el miedo, solté un grito y llamé a mi papá, esperando que él pudiera entender lo que estaba sucediendo.
Cuando mi padre salió al jardín, la muñeca ya no estaba allí. Traté de explicarle lo que habíamos visto, pero su expresión era de escepticismo y cansancio. Me dijo que debía parar y que solo estaba haciendo que mi amiga se asustara y que si no me detenía entonces estaría castigada hasta nuevo aviso, para después entrar a la casa de nuevo. Apenas papá se fue, mi amiga gritó al ver a la muñeca sentada en la rama del árbol, columpiaba sus pies mientras parecía que nos miraba, ambas gritamos de nuevo, lo que hizo que papá saliera otra vez.
Sin embargo, lo inesperado ocurrió. La muñeca pareció inerte y se dejó caer al suelo, como si no tuviera vida propia. Mi amiga y yo, con lágrimas en los ojos, tratamos de explicar nuevamente lo que había pasado, pero parecía que nuestro testimonio no tenía peso alguno.
Mi padre, ya agotado y desesperado por aquella situación, me dijo que ya estaba cansado de esa maldita muñeca y que si no la quería estaba perfecto, acto seguido caminó molesto a dónde la muñeca estaba tirada y la levantó del césped. Sujetando a la muñeca con furia, la arrojó al asador donde solíamos hacer carne asada. Roció el juguete con líquido para encender el carbón y se preparó para prenderle fuego, pero lo que sucedió a continuación nos dejó petrificados.
Justo cuando encendió el cerillo, la muñeca se sentó por sí misma, incluso recuerdo que intentó levantarse y en ese momento mi papá se asustó tanto que dejó caer el cerillo sobre la muñeca, haciendo que esta comenzara a arder. Mi amiga y yo mirábamos con asombro como la muñeca comenzó a quemarse con rapidez, pero lo que nos sorprendió más y es algo que mi papá cuenta hasta la fecha, es que en vez de quedarse en el asador, salió por su cuenta y cayó sobre el pasto.
La muñeca intentó arrastrarse, pero sus esfuerzos eran inútiles. Se consumió en llamas en cuestión de minutos, hasta que finalmente quedó reducida a cenizas. Mi familia y yo, atónitos, observamos como aquella muñeca maldita desaparecía para siempre.
Después de eso, tengo un recuerdo de que mis papás llamaron a un padre de la iglesia local para que bendijera la casa, y casi podría jurar que ese mismo padre fue el que se llevó las cenizas y lo que había quedado de aquella muñeca.
Supongo que nunca sabré del todo si esa muñeca ya tenía algo malo desde que la compramos o quizás algo sucedió después de eso, supongo que es algo que nunca sabré, sin embargo, todos los días le ruego a Dios para jamás volver a toparme con nada parecido.
Autor: Liza Hernández.
Derecheros Reservados
Deja un comentario