La Ouija y el Ente Historia de Terror

La Ouija y el Ente Historia de Terror

El presente relato sucedió a mi Familia de la Ciudad de México, en el municipio de Naucalpan, la cual tendré que dividirla en dos partes, debido a los sucesos que acontecieron antes y después de que perdimos a dos familiares por la actual Pandemia La Ouija y el Ente Historia de Terror. Lo que están por escuchar viene de parte de mi Primo Juan Carlos, se los contaré tal cual él me lo contó a mí, por ello a partir de aquí en adelante será como si lo escucháramos de parte de él directamente.
La Güija (Ouija)
Esto que les contaré nos pasó a mis primos y la peor parte a mí, desde que tengo memoria, he experimentado varios sucesos fuera de lo normal, los cuales me han hecho sentir bastante miedo. Sin embargo, con el pasar de los años aquello fue disminuyendo, hasta que un día, justo en época de Pandemia, uno de mis primos llevo una tabla Güija a mi casa. Allí fue donde aquellos demonios volvieron a regresar.
Todo inicio con la repentina visita de mis primos a mi Casa, se quedarían un tiempo, pues mi Tío se había enfermado de Coronavirus y quisieron mantenerlos apartados de él, son aproximadamente de mi edad, entre 15 y 18 años, el menor, el más serio, se llama julio y el mayor, siempre el más atolondrado, se llama Marcos, justo me estaba mostrando a escondidas en mi habitación una Tabla Ouija que le habían prestado cerca de su casa.
– ¿La probamos esta noche? – Me pregunto a lo que de algún modo me imagine a mi Mamá quejándose porque estábamos jugando con ello dentro de la casa, sin embargo, no le halle problema alguno si la usábamos dentro de mi cuarto a puerta cerrada. Así que accedí.
Justo esa noche estábamos mis dos primos y yo, en medio de la habitación, la teníamos frente a nosotros, no sabíamos que preguntarle, más aún, creo que ninguno de los tres nos atrevíamos a jugarla. Era una tabla Ouija de cartón duro, creo que en una ocasión hasta las había visto que las vendían en Tiendas de autoservicio, Yo pretendí leer las instrucciones que venían en la caja, pues tampoco me atrevía a jugarla, cuando mi Primo Marcos ya cansado de esperar tomo el puntero y lo puso sobre la Güija, y pregunto…

  • ¿Mi Papa se pondrá más enfermo por el coronavirus? –

No pasó nada, me quede inmóvil esperando algo y sentí un gran alivio al ver que no había pasado nada, y justo antes de tomar aliento de satisfacción, aquel puntero se movió, como si le costara algo de trabajo se arrastró hasta la palabra SI.
Los tres nos quedamos inmóviles al ser testigos de aquello inusual, le pedí a mi primo que la guardara, que aquello con lo que estábamos jugando era algo con lo que no nos debíamos de meter, pero él insistió en seguir preguntando.
– ¿Enfermará alguien más de la Familia por Coronavirus? – Pregunto mi primo nuevamente, pero el puntero no se movió, se había quedado en la palabra SI, tomo el puntero y lo puso de regreso al centro y antes de que volviera a preguntar se arrastró por sí solo de nueva cuenta a la Palabra SI.
– ¿Acaso quieres provocar algo? – le pregunte a mi primo a lo que recogí la Güija y la guarde en su caja, mi primo me insistió en seguir, pero yo no le hacía caso, por lo que el saque del cuarto y me la lleve a la sala para dejarla allí, no me importaba si a la mañana siguiente mis Papas la veían, y justo cuando estaba regresando a mi cuarto escuche como algo se había caído de la cocina, no había nadie allí, ya era muy tarde y oscuro para que hubiera alguien. Me acerqué a la cocina y encendí la luz para revisar, fue cuando vi tirado y hecho pedazos un vaso de cristal. Mis Primos me alcanzaron, me preguntaron si se me había caído vaso, a lo que les comenté que No, pero quizás estaba mal acomodado. Recogí los pedazos y les pedí que nos fuéramos a acostar.
A la mañana siguiente las cosas no mejoraron, recibimos una llamada de parte de mi Tía, nos confirmaba que la situación se había complicado, pues ella también se había enfermado, y que mi Tío había empeorado, y ya sería necesario llevarlo a entubar. Sé que mis primos de algún modo pensaban en lo que nos había pasado en la noche con la Güija, y por alguna razón, Yo presentía que las cosas se habían provocado por ello.
Esa noche en mi cuarto, el ambiente era muy pesado, esperábamos en cualquier momento la llamada de mi Tía comentando que ya había fallecido mi Tío, mi Primo Marcos se encontraba muy impaciente a lo que me pidió que le regresara la Güija para preguntar sobre su Papá.
-Yo no la tengo – Le Dije seriamente, Yo la había dejado en la Sala, mi intención fue siempre que mis Padres la vieran y le llamaran la atención a mis Primos.
– No es posible, Yo me levanté más temprano que los demás para agarrarla, pero ya no estaba, tú la dejaste en la Sala, ¿Quién más la pudo haber agarrado?
Mi primo julio es el más miedoso de los tres, él negaba con la cabeza que la hubiera tomado, y en ese instante alguien toco la puerta de mi cuarto, ya pasaban de las doce, por lo que pensé que mi Madre nos pediría que aguardáramos silencio, mi Primo Julio se acercó para abrir, y justo al hacerlo nos dimos cuenta de que no había nadie del otro lado.
Les dije que esto ya se estaba poniendo cada vez más raro, ya eran varias cosas las que estaban ocurriendo, mi Primo Marcos se encontraba molesto, salió del cuarto rápidamente dejándonos solos y regreso al cabo de un minuto con la Güija en mano.
-Estaba sobre la mesa de la Sala- Nos dijo molesto tirándola al piso, la cual la abrió rápidamente y la coloco sobre el suelo y el puntero al centro.
-Yo no quiero participar en esto – Les pedí que la guardaran, pero ya era tarde, mi Primo ya había formulado su pregunta: ¿Mis Padres se recuperarán de la enfermedad? El puntero comenzó a moverse a la Palabra NO. Nuevamente, le pedí a mi primo que la guardara, de alguna manera había logrado que se dieran cuenta a lo que mi Primo Marcos que traía el puntero en la mano le dijo: Ya no quiero jugar, el Puntero se cayó de sus manos y señalo la Palabra NO. La aguardamos, aun así, sin pensar en lo que pasara. Les pedí que ya nos durmiéramos, que quizás las cosas mejorarían mañana mismo. Ambos accedieron y apagamos la luz.
Esa noche yo había sentido mucha pesadez, recuerdo que me desperté a mita de la noche y no podía moverme, podía ver todo a mi alrededor en mi cuarto, pero no podía moverme, sentía que algo estaba sobre mí y de un momento a otro, aquella sensación se fue dejándome libre y ya podía respirar con más tranquilidad, supuse que se había tratado de una pesadilla por lo que habíamos pasado, pero aún no había escuchado por lo que pasaron mis primos también.
Justo en la mañana a la hora del desayuno, nos encontrábamos los tres en la mesa, cuando julio pregunto si no habíamos sentido algo raro en la noche. Le comenté por mi parte lo que había sucedido, a lo que su hermano contesto que él también, se había despertado a mitad de la noche, y había visto algo que se movía en el techo de mi habitación, ellos dormían en el suelo en unas bolsas de dormir, y pudo ver como aquello que se movía por encima de nuestras cabezas, llegaba a mi cama y se posaba arriba de mí. Mi primo el menor, comento que había visto algo raro debajo de mi cama, justo donde habíamos guardado la Güija, nos comentó que algo lo observaba, pensó que se trataba de alguna máscara que tenía guardado por debajo, pero le pareció haber visto que algo arrastraba la caja de la Güija hacia lo más profundo de debajo de la cama. Los tres concordamos que se trataba de pesadillas por lo que nos pasó las dos noches anteriores y que estas pararían si dejábamos de jugar. Me encontraba muy equivocado.
Le pedí a Mi Primo Marcos que fuera a buscar la Güija para entregarla, molesto, pero de acuerdo fue en su búsqueda, pero regreso a los pocos minutos alarmado comentando que no se encontraba debajo de la cama. Los tres nos dirigimos a buscarla, pero no tuvimos éxito. Pensé que por fin mis Padres la habían encontrado, solo era cuestión de preguntarles o esperar que nos regañaran. No paso mucho cuando mi Madre nos pidió hablar con nosotros.
-Llamaron del Hospital, las cosas se complicaron más, sus Padres están muy enfermos – Mis primos se quedaron callados, no quise decir nada sobre la Güija en ese momento, pues no era adecuado.
En las noches, ya no se descansaba tranquilamente, esperábamos en cualquier momento alguna noticia sobre la situación de mis Tíos, mis primos se desvelaban esperando la llamada del Seguro para alguna noticia, y cuando les ganaba el sueño se iban a mi cuarto a dormir, para al rato regresar. Fueron dos días esperando, hasta que una mañana de un viernes recibimos la llamada del deceso de los dos.
El Ente
El sábado, mi Papá nos comentó que él recogería las cenizas de mis Tíos, para evitar aglomeraciones lo habían citado a cierta hora, mi Primo Marcos pidió acompañarlo, mi Papá no tuvo objeción. Al cabo de un par de horas regresaron, mi primo cargaba en sus brazos dos cajitas blancas, quizás algunos me entiendan por los que ya hayan pasado por esto, ver una escena así, es devastadora. Uno no puede creer que alguien que amo tanto quepa en tan pequeño espacio.
Mi Mamá insistió en rezar un rosario por ambos, y comenzar al día siguiente el novenario, mis primos estuvieron de acuerdo.
Mis papas habían preparado un lugar especial para tener las cenizas de mis Tíos, a su alrededor dos veladoras y unas flores adornaban su lugar. En cuanto término el rosario, Marcos se fue rápidamente al cuarto y detrás de él julio lo siguió, sentí que debía darles su tiempo por lo que me quede un rato frente a las cenizas, fue cuando note que solo la cajita de mi Tía tenía nombre, pero la de mi Tío estaba sin ningún dato. No le di mucha importancia, por lo que no comente nada al respecto.
Al cabo de una hora decidí ir a mi cuarto, ya pasaban más de las doce, supuse que mis primos ya se encontraban dormidos. Pero me equivoqué, al abrir el cuarto me encontré con los dos sentados en el piso y en medio de ellos la Güija que dimos por perdida.
-¿Pero qué están haciendo, Donde estaba la Güija? – Les pregunté, me di cuenta de que ya llevaban mucho con ella, el puntero estaba apuntando a la palabra NO.
– Yo la escondí – Dijo Marcos – Sabía de alguna forma que mis Padres no la librarían, y si esta es la única forma en que me pudiera comunicar con ellos, no la dejaría ir.
Lo entendí en ese momento, Mi primo nos había hecho creer que se había perdido la Güija y la escondió, muy molesto les dije que la guardaran e intente quitárselas, pero julio me bloqueo el paso, no me dejo acercarme, a lo que decidí dejarlos solos allí, tome un par de cobijas, una almohada y les deje allí solos.
Prepare todo para dormir en la sala, estaba decidido que a mañana a primera hora decirles por fin a mis Padres al, no me importaba si nos regañarían, pues esto ya se estaba saliendo de control.
Si no mal recuerdo pasaba ya de las 3 de la mañana, no podía conciliar el sueño, todo estaba en silencio, y mientras que me regresaban las ganas de dormir, consultaba el celular. Fue cuando escuché un ruido proveniente de la cocina, rápidamente alucé con la pantalla de mi celular más no vi nada, pero aun aquel ruido se escuchaba, pensé que se trataba de alguno de mis primos, pues se escuchaba como si alguien estuviera buscando algo en las gavetas. Podía escuchar como las abría y cerraban, varias veces. No comprendí por qué lo hacían, si buscaban un vaso para tomar agua estaba a la mano. Fue cuando escuche como caía un vaso de plástico rebotando por todo el piso, y luego otro más. Algo molesto me levante para ver qué pasaba, aún traía el celular en mano, iluminando mi camino, y justo cuando llegue a la cocina apunte mi celular para ver de quien se trataba cuando mi asombro fue al ver un gigantesco bulto oscuro que llegaba al techo, me dio miedo al verlo así que regrese rápidamente al sillón y me cubrí por completo. No comprendí que había sido aquello, era grande y llegaba al techo, no le vi manos algunas, era como si alguien tuviera sabanas negras cubriéndole todo el cuerpo. Y en ese momento, escuche ruidos que venían del pasillo, levante un poco la cobija que me cubría el rostro, pude ver aquella cosa que caminaba lentamente, como si le costara trabajo andar. Me dio la sensación de que cojeaba. Paso a un lado del comedor, las sillas se arrastraron por si solas a los lados. Se dirigió a la Sala, justo donde yo estaba acostado, y mientras se acercaba pude darme cuenta de que aquel bulto parecía ser como si estuviera envuelto en bolsa de cadáveres, caminaba como podía y torpemente. Paso frente a mí, un olor nauseabundo y grotesco me llego y por evitar vomitar hice ruido, y esa cosa se había dado cuenta de mi presencia. Se paró frente a mí, por mi cabeza pude sentir como algo agarraba la cobija y me la quitaba lentamente, aguante la respiración, entrecerré los ojos, esa cosa se había inclinado para verme con detenimiento, me dio más miedo a lo que cerré fuertemente los ojos. Podía percibir su aliento frente a mi rostro, era frio, como si estuviera respirando un animal grande frente a mí. No pude resistirme a lo que comencé a rezar en mi mente, pero sin pensarlo de mi boca salió un Padre Nuestro, aquella cosa de algún modo se alteró, soltó la cobija y se alejó de mí. Abrí poco los ojos y pude ver como aquella cosa continuaba su búsqueda, pero algo había sucedido, se había quedado quieta frente a las cenizas. El Teléfono de la casa comenzó a sonar, alguien estaba llamando, aquella cosa se había desvanecido como si le hubiese ahuyentado el timbre. Rápidamente, mi Papá salió de su habitación y cogió el teléfono, adormilado encendió la luz y me vio allí, me encontraba todo sudado y temblando, sorprendido de verme allí me pregunto qué hacía allí, mientras el teléfono aún sonaba. Contesto rápidamente, respondió algunas preguntas que le hicieron y se quedó callado por unos instantes, me acerque a él, y pude ver como tomaba las cenizas de mi Tío. Les comento que mañana mismo iría para allá a primera hora.
– Se equivocaron de cenizas en el Seguro Social, al parecer nos dieron las equivocadas – Dijo mi Papá que sostenía la caja sin nombre, pero al verla por debajo tenía un número de Folio. – Ojalá le haya ayudado el Rosario que rezamos esta noche para que encuentre el descanso que se merece.
Creo que lo comprendí, el dueño de esas cenizas había ido a buscarlas a la casa, yo ya no podía dormir, por lo que decidí contarle todo a mi Papá, desde lo que había pasado con lo de la Güija hasta lo de aquel bulto negro. Mi Papá me vio, tomo la caja con las cenizas erróneas y me pidió que lo acompañara a dejarlas al Seguro, le habían pedido regresarlas lo más pronto posible, pues ya las estaban procurando, pero él les había comentado que lo haría a primera hora de la mañana, pero al parecer por la situación decidió hacerlo de una vez.
Al cabo de un par de horas regresamos, aún no despertaban los demás, por lo que dejamos las cenizas correctas de mi Tío en su lugar, no sé cómo explicarlo, pero de algún modo sentí un gran alivio.
En el desayuno, mi Papá hablo con mis Primos, no les regaño, pero si les sugirió que no estuvieran haciendo uso de cosas que no podían entender, lo que me desconcertó aún más, fue que al preguntarles que tanto le habían preguntado a la Güija antes de que yo entrara al cuarto, a lo que mi Primo Marcos me contesto…
-Queríamos hablar con mis Papas, pero no tuvimos éxito, y por más que preguntamos si mis Papas estaban en la casa, la Güija contestaba NO.
Desde esa noche las cosas ya se han tranquilizado, quiero pensar que de algún modo ayudamos a aquel bulto negro a regresar con su familia, ahora mis primos viven con nosotros. Nos hemos acomodado de alguna u otra manera, sin embargo, una mañana, al estar observando las noticias, pude ver que los cadáveres por la enfermedad, estaban envueltos en sacos de color negro, inevitablemente, recordé aquello que había visto rondar por los pasillos.
 
Autor: Lengua De Brujo
Derechos Reservados

Share this post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


Historias de Terror