El Guardapelo Maldito Historia De Terror 2024
El Guardapelo, Maldito Historia De Terror… Todo comenzó en mi juventud, yo era un joven muy descarriado con la vida, mi padre era herrero y quería enseñarme el oficio como al resto de mis hermanos, sin embargo, en aquel entonces yo sentía que era demasiado bueno como para quedarme en ese pueblo para convertirme en algo tan insignificante como lo era un herrero, por lo cual me negaba a hacerle caso a mi padre y en cuanto cumplí los quince años, decidí que estaba harto y que quería comenzar mi propia vida y ganar mi propio dinero para poder vivir como se me diera la gana.
Recuerdo que la realidad me golpeó muy duro desde los primeros días, resultaba ser que debías matarte en un pesado trabajo solo para tener donde dormir y medio comer, yo no quería eso, en aquel entonces estaba convencido de que había una manera mucho más fácil de conseguir todo lo que yo quería. Estaba empeñado en conseguir dinero fácil.
Probé varias cosas, recuerdo que un tiempo trabajé para un hombre que estafaba a gente en las ferias, se ganaba mucho dinero así, sin embargo, en una ocasión fuimos descubiertos.
Y a las personas que estafamos, bueno era gente con la que no te quieres meter, a mí me fue bien, pues dijeron que yo seguramente solo lo estaba siguiendo a él por ser mayor que yo, por lo que solo me rompieron los dedos de una de mis manos, solo como un recordatorio de que no me querían volver a ver ahí, hasta el día de hoy desconozco que le pasó al hombre que ayudaba, no lo volví a ver, intenté otras cosas que no relataré aquí porque no tiene que ver mucho con la historia, pero si puedo decir que ninguna de ellas me hacía ganar tanto dinero como yo quería.
Hasta que un día, un amigo que había hecho con los años, me propuso saquear tumbas, al principio lo dudé, pues no sabía exactamente qué tan redituable sería, o si siquiera valdría el precio, pero mi amigo me dijo que por lo que había escuchado, valía totalmente la pena intentarlo, honestamente no tuvo que insistirme demasiado para lograr convencerme, y después de investigar todo lo que necesitaríamos, comenzamos con nuestro nuevo trabajo.
Recuerdo bien que en un principio me sentía mal por robar las pertenencias de los muertos, pero no era por las razones que creen, más bien se debía al olor, a esa mirada vacía que solo puede indicar que ya no hay nada dentro de ese cuerpo y a la cantidad de ratas y gusanos que había en los cuerpos, sin embargo, mi avaricia podía más que mi repulsión o conciencia.
Estábamos ganando tanto dinero que por primera vez desde que había abierto mis ojos en este mundo, estaba comenzando a disfrutar la vida, recuerdo que nuestro refugio era un pueblo en el que acordamos jamás causar problemas, a la vista de todos, ambos éramos jóvenes responsables y trabajadores, que cada mañana antes de que saliera el sol se encaminaban a su trabajo en el siguiente pueblo, cultivando brócoli u otras hortalizas para un señor rico que siempre solicitaba trabajadores.
Todo parecía ir bastante bien, pasaron algunos años en los que nuestra única fuente de sustento era saqueando tumbas, y como mencioné antes podíamos vivir cómodamente, un día nos enteramos de que aquel señor del otro pueblo para el que asegurábamos trabajar había fallecido, pero no solo eso, había rumores, el primero era que al ser originario del pueblo en donde vivíamos lo enterrarían ahí y el segundo rumor era lo que más nos interesaba, y era que presuntamente aquel hombre había deseado ser enterrado con todas sus mejores joyas.
Pensamos que esa era una oportunidad única para hacernos ricos, sin embargo había un problema, y ese era nuestro código de no causar problemas en ese pueblo, si alguien nos descubriera, nos reconocería casi al instante, tendríamos que cavar y después volver a dejarla como estaba, era un trabajo de muchas horas en el cual había mucho margen de tiempo para que cualquier integrante del pueblo nos pudiera ver, eso sin mencionar que no estábamos del todo seguros que la parte de las joyas fuera real, para que valiera la pena el sacrificar nuestro lugar seguro.
Porque solo eran rumores y aun si fueran ciertos, faltaba que la familia del muerto, quisiera cumplir ese último deseo, por lo que pensábamos que si llegábamos al ataúd, solo para darnos cuenta que solo tenía una cadena de oro, sería uno de los peores trabajos que habríamos hecho en todo el tiempo que llevábamos haciendo eso, por lo cual decidimos que lo mejor era, colarnos en su funeral, después de todo, todos en el pueblo seguían creyendo la historia de que solíamos trabajar para ese hombre, así que no sería raro vernos ahí.
Así lo hicimos, juro que la cara de ambos se iluminó cuando nos acercamos al cadáver y vimos con gran asombro como por taba un sin número de joyería y bienes materiales, estábamos seguros, debíamos hacer ese golpe, pues sería el más lucrativo de nuestra vida, preparamos todo, sabíamos que la mayoría de la gente del pueblo se iba a dormir casi al mismo tiempo de que el sol se ocultaba, por lo que pensamos que lo mejor era comenzar cerca de la media noche, pues era más probable que alguien nos viera a partir de las cuatro de la madrugada en adelante.
El día en el que planeamos hacerlo, ambos estábamos muy nerviosos, se suponía que íbamos a dormir lo suficiente para tener energía, pero yo simplemente no podía dormir, me imaginaba pudiendo comprar una casa para mí solo como siempre lo había soñado, una en donde no tuviese que pagar renta, por otro lado, mi amigo si se quedó dormido, yo supuse que estaba bien que uno de los dos estuviera despierto, pues de esa forma no había manera de que no despertáramos a la hora acordada.
Recuerdo bien que cuando solo faltaban unos cuantos segundos para que dieran las doce, mi amigo comenzó a gritar entre sueños, pedía perdón y comenzó a sudar, yo lo sacudí para despertarlo de aquella pesadilla, pero incluso cuando abrió los ojos y me miró, me gritó otra vez, yo hice algunas bromas, no me había dado cuenta de que el seguía muy asustado a pesar de que ya había quedado claro que no había sido más que una pesadilla. Le dije que ya era hora de irnos, pero él me dijo que no, que todo esto se nos había salido de control y que debíamos dejar a los muertos en paz.
Yo le respondí que estaba loco si es que creía que dejaríamos pasar una oportunidad como esta, le dije que dejara de hacerse el santo y que nos fuéramos de una buena vez, pero mi amigo siguió firme en su postura, me dijo que en su sueño él y yo nos arrepentíamos de saquear tumbas y enfermábamos de algo que los doctores no podían curar y que moríamos siendo arrastrados por todos esos muertos a los que les perturbamos su descanso, yo traté de convencerlo por varios minutos diciéndole que solo había sido una pesadilla y que nada de eso era real, sin embargo él me dijo que de ninguna manera correría el riesgo.
Yo, sin embargo, no quería dejar pasar esta oportunidad. Así que después de decirle que hiciera lo que quisiera, pero le advertía que no compartiría nada con él, me fui solo rumbo al cementerio, recuerdo que ahora era el quien me trataba de convencer de no ir, pero yo no le hice caso.
Cuando llegue el cementerio, vi que todo estaba oscuro y desértico, era el escenario perfecto para hacer lo que había ido a hacer, por lo que decidí no perder más el tiempo y comencé a cavar, por suerte la tierra no estaba tan apelmazada, debido a que la muerte había sido reciente, aun se sentía lo suficientemente suelta como para que pudiera cavar con relativa rapidez.
Después de cavar lo suficiente para que la pala golpeara con algo sólido, lo abrí y vi el ataúd del occiso, era de madera y tenía un cristal en la parte de arriba que dejaba ver su cara, sus ojos estaban abiertos, eso me pareció un poco extraño pues recordaba con mucha claridad que cuando vi el cuerpo el día del funeral, sus ojos se encontraban cerrados, y lo que era aún más extraño era que los insectos y otros animales no habían comenzado a atacar esas partes tan blandas, pues en mis años de saqueador había aprendido que si bien no era una regla, por lo general era lo primero que los gusanos devoraban.
Una de las cosas que más me asustó esa noche fue, que mi única fuente de luz era una buena farola de petróleo, la cual aunque hacia muy bien su trabajo y estaba prácticamente nueva, de un momento a otro se apagó, eso me sorprendió, pero en lugar de alterarme solo me dispuse a prenderla de vuelta, pues iba preparado para algo así, sin embargo, recuerdo bien que mientras estaba intentando prenderla de vuelta, el olor a podredumbre inundó mi nariz, haciendo que soltara arcadas por el asco, no me mal entiendan, ya olía a podrido antes de que la farola se apagara, pero, en ese momento fue como el aroma de cien cadáveres.
Recuerdo que cuando la farola estuvo prendida, miré con horror como la boca del occiso se estaba moviendo, eso casi me hizo querer salir de la tumba, sin embargo casi de inmediato una grande y peluda rata gris salió de la boca del muerto, era bastante obvio que se estaba alimentando de su lengua, eso no me hizo sentir menos temor, todo lo contrario, ese sentimiento se juntó con asco y recuerdo que como un impulso golpee a la rata con el filo de mi pala, con el propósito de matarla, pero en lugar de darle a la rata, terminé encajando la misma en el pecho del cadáver.
Aun me recorren los escalofríos cuando cuento esto, pues de lo fuerte que le di, el occiso levantó ambos brazos, como si de una marioneta se tratase, a decir verdad, desconozco si esto sea algo normal en cadáveres, o fue una de las muchas cosas paranormales que ocurrieron esa noche, el olor se volvió aún más fuerte cuando la sangre negruzca y coagulada salió de la herida que le había hecho. Sin pensarlo mucho, comencé a quitarle todas las joyas, al mismo tiempo que las guardaba en mis bolsillos lo más rápido que podía.
Cuando de repente, sentí algo que comenzaba a rodear mi tobillo, y no eran ramas o insectos, en ese momento sentí como una huesuda y fría mano me sujetaba de la pierna y casi al mismo tiempo escuché una voz que parecía salir de todas partes, era profunda y también sonaba como si quien la emitiera no tuviera mucho aire en su cuerpo, aquella voz me decía “¡Deja mis cosas en su lugar!”
Sentí que todo mi cuerpo se congelaba, mi mente no podía procesar lo que estaba sucediendo, pero sabía que tenía que salir de allí lo antes posible. Con todas mis fuerzas, comencé a patear la mano de ese cadáver, no me enorgullezco de esto, pero creo que le quebré la mano en mi desesperación, pero gracias a eso es que logré liberarme y como pude salí corriendo de la tumba, dejando caer todas las joyas que había robado o eso creía.
Cuando llegué a casa, aun temblando por la experiencia vivida, le conté a mi amigo lo ocurrido, y él me tranquilizó, me dijo que me diera un baño y que tiráramos toda la ropa que traía puesta pues hasta ese momento me di cuenta de que estaba llena de sangre podrida, mientras me bañaba, le seguía diciendo a mi amigo que esa cosa me había hablado, y él me respondió que lo vio en su sueño, por eso no quería que fuéramos para empezar.
Mientras estábamos metiendo mi ropa sucia a bolsas negras, revisé mis bolsillos para ver si tenía algo importante que no quería que se fuera a la basura y me encontré el guardapelo de oro con un rubí incrustado en el centro. Por un momento, por mi cabeza rondó la idea de quedármelo y tratar de venderlo, pero mi amigo me dijo que ya basta, que tenía que devolverlo y que debíamos tratar de enderezar nuestras vidas si es que no queríamos que nos pasara algo peor y que si yo no lo devolvía, entonces el me dejaría solo.
El Guardapelo Maldito Historia De Terror

Así que al día siguiente me levanté en cuanto los primeros rayos del sol entraron por mi ventana, pues de todas maneras no había sido capaz de pegar el ojo en toda la noche. Sin embargo, al llegar al cementerio con la intención de devolver lo que me había llevado, me di cuenta de que todos en el pueblo ya se habían dado cuenta de que alguien había intentado saquear la tumba y estaban buscando al responsable, pues, aunque parecía que todas las cosas de valor seguían ahí, el cuerpo estaba tan lastimado que no podían simplemente ignorarlo.
No sabía qué hacer, así que escondí el guardapelo para que nadie lo viera y prometí devolverlo cuando todo se calmara, y por suerte mi amigo estuvo de acuerdo, pues sabía lo que la gente del pueblo podía hacerme si se enteraban de que yo era el responsable.
Seguía muy asustado, supuse que ese era el principal motivo porque no quería comer o el porque me sentía cansado todo el tiempo, de hecho, en ocasiones, aunque me tratara de obligar a mí mismo a comer comida que yo sabía que me gustaba, me daban arcadas, pues había ocasiones en las que todo me olía a cadáveres. Como mi amigo y yo habíamos decidido enderezar nuestras vidas, pensamos que podríamos pedir trabajo en el lugar en el que habíamos mentido que trabajábamos. Y así lo hicimos.
Sin embargo, aunque en aquel lugar siempre faltaban trabajadores y por lo general no rechazaban a nadie, a mí me dijeron que no podía trabajar ahí, le dije a mi amigo que tomara aun así el trabajo y que yo buscaría otro en cualquier otro lugar cercano, pero, aunque busqué durante todo ese día, nadie estaba interesado en contratarme, no me daban una razón, solo me decían que no.
Con el paso de los días, mi salud empezó a deteriorarse y todo lo que intentaba hacer para mejorar mi vida parecía salir mal. Me sentía desganado y a pesar de que no tenía ni treinta años por aquella época, recuerdo que mis muelas comenzaron a caerse, además que de mi cuerpo emanaba un olor desagradable, no importaba cuantas duchas tomara al día.
Pero lo peor comenzó a ocurrir unos meses después, pues comencé a tener unas pesadillas horribles con el muerto que me decía que debía devolverle lo que era suyo y que se lo tenía que dar a sus hijos. Pero no quería que nadie se enterara de lo que había hecho.
A la par de que las pesadillas comenzaron, mis malestares empeoraron, era como si yo estuviera muerto en vida, al punto de que ya no podía ni siquiera salir de la cama. Un día, mi amigo arto de verme así, me sugirió llevarme con una bruja para ver si ella podía ayudarme. Acepté de inmediato pues sabía que lo que me estaba pasando no podía ser nada médico, pues ya había ido con varios y ellos me decían que no encontraban nada, así que fuimos a ver a una bruja de otro pueblo.
Recuerdo que incluso mi amigo me tuvo que bajar de la camioneta cargando, pues yo ya no tenía fuerzas ni para caminar, al apenas entrar a donde estaba la bruja, ella nos dijo que yo traía cargando un muerto, que él estaba muy enojado porque yo le había robado algo que él amaba mucho cuándo estaba vivo y por eso se había adherido a mí y que no pensaba soltarse hasta que se lo devolviera o yo estuviera muerto, que a él le daba lo mismo.
La bruja me hizo una limpia usando ramas de pirul y un huevo el cual se reventó al apenas pasar por mi pecho, justo en el lugar en el que yo le había clavado la pala a aquel cadáver, recuerdo que aquella mujer que me ayudó, comenzó a hablar con el muerto, le dijo que me perdonara la vida, que yo no sabía lo que estaba haciendo y que jamás volvería a hacer algo semejante, pero que por favor me dejara vivir, cuando terminó, me dio algunos brebajes y collares y amuletos de protección para mí y mi amigo, pues nos dijo que también había muchas almas enojadas con él.
También me dijo que eso solo me daría un sentimiento de bienestar temporal, pues el muerto no me dejaría en paz al menos que yo le devolviera el guardapelo a su familia, que no importaba si solo lo dejaba en la entrada de la casa y me iba, si es que no quería confrontarlos, pero tenía que devolvérselos, pues si no lo hacía, él terminaría matándome y no había nada que ella pudiera hacer para impedirlo o ayudarme. Decidí entregárselo personalmente a la familia, no solo por el miedo que tenía a morir, sino porque sabía que era lo correcto, así que lo hice.
Así lo hice, aquella familia no me conocía y me dijo que a veces asemos cosas horribles por la desesperación y el hambre, así que no me hicieron nada, yo estaba consciente de que no lo había hecho por los motivos que ellos estaban pensando, pero decidí no contradecirlos, y finalmente, se acabó mi martirio y mi salud empezó a mejorar poco a poco. Desde entonces, he aprendido que el dinero fácil no vale la pena y que siempre hay consecuencias para nuestras acciones. Ahora, cada vez que paso por el cementerio, recuerdo esa noche de terror y doy gracias por haber encontrado la forma de liberarme de la maldición.
Autor: Liza Hernández.
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