Un Espectro En El Orfanato Historia de Terror

Un Espectro En El Orfanato Historia de Terror

Lo que están por escuchar, son un conjunto de relatos de los trabajadores que han desempeñado funciones en dicho lugar. Fueron compartidos y acomodados de forma cronológica para ofrecer un mejor contexto de los acontecimientos Un Espectro En El Orfanato Historia de Terror.
Para poder contarles sobre lo que sucede en nuestro orfanato, debo aclarar que es algo que ha trascendido desde hace varios años hasta el día de hoy. Aun hoy por noche ese espectro sigue todavía caminando entre los pasillos del orfanato, muchos de nosotros, lo hemos visto, y por miedo traemos siempre nuestros medallones exorcizados debido a que las noches se ponen bastante intensas en ocasiones, pues hemos llegado a la conclusión que cuando nosotros los evitamos, nosotros para ellos, no somos reales y en ocasiones ellos mantienen una conexión con alguien.
Trabajo en un Orfanato en el municipio de Zapopan, Jalisco, el cual fue fundado poco después de 1810, y en los años ochenta, se cambió de domicilio a donde estamos ubicados el día de hoy. Ese año nos cambiamos el nombre a Hogar Cabañas. Nuestra principal función es dar abrigo, atención y cuidado a niños y niñas con situación vulnerable, hoy en día, gracias a nuestras instalaciones podemos brindar una mejor atención, y estamos a sus órdenes para entrevistas para adopción.
Con la llegada constante de niños y niñas, procuramos darles un hogar a todos ellos, pero hay ocasiones en las que nos tardamos más en unos casos que otros, situación que nos pasó con un niño al que llamaré Alejandro. Particularmente con él, llego a Hogar Cabañas en el año de 1990, huérfano de Padres, aún no cumplía ni los dos años. Con él no tuvimos mucha suerte en su adopción. No era tan sociable como los demás compañeros que tenía, y con los pocos amigos que hacía, a los pocos días o semanas, eran adoptados y Alejandro se volvía a quedar solo. A consecuencia de esto, Alejandro se volvió más retraído, y se apartaba de los demás, ya se estaba acostumbrado a quedarse solo, ya no estaba interesado en hacer amistades. Siempre que lo buscábamos, se encontraba solo jugando en la fuente, en algún salón de clases, o hasta en los cuneros, y siempre solo. Pero esto no duro para siempre, un poco después de que Alejandro cumpliera 13 años, llego René al orfanato, un niño de 9 años, que era muy parecido a él, con cabello color negro… Bueno, así era como Alejandro lo describía.
Una de las Monjas que nos apoyaba en dar clases de catequesis, buscaba a Alejandro, ya casi era hora de que iniciaran y aún no lo encontraban por lo que decidió pedir ayudar al vigilante que tenía el acceso al circuito de cámaras en todo el Orfanato. Fue cuando lo encontraron, estaba jugando con otro niño en uno de los dormitorios, la Monja quiso aprovechar y de una vez llevarse al otro niño a clases, sin embargo, cuando llego al dormitorio, era Alejandro el que se encontraba allí nada más.
“¿Dónde está tu amigo que estaba jugando contigo?, podía escucharlos a los dos desde el pasillo” – Pregunto la Monja a Alejandro, y él le comentaba que su amigo se había tenido que ir por unos momentos.
Esta no fue la única situación extraña con el amigo de Alejandro, varios de sus compañeros nos habían reportado que habían visto hablar a Alejandro en el Jardín con alguien, pero que nunca lograban ver quien era, sin embargo, los escuchaban reír a los dos y la voz del otro niño.
La Monja se había encariñado mucho con Alejandro y cuando tenía oportunidad y lo encontraba solo le pedía a Alejandro que le mostrara donde estaba su amigo René. Alejandro accedía y la llevaba siempre al mismo lugar, uno de los cuneros, el cual ya tenía tiempo que estaba vacío. Ella pensó que se trataba de un juego. Siempre le recordaba a Alejandro que René estaba invitado a las clases.
Una de las experiencias raras que me llego a pasar a mí con Alejandro y René, fue que, a los pocos días de haber ingresado al Orfanato, escuche a alguien jugando pelota en el pasillo de los salones de clases. Escuche como dos niños estaban a su vez platicando mientras se aventaban la pelota. Procure ir a mencionarles que buscaran otro lugar para jugar, debido a que en ese lugar no era correcto que estuvieran jugando a la pelota, al llegar a donde se encontraban pude ver como la pelota caía a las manos de Alejandro, pero no logre ver quien la aventaba.
“Aquí estaba otro niño”- Le comenté a Alejandro, tenía la pelota en las manos, por alguna razón se veía triste.
“René se va a tener que ir, es necesario que se vaya” – Alejandro aventó la pelota del otro lado donde no había nadie. A decir verdad, yo en ese entonces no conocía la historia de Alejandro y René, por lo que solicite información a Archivo sobre René, sin embargo, ellos me comentaron que cuando cambiaron las instalaciones a este edificio, muchas carpetas o se habían extraviado o maltratado, solo se logró salvar algo de información y acceder a ella sería complicado y tardío. Por lo que me comentaron que me tendrían días después los datos de René.
De un día a otro, Alejandro volvió a estar solo, lo encontrábamos nuevamente andando entre los pasillos, o escondido en debajo de sus cobijas en el dormitorio.
La Monja al ver esta situación, solicito el permiso del estado para llevarse al niño al Sabino, Guanajuato, lugar donde conocía al Párroco de esa iglesia. La monja se encargaría ahora de su educación y lo cuidaría. Debido a la edad de Alejandro, el estado le otorgó el permiso a la Monja y a los pocos días, se fueron los dos. Al cabo de una semana de haberse ido, me entregaron el Archivo de un par de hermanos que habían llegado al orfanato hace ya varios años, uno de ellos se llamaba René, y el otro hermano se trataba de un Bebe, el cual había sido adoptado solo él, pero antes de haber cumplido los dos años, regreso al Orfanato debido a que sus Padres adoptivos habían fallecido. De René no se supo más, justo antes de que su hermano Pequeño fuera adoptado, el abandono el Orfanato, o eso fue lo que se creía y se había escrito en el archivo.
El contacto con la Monja y Alejandro disminuyo al pasar del tiempo, recibíamos alguna que otra llamada de parte de la Monja, donde nos contaba sobre el estatus de Alejandro, y conforme pasaron los días, meses y años, fue siendo menos la comunicación hasta ya no saber más de ellos. Fue cuando los sucesos anormales, comenzaron a ser más intensos.
Me tocaba el turno de la noche, precisamente estaba yo encargada de la Sala 4 en el área de cuneros, después de varios años, teníamos seis bebes a nuestro cuidado, y cada determinado tiempo teníamos que ir a revisarlos. Apenas pasaban de media noche cuando me acerque con el vigilante a platicar, quien a su vez tenía los monitores encendidos. No tenía ni 5 minutos de estar sentada cuando el vigilante me pregunto, ¿Quién era el niño que estaba en los cuneros?, sobresaltada por la pregunta, revisé la imagen de la cámara y se podía apreciar a un niño caminando entre las cunas, observaba a cada uno dormir, sin embargo, nos llamó más la atención que se quedó parado observando una cuna vacía. Le pedí que hiciera un acercamiento a su rostro, para saber de quién se trataba, sin embargo, por lo oscuro y la calidad de la imagen no lo apreciamos con claridad, así que decidí ir hacia la Sala 4 a confrontar al niño. Me coloqué la radio en la oreja y mantenía el volumen bajo, pues el Vigilante me comentaba lo que veía aún en las cámaras y me confirmaba que el niño aún estaba dentro, no quería hacer mucho ruido a lo que abrí con cuidado las puertas, y poder entrar. El vigilante me comento en ese momento…
-Se acostó en la Cuna 5 – Me desconcertó este comentario, ya que yo me encontraba precisamente en la Cuna 5, y no había nadie, le pedí que me repitiera donde se encontraba el niño, a lo que el vigilante me contesto…
-Justo esta acostado frente a ti – Me pareció una mala broma, no quise cuestionar más, así que, corriendo riesgo de despertar a los bebes, encendí la luz, y el Vigilante me comento.
– Ya no está más allí – A ambos nos pareció extraño, al día siguiente lo platicamos con los demás compañeros a lo que nos comentaron que también habían pasado por sucesos extraños.
Una de mis compañeras de intendencia nos comentó que justo hace un par de días, en plena luz del día, había observado que alguien caminaba por fuera de los cuneros y los cuartos de los niños, no le pareció del todo extraño, de hecho, lo tomo como lo más normal del mundo, y conforme trapeaba el pasillo, paso justo frente al cuarto donde aquel niño se había metido, y ya no había nadie. Pensó que se había tratado de su imaginación, sin embargo, con lo que le habíamos contado, se convenció de que había logrado ver a alguien.
Tras pasados varios días, mis demás compañeros y compañeras confirmaban que veían a un niño deambular por los pasillos cuando ya habían revisado antes y no había nadie más. Hasta que un día por la noche, escuchamos como uno de los niños estaba llorando. Las vigilancias en los cuartos de los niños más grandes, no son tan recurrentes como con los bebes, sin embargo, mantenemos visitas regulares después de la hora de dormir y regresamos un poco antes de que despierten, justo pasadas las tres de la mañana uno de los niños comenzó a llorar sobre su cama, despertando a los demás. Al llegar a ayudarlo, le preguntamos qué había sucedido. Esteban no tenía mucho de haber llegado a Hogar Cabañas, tenía escasos dos días y recién le habían asignado cama. Él nos comentó que despertó repentinamente, pues había sentido que su cama se movía, Se sentó y observo a todos lados, todos estaban dormidos, solo percibía la luz del pasillo que siempre se mantenía encendida. Aún tenía sueño, quiso volver a dormir, así que jalo la cobija que tenía a sus pies, pero parecía que estuviera atorada. Jalo varias veces, pensó que estaba metida debajo del colchón, pero cuál había sido su sorpresa que algo parecía estar sentado sobre ella. Una parte de la cama se había sumido, y la cobija estaba extrañamente aplastada. Por ello con su mano intento remover la cobija aplastada a lo que un fuerte golpe se la alejo. Se asustó demasiado que jalo la Sabana para cubrirse todo el cuerpo. Percibió que aquello que estaba sentado a un lado de él se había levantado de la cama, escucho como alguien caminaba a su alrededor, movió la silla que estaba al lado de su cama y por un momento de silencio, Esteban pensó que todo estaba tranquilo, cuando se escuchó como la puerta se cerraba fuertemente. Se sobre salto, pero no hubo ruidos o movimientos que lo asustaran, se descubrió un poco el rostro y desde los pies de la cama le arrancaron las sábanas de sus manos, a lo que Esteban comenzó a gritar y llorar, provocando que todos despertaran.
Así mismo, los Maestros nos comentaba como en los salones de clases, se escuchaba como si alguien estuviera platicando, al principio se escuchan como zumbidos de moscas, después de un rato comienza a ser molesto, a lo que iban a buscar de dónde venían esas voces, y conforme te acercabas es como si ese zumbido se metiera en tus oídos y ya las puedes escuchar mejor, la voz de ese niño llegaba a tus oídos, lo podías escuchar reír, llorar y en ocasiones hasta gritar, y por más que lo buscáramos no lo podíamos encontrar, solo en las cámaras lo podíamos ver.
Las cosas ya se estaban comenzando a poner intensas, así que entre varias compañeras de trabajo nos pusimos de acuerdo para conseguir medallitas exorcizadas, las llevamos a bendecir en el Expiatorio, allí fue donde aprovechamos para pedir que el Padre nos apoyara en Bendecir el Orfanato. Una de mis compañeras nos comentó que podíamos hablarle al Padre Alejandro, al fin y al cabo, él había sido parte del Orfanato Hogar Cabañas hace años.
Realmente me dio bastante gusto al saber que aquel niño que la Monja se había llevado, ahora recién se había recibido como Padre en Guanajuato. A lo que solicitamos que lo mandaran a llamar a él especialmente.
Al cabo de una semana, llego El Padre Alejandro acompañado de una Monja ya de edad avanzada, ya habían pasado varios años desde la última vez que él había estado allí, a lo que pidió recorrer por su cuenta los pasillos, cuartos, salones para recordar viejos tiempos, en los cuneros se quedó bastante tiempo, los salones de clases los contemplaba como si fuera un niño, pues se sentaba en los pupitres y observaba al frente como si estuviera en medio de una clase, a pesar de que ya no eran los mismos a los de su tiempo el Padre Alejandro se veía contento. Por medio de los monitores de vigilancia lo vimos allí sentado, cuando en unos segundos ya se encontraba platicando con alguien, más no veíamos de quien se trataba, la Monja nos pidió que no nos acercáramos al salón, que lo dejáramos solo todo el tiempo necesario. Y Mientras Alejandro estaba conversando, la Monja nos platicó algo que nos dejó heladas del miedo y a su vez pensativas.
-Alejandro sabía muy bien que René no estaba vivo, cuando eran chicos, René llego a su vida tan misteriosamente como se fue, René no sabía que ya había muerto hace tiempo, pero al conocer a Alejandro, se dio cuenta de ello, por ello decidió descansar en Paz, dejando solo nuevamente a Alejandro. Fue cuando me lo lleve a Guanajuato, para que estudiara allá, a lo que decidió en caminar su vida a la Religión. No sabíamos por lo que estaban pasando que cuando nos percatamos que lo habían solicitado llamar, no lo pensó ni dos veces. Creo que era necesario que cerrara este ciclo.
El Padre Alejandro salió del Salón de clases varias horas después, se acercó con nosotros y nos comentó que no era necesaria Bendición alguna, pero que un así lo haría, acto seguido nos comentó que ya había hablado con René y le pidió que prestara la que había sido su cama hace años a otros niños.
Aprendimos que, de algún modo, hay quienes se aferran a nuestro mundo, a un lugar que les costara trabajo irse, El Padre Alejandro nos comentó que René volvió del más allá para estar con su el que era su hermano, pero él ya se había ido a Guanajuato, René fue un niño travieso y aún lo era, por ello seguiría entre nosotros.
Es raro, pues uno se acostumbra, el Monitor de las cámaras nos llega a mostrar en cuneros a un niño más, sabemos que René está allí. El Padre Alejandro viene más seguido, y las cosas se han mantenido tranquilas hoy en día, pero aun René juega entre los pasillos. Se escucha como Ríe y grita, pues aún está entre nosotros.
 
Autor: Lengua De Brujo
Derechos Reservados

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