Un Embrujo Familiar Historia de Terror

Un Embrujo Familiar Historia de Terror

En ocasiones me he puesto a pensar sobre cuál es la finalidad de un embrujo, sobre con qué fin alguien embruja a otro, Un Embrujo Familiar Historia de Terror ¿Qué es lo que quiere que le pase, lo quiere lastimar, dañar o matar? Siempre me he puesto a pensar en ello. Desafortunadamente, a toda mi familia y a nos pasó y aún sigo pensando en esos problemas que nos causó, pues es una lástima porque supimos quien fue y al final no pude hacer nada. Ahora debo cargar con esta cruz, esperando a que las cosas mejoren, o que lo peor ya no vuelva a pasar.
De este modo quisiera contarles quizás la que sería mi última oportunidad de que alguien sepa mi historia, por ello debo de ponerlos en contexto de lo que paso desde un principio.
Todo inicia varios años atrás, cuando yo apenas era un niño, si no mal recuerdo apenas cumplía 6 años, nuestra familia era estable y muy feliz, pero todo cambio cuando mi Padre comenzó a ausentarse de la casa. Toda mi familia era de Catemaco, Veracruz, y nos fuimos a vivir hasta Michoacán, por razones que mi Mamá considero más que razonables y que nosotros comprendimos después. Yo apenas iniciaría la Primaria, por ello recuerdo la edad que tenía cuando nos cambiamos de estado. A quien no le pareció bien este cambio fue a mi Abuela, ella le decía a mi Mamá que parecía que estuviéramos huyendo de algo. Qué razón tenía mi abuela, mi Mamá había visto algo que no le había gustado y decidió protegernos de ello, además a mi Padre desde que se comenzó a ausentar de la casa, las pocas veces que llegaba siempre le daba por emborracharse y luego no regresar a casa en días. Esto ya le había cansado a mi Mamá que decidió darle un ultimátum a mi Padre, pero siempre él era chantajista y convencía a mi Mamá. Pero esta vez no sería así, por fin se había decidido en largarnos de Veracruz. A mi parecer todo hubiera funcionado muy bien, de no haber sido que nos trajimos algo de allá que tuvimos que cargar un buen tiempo hasta darnos cuenta.
Los mejores recuerdos que tengo de mi Padre eran de cuando estaba sobrio, podría ser el Padre más amoroso de todos, el más atento e incluso el más romántico con mi Mamá, con mis hermanas era todo un caballero, pero algo comenzó a pasar en él que cuando regresaba de la calle, ya era otro. Al principio nos decía que veía sombras, que lo perseguían y atormentaban, hablaba sobre demonios con horribles sonrisas. Al poco tiempo comenzó a llegar borracho a casa. Se excusaba diciendo que las sombras lo invitaban a tomar, pero él nos decía que no recordaba haber levantado una botella, pero el olor a alcohol lo delataba. Esto jamás se lo perdoné.
Recuerdo que una noche que llego borracho y oliendo a alcohol se dejó caer en el sillón y se quedó dormido, siempre había una lechuza blanca que se paraba en el árbol de la cochera y lo observaba. Comenzaba a ulular de tal forma que parecía que le cantaba, esto sucedía siempre que mi Padre llegaba a casa en esas condiciones. Era curioso pues nunca fallaba la presencia de esa lechuza blanca.
El día de la mudanza, había llegado, a mis dos hermanas fue a quien más le costó trabajo aceptar que nos iríamos, pues tuvieron que dejar desde amigos, hasta novios. Mi Abuela aún estaba molesta por este cambio radical que había decidido mi Madre, pero aun así nos ayudó a subir varias cajas a la mudanza. Y Cuando estábamos por irnos, jamás se apareció para despedirse. Esto a mi Mamá esto no le importo, incluso no la menciono en todo el camino.
Una vez que llegamos a Morelia, Michoacán, adecuarnos al ritmo de vida que llevaban allí, fue algo complicado, por suerte mi Mamá ya había conseguido un lugar en renta y un trabajo, mientras que mi Padre duro varios días en cama, pensé que estaba aún ebrio, dormía siempre, y cuando lo despertábamos para comer nos corría del cuarto pidiendo que nadie lo molestara. Sin embargo, un par de días después, se levantó y comenzó a buscar entre sus cosas algo. Me pregunto varias veces por una Pala, pero no supe darle una respuesta certera, cuando no funcionaba conmigo buscaba a mis hermanas, y al final con mi Mamá. Fue tanta su insistencia que al no encontrarla se fue en busca de una Pala a la Ferretería. Se pasó toda la noche cavando a un lado de la casa. Solo regreso a la madrugada a bañarse. Salí a ver que había cavado y simplemente se trataba de un hoyo. De no más de metro y medio de profundo, llegue a pensar que mi Padre ya había enloquecido y que el cambio de hogar le había afectado, esto parecía ser parte de su extraño comportamiento.
Al siguiente día por la tarde, yo estaba regresando de la escuela y el hoyo ya estaba tapado. No quise preguntarle a mi Padre que había metido en el por qué sabía que recibiría un insulto o una negativa. Y esa noche, mientras todos estaban acostados, fue cuando comenzaron a ocurrir las cosas.
La casa que rentamos no era muy grande, yo tuve que compartir cuarto con mis hermanas desde un principio, la mayor de ellas le gustaba escuchar música con sus orejeras, y mientras lo hacía nos decía que no quería que la molestáramos, y justo casi a la hora de acostarnos ella se comenzó a quejar de un terrible dolor en el oído, fue con mi Mamá y ella le reviso, no parecía haber algo, pero al revisar más minuciosamente vio que algo se movía dentro de su oído. Rápidamente, busco unas pinzas, coloco la cabeza de mi hermana en su regazo y con ayuda de una lámpara se encontró con algo asqueroso. Un chapulín estaba alojado dentro de su oído. Mi hermana se quejaba y decía que podía sentir las patas de ese animal caminar dentro de su cabeza. Mi Mamá con ayuda de un Hisopo y unas alicatas para uñas logro agarrar al chapulín. Sin embargo, esto no paraba, ella decía que sentía más animales dentro de su oído. Pero ahora no solo caminaban, sino que la estaban mordiendo, decía que podía escuchar el crujido dentro de su cabeza. Rápidamente, mi Mamá se llevó a mi Hermana a Urgencias, dejándonos solos a mi Hermana de en medio y a mí con mi Padre, quien por cierto nunca se acercó a ver qué pasaba.
Esa noche mientras esperábamos la llamada de mi Mamá, no podía dormir, me la pase dando vueltas por la casa, me percate que mi Padre no estaba en el cuarto, me imagine que nuevamente se desaparecería de la casa, para no perder sus malos hábitos. Pero note que la puerta de la casa estaba abierta. Me acerqué para cerrarla y cuál sería mi sorpresa que mi Padre estaba parado justo en medio de la cochera, Salí para decirle que cerraría pues estaba haciendo frío, pero vi que mi Padre tenía los ojos cerrados y la boca abierta. Era igual que si durmiera parado. Lo jalé del brazo con la intención de despertarlo, se tambaleó y dio un par de pasos atrás, parecía que fuera a caerse. Abrió los ojos. Me vio de tal manera que parecía que no me había visto en años, se le llenaron los ojos de lágrimas y me abrazo, me pregunto por mi Mamá y mis hermanas, yo estaba desconcertado por esa actitud, fue cuando escuche un Ulular muy familiar, volteé al árbol que estaba en la Cera frente a la casa, y allí estaba, la lechuza blanca que siempre lo observaba en Veracruz. No podía equivocarme, era la misma, podía conocer su canto, pero algo pasaba dentro de mí que la sentía bastante familiar. Nos metimos a la casa, y apenas mi Padre dio un paso adentro, me pidió irse a acostar.
A la mañana siguiente, justo al amanecer llego mi Mamá y mi hermana mayor, tenía ella un vendaje grande que le cubría ambos oídos. Mi Mamá cargaba consigo un frasco el cual tapaba con su mano. Le indico a mi hermana que fuera a descansar. Mi Mamá puso el frasco sobre la mesa y horrorizado pude ver su contenido. Jamás sabré cuantos chapulines, arañas, hormigas y chinches allí había, pero puedo asegurarles que eran más de veinte entre todas. Mi Mamá fue por las orejeras de mi hermana, las examino y las volvió a dejar en su lugar. Reviso la cama, las almohadas, su ropa. Pero jamás supo de donde pudieron haber venido esos animales y alojarse en la cabeza de mi hermana. Quisiera decirles que esto quedo en un susto, sin embargo, mi hermana aún tiene serios problemas auditivos.
Al pasar el tiempo, el comportamiento de mi Padre fue más desgastante, cuando tena la oportunidad de estar con nosotros, sudaba mucho del cuerpo, siempre parecía que quería irse rápidamente. Siempre nos decía que su cuerpo le dolía mucho y se iba a acostar.
Poco tiempo después, mi hermana de en medio ahora sufriría las consecuencias, mientras cenábamos, sin mi padre para variar, ella se quejó de un dolor en su garganta, no la dejaba tragar comida pues decía que podía sentir que algo le arañan la garganta. Y al cabo de unos segundos, dejo de hablar, comenzó a hacer arqueadas para vomitar pero no funcionaba. Mi Mamá corrió a ayudarla, y de la boca de mi hermana algo salía. Mi Mamá lo alcanzo a ver y con sus dedos lo alcanzo a tomar de su boca. Era un cabello, el cual lo jalo con cuidado mientras mi hermana mantenía la cabeza levantada y con mucho asco. Mi Mamá jaló, y saco bolas de cabello grisáceas. Y por más que sacara bolas de cabello, no paraban de salir, mientras mi hermana ya estaba llorando por el asco y desesperación que le daba y al fin de un par de horas logro sacar lo último. Pensé rápidamente que eso era una maldita brujería, fue extraño, pues parecía que mi Mamá me leyera el pensamiento, se me quedo observando y me dijo que esto parecía ser magia negra. Desde ese día comencé a sentirme observado y acechado en mi propio hogar, pero lo que no me había dado cuenta es que la lechuza blanca estaba parada sobre el árbol de enfrente de la casa.
Al pasar los días, las cosas ya se habían tranquilizado, parte de ello coincidió en que mi Padre nuevamente se había esfumado de la casa y con él la lechuza también no volvió a aparecer. Esto ya tenía sin cuidado a Mamá.
Tuve la mala fortuna de haber confiado en desconocidos, pues al salir de la escuela me topé con una persona que estaba vendiendo dulces y chucherías, yo era bastante curiosos, me acerque a ver lo que estaba vendiendo y para nada me alcanzaba, una señora ya mayor de edad, me había visto que se me hacía agua la boca con los dulces que vendían, y ella muy amablemente me ofreció unos chicles que me dijo que tenía en su bolso. Inocentemente, se los acepte, le di las gracias y me los eche a la boca. Siempre he sido malo para masticar chicle, pues siempre termino tragándomelos de la desesperación de que se les haya ido el sabor. Ya me encontraba en casa, estaba viendo la televisión, cuando una punzada en mi estómago hizo que me encorvara del dolor. No podía mantenerme de pie, el estómago me daba retortijones, y gateando me dirigí al baño. Allí vomité varias veces sobre la taza, pero el horrible dolor no terminaba, así que me senté en la taza esperando a que sacara lo que me haya caído mal. Lo último que recuerdo fue a mi Mamá que me levantaba del piso, todo me daba vueltas.
Desperté en el hospital, uno de los doctores platicaba con mi Mamá, que cuando me vieron despertar se acercaron a mí para preguntarme algo. Habían encontrado dentro de mi estómago pequeñas piedras, parecían ser iguales a las de un carbón. Me preguntaron si me las había tragado intencionalmente o si me habían dado algo en la calle. Recordé rápidamente a esa señora que estaba frente al puesto de dulces. El dolor no se iba, y el doctor comento que desafortunadamente era necesario operar y sacar esas piedras antes de que provocaran un mayor daño.
Dure en cama un mes completo. Tiempo suficiente para hacerme pensar en las cosas que nos habían pasado y de que forma esto había desgastado tanto a mi Mamá, pues ella sola fue quien cargo con todo, mi Padre no había regresado desde hace más de un mes.
Me encontraba en cama, ya era casi media noche, mis hermanas dormían, cuando en el marco de la ventana la misma lechuza blanca llego nuevamente de visita. A mí me desagrada verla allí, me había comenzado a dar mala espina, cuando esta ave no me quitaba los ojos de encima, voló hacia mi cama y por más que la espantara con una almohada no se iba, levanto sus alas y se acercó hacia mí. Comencé a gritarles a mi Mamá, y a mis hermanas, pero esta lechuga ya estaba muy cerca de mi cara, cuando llego mi Mamá y con la escoba la golpeo aventándola al piso. Mi Mamá le gritaba diciéndole que nos dejara en paz que por eso nos habíamos alejado de ella. La lechuza recibió varios golpes. Pero aún se mantenía en pie, y esquivando el último palazo de mi Mamá, voló hacia la ventana para irse rápidamente. MI hermana mayor se acercó a mi Mamá quien estaba llorando hincada en el piso.
Esa noche, mi Mamá nos contó algo que nosotros ignorábamos por completo.
Cuando ella era pequeña, tuvieron la visita de una anciana a su casa, ella misma se refería diciendo que se trataba de una Vieja curandera. Pasaba de puerta en puerta ofreciendo sus servicios, y mi Abuela era bastante creyente en esas cosas. La Vieja curandera tomó uno de los Huevos de la canasta y lo paso por todo su cuerpo, al igual que al de su Mamá. Pidió un vaso para echar el contenido del huevo y este salió turbio con hilos rojos. Le dijo que la familia completa se encontraba embrujada, y que tenía que hacer trabajos de limpia de forma inmediata. Su Madre aceptó, ella era bastante crédula de todo tipo de Magia que no lo cuestiono. Mi Mamá nos comentó que esa Vieja Curandera con unas palmas las pasó por toda la casa. Tomaba agua y escupía frente al refrigerador, la estufa y nuestras camas. Y cuando termino tomo un gran sorbo de agua y la roció ante ellas. Mi abuela había quedado fascinada por ese trabajo, que decidió aprender sus mañas. Esa vieja curandera con el tiempo de pasar a ser una desconocida, paso a tener su propia habitación en casa. Pasaron los años y mi Mamá ya había encontrado al hombre con el que se casaría, lo llevo a casa a conocer a Mi Madre y la Vieja Curandera Clotilde, ellas dos se habían asombrado al ver a quien era mi Padre, era joven, trabajador y muy apuesto. Pero las cosas se empezaron a poner raras, pues cada visita que hacia mi Padre a la casa lo desgastaba demasiado. Entonces mi Mamá le sugirió que ya no se vieran en su casa y que mejor salieran a pasear. Mi Padre acepto, y tal cual fuera magia, su energía la recobro rápidamente. Cuando mis Padres se casaron ante la iglesia esto no fue muy bien visto por mi Abuela y la Vieja Clotilde, inclusive no fueron a la Boda. Y al dejar la casa para irse a vivir con mi Padre, tampoco estuvieron de acuerdo.
Hoy en día ya no viven juntas, pero ambas siguen venerando a la ciencia del mal, aprendiendo una de otra los secretos de hechicería, aún se siguen frecuentando. Mi Mamá mencionaba que en las noches menos esperadas, una lechuza blanca se paraba en las ramas de los árboles de su casa y ululaba. Su cantar se convertía en una canción de cuna que de algún modo te mermaba las energías.
Le pregunté a mi Mamá si recordaba el rostro de esa Curandera, y su descripción me recordó mucho a la señora que me había dado los dulces en la escuela. A la mañana siguiente decidió llevarme con alguien que conoció mientras trabajaba, pues era necesario que revisaran más a fondo todo lo que estaba pasando.
Llegamos a una casa en el Centro de Morelia, allí nos recibió una señora. Mi Mamá le platico todo lo que había pasado con mis hermanas y luego conmigo, le contó que mi Padre ya se había ausentado mucho tiempo, y que ahora no sabía que más podría pasar. Esta mujer si quedo en silencio, no me quitaba la vista de encima, yo me sentía muy incómodo. Ella se me acerco y me tomo del rostro para decirme:
– Mi niño hermoso, tienen encima una terrible maldición que no te la puedo quitar yo, pero haré algo para ayudarles.- Saco un huevo de una canasta y lo paso por mi cuerpo. Recuerdo que al pasarlo por mi estómago sentí que algo empujaba desde adentro, después me sentí mucho mejor. Tomo una cacerola de vidrio y lo quebró adentro. Jamás me hubiera imaginado que un huevo saliera con la yema negra. Tomo otro huevo y lo paso nuevamente por mi estómago y al romperlo salió limpio. Mi Mamá estaba muy agradecida con ella. La Señora me pidió que esperara en la sala, me dijo que podía ver la televisión por mientras que ella platicaba con mi Mamá.
Tardaron bastante, y cuando salieron de la habitación de donde me había hecho la limpia, mi Mamá estaba llorando. Todo el camino de regreso se mantuvo en silencio, para cuando llegamos ella corrió hacia el patio para buscar una Pala. Rodeo la casa un par de veces. Llego al lugar donde mi Padre había escarbado hace tiempo y comenzó a cavar, y mientras lo hacía continuaba llorando. Mis Hermanas le preguntaban si ella se encontraba bien, pero no contestaba nada. Cuando por fin logro descubrir algo. Cavo un poco más para encontrarse con un frasco grande de vidrio. Lo saco, lo abrió para vaciar su contenido sobre el piso y cuál fue nuestra sorpresa que adentro había un gallo negro, amarrado de ambas patas, El pico y el pescuezo estaban amarrados con cabello gris. Tenía una bolsita atada, mi Mamá la abrió y dentro de ella se encontró con varios chapulines, arañas y chinches. Mi Mamá aliviada respiro profundo y nos dijo que ya todo estaría muy bien.
Me duele decirlo, pero las cosas no mejoraron para todo bien. Mamá agarró una fuerte infección que la dejo en cama mucho tiempo. La señora que me ayudo con la limpia con el huevo nos contó que todo era parte del mismo embrujo. Nos dijo que había algo terrible que no se podía evitar, pero que la vida de mi Mamá era cada vez más corta cuando nos ayudaba a nosotros con nuestros males. Tratamos de contactar a mi Padre con su familia para decirle sobre lo grave que se encontraba Mamá, pero ellos al igual que nosotros no sabían nada de él. No duro mucho mi Mamá, a quien ahora recuerdo con tanto cariño por todo ese esfuerzo que hizo por cuidar de nosotros. Mi abuela se enteró por parte de mi Hermana mayor, pero parecía que esto nunca le importo. Nunca fue a su funeral.
Los 3 hemos salido adelante. Yo Deje la escuela ya varios años atrás, mis hermanas se han tenido que meter a trabajar para poder mantenernos, todo esto nos ha ayudado a salir adelante-Pero las cosas no acaban allí.
Muchos años después, ya mucho más grande yo, me había tocado trabajar de chalán en una empresa que pondría una subestación de energía muy cerca de Olotepec, por lo que estaba muy cerca de Catemaco, así que decidí darle una visita sorpresa a mi Abuela y de paso mostrarle los años que nos había abandonado y que nosotros habíamos salido adelante sin su apoyo y su abandono. Pero cuál sería mi sorpresa que al llegar a la casa de aquella Vieja Bruja, encontré a quien había llamado una vez Padre. Aún no me había visto, yo lo veía de lejos mientras él arreglaba la casa de mi abuela, o por lo menos ya no era mi abuela y para él ya era otra cosa, mi abuela salió de la casa para darle un beso, y mi Padre le respondía. Pude comprender que todo este tiempo ella había hecho algo para quedarse con él. Esa Lechuza blanca que veía en las noches, su comportamiento todos estos años y su abandono, todo se relacionó en ese momento. Me dio tanto asco que decidí no contarlo ni a mis hermanas. Hoy en día no sabría decirlo si se trataba de mi abuela o la vieja curandera quien embrujaba a mi padre con el canto de la lechuza, pero era seguro logró destruir a nuestra familia. No le vi sentido seguir con esto, ellas ya tenían lo que querían y nosotros habíamos perdido lo que más amábamos. Me di la vuelta y me retiré.
De esto que les platico ya han pasado varios años, estoy casado, ya tengo a mis hijos y vivimos en Guanajuato. Entre nosotros pudimos salir adelante. Con un embrujo sobre nuestras espaldas pero con el amor de nuestra madre frente a nosotros.
 
Autor: Lengua De Brujo
Derechos Reservados

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