Sucedió Una Noche Historia de Terror

Sucedió Una Noche Historia de Terror

Espero puedan entenderme al no darles nombres Sucedió Una Noche Historia de Terror, solo les puedo decir que vivo en una casa en renta junto con mis dos amigas a quienes me referiré como mis roomies, quienes también son compañeras de mi clase en ese entonces, lo más que podre decirles es que vivimos juntas en Tepatitlán de Morelos, y las tres estudiamos la carrera de Psicología.
Jamás había vivido un sucedo paranormal en mi vida, me habían contado sobre ellos, y lo que han vivido familiares cercanos, incluso mi abuelito me ha recomendado varias cosas para saber qué hacer y cómo actuar ante algo extraño, por mi parte quizás llegue a vivir un momento raro alguna vez, pero no le había dado tanta importancia. Actualmente, mi vida consta solamente de estudiar, así que muy seguido me desvelo, pero nunca me ha pasado nada. Hasta hace poco que viví una experiencia que jamás olvidaré y quisiera compartírselas para que no quede en el olvido.
Creo que la mejor manera de iniciar a contarles lo que me pasó es de la siguiente manera…
En busca de pasar una experiencia paranormal, nos encontrábamos platicando en la sala referente a ello, a lo que una de mis compañeras me comento que quizás podía ayudarme, debido a que uno de sus hermanos tenía una tabla Ouija, podía pedírsela para jugar un rato un día y ver que sucedió. Dentro de mi escepticismo y confiada de que no pasaría nada, le comenté que no sería mala idea que la trajera para jugar un rato. Y así sucedió, al día siguiente mi compañera llegó con una Ouija, me pareció hasta interesante que la marca de la misma era de juegos de mesa, no parecía ser nada profesional. Nos sentamos las tres en la sala y para darle un mayor estado de misterio encendimos algunas velas y apagamos las luces. No era tan tarde, aún se podía ver un poco la luz del sol ocultándose. Comenzamos con preguntas sencillas y torpes, si reprobaríamos el examen del siguiente día, si nos casaríamos con alguien, cosas bobas que más que miedo nos daba risa, pues entre nosotras nos contestábamos. Así a una de mis compañeras se le ocurrió preguntar algo ya fuera de lo divertido.
– ¿Aún está aquí el espíritu de la niña que atropellaron el otro día? – Recordé que hace unos días, una de las vecinas había dejado su puerta abierta y la pelota de su hija salió de la cochera, y detrás de ella, una niña pequeña corrió para agarrarla, pero fue atropellada por un camión de transporte público. Nos quedamos en silencio un momento, más no pasaba nada, mi mano estaba ya entumecida por tenerla tanto tiempo sobre la flecha así que la quité sin esperar respuesta. Les comenté que solo eran juegos y tonterías, así que ya era hora de estudiar. Me comentaron que en un momento se levantarían y nos despedimos… Pero más al rato.
Era una noche como cualquiera, yo me encontraba en mi recámara estudiando para un importante examen al día siguiente, era bastante tarde que cuando me di cuenta ya pasaban de las tres de la mañana. Hasta donde sabía, ya todas en la casa se encontraban dormidas. Podía sentir que el frío invadía el interior de mi recámara, y ni el café que tenía en mano me podía calentar, así que decidí estudiar una hora más y dormir, el examen lo tendría a medio día así que no tendría problema si me prolongaba más y dormir más tarde. Siempre estudiaba con un poco de música al fondo, con el suficiente volumen para que no me distrajera, pero algo sucedió con la radio en ese momento que empezó a desintonizarse sin razón alguna. La señal se había perdido completamente quedando en pura estática. Me imaginé que quizás se debía por la hora, aunque en días atrás que estudiaba tan tarde no se perdía la señal. Me acerqué a ella para buscarle frecuencia, pero en todas las señales era el mismo resultado. No había señal. Mejor apagué la radio para continuar con el estudio, pero en ese instante de completo silencio pude escuchar pasos en el pasillo de la casa. Esto me desconcertó, por la hora no tenía que haber nadie levantado o despierto.
– ¿Quién está ahí? – Pregunté, pero nadie respondió, me espere unos segundos más, pero ya no volví a escuchar ningún ruido así que decidí ignorarlo.
De tanto frío que comenzó a hacer, empezó a helar, busqué el calentador en mi habitación y lo conecte. Ya empezaba a sentir la vista cansada, en ocasiones cabeceaba y concentrarme me costaba bastante trabajo. Me dio un poco de Sed, así que antes de dormirme decidí tomar un poco de agua, al salir de mi habitación y encender la luz del pasillo, pude ver que desde el otro extremo una sombra pasaba corriendo rápidamente. Me tallé los ojos, ya los sentía bastante pesados, parpadee varias veces pensando que se trataba de cansancio.
Ya en la cocina mientras tomaba agua, abrí las cortinas que daban hacia la calle, y siempre era una costumbre ver a los alrededores, quizás solo para revisar y asegurarme que todo estuviera en orden o por si veía algo raro. Cuando detrás de mí pude escuchar que alguien se reía. Me di la vuelta pensando que se podía tratar de alguna de mis compañeras, pero había sonado un tanto infantil esa risa. Era inevitable, pero empecé a sentir algo de miedo, así que me apresuré para regresar a mi cuarto a dormir. Sin embargo, al querer cerrar las cortinas, por fuera de la casa, podía observar a quien parecía ser una niña, tenía un vestido de encaje blanco, de tez morena y cabello corto. No me quitaba la mirada de encima. A mí me pareció bastante raro ver a esa hora a una niña sola en la calle. Parecía tener quizás unos tres o cuatro años de edad, la piel se me puso de gallina cuando me comenzó a hacer señas, invitándome a salir de la casa para que fuera con ella. Por alguna razón mi cuerpo se mantenía inmóvil al verla a esa niña sola, dentro de mí pensaba en que aquello no era normal, así que empecé a sentir más miedo, y de forma inconsciente le dije con la cabeza que no lo haría. Cerré la cortina rápidamente, el miedo me mantenía petrificada, y mientras recobraba la sensación en las piernas caminé lentamente hacia mi habitación, y al apagar la luz de la cocina, por detrás de mí podía escuchar pasos, mientras yo caminaba, aquellos pasos me seguían, y una extraña sensación me empezó a dominar. Es extraño decirlo, pero en ocasiones podemos sentir que hay alguien que nos observa, y nos percatamos de ello, pues podemos llegar a sentir su mirada, así me estaba sucediendo en ese momento, había algo o alguien que me seguía.
Al llegar a la habitación me apresuré con un par de zancadas para entrar a ella, algo me quiso jalar de mi cabello pues sentí que pasaron unos dedos detrás mi cabeza y cuando empujé la puerta pude ver por el reflejo de un espejo que tengo en la pared que algo de estatura mucho más grande que yo estaba detrás de mí. Tenía su mano extendida, pues había tratado de agarrarme, no pude verle el rostro lo tenía cubierto con su cabello, sin embargo, estaba vestida con vestido blanco de encaje. Cerré rápidamente la puerta con bastante fuerza, seguro el fuerte ruido que hice provocó que alguien se despertara. Pero me temo que no fue así. Aquello no se iba del pasillo, y empezó a empujar la puerta, yo ya estaba muy asustada que empecé a llorar, le pedía a gritos que se fuera pero aquello empujaba fuertemente hasta que se quedó en absoluto silencio.
Pensé que ya se había ido, aún me encontraba agitada por escapar de eso, pero me sentía aún muy intranquila. No quería abrir la puerta y ver a aquella cosa parada justo frente a mí, así que se me ocurrió mirar por debajo de la puerta. Hice a un lado un tapete que tenía allí y recosté la cabeza, no se veía nada, la luz del pasillo estaba apagada, tal cual la había dejado. Busqué rápidamente mi teléfono para marcarle a mis roomies, para que no salieran de su habitación. Pero no tenía señal. Pude ver la hora, ya casi eran las cuatro de la mañana, así que decidí poner el escritorio de mi computadora frente a la puerta para que lo que quisiera entrar no la abra. Rápidamente, quité mis cosas del escritorio y lo arrastré hacia la puerta. Fue cuando pude percatarme que una luz proveniente del pasillo se filtraba por debajo de la puerta. Me asomé nuevamente recostándome en el piso, no podía apreciar mucho, sin embargo, si se notaba que alguien había encendido la luz, pensé que se trataba de mis roomies y que habían escuchado todo el ruido que estaba haciendo, y cuando estaba por levantarme un par de pies aparecieron del otro lado de la puerta. En ese momento empezó a tratar de abrir, lo cual no sé cómo fue posible que logró hacerlo, rápidamente empujé el escritorio logrando cerrarla, mientras lo que estaba del otro lado comenzó a golpearla. Empecé a gritar por auxilio, pero nadie me escuchaba, no sabía que pasaba con mis roomies, no podía entender por qué no respondían o no escuchaban. Hasta que nuevamente hubo un silencio total. Yo ya no aguantaba, aquello ya me tenía exhausta y no podía resistir más. Cuando escuché que alguien me hablaba por mi nombre.
Sentí un gran alivio, pues la voz se me hizo bastante familiar, era de una de mis compañeras, y justo cuando estaba por abrirle, tuve una intuición extraña, que me decía que me asomara primero por debajo de la puerta. Le respondí que ya le iba a abrir, pero en vez de eso, nuevamente me asomé por debajo de la puerta y allí frente a mí había algo extraño que me observaba. Sus ojos eran oscuros, igual que platos redondos y negros. Se levantó rápidamente. Le pedí que se fuera, que yo no tenía nada que ver con aquella cosa. No suelo ser muy creyente, de hecho, nunca me enseñaron a rezar, pero en ese momento hice lo que pude pidiendo que aquello se fuera. Después de ese momento todo fue silencio otra vez.
A la mañana siguiente, ya pasaban de las ocho de la mañana, alguien tocaba a mi puerta, pidiendo entrar, eso fue lo que me despertó, sin darme cuenta me había quedado dormida sobre el tapete, el escritorio estaba aún atrabancando la puerta, y la voz de una de mis amigas me preguntaba si me encontraba bien. Ahora no tenía esa extraña intuición de que algo malo estaba detrás de la puerta, ahora me sentía con más seguridad, y al abrirle a mi amiga me pregunto si todo estaba bien conmigo pues no había salido a desayunar.
Allí estaban las dos, bastante tranquilas, sin decir nada de lo que había pasado en la noche, les pregunté si no habían escuchado algo o habían visto algo, pero ambas coincidieron negándolo. No supe que pudo haber sido, quizás solo había sido una mala noche y una mala experiencia, así que les comenté que me iba a descansar para estar lista para el examen, y cuando me encaminé, pude ver que en la sala había algo que me llamo mucho la atención. Se trataba de la Tabla Ouija, no la habían recogido, más bien parecía que habían seguido jugando y les pregunté si ellas habían jugado un poco más con ella anoche.
– Claro que sí, incluso te invitamos, pero creo que no nos escuchaste, seguiste estudiando, pero no te preocupes, esa tabla ni sirve, no pasó nada – No estaba muy segura de que esa tabla no funcionara. Mi Abuelo me había contado que, si no se sabía jugar bien con esas cosas, se podía dejar portales abiertos y provocar que demonios o espíritus nos molestaran. Les pedí que la guardaran, pero que antes tenían que cerrar la sesión de su juego, no podían dejarla así.
Sin embargo, las cosas no acaban aquí. Mi amiga hoy en día decidió deshacerse de aquella Ouija. Nos a contando que aun con sus amigas e incluso con su esposo la jugaban en reuniones o ratos libres, sin embargo, en su casa han empezado a suceder cosas extrañas, una de sus hijas le ha comentado que ha visto a una pequeña niña con un vestido blanco de encaje asomarse en los cuartos, y que esta la invita a seguirla. Antes de que llegue a pasar algo le hicieron la recomendación de matar a la Ouija, no solo quebrarla o romperla, sino más bien apuñarla y rociarle agua bendita.
Han pasado ya varios años desde que me paso aquello, la verdad es que ahora mi percepción sobre eventos sobre naturales ya cambio, me los tomo más en serio, y ahora procuro escucharlos con más atención.
 
Autor: Lengua De Brujo
Derechos Reservados

Share this post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


Historias de Terror