Murmullos en la Noche Historia de Terror

Murmullos en la Noche Historia de Terror

Te ha pasado que despiertas a mitad de la noche y aunque vivas a mitad de la ciudad o en lugares tan concurridos donde siempre haya movimiento, de repente ¿haya un silencio absoluto?, fue así como me di cuenta de lo que nos estaba pasando a mi esposo y a mí en nuestro departamento Murmullos en la Noche Historia de Terror. Pues a mitad de la noche cuando no hay ningún alma afuera y todo mundo duerme, fue en la sala de nuestro departamento cuando a las 3 AM llego a escuchar como alguien estaba platicando con otra persona. Siendo que en el departamento solo vivimos mi esposo y yo.
Tengo ya 65 años, mi esposo es mucho mayor que yo y decidimos ir a vivir a un departamento que le habíamos prestado a nuestro hijo hace años, nosotros no ocupamos de muchas cosas, solo lo básico. Por ello el departamento era excelente para nosotros. Vivimos muy cerca de donde se pone el tianguis de Tonalá, en Jalisco. Por ello casi siempre hay mucho ruido en las calles, pocas veces es cuando hay un silencio absoluto, y es tanto lo que nos acostumbramos al ruido que cuando no se escucha nadie en las calles, puede llegar a ser incómodo.
Al momento en que llegamos al departamento, mi hijo nos había dejado todo listo para que no nos preocupáramos por nada, el departamento estaba ya amueblado, incluso hasta había adornos en la mesa y paredes. Entre ellos, un par de cuadros que le daban un aspecto interesante a la sala. Ambos cuadros eran de niños, uno de ellos tenía la imagen de una niña mugrienta, sostenido una escoba, al verla colgando en la pared, me daba la impresión de que se encontraba triste, mientras que el otro cuadro era de una niña bien vestida, esta se veía contenta. Cada uno tenía su propia pared y se veían de frente. Era lo único que adornaba ambas paredes. Le pregunté a mi hijo donde las había conseguido, y me contó que se las había comprado a una persona ya desesperada por venderlas en el tianguis de las antigüedades. Me contó que esta persona casi se los regalaba por el precio que le dieron, sin embargo, si se las llevaba, era con la condición de que nunca les prestara la atención y los cuidados necesarios. Que los ignorara por completo.
Me quede extrañada por esa idea, del porqué uno no cuidaría esos cuadros con muy buena pinta. Le pregunté a mi hijo del porqué de esa condición a lo que él lo ignoraba por completo también.
Cenamos los tres esa noche y justo antes de que mi hijo se fuera, me dijo algo más sobre los cuadros.
– Algo más Mamá, también aquel hombre me dijo que no les hables, entre menos atención les des, menos te darán lata. – Se puso su abrigo y se dispuso a salir.
– ¿De qué habas? – Le pregunté extrañada.
– Ese hombre estaba loco, solo te digo lo que él me comento – Dijo en tono de burla mi hijo y se fue del departamento. Era inevitable, aunque pasaras a un lado de los cuadros, podías sentir que te observaban y te seguían con la mirada. Desde cualquier punto de la Sala, ambos cuadros pareciera que no te apartaban la vista.
Aún nos faltaban muchas cosas por acomodar, aún teníamos cajas cerradas de la mudanza, pero ya estábamos muy cansados a lo que decidimos irnos a dormir. Y justo cuando estaba apagando la luz, casi puedo asegurar que el cuadro de la niña con la escoba estaba parpadeando. Supuse que ya estaba muy cansada, por ello me fui a dormir. Pero justo esa noche…
Desperté cerca de las 3 AM, le faltaban pocos minutos para la hora en punto, debido a mis problemas de salud, tuve que ir al baño como cada noche. Mientras que me encontraba sentada, tomé una de las revistas que teníamos allí, comencé a leer en silencio. Fue cuando pude escuchar como alguien murmuraba en voz baja en la sala. No pude percibir que decía, hablaba con voz muy baja, pensé que quizás se trataba de mi esposo otra vez quien estaba hablando dormido. Pero recordé que yo había dejado la puerta de nuestro cuarto cerrada, y a menos que estuviera gritando, apenas lo escucharía, sin embargo, si logre percibir que esta voz pertenecía a una niña, y justo cuando quise abrir la puerta esta se encontraba atorada, fue bastante claro lo que había escuchado, alguien estaba dentro, así que trate de abrir nuevamente y por fin de tanto batallar logre abrir la puerta para toparme con nada, todo estaba oscuro. Caminé entre la sala a oscuras, buscando de dónde venía ese murmullo, pero no encontré nada. Me imaginé que podían ser los vecinos de arriba o de abajo, que al fin y al cabo no éramos los únicos en el edificio.
A la mañana siguiente, justo al despertar le comenté a mi esposo lo sucedido, él me comento que no había escuchado nada, incluso no se había percatado que yo me había levantado. También pensó que podía tratarse de los vecinos, se levantó y fue al baño, cuando a los pocos segundos me pidió que fuera rápidamente a la sala. Allí estaba tirado el cuadro de la niña con el vestido bonito. No se había quebrado ni maltratado, solo se había caído.
-No te hable por ello – Dijo mi esposo señalando al otro cuadro, se encontraba meciéndose, como si alguien hubiera pasado rápidamente y lo hubiera golpeado. Lo detuve con mi mano libre, le pregunté a mi esposo si había visto a alguien, pero él dijo que no, quizás fue el viento, o estaba mal puesto. Fue lo que me comento. Procure mantenerlo quieto y volver a colocar el cuadro de la niña bonita en su lugar.
Horas más tarde, el asunto de la mañana con los cuadros, ya había quedado olvidado y por la tarde al terminar de acomodar las cajas restantes de la mudanza, nos sentamos en la sala a descansar. Mi esposo ya estaba dormido a los pocos minutos que nos sentamos, fue cuando me percate que el cuadro de la niña con la escoba se encontraba lleno de polvo. Así que tome mi sacudidor y le quite el polvo. Aproveché para darle una rápida limpieza con el trapo húmedo, y mientras pasaba el trapo sobre el rostro de aquella niña, pude sentir que de alguna manera me veía atentamente. Sus ojos me veían a mí, y no sé cómo explicarlo, pero mi reflejo se había dibujado en su mirada.
– ¿Qué es lo que estás viendo? – pregunté, como si esperara una respuesta, fue cuando vi con más detalle que al observar bien mi reflejo, en sus ojos, pude ver a alguien más estaba detrás de mí. Me giré rápidamente y no había nadie, solo el otro cuadro colgado. Decidí también limpiarlo, y era algo irreal, pues mi reflejo estaba en sus ojos también. A los pocos minutos mi esposo despertó, no quise comentarle nada pues llegue a sentir que me tomaría de loca y obsesiva con el tema.
Esa noche, cuando dormíamos, me despertaron las voces de alguien en la sala, pude escuchar como alguien le hablaba nuevamente a otra persona, me levanté en silencio y abrí la puerta de nuestro cuarto para apenas asomarme. Pude escuchar a dos niñas hablando entre sí, como si una estuviera reclamándole a la otra. Trate de escuchar lo que decían, pero hablaban cada vez con más bajo volumen. Mi esposo se despertó y me vio parada escuchando detrás de la puerta, se acercó en silencio para preguntarme que sucedía y le pedí que escuchara, pero ya no se escuchó nada más. Muy molesto me pidió que me hiciera a un lado y Salió hacia la sala, encendió la luz y no había nadie. Me pidió que fuera a dormir de una vez y descansara. Mañana mismo él iría con los vecinos de arriba y abajo para demostrarme que pudieron ser los ruidos de ellos. No tuve elección a lo que me regresé a la cama a dormir. Aunque puedo asegurarles que seguí escuchando voces unas pocas horas después.
– Ayer no me dejaron dormir, y hoy me voy a quejar – Dijo muy molesto mi esposo, al parecer él también las había escuchado hablar poco después de que nos acostamos. Tomo su cartera y salió del departamento.
Mientras que esperaba a mi esposo me dispuse a barrer, aún seguía pensando en aquellas voces, cuando escuché como algo o alguien rasguñaba la pared. Me acerque a ella y pegue el oído, pensé que se trataba de un ratón, pero este sonido era diferente, como si fuera de alguien rasguñando con las manos. Me guie por el sonido por la pared y cuál sería mi sorpresa que el ruido provenía por detrás el cuadro de la niña con la escoba. Me quede observando el cuadro, por extraño que parezca ahora sentía que no me veía, su mirada a pesar de estar fija, ya no percibía que me miraba. El cuadro comenzó a sacudirse un poco, el rasguño fue más fuerte que hace rato, tome rápidamente el cuadro y lo arroje al piso con temor de que pasara algo. Sobre la pared, detrás de donde estaba el cuadro puesto, marcas de arañazos se podían ver. Un ratón quizás, pero este debería ser muy pequeño para que cupiera entre la pared y el cuadro. Voltee a ver el cuadro en el piso, estaba boca arriba. Lo tomé con ambas manos y pude ver la mirada de aquella niña, sentí que me veía con maldad. Se veía molesta. Ya no era el mismo rostro de tristeza que tenía cuando la vi la primera vez. Me sentí bastante incómoda, así que tome el otro cuadro y los junte a los dos, viendo uno frente al otro. Tome un pedazo de mecate que tenía en el patio y los amarre fuertemente. Fue cuando escuche como alguien abría la puerta. Se trataba de mi esposo que regreso bastante agitado, le pregunte qué había pasado.
-En la planta de arriba no hay nadie, no vive nadie, y los vecinos de abajo de nosotros no tienen hijos, pero me dicen que han escuchado voces de niños por la noche, incluso pensaron que eran nuestros nietos… – Mi esposo me vio mientras yo estaba amarrando ambos cuadros. Creo que me entendió solo al verme, pues se acercó rápidamente para ayudarme.
-Sacaré estos cuadros de aquí, me siento muy incómoda con ellos en la casa – Le dije a mi esposo mientras hacíamos un doble nudo.
Como les comenté en un principio, vivimos cerca del tianguis de Tonalá, una mañana de jueves, muy temprano nos levantamos y fuimos a buscar un lugar pequeño. Allí abrimos los cuadros. Los ojos de ambos niños estaban ya de color negro. No quería seguir observándolos, debido a que me sentía incómoda. Así que les puse un precio atractivo para algún comprador. Fue cuando llego un joven buscando adornos para su casa, observo los cuadros y al ver el precio me pregunto que si era correcto. Le respondí que así era, sin embargo, se los podía quedar siempre y cuando acatara la condición de No hablarles, y no hacerles caso.
Se los llevo.
Hoy en día mi esposo y yo ya estamos más tranquilos, pero no hay día que piense que será de ese joven que muy emocionado se llevó los cuadros de las niñas.
 
Autor: Lengua De Brujo
Derechos Reservados

Share this post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Historias de Terror