Mi Abuela Es Una Bruja Historia de Terror

Mi Abuela Es Una Bruja Historia de Terror

Tuve la mala fortuna de haber perdido a mi Madre muy chico, a la edad de 10 años mi Maestra me cito con el director para darme la mala noticia, después de haberme dejado en la escuela, mi Madre regresó en Automóvil hacia la casa, un loco se atravesó en sentido contrario estrellándosele de frente Mi Abuela Es Una Bruja Historia de Terror.
El funeral se llevó a cabo en el Panteón de Mezquitan, asistió mucha de mi familia, pero había alguien a quien a mí mis padres nunca me dejaron ver. No la conocía, pero ese día comprendí que se trataba de mi Abuela, llego en silla de Ruedas, empujada por una mujer que hoy en día desconozco. Mi abuela se encontraba vestida de negro desde el cuello hasta los pies, lentes oscuros y uñas bastante largas. Mi padre me escondía de ella, pero a mí me llamaba tanto la atención tan interesante personaje que detrás de mi Padre la observaba, a muchos atemorizaba, yo aún no sabía el motivo, sin embargo, para mi Padre su presencia era muy inquietante. Más tarde mi Padre me llevo a escondidas detrás de una capilla, y me hablo sobre la persona en silla de Ruedas, se trataba de mi Abuela y que no era una persona muy bien recibida, pero por tratarse de su Hija a quien vino a despedir, no le prohibiría venir a verla, sin embargo, para mí estaba muy prohibido hablar con ella o acercarme a ella. Le pregunté a mi Padre el motivo, a lo que él con un profundo suspiro me dijo: “Pronto te lo platicaré”.
La señora permaneció siempre inmóvil observando el ataúd de su hija como era sepultado, nunca hablo, nunca lloro, se movía muy poco para decirle algo a la mujer que la empujaba, se quedaba con la cabeza hacia abajo. Movía los dedos de la mano como si tuviera entre ellos cabellos. Quienes la conocían se mantenían alejados de ella, solo la persona que la empujaba era quien se mantenía a su lado.
Al concluir la ceremonia, mi Padre me pidió que no me alejara de él, a lo cual obedientemente me mantuve a su lado, mientras él agradecía a los demás su asistencia y sus condolencias, yo me mantenía callado y triste sin soltarme de su mano, fue cuando una voz vieja y rasposa me pregunto… “Tú eres entonces mi Nieto, ¿verdad?” … por instinto volteé a ver quién me hablaba, fue cuando la pude ver de frente, con su frente arrugada y verrugas por todo el rostro y justo antes de que respondiera mi Padre se exaltó e inmediatamente me retiro de su lado, exclamo fuertemente a la señora en silla de ruedas que me dejara en paz, que no tenía nada que ver Yo en la vida de ella. Nos retiramos en un instante de allí.
En casa, el vacío que había dejado mi Madre jamás se llenaría, esperaba verla en cualquier momento, lavando los trastes, o entrando a mi cuarto, como siempre regañándome por no recoger la ropa, pero ahora No, las cosas ya serian distintas. Mi Padre me comento que tenía un fuerte dolor de cabeza y tenía que recostarse, yo por mi parte estaba solo en mi cuarto esperando que mi Madre viniera para hablarme.
A la mañana siguiente, mi Padre tuvo la fantástica idea de que saliéramos a dar una vuelta, esto con el fin de distraernos un poco, ya que en casa todo nos recordaba a mi Madre. Sin embargo, no contábamos con que, al salir, nos encontramos con una cruz hecha con Sal, la cual era bastante grande, además, alrededor de la casa había un círculo que la rodeaba, también hecha de sal. Mi padre se encontraba bastante molesto, tanto que sin pensarlo dos veces pateo la cruz de Sal hasta deshacerla. Me pidió que ingresara a la casa y fuera a mi cuarto. Obedecí, solo pude escuchar como mi Padre levantaba el teléfono enojado y pedía hablar con mi Abuela, fue la primera vez que escuché el nombre de la señora seguido de una serie de maldiciones.
No salimos a pasear ese día, mi Padre pidió de comer y nos quedamos en casa viendo Películas hasta tarde. Ya en la noche, recuerdo que mi Padre me acostó en mi cama y él se fue a dormir a su habitación. Más tarde, el sueño se me fue, no podía conciliarlo nuevamente, cerraba los ojos y veía a mi Madre, fue cuando escuche que alguien tarareaba una melodía, provenía del pasillo de la cocina. Me levanté pues ese sonido se me hizo familiar, se parecía mucho al arrullo que cantaba mi Madre cuando no me podía dormir, podía escucharlo que provenía del pasillo, me asomé y, sin embargo, no veía a nadie. El sonido de esa voz atravesó el pasillo, llego a los cuartos, a la sala, a todos lados, era como si estuviera recorriendo la casa. Mi Padre no se despertaba con ese ruido, yo era el único que lo podía escuchar, fue cuando el tarareo se escuchó por última vez en la ventana que daba hacia la calle y para cuando yo llegue, este ya se había esfumado. Pero cuál va siendo mi sorpresa que fuera de la casa, parada frente a ella, la imagen de una mujer se encontraba allí. Observando la casa. No podía distinguirla bien, pero me recordó bastante a quien empujaba la silla de Ruedas de mi abuela. Por fin al cabo de unos segundos, la figura se retiró.
A la mañana siguiente me contuve de contarle a mi Padre sobre lo sucedido, ya que en cierto modo pensé que se trataba de mi imaginación por estar pensando aun en mi Madre, además me había dado miedo ver como mi Padre se había exaltado tanto el día anterior, pero esa mañana me contuve más a contarle pues noté que él se veía más viejo de lo que era, su rostro se veía cansado, decaído, además de que las canas le habían invadido su cabeza. Pensé que él estaría más cansado que yo y era necesario dejarlo descansar.
Ese día si salimos a pasear un rato al parque, mi Padre estaba cansado por ello no lo forcé en perseguirme como lo hacíamos cuando mi Madre se encontraba con vida, solo lo dejé descansar y estar en sus pensamientos mientras yo me subía a los juegos.
Regresamos un poco tarde, mi Padre me comento que aún había Pizza del día anterior, él me comento que se iría a acostar. Lo entendí y me despedí de él. Esa noche, mientras dormía en mi habitación, una serie de ruidos me despertaron, mire a mi alrededor, me di cuenta de que el ruido provenía de la ventana, pude distinguir como mi madre se encontraba sentada a un lado de la ventana observando hacia afuera, mientras que con su mano con sus uñas largas hacía sonidos en el vidrio. Me emocioné al verla, no recordaba que había muerto, solo me sentí muy feliz al verla. Ella me miro y con su mano izquierda me hizo una señal para que me acercara, muy contento me levante de mi cama y corrí abrazarla, pero al llegar cuál sería mi sorpresa que se trataba de un montón de ropa acumulada. Puedo jurar que había visto a mi Madre, aún recuerdo su rostro al sonreírme. Tomé la decisión de ya no guardármelo, así que decidí platicarle todo a mi Padre, desde lo del canto de mi Madre, hasta haberla visto en la ventana. Me sorprendió la respuesta de mi Padre, ya que en vez de decirme que se trataba de un mal sueño me dijo… “Es momento de que sepas la verdad sobre tu Abuela, ella es conocida por ser una Bruja, y no cualquier Bruja, tu Madre y yo siempre nos sentimos incómodos con ella y en su casa, por ello cuando naciste tomamos la decisión de alejarnos y ya no procurarla más, ya que había peligro si te manteníamos cerca de ella”.
Yo no daba mucho crédito a lo que mi Padre me había dicho, pero no tenía otra explicación a lo que había pasado noches atrás. Mi Padre me comento que necesitaba salir por poco tiempo, me prohibió abrir la puerta a algún desconocido y hasta contestar el teléfono, vi que agarro su cartera, una mochila y antes de salir, me pidió que prepare algo de ropa, porque Saldríamos de viaje.
Ya habían pasado tres horas, mi Padre aún no regresaba, comenzó a llover, las nubes se apoderaron de la poca luz que había. Decidí prender el televisor y esperar allí, y sin darme cuenta me quedé dormido. Cosquilleos en mi frente comencé a sentir, un delgado dedo recorría mi frente, haciendo mi cabello hacia los lados, y un arrullo comenzó a sonar a un lado mío. Sin darme cuenta me encontraba en el regazo de una mujer, voltee a ver y se trataba de mi Madre que con mirada tierna me observaba sin decir palabra alguna, me retire rápidamente, y al verla nuevamente me quede inmóvil, me sonrió y me invito a acercarme como lo había hecho antes cuando la había visto en la ventana.
“Ven, aquí conmigo”. Me dijo, pero algo en mí me decía que NO lo hiciera.
“Tú no eres mi Madre”. Le respondí secamente.
“¿Por qué lo dices?” Respondió ella aun con su mano invitándome a acercarme.
| “Mi Madre nunca uso las uñas tan largas como las tuyas”. Le respondí, la sonrisa de aquella mujer se apagó, mantuvo sus dos manos en su regazo y una sonrisa débil se escapó de su boca entre abierta. Con ambas manos cubrió su rostro, movió ambas manos como si estuviera amasando masa, su cabello era negro, pero el rostro de mi abuela apareció ante mí.
Varios golpes se escucharon en la Puerta de la casa, y la voz de mi Padre pidiendo entrar sonaba por fuera. Esto me distrajo un poco, y al voltear a ver a mi Abuela ya no se encontraba allí, corrí hacia la puerta, pero esta no se abría. Por más que girara el picaporte, no abría la puerta, le gritaba a mi Padre y él a mí, fue cuando una mano recorrió mi cuello y la voz de esa mujer sonó en mi oído…
“Sangre de mi Sangre” dijo en susurro. La puerta por fin se abrió y corrí hacia afuera con mi Padre.
El rostro de mi Padre se veía más viejo y cansado, tenía más canas que antes. Me comento que había ido a visitar a alguien que le ayudara, pues había cometido el error de patear la cruz de Sal y ahora se encontraba maldito. Teníamos que huir de allí, mi abuela ya podía entrar a la casa cuando ella quisiera, sin pensarlo y dejando todo atrás huimos del que había sido mi hogar durante mi niñez.
Hoy en día tengo 16 años, y mientras escribo esto mi Padre y yo estamos viajando de lugar a lugar, sin embargo, cada vez es más difícil pues mi Padre ya es un anciano, hace poco comenzó a usar un bastón. Lo último que se dé mi abuela es que ella se ve más joven y ya no necesita la silla de Ruedas.
 
Autor: Lengua de Brujo
Derechos Reservados

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