Las llamas del Infierno Historia de Terror

Las llamas del Infierno Historia de Terror

La presente historia que les relataré ya tiene bastantes años Las llamas del Infierno Historia de Terror, realmente quien la vivió fue mi abuelo a una edad en la que apenas se había casado, hoy en día no se encuentra entre nosotros, sin embargo, sus historias y anécdotas lo mantienen vivo. Con esto no quiero engañarlos diciendo que mi abuelo fue la mejor persona del mundo, tenía su carácter, y antes de que le sucediera lo que les contaré tenía una personalidad muy indeseable.
Mi abuelo se llamaba domingo, nombre que nunca le gusto que lo llamaran así, él tenía una regla general en la familia, y era que tenía prohibido que a los nietos nos llamaran igual que él, de algún modo quería evitar las burlas, ya que entre sus amigos así sucedía. Proveniente de Michoacán, se ganaba la vida trabajando en los Azufres, hacían excavaciones para una empresa la cual el día de hoy suministra energía eléctrica a mayor parte del Estado. A una edad muy temprana embarazo a quien fue mi abuela, por lo cual fue obligado tanto por sus padres como por los de su novia a que la mantuviera y le diera lo necesario. Malamente, mi abuelo domingo no era una persona muy responsable, ya que siempre después de hacer excavaciones junto con sus amigos se la pasaban tomando, ya sea a la orilla del arroyo o en el mismo lugar de trabajo, esto provocaba varios disgustos con su familia, pues llegaba tarde o sin dinero para esa semana. Mala sería su suerte que se topó con algo a lo que él todo lo que le resto de vida le llamo las llamas del Infierno.
Él era el más joven de los cuatro que se juntaban a tomar, sin embargo, siempre era el que iniciaba la borrachera. Y un fin de semana al terminar las labores y para no perder la costumbre se sentaron a la sombra de un árbol, justo a un costado de la fosa en la que se encontraban trabajando. Ya muy entrados en la fiesta uno de ellos alcanzo a ver algo que le llamo la atención. Señalaba a todos comentándoles que se podía ver que algo resplandecía justo en el hoyo que estaban excavando. Uno de ellos fue el primero en ir a revisar y al ver que no regresaba fueron a ver los demás. Justo en la fosa que dejaron a medio trabajo sobresalían llamas, era algo inexplicable pues de la misma tierra brotaban, tenían un color más brillante de lo que podía ser el fuego, y poco a poco se intensificaban más. Los cuatro no le hallaban explicación alguna, uno de ellos rápidamente tomo una pala y la clavo en la fosa, las llamas se intensificaron, no podían quedarse ya tan cerca. Mi Abuelo Domingo inmediatamente busco donde habían dejado los tambos con agua, tomo un balde lleno y lo vertió sobre la fosa, las llamas no cesaron.
– Esto es una maldita brujería – Dijo uno de ellos, a lo que a mi Abuelo se le ocurrió una cosa, cuando se acercaba la lluvia dibujaban una cruz en el suelo y le clavaban una estaca en el centro para espantar a la lluvia, quizá eso podría funcionar. Rápidamente con la pala dibujo sobre el lodo una cruz y con la punta de la pala la encajaba en el suelo y al mismo tiempo repetía el Padre Nuestro. Las llamas se intensificaban cada vez que la Pala se clavaba en el piso, sin embargo, no disminuían, los demás decidieron ayudar, fueron por palas y picos y empezaron a clavarlas en la cruz, las llamas se habían avivado más, pero parecía que estas ya comenzaban a ceder, y al cabo de unos minutos se desvanecieron.
Ya exhaustos los cuatro se preguntaban si habían visto algo igual, pero a nadie les había pasado. No podían arriesgarse a que realmente fuera un trabajo que le habían preparado a alguno de ellos, decidieron guardar en secreto lo que les había pasado. Pero quien rompiera ese trato fue mi abuelo, quien al llegar a casa todo cubierto de lodo y mugre y para sorpresa de sus Padres y esposa, no venía borracho, no tuvo otra opción más que contarles lo que había pasado.
– Serás un verdadero Bruto – Le dijo su Papá – allí está escondido un tesoro y ustedes tuvieron la suerte de ver que se anunciara. Pero no es para los cuatro, solo es para uno de ustedes. Esos tesoros están custodiados por espíritus malignos que tienen la misión de guardarlos para algún descendiente. Tú tienes familia que ha vivido en los azufres por años. Quizás eso que esté allí sea para ti.
Esas fueron las palabras de su Padre. Ya motivado y con herramienta en mano decidió regresar por su cuenta y quedarse con el tesoro. Sin embargo, cuál sería su suerte que al parecer aquella leyenda también se la habían contado a sus amigos, pues los cuatro se encontraron frente al hoyo. Sin decir palabra alguna empezaron a cavar. Ya eran cerca de las tres de la mañana, y solo con lámparas de aceite se alumbraba el lugar, tenían cerca de un metro escarbado cuando comenzó a emanar llamas debajo de sus pies. Salieron rápidamente del hoyo, pues comenzaron a quemarse los zapatos. Mi abuelo domingo inmediatamente dibujo otra cruz, pero antes de que la apuñalara lo detuvo uno de sus amigos.
– ¿Qué sucede? – le pregunto mi abuelo domingo, pero el otro no hablaba.
– ¿Qué acaso no lo ves?, allí hay algo – le dijo otro, las llamas disminuyeron lo cual le permitió bajar a uno de ellos para excavar. Mi abuelo aún no lograba ver nada, por lo oscuro quizás. Y justo cuando su amigo estaba por clavar el pico se empezó a retorcer de dolor, gritaba pidiendo auxilio, rogando que se lo quitaran de encima, pero no le veían nada encima, su amigo salió de la fosa pidiendo auxilio, ellos se acercaron para socorrerlo, pero no se veía que tuviera algo encima, y por más que le preguntaban qué pasaba o de qué forma lo ayudaban a su amigo desesperado se apretaba el cuello pidiendo socorro, hasta que perdió la conciencia y quedo en absoluto silencio. Fue cuando mi abuelo recordó lo que le había dicho su Padre, que el tesoro no era para todos, solo para uno.
En ese momento la avaricia pudo más que la razón.
Mi abuelo dejó allí solo el cadáver de su amigo y se acercó a la fosa para seguir excavando. Fue cuando escucho el grito de otro de sus amigos, rápidamente se asomó y pudo ver que uno de ellos ya se encontraba en el piso con el pico clavado en la cabeza, nada tonto mi abuelo, supo lo que estaba pasando, el tesoro ahora quedaba solo para dos personas.
Todo estaba en silencio, no sabía dónde se había metido el otro, mi abuelo le empezó a hablar, le decía que podían hacer las cosas de la manera más tranquila y repartirse el tesoro y que no diría nada de lo que había pasado. En ese momento escucho un ruido justo a un lado de él, una enorme roca casi le pegaba en la cabeza, a unos metros de allí se encontraba el otro arrojándole piedras. Rápidamente, mi abuelo salió hacia su encuentro y con la pala en mano trato de golpearlo, pero el otro fue más rápido y con una roca en mano golpeo en la cabeza a mi abuelo y todo se apagó.
Mi abuelo despertó al poco tiempo, tenía una descalabrada en la cien, al parecer el sombrero que traía puesto le ayudo a amortiguar el golpe, algo le había llamado la atención pues un intenso resplandor sobresalía de la fosa, las llamas estaban más vivas que antes. Se trató de mantener en pie, pero el fuerte golpe lo tenía aún mareado. Y al acercarse más, el cuerpo de su amigo ya se mantenía calcinado por acercarse tanto a ellas. El Tesoro ya era para él, pero por muy extraño que pareciera no podía avanzar más. Algo se lo impedía, perdió las fuerzas de las piernas quedando arrodillado a unos cuantos metros de la fosa ardiendo. Entonces fue que vio que de aquel hoyo algo se asomó, primero vio un par de enormes cuernos seguido de un rostro horrible, podía ver que de su rostro emanaba una sonrisa desquiciada. Fue cuando aquello lo vio atentamente. Parecía ser el mismo Diablo. El cuerpo de su amigo que estaba calcinado empezó a ser arrastrado adentro de la fosa. Mi abuelo estaba sin poder moverse, no creía lo que estaba presenciando. Las llamas se desvanecieron hasta quedar en completa oscuridad, sin embargo, un fuerte hedor a azufre prevalecía. Sin más mi abuelo noto que la fuerza en las piernas le regresaban y decidió emprender camino de vuelta a casa sin mirar atrás. Él nos cuenta que un par de veces más las llamas se alzaron al aire, podía ver el resplandor de lejos, pero no tenía ni la fuerza ni el valor para volver a acercarse.
Al día siguiente, sus Padres lo encontraron tirado en la cerca, no había logrado llegar hasta su cama, lo atendieron rápidamente y le curaron. Nos cuenta que al despertar aún se sentía mareado y se dispuso a contarles todo lo que había pasado. Su Padre le dijo que lo mantuvieran en secreto pues se había comenzado a correr la noticia de que habían desaparecido sus amigos, no los encontraban por ningún lado. Esto le asombro a mi abuelo, pues él estaba seguro de que por lo menos el cuerpo de dos de ellos tenía que estar allí. Pero estos habían desaparecido.
Quisiera asegurarles que esto termino aquí, sin embargo, para mala suerte de mi abuelo las cosas salieron peor, nos contaba que en varias ocasiones mientras preparaba el fuego para poner la fogata, los recuerdos de aquel momento le llegan a la mente. Ha llegado a ver a sus amigos que lo persiguen, llega a percibir que detrás de él hay alguien y por más veces que mi abuelo les decía que no había tesoro ellos están detrás de él.
Hay algo que me llamo mucho la atención de todo esto, y es que el día de su muerte, cuando se encontraba en cama, no decía que Pifas ya por fin lo había encontrado, llegaría el momento de pagar todos sus pecados. Ante todo, esto, hay varias cosas que quizás hoy tengan una explicación. Pero no cabe duda una cosa, que los demonios que sembramos en nuestro pasado, pueden cosecharse en el futuro.
 
Autor: Lengua de Brujo
Derechos Reservados

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